Capítulo VIII
La lluvia caía implacable, haciendo sonar cada teja, cada tabla que cubría las ventanas del Hogar de Pony.
Era temprano todavía, pero la oscuridad había caído sobre ellos como un negro manto impenetrable. El suave chispear del fuego amansaba interrumpido silencio, y apenas se oía el tic tac del reloj en la pared.
En medio de la sala, la luz de la hoguera iluminaba el rostro de Terry inexpresivo, y una taza vacía colgaba de su mano.
La sala estaba caliente y seca, mientras que afuera se quedaba todo el frío y la humedad de la lluvia.
-¿Quieres más?- Candy traía una jarra de té, que soltaba humo perfumado. Él con una sonrisa le agradeció el gesto y se acordó de que tenía la taza vacía allí en su mano.
Candy le sirvió más té y luego colocó la jarra en la mesita. Con su taza en la mano se sienta en el sillón frente a la chimenea, y de donde estaba sentado Terry, y juntos contemplan el fuego mientras el té humeaba en sus tazas y la lluvia golpeteaba los cristales.
-Qué fea noche- musitó ella ante la oscuridad que reinaba fuera del Hogar -Pareciera que estuviéramos en medio del océano negro sin una sola estrella en el cielo-
Las imágenes de sus viajes a Inglaterra en barco vinieron a su mente con aquella metáfora. Dos viajes agonizantes en dónde en uno huía de la muerte de Anthony y en donde el otro se desesperaba por regresar a su hogar, y en ambos viajes estaba Terry involucrado.
Terry, que ahora estaba allí con ella.
Se acabó la interminable búsqueda.
Tenía tanto miedo de volverse a ilusionar y de tener esperanzas, de que todo fuera tan perfecto, de que su corazón latiera tan fuerte otra vez. Pero allí estaba latiendo fuerte otra vez.
-Gracias por todo, Terry- dijo de repente. Se sentía muy bien esa noche y segura, como si no importara nada más.
-Yo estoy más agradecido que tú por estar aquí- respondió él con una sonrisa que se vio a la luz del fuego, y luego contempló su taza de té -Estar aquí me ha llenado de afecto-
Ella hizo silencio para que él hablara todo lo que quisiera hablar.
-Yo conocí a tanta gente. Miles de personas, pero es increíble como son muy pocas de verdad las personas que valen la pena-
Su mirada azul no estaba allí sino que se había ido lejos por un momento.
-Yo nunca me sentí así en mi propia familia. Este pequeño lugar es puro amor y calidez- entonces Terry le clavó esos ojos azules que la hacían estremecer de pies a cabeza... -Ni todos los lujos del mundo me dan lo que me da este lugar, lo que me das tú-
Candy bajó los ojos y fingió concentrarse en la taza de té.
-¿Sabes? Cuando actuaba, tantas veces que tenía que besar... fingir amor… era un tormento, nunca pude entender por qué la mayoría de la gente se reajunta con cualquiera, besa a cualquiera, dice amar a cualquiera. Eso no es así, al menos yo no soy así... Busqué serlo y ése fue mi error. Yo cometí muchos errores tratando de ser como no era, de negar que yo sólo amo a una mujer, porque no había nada más para mí. Yo imaginaba que esas actrices eran tú, Candy-
La miraba fijamente pero Candy evadía su ojos.
-Y cuando les profesaba amor y las besaba, para mí eran tú. Y así la gente aplaudía y decía "Qué gran actor es Terrence Graham"- Terry bufó y esto último lo pronunció con ironía -Que vacío es todo. Todo y todo el mundo. Las almas de verdad ricas, profundas y hermosas son muy pocas. Son ángeles que manda Dios-
-Y tú eres una de ésas. Tú también eres un ángel, Terry- al fin habló, conteniendo lágrimas traicioneras.
Su voz tambaleó, estaba conmovida, vulnerable, pero Terry bufaba ante eso. Ella se le acerca y se acuclilla al lado del sillón, y le toma las manos, apartando las dos tazas.
-¡Yo no soy un ángel, yo soy un maldito!- él sacudió la cabeza pero ella lo detuvo.
-No lo eres. A veces se cometen errores, a veces los ángeles pierden su camino. Pero yo veo que este ángel ha encontrado su camino-
Las palabras de Candy removían todo en el interior de Terry, lo sanaban. Y allí estaban ellos frente a la hoguera, con toda la casa en silencio, la lluvia afuera, todos los demás recogidos en sus cuartos y ellos dos se sentían los únicos seres vivos sobre la Tierra.
La respiración de él era dulce y Candy la sentía muy cerca de ella, y en sus ojos azules brillaba una lágrima.
-Terry- ella le acarició el rostro.
-Ves que haría cualquier cosa por ti. Buscaré al maldito que te atacó, sé quién es, y te defenderé. Siempre, Candy, porque te amo-
A ella le temblaron los labios y quería hablar pero no podía.
Tomados de la mano se miraban uno al otro con sentimientos acumulados de muchos años. El calor de la mano de él... Como un caballero se levantó de la silla y la invitó a ella a hacer lo mismo.
Como aquella vez en el lago en Escocia, Terry la invitaba a bailar con música imaginada y ella no podía negarse. Se abrazaron y se movieron suavemente oyendo el sonido de la lluvia.
Era tan diferente a la vez en Escocia, ella ahora era toda una mujer y como mujer sentía. Y Terry la llevaba suavemente, los dos cuerpos muy juntos, hombre y mujer ya.
Entonces ella se detuvo y no supo qué decir, no dijo nada. Terry la observa sin hacerle nada, y Candy esperaba, embriagada por su respirar y los latidos de su corazón que sentía a través de su pecho. La piel le temblaba... no podía controlarse.
Los labios de ella lo estaban invitando, todo fluía natural, y no había apuros ni presiones, sino un inmenso deseo contenido por muchos años. Candy lo estaba invitando.
Poco a poco los labios de Terry se posan sobre los de ella naciendo un beso verdadero, profundo, lento pero muy gustoso y completamente diferente al primer beso.
Candy sentía por primera vez el ardor de los labios de Terry en los suyos, y Terry también sentía por segunda vez lo que era un beso de amor verdadero, deseándolo plenamente, y sus piernas se debilitaron, Candy desfallecía pero él la sostuvo en un abrazo eterno.
