Sí, bueno, las lectoras de "Renacer" y "El comienzo del amor" se darán cuenta de que ambos fics comparten unas mismas cosas y unas mismas ideas. Bueno, son fics gemelos :)
Capítulo V
Era la primera vez desde su llegada que Terry se aparecía por el pueblo de Lakewood.
Levantaba murmullos al pasar, todo el mundo decía "El actor de Broadway, ahora vive en el Hogar de Pony", pero poco le importaba si aquella noticia llegaba a los periódicos.
Paseó sin rumbo hasta la hora del almuerzo, y se preguntó si podría comer algo en algún lugar. Encontró una cantina de aspecto acogedor y planeó almorzar allí.
Neil Leagan definitivamente quería irse de Lakewood ahora que Terrence Grandchester estaba viviendo en el Hogar de Pony. Se temía que el bastardo Inglés ése intentara algo con él, después de todo Candy debió contarle todo lo que él y su hermana le habían hecho todos esos años.
Ese día se fue a almorzar con sus amigotes en una cantina del pueblo. Los amigos eran sus informantes, pues espiaban a Candy y le informaban a los Leagan las idas y venidas de la chica. En realidad no quería tampoco dejarle todo fácil a la Candy con el duque inglés ahora que había regresado.
-Candy no sale del Hogar de Pony mucho, y cuando lo hace la acompaña Albert- le informaba uno de sus amigos espías, de hecho, un antiguo compañero del Colegio San Pablo que también vivía allí en Lakewood- Las cosas no las tenemos tan fáciles y mucho menos ahora que ese duquesito está viviendo allá en el Hogar-
-Es cierto, ya no podemos acercarnos tanto al Hogar para espiar con esos dos tipos merodeando. Primero era Albert ahora está Terry- sacudía la cabeza otro de los amigos, Fred Swardson, ex-compañero también de Neil del colegio.
Neil bufó, en realidad no se esperaba nada allí pues el pueblo era muy tranquilo. Pero ese día ninguno de los jóvenes se había dado cuenta de que había un extranjero sentado en una mesa apartada y que ese extranjero había oído su conversación.
-Neil Leagan- tronó una voz y los jóvenes voltearon hacia la mesa del rincón y Neil se quedó de piedra al reconocer a Terry allí presente.
-Entonces ustedes, caballeros respetables, se divierten espiando a Candy- dijo con ojos centellantes. Neil se tambaleó de la sorpresa.
-Terrence Grandchester- musitó con un hilo de voz. Fue sorprendido con las manos en la masa, como dicen.
-Terrence Graham de hecho. Ya no uso el apellido de mi padre- aclaró el joven Inglés.
-¿No eres duque entonces, su majestad?- escupió Robert Emerson recordando muy bien sus peleas con Terry en el colegio.
-Ustedes ignorantes no saben que el Duque de Grandchester es mi medio-hermano, Luke. Ellos eran los herederos, no yo- dijo Terry con orgullo –Pero igual soy noble, no como ustedes ricos de pueblo, o mulas cargadas de dinero. Díganme ¿Qué están maquinando ahora todos ustedes valentones aquí confabulados contra una mujer?- les dijo a todos con expresión terrible.
Neil era un cobarde, pero había entre sus amigos un individuo que él no conocía muy bien. Se llamaba Butch Jackson, de Michigan, y éste individuo de paró de la mesa para enfrentar a Terry.
-¿Qué? ¿Acaso la tipa ésa es tu novia?-
-Esto es entre Neil, Robert, Fred y yo- le aclaró Terry fijándose mucho en los ojos de aquel hombre- Poco hombres, todos ustedes. Vamos a ver si se comportan igual con un hombre de su tamaño- y se arremangó la camisa –Tal vez no les di su merecido cuando atacan todos juntos a Candy en el colegio y abusaban de ella-
Los hombres permanecieron en vilo y uno de los mesoneros del lugar salió corriendo en busca de ayuda pues se temía que algo ocurriera allí.
-Entonces las cosas en el orfanato están calientes, porque eso explicaría por qué estás así hecho una fiera defendiendo a la huérfana- le decía Butch, el más grande de los amigos de Neil.
-¿QUÉ QUIERES DECIR CON ESO, MALDITO?- se alteró Terry, que muy poco toleraba las ofensas contra su Candy.
-Ya sabemos lo dulzonas que son esas chicas con los hombres, relamidas- lo enfurecía Neil escondido detrás de Butch- Se les pegan, los soban, los acarician, pegadas como garrapatas a los hombres, a cualquiera-
Terry temblaba de furia ante aquella imagen infame que los hombres le planteaban de su Candy.
Neil sabía que Terry era explosivo, había leído muchos chismes en el periódico y sabía que estaba débil emocionalmente, así que ahora lo estaba provocando. Le susurró a sus amigos:
-Sí, la Candy le da su fiesta al duquesito. Porque si no… ¿Por qué habría de estar éste defendiéndola sin haber tenido sus favores antes?-
-¡Cállate, cobarde mequetrefe!- tronó Terry apretando los puños y controlándose con mucha dificultad. El dueño del bar que conocía a Candy y a Terry también salió para calmarlo.
-Muchacho, por Dios, tranquilo. Sólo ignora a estos inútiles ¿No ves que están provocándote?- lo sostuvo del brazo pero Terry lanzaba miradas asesinas.
-¿Ignorar a estos que se han pasado toda la vida torturando a Candy?- y con el dedo tembloroso señala a Neil- Tú y tu hermana. La bruja de tu hermana nos humilló y humilló a Candy que es pura como ustedes nunca lo serán, con mentiras, y nos separaron, y mancharon la virtud de una hermosa mujer ¡Eso no lo olvidaré! ¡Y lo pagarán!-
-Pero bueno, ya olvídalo. Candy ya lo olvidó ¿No lo ves? Estos seis años estuviste lejos, estuviste casado con otra- le espetaba Neil –Candy no es tonta, ella tenía todo el derecho de buscarse otro, alguien soltero y libre como yo ¿Crees que yo no le resulto atractivo y que no trató de casarse conmigo? Pero ¿Sabes qué? Yo no me iba a casar con ella porque ella además de mí también estaba detrás de otro más rico, Albert Andrew-
-Cállate, cállate, cállate- Terry quería arrancarse los oídos. Iba a patear a Neil hasta que no tuviera fuerzas pero su amigo Butch se interpuso:
-Dices ser noble, Terrence Grandchester, pero mira como te rebajas por una cualquier…- Butch no pudo terminar de decir la palabra porque un puño se estrelló contra su cara y le rompió varios dientes. Terry se le echó encima a Butch Jackson, y Neil aprovechó para salir corriendo del lugar.
Butch Jackson era grande y mayor pero Terry lo atacó a puño limpio, puño tras puño y el hombre se defendía, pero los amigos lo ayudaron estrellando una botella en la espalda de Terry. Ante aquella salvaje pelea el dueño de la cantina no podía hacer nada, nadie iba a calmar a Terry en ese momento.
Gente salió del local, pero otros llegaban… el mesonero que había salido fue a buscar a Candy que estaba en esos momentos en la iglesia con el padre Benito.
-TERRY ¡NO!- gritó una voz y el joven reaccionó.
Pudieron sostener a Butch y Terry voltea hacia la puerta para ver a Candy allí parada.
-Terry ¡No vale la pena! ¡Ya basta!- ella corrió hacia él y lo abraza.
Aplacada su furia, el joven sangrante abraza a Candy y así permanecen un rato mientras otros hombres echaban a Butch de allí. Ella hizo que su corazón volviera a latir normal.
Candy lo toma del brazo y lo saca del lugar rápidamente. Juntos se fueron del pueblo al fin.
-Ese hombre se lo merecía. Todos se lo merecían- decía él muy herido, pero orgulloso. Candy lo abrazaba fuerte y él disfrutaba aquel reconfortante contacto. Ella también lo hubiera disfrutado si no fuera por la desagradable situación en que se encontraba él.
-Pero mírate ¡Terry! Esto pudo causarte mayores problemas. Por favor, cuídate- le rogaba ella.
-No perdono, Candy- decía él apretando los dientes –Esos poco hombres abusan de ti-
-Cobardes, lo sé, pero no podrán hacerme nada. Y hay que perdonar-
-¿Perdonar?- Terry despotricaba contra aquel deber Cristiano -¡No Candy, lo siento, pero uno no puede pasarse la vida sin hacer nada!-
-¿Y qué tanto puedo hacer de todas maneras? Sólo soy una mujer y eso nunca cambiará, siempre tendremos que enfrentar los mismos problemas una y otra vez. No puedo luchar contra el mundo entero por el resto de mi vida- ella se encogió de hombros con una actitud de resignación.
Eso lo dejó mudo de dolor.
-Soy mujer y me sé defender como mujer, Terry. No necesito que tú vayas a la cárcel por mí-
-Están muy desprotegidas. Con miserables como esos por todo el mundo, están desprotegidas, tú, la pequeña Lolo ¡¿Qué puedo hacer yo para cuidar de ustedes siempre?!- gruñía muy frustrado mientras iban caminado por los senderos, ya alejándose de la gente y del pueblo. No querían ni carruajes, ni coches ni más gente, sino estar solamente ellos dos.
Ella se apretó a él, aunque Terry estaba herido, sangraba mucho del hombro y Candy no sabía por qué.
Caminar les hacía bien, al rato ya divisaban el Hogar de Pony. Entonces Terry le dice a Candy:
-No permitas que me vean así, no los niños- rogó él.
Candy llevó a Terry a la cabaña aprovechando que era la hora del Catecismo en el Hogar y allí le curaría las heridas.
-No es nada Candy, las he tenido peores- decía él mientras se quitaba la camisa ensangrentada.
-Quisiera que nunca más te metieras en peleas, Terry- gruñó Candy viendo que tenía que sacar un pedazo de vidrio del hombro de Terry. Fue a buscar agua y paños limpios, más alcohol y desinfectante de heridas.
-Es necesario, desgraciadamente. Habrá siempre gente que no respeta sino a golpe limpio… y ni aún así- gruñó –Yo por ti peleo y pelearé siempre- le dijo. Ella se estremeció.
Candy procedió a limpiar todo su pecho desnudo, delgado pero musculoso. A Terry le gustó mucho eso.
-Neil es un idiota- reía ella porque no podía tomarse a Neil en serio..
-Tal vez él sí, pero no sus amigos, Candy. Ten mucho cuidado- él la miró a los ojos con angustia –Creo que uno de ellos es adicto, Candy, se lo vi en los ojos. Un tal Butch-
-¿Estás seguro?- Candy abrió mucho los ojos
-Yo sé de eso… y lo que vi en ese sujeto no me gustó nada- soltó él y tomó las manos de Candy –Éste es un lugar sano, pero el mundo crece demasiado rápido y hay cosas malas que se esparcen como un cáncer por cada rincón de la humanidad ¡Oh Candy! La ciencia moderna está curando enfermedades, pero también está creando monstruos ¡No sabes lo que yo he visto!-
Ella se asustó.
-Dios mío, que la gente use la ciencia para eso- meneaba la cabeza indignada.
-Ya era suficiente con el alcohol, que hace que la gente no tenga moral, no tenga límites y haga cosas que no debería hacer ¡Y tantos que se enorgullecen de sus borracheras! "Que es divertido" "Que tomarse unos tragos hace la fiesta y tal" Yo caí por esas boberías, fui un tonto. Pero esas sustancia, esas sustancias borran cualquier tipo de escrúpulos, cualquier tipo de sensibilidad o consciencia y la gente hace cosas imperdonables y después no se acuerdan- advertía Terry alarmado -Un ser humano se vuelve un monstruo peor que los demonios de esos libros medievales-
Candy escuchaba a Terry muy asustada.
-La gente inocente que cae en manos de un adicto, Dios, ¿Qué puede salvarlos? Temo muchísimo por ti y por estos niños inocentes. Las cosas que pasan, las cosas que hacen ¿Cómo puede uno vivir tranquilo? ¿Cómo puede uno evitar lo que pasa?-
Ella no podía responderle, lo abrazó asustada y él le correspondió, como si con ese abrazo ambos estuvieran a salvo del mundo que los rodeaba.
