¡Bueno, yo espero tener buena memoria. No releo los capítulos anteriores cuando escribo uno nuevo! XD Mala costumbre tal vez jaja. Espero no olvidar detalles o ser repetitiva o algo :P


Capítulo III

La cabaña estaba fría y silenciosa cuando llegaron, Albert ayudó a preparar la cama y a acostar a Terry allí. Mareado, el joven quiso vomitar y Candy lo asistió.

Estaba sudando muchísimo y en su delirio murmuraba cosas como "Candy, no me dejes con Susana, Candy" "Por favor, Candy" y casi se caía desmayado. Ella deseaba tapar sus oídos para no oír esos tan terrible desvaríos.

-Albert, tráeme agua fresca, y muchas toallas, y un pañuelo- dijo ella con el temple de toda una enfermera- Tenemos que esperar a que se le pase la embriaguez… más nada-

Al rato habían limpiado a Terry y Candy le ponía compresas frías en la frente mientras Albert observaba la escena preocupado, parado a un lado de la cama. Ella estaba sentada en una butaca al lado de la mesa de noche donde habían colocado el agua y las toallas.

-¿Crees que haga falta llamar al médico?- preguntaba él.

-No creo que haga falta esta noche, Albert. Pero sin duda que tengo que consultar algunas cosas con el doctor Letermann- diagnosticó Candy con expresión sombría –Terry está intoxicado... por un poco de vino que tomó. Debemos ayudarlo a desintoxicarse. No es difícil, está estable-

Hubo silencio, y poco a poco Terry se fue durmiendo al fin. Y no tuvo crisis de gritos o algo. Pero Candy no dudaba que esas crisis fueron recurrentes en él alguna vez, de hecho él mismo le había hablado de algo de eso.

-No hace falta que te quedes, Albert, ya puedes irte a descansar. Haces mucho por nosotros. Gracias- le dijo ella muy segura de la situación y apenada por toda la preocupación de su amigo más querido.

-No puedo irme y dejarte sola…- él negaba con la cabeza.

-No estoy sola, la Hermana María y la señorita Pony estarán conmigo. Así atendemos a los niños enfermos-

-Sí, lo sé pero igual no me gusta que estén solas aquí. Necesitan un teléfono. No esperaremos más para instalarlo- Albert hizo silencio y luego acotó -¿Tú estás bien, Candy? Oí lo que decía Terry-

-Yo… tal vez tuve la culpa de esto- musitó ella desahogando sus tormentos al fin.

-No, claro que no. Que este chico haya sido un idiota tan débil no es culpa tuya de ninguna manera- la defendió él.

-Está bien- ella le sonrió, pensando que él no podía saber lo que sentía- Puedes irte, en verdad. Debes estar cansado, y tienes tus cosas que atender-

-Pago a otros para que hagan ese trabajo. Yo estoy libre- se encogió de hombros Albert, pero accedería a la petición de Candy- Estaré pendiente de ustedes. Vengo a primera hora-

El joven hombre se despidió de su amiga.

-Albert- ella lo llamó cuando éste llegó a la puerta y Albert volteó el rostro hacia ella- Gracias… yo te aprecio mucho y no olvido todo lo que has hecho por mí y por nosotras-

Él asintió y con un gesto terminó de despedirse y se fue.

Candy quedó a la luz de las velas junto a Terry en el cuarto de la cabaña. Solamente se oían los sonidos del bosque nocturno, y el viento se colaba por las cortinas. Era muy agradable todo en realidad.

Lo observó un rato dormir con sentimientos encontrados. Ella no sabía lo que ocurría con sus sentimeintos, que ahora estaban tan confusos… Qué sentía por Terry, por Albert… Eran hombres tan valiosos, eran los dos buenos hombres y ella muy afortunada por tenerlos, porque no era nada fácil para una mujer poder tener esa dicha. Pero Terry fue arrastrado a una vida que no merecía y eso le dolía en el alma.

Tal vez si ella no hubiera aceptado dejarlo con Susana, Terry estaría bien y feliz ahorita…

¡No dejó que esos demonios la atormentaran otra vez! Se sacudió enérgicamente eso y se propuso a ayudar y sacar de ese joven enfermo que tenía allí al hombre vivo y atrevido que conoció una vez.


La noche transcurría mientras ella le cambiaba las compresas, y Terry no tardó en despertar ya sobrio, débil pero sin los mareos de la bebida.

-Candy-

El joven vio a la chica como un ángel, su amada Candy allí junto a él cuando estaba tan vulnerable. La amaba más que nunca.

-¿Cómo te sientes?- le preguntó ella con suave voz y una ligera sonrisa.

-Candy... No hubiera funcionado si nada hubiera pasado esa noche en el establo del Colegio San Pablo, de hecho Eliza nos hizo un favor- dijo Terry sorpresivamente con un ataque de lucidez- Éramos muy jóvenes viviendo un amor momentáneo que hubiera tenido consecuencias incorrectas que nos hubieran marcado de por vida. Yo no hubiera podido cumplirte, era muy joven y muy inmaduro. Ahora es diferente. Aunque no es mucho tener veinticuatro años no es lo mismo que tener dieciséis-

-Sí, eso creo yo también- Candy parpadeó pues no esperaba una conversación así en esos momentos. Tal vez era muy ingenua, era en esos momentos que la verdad salía a la luz. De eso había que hablar.

-Hubiéramos terminado como tantas parejas de adolescentes- susurraba él- No, no hubiera funcionado-

-Tienes razón. Pero ya eso pasó, ahora estamos aquí otra vez- la chica le acariciaba su rostro hermoso con el pañuelo húmedo. Ya él no sudaba, y estaba muy sereno.

-Sí, estamos juntos otra vez...- Terry sonrió sintiendo que su cuerpo dejaba la enfermedad y quiso levantar su mano para tomar la de ella pero estaba muy débil.

-Dime, Terry ¿Qué cosas te han dicho los médicos?- ella inquirió sobre su pasado.

-Ah… fui un adicto, es todo, abusé de ciertas sustancias… por casi seis años- confesaba con voz trémula y avergonzada –De unas durante mi matrimonio con Susana, y después de otras sustancias para poder soportar mi vida-

-Lo sé, lo sé- Candy se obligaba a oírlo y tenía sus ojos verdes aguados –Ya eso pasó, gracias a Dios-

-Pero me quedaron consecuencias como debes imaginar ya que eres enfermera, sin embargo puedo vivir con eso…- agregó y luego notó los ojos de Candy- ¿Estás llorando?- preguntó él observándola desde la cama con ojos muy apagados.

-Oh, ya me conoces. Yo creo que lloraré toda mi vida- admitió con rabia y volteó la mirada lejos de Terry.

-No Candy, no llores más. Estos dos días, esta noche yo vi pura felicidad. Y sí, yo tal vez durante estos seis años fui un desastre pero era porque no tenía razones para vivir. Ahora- entonces sonrió a la luz de la vela- ahora tengo todas las razones del mundo para recuperarme y vivir-


Nota: Bueno, la enfermedad de Terry no está basada en ningún diagnóstico médico real ni ninguna experiencia propia, por eso es posible que no estén las descripciones muy bien basadas en una realidad médica. Pero bueno, en el fic es real todo lo que describo como consecuencias de las adicciones de Terry de cuando vivía con la Compañia de Teatro ;)