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Imagen: chica en el columpio con fondo urbano. Octava propuesta, por Jacque-kari, en "Escribe a partir de una Imagen" del foro Proyecto 1-8.
Personajes: Mimi y Koushiro
Género: Amistad
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Espejismo
6. Un pésimo soñador
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—Sí, mira. Es algo así como que si tú saltas yo salto.
—¿Por qué ibas a saltar? —Mimi frunció el ceño ante la pregunta.
—Pues porque sí. Porque te querría. No entiendes nada del amor. Qué tonto eres a veces.
Se cruzó de brazos y se levantó. El profesor ya se había ido y sus compañeros parloteaban en dirección al patio. Koushiro no sabía en qué momento se habían quedado atrás.
—¿Y si nadie salta?
Al parecer, Mimi no estaba preparada para esa pregunta. Se mordió el labio.
—Pues nada. No se sabe si están enamorados de verdad.
—No creo que haga falta matarse para demostrarlo, no sirve para nada.
—¡Ay! ¡De verdad que no entiendes nada! Es solo un ejemplo.
No respondió, sino seguro que iba a conseguir que ella se enfadara más. No era la primera vez que tenían aquella conversación, cuando Mimi hablaba acerca de alguna película romántica él intentaba comprender por qué le gustaban tanto. Generalmente el argumento era pobre y los chistes o momentos de drama muy forzados. Pero a ella no le importaba nada de eso.
—Ven. No tengo ganas de ir al patio.
Koushiro obedeció sin cuestionar nada. Subieron hasta la planta más alta y se asomaron a la ventana.
—De pequeña quería un columpio como el de Heidi. ¿Veías esa serie? Ella salía en la canción del principio subida a un columpio que colgaba de las nubes y había unas vistas preciosas del campo. Aunque yo me imaginaba en una gran ciudad, viendo edificios y carreteras. ¿No te gustaría?
—Pero si tengo vértigo.
—¿Por qué tienes que ser así? ¡Si tuvieras un columpio que cuelga de las nubes podrías curarte el vértigo!
Había vuelto a hacer que se enfadara. Kou no sabía lo que hacía mal. Se apoyó en el alféizar de la ventana y miró hacia el patio. Sus amigos se estarían preguntado dónde se habían metido.
—Supongo que nunca se me ha dado bien soñar despierto. —Lo dijo como si fuera una confesión, aunque ella ya lo supiera.
—Ya. Una pena, no sabes lo que te pierdes. Me gustaría poder enseñarte.
—No creo que se pueda.
—Bah, me subestimas. Venga, cierra los ojos e imagínate en el columpio.
—Mimi…
—¡Hazme caso!
Después de rodar los ojos, cerró los párpados. Se imaginó subiendo al columpio irreal, intentó no pararse a pensar en lo inseguro que era y lo ilógico de que colgara de las nubes. Se vio a sí mismo balanceándose hacia delante y hacia atrás, viendo a sus pies edificios y personas que parecían hormigas.
Abrió los ojos de golpe y se sentó en el suelo.
—¿Qué pasa?
—Me he mareado.
Ella se rio y se sentó a su lado. Apoyó la barbilla en la rodilla de Koushiro.
—Eres un pésimo soñador.
—Gracias.
