Y ahí estaba yo, después de tanto tiempo, al fin había conseguido lo que tanto había querido. Marinette ahora estaba conmigo. Y era algo completamente hermoso y magnifico. No lo podía creer y menos ahora, que ella estuviera precisamente allí, en mi casa, en mi habitación. Yo ya había visitado su casa, y como pretexto para hacer una invitación inocente le dije a mi hermosa chica que me habían hecho llegar una nueva versión de su videojuego favorito.

Marinette no dudó en aceptar, y antes de que llegará a casa, telefoneé a Natalie para que lo consiguiera y lo dejará en mi casa. Cuando salimos de clase, Mari fue a casa de sus padres para decirle que pasaría en rato conmigo, los señores Dupain alegremente le dieron permiso y hasta una caja con pastelillos le dieron. Sabían que amaba cualquier repostería.

El camino a mi casa fue muy normal, platicamos un poco de todo: ella con sus nuevos diseños y la oportunidad de trabajar como becaria para una casa de moda que estaba creciendo poco a poco, yo acerca de mis ocupaciones como modelo, de las nuevas campañas publicitarias que la empresa de mi padre lanzaría y el éxito que había tenido su diseño en la última pasarela.

-enserio, mi padre cree que tu potencial es único- el halago era sincero, mi padre me había comentado lo que pensaba sin rodeos, tan Gabriel Agreste- deberías presentarles algunos diseños, ¿Quién sabe? Podrías ser la nueva diseñadora de la casa Agreste.

Mi linda mariquita sólo se sonrojó y pareció encogerse un poco en su asiento. Tan típico de ella, no ser consciente de lo talentosa que era y del gran camino que le esperaba en el mundo de la moda. Yo solo me acerque un poco más para acortar el espacio que nos separa en el asiento trasero del automóvil y como su mano estaba recargada en el asiento, acerque mis dedos a los suyos y entrelace nuestras manos.

Su sonrojo se volvió más intenso y brillante y su mirada se encontró con la mía ¿Cómo diablos me tarde tanto tiempo en ver la verdad? Su mirada era única e inconfundible, ese azul brillante tan profundo, unos ojos que eran tan transparentes como ella misma, porque me decían cada pequeño aspecto de sus emociones y estados de ánimo.

Amaba a esa mujer.

Desplace mis ojos a sus labios, ligeramente rojizos debido a que Mari traía algo de maquillaje encima. Simple pero elegante y discreto, era justo lo necesario para resaltar lo bella que era, algo natural y sencillo.

Tuve el impulso de abalanzarme y comerme esos labios a besos, pero con mi chofer enfrente tuve que contenerme. La verdad no tenía muchas oportunidades de estar a solas con ella y en realidad necesitaba la privacidad. Se creaba algo íntimo cuando dos personas estaban solas y a gusto entre ellas. No hice ningún otro movimiento por temor a no saber contenerme lo suficiente.

Cuando llegamos a casa, no estaba Natalie o mi padre, ya que ambos habían salido para una reunión, pero el encargo que le había pedido estaba en la mesita del vestíbulo. Lo tome y conduje a Mari hacia mi habitación, un poco nervioso porque no estaba seguro si le agradaría estar ahí. Era un lugar espacioso, sin duda, pero no tenía nada que ver con la acogedora recamara que ella tenía.

Recordaba su habitación, era hermosa, con un decorado muy femenino y todo en perfecto orden. El mío tenía toques que eran reflejo de mi personalidad, pero en su gran medida siempre lo había considerado como un gran cuarto creado para que fuera una cárcel cubierta de oro.

Recorrimos los pasillos hasta llegar a la puerta de mi habitación, desde que baje de auto y ayude a Mari a bajar, en ningún momento solté su mano, me gustaba el tacto suave de su piel, el calor que emanaba su palma y recorría la mía. Ella no hizo ademán de querer retirarla, lo cual fue bueno. Porque de lo contrario quizás me hubiera aferrado más fuerte.

Le abrí la puerta y espere a que ella pasara por delante de mí. Después cerré la puerta, y para que nadie tuviera intención de molestarnos, eché el pestillo, había acordado con Plagg que no molestaría, por lo que seguramente estaría en la cocina devorando los 3 quesos que compre especialmente para él. Era un glotón sin remedio.

Camine hasta que estuvimos frente a la tele y mientras iba a la consola a poner el juego, Marinette se puso cómoda en el sillón, aunque para esto tuve que soltarla. En la mano que no sostuve cargo la caja de pastelillos y ahora lo deposito en la mesita de té que había frente el sillón. Le di el control uno y yo me quede para mí el dos, ciertamente no me importaba. Ella de inmediato vio las nuevas funciones y las modalidades de juego, además de los accesorios nuevos para los trajes.

Recordaba que ella muy buena jugando videojuegos, de hecho yo pensaba que era la mejor. Pero cuando un chico está enamorado, muchas veces piensa eso de cada aspecto que haga su chica.

"mi chica" esa sonrisa me dibujó una gran sonrisa que bien podía competir con la del gato Cheshire. Poder llamarla de esa forma, que otra gente supiera que ella era mía y yo suyo. Ese tipo de cosas me provocaban una felicidad que podía ser infinita. Pasamos un rato jugando diferentes modalidades de pelea, principalmente en equipo, pero cuando Marinette propuso el reto, con su carita toda inocente y linda no pude más que tragar saliva y decir que sí. No estaba seguro si ella sabía el efecto que tenía sobre mí y lo usaba en mi contra o simplemente no era consciente.

-Bien, las reglas son sencillas, el ganador escoge que pastelitos comerse - sabía que ella no perdería ninguna oportunidad para hacerme bufar. Amaba los pastelitos que la panadería Dupain hacía, y con su apuesta me daba la oportunidad de escoger entre la rica variedad que sus padres nos habían dado.

-bien, pero yo tengo una condición- mi mirada se tornó un poco maliciosa- el perdedor será quien se dedique a dárselos en la boca- en cualquier caso, creo que yo ganaba. Si perdía, tendría la oportunidad de alimentar a mi princesa como una pareja, y si ganaba, ella me alimentaria a mí. Eso sería algo interesante de observar, quizás después de todo me convenía más ganar.

-trato, pero ya sabemos quién ganará- me guiño un ojo mientras daba inicio a la partida. Fue una competencia reñida, tanto ella como yo sabíamos combinaciones para activar movimientos especiales y los accesorios era un plus que ocupamos constantemente. Por si fuera poco, había olvidado la determinación, concentración y sobre todo lo competitiva que se volvía cuando se trataba de videojuegos.

Para el tercer round, íbamos empate por lo que la última ronda definiría al ganador, mi línea de vida estaba por debajo de la mitad y Marinette no se detenía en las combinaciones ni en los ataques especiales. Estaba seguro de que perdía, así que una idea se cruzó rápidamente en mi cabeza.

Ya que ambos estábamos muy cerca uno del otro, no me fue difícil acerca mi rostro a su cuello y sin apartar los ojos de la pantalla, puse mis labios sobre donde sentía su palpitar y le di un beso, para al final pasar ligeramente mi lengua por la zona y retirarme.

Cuando Marinette sintió el contacto se tensó y para cuando me retire ella estaba completamente roja y petrificada en su sitio. Aproveche su distracción para volver al juego, tres combos de golpes y su personaje estaba perdido. Había un ganador, y cierta chica me debía algo.

-¡GANÉ!- grite alzando mi control sobre mi cabeza. Ella me miro, con el rostro todavía escarlata y una mano en su cuello, en la zona donde había dejado el beso distractor.

-tramposo- dijo entre dientes, con diversión en los ojos- eso fue trampa, así que la apuesta no vale.

-claro que vale- contraataque con el tono más inocente que pude- el trato no incluia tácticas de distracción, recuerda princesa. En la guerra y en el amor, todo se vale- le guiñe un ojo y una sonrisa coqueta para que su molestia aminorara, funcionó.

-Eres un tonto- me reí con energía mientras me acomodaba mejor en el sillón, extendiendo mis manos en el respaldo y echando la cabeza hacia tras, cerré un momento los ojos y espere. Pero no dijo nada más.

-¿y bien?. No alce la vista.

-¿qué?- parecía confundida, la pobre.

-bien, yo gané, así que espero mi recompensa- abrí los labios ligeramente e hice un sonido fuerte- ¡aahhhhh!

-¿qui…quieres que… te… de…. De de comer?- de repente su voz sonaba nerviosa. Alce ligeramente la cabeza para observarla, retorcía sus brazos sobre su regazo. Pensé que ya habíamos pasado la etapa de no hablar bien frente a mi, pero al parecer todavía causaba ciertos efectos. Bien, los aprovecharía al máximo.

-claro que quiero, perdiste, princesa. Así que trae esos dulces aquí y aliméntame- señale con mis dedos la caja de pastelitos. Ella se los colocó en el regazo y los abrió, alternando su mirada entre ellos y mi rostro.- ¿Qué sucede?

-¿No… No vas a escoger?- trata de controlar su voz, para parecer calmada.

-no, confió en que sabrás darme los mejores- volví a cerrar los ojos y abrir la boca para esperar los manjares. Escuche como se movía algo dentro de la caja y después sentí la suave y cremosa textura de un cup cake con nata montada. Era de chocolate, delicioso, como siempre. Le di una gran mordida y disfrute del sabor con un gemido de placer. Dios, si por mi fuera podría vivir de esta manera para siempre.

-¿te… te gustó?- abrí los ojos para mirar a Marinette tan fijamente como pude, y sin separarme mucho de la mano que sostenía el cup cake para mí, le respondí- me encanta. – No sé exactamente como, pero me pareció que mi voz salía ligeramente más ronca y profunda. Mire el panquecito en las blancas manos de Mari y observe que algo de la crema montada se había deslizado hasta caer sobre sus dedos. Con cuidado, me acerque y los lamí.

-¿qu….QUE HACES?- saltó ligeramente sobre su asiento cuando sintió el primer lametón. No retire mi mirada de su rostro, y aunque ella enfocó su mirada en otra área, pude ver como su rostro se teñía de rojo.

-nada- di varios lametones, hasta que no quedó nada de crema en sus dedos. Con cuidado, tome un cup cake de fresa y con nata montada en color blanco y rojo y le con mi cara más inocente, le mire- di ah.- miro de mi al bocadillo.

- ese no era el trato- dijo, dejando mi cup cake en la mesita y haciéndose para atrás, acorte la distancia, ella volvió a moverse hasta que topó con el reposabrazos. Estaba atrapada, y lo sabía. Yo la seguí como un cazador a su presa, acorralándola en aquel sitio.

-yo gané, así que puedo modificar un poco las reglas ¿no crees?- hizo un puchero cuando se dio cuenta que tenía razón y no podría rechazarme. Tímidamente abrió los labios y acerqué con cuidado el cup cake, pero antes de que lo pudiera probar, lo quite.

-cierra los ojos- una idea había cruzado por mi cabeza y era el momento perfecto para ponerlo en práctica.- y no los abras hasta que te diga.-Sus ojos me estaban mirando de manera sospechosa, pero no dijo nada mientras hacia lo que le había pedido. Me pareció que el tiempo iba más lento, porque observe cada movimiento con suma precisión.

Puse en panque enfrente de sus labios y me acerque hasta que mis labios quedaron exactamente al otro extremo, frente a sus carnosos y sensuales labios. Con cuidado de no echar todo a perder, empuje el panquesito sutilmente, dejando que Marinette sintiera la crema batida. En cuanto sus labios entraron en contacto con la crema, empuje ligeramente el panque, para que sus labios terminaran batidos, y rápidamente lo baje para ir por sus labios. Cuando note su tacto, interiormente gritaba de felicidad, esto era lo que siempre había querido. Pero ahora parecía insuficiente, necesitaba más, mucho más.

El beso fue gentil primero, pero cuando delineé su labio inferior, no pudo contener un ligero gemido y abrir sus labios. Entonces me volví exigente, introduje mi lengua en su boca y comencé una sensual batalla. El postre se me cayó de las manos, ahora sus brazos estaban en mi cuello, acercándome más a ella y las mías estaban en su cintura, moviéndome de arriba abajo con avaricia, como un pirata que encontraba un tesoro y no sabía por dónde comenzar a saquear.

Ese beso fue largo, apasionado y una guerra de voluntades que ninguno de los dos iba a dejarse intimidar, la fui empujando hasta que quedará recostada sobre el sillón, yo sobre ella. Iba rápido y sinceramente no podía parar. Sus leves gemidos se quedaban entre nuestros labios, yo los acompañaba por gruñidos y un suave ronronear que salía de mi pecho. Cuando pareció que moriríamos por falta de aire, con un último toque sensual y completamente erótico, deje sus labios y me oculte en el hueco de su cuello, aspirando su aroma y disfrutando de mis labios en su piel.

-Adrien- mi nombre en sus labios con esa voz ronca y con un tono más bajo me dejo completamente fuera de base. Ella no podía hacerme esto y creer que mi cuerpo no respondería. El roce tenía a mi cuerpo completamente caliente y listo para pasar a segunda base, incluso hacer un jonrón.

-Perdón, princesa, simplemente no me pude contener- seguí una línea de besos húmedos a través de su cuello hasta su clavícula.- voy a parar ahora, solo dame unos segundos.

-bobo- su sonrisa fue baja- ¿Quién dijo que quiero parar?...

Me levante de golpe para observar mejor su rostro, aún con el sonrojo en el rostro, parecía que lo que acababa de decir era muy enserio ¿Acaso era completamente consciente de lo que quería hacerle?

Sus brazos aún seguían en mi cuello, y veía el brillar de sus ojos, tan hermoso y cautivador que sin pensarlo baje nuevamente y comencé a besarla, aunque esta vez me tomé mi tiempo. Ella respondió de la misma manera, aferrándose de vez en cuando a mechones de mi cabello, enredando sus dedos con en mi nuca y atrayéndome más a ella. –Mari- le dije entre besos.

El roce de nuestros cuerpos era incluso algo doloroso. La había acomodado a lo largo del sillón y yo encima de ella, nuestras piernas estaban entrelazadas y nuestras respiraciones más aceleradas. Deje a mi vista vagar hacia abajo, y el subir y bajar de sus pechos me dejo completamente hipnotizado. Era tan perfecta en tantos sentidos que temía en cualquier momento perderla, después de todo, ella, sobre todas las cosas, era demasiado para alguien con tan mala suerte como la mía.

Acaricié su rostro con una de mis manos mientras la otra soportaba el peso de mi cuerpo. Repase con mi dedo la curva de su mejilla, y la línea de su nariz, sus labios ligeramente hinchados, ella cerró los ojos y se dejó llevar por las inocentes caricias.

Me sentí atrevido y fui más allá. Deslice mi mano por la curva de su cuello, y delineé los huesos de su clavícula, obteniendo como resultado un suspiro de satisfacción. Verla tan sumisa, tan dispuesta a recibir cuanto estuviera dispuesto a darle me hizo sentirme atrevido e increíblemente travieso, como si mi lado felino quisiera salir a jugar con su dueña. Mimar y ser mimado.

Con la punta de mis dedos baje hasta llegar al valle entre sus senos. Ese pequeño espacio que se veía sus cúpulas y que estaba deseando besar por debajo de la ropa. Repace mi dedo arriba y abajo varias veces, al compás del subir y bajar de su respiración que se hacía cada vez más rápido. Deslice mi palma hacia su seno derecho y lo repase con cuidado, sin apretar, solo delineando la forma, aunque me moría de ganas de hacer algo más que palpar.

-A…Adrien- mi nombre en sus labios fue un susurro sensual, como una invitación y una respuesta satisfactoria a lo que estaba haciendo.

Por favor dioses, quien fuera, alguien que me dijera que podía continuar, que podía hacerle a Marinette todas esas cosas que solo había soñado en mis pensamientos.

-Marinette, no soy un hombre con mucha fuerza de voluntad- traslade mi mano a su otro seno, repitiendo el trato que había recibido el primero- cuando te veo quiero hacerte tantas cosas, quiero besarte, quiero repasar y memorizar cada curva de tu cuerpo, no sabes las ganas que tengo de grabar mis labios por toda tu piel. Amor, no sabes lo que me hace estar tan cerca de ti. Quiero tantas cosas. – me agaché lo suficiente para juntar nuestras frentes, el perfume que emanaba de su cuerpo era como algo sagrado para mí, una esencia que nunca olvidaría.

-soy un loco por pensar en estar a solas contigo y creer que podía contenerme y conformarme con abrazarte y tomarte de la mano. Desplace mi mano de su seno hacia donde descansa sus finos dedos de artista y los entrelacé con los míos.- necesito que me digas que no lo quieres, que te asusta, que me aleje y lo haré, porque solo tú eres capaz de controlarme, solo tu tienes la fuerza suficiente para que pueda mantener mis manos para mí.

Me elevé para estudiar mejor su rostro, y lo que me encontré fue algo nuevo: una máscara de póker. Marinette nunca había sido una mujer difícil de leer por medio de las expresiones faciales, pero ahora no sabía que significaba, parecía estar estudiándome con detenimiento, pero al mismo tiempo pensar en otra cosa completamente ajena a mí. La incertidumbre y el miedo comenzaron a instalarse en mi estómago y hacer una base permanente ahí.

Sentí como se movía debajo de mí, la mano que tenía libre la alzó y comenzó a acariciar ligeramente mi cabello, dibujar el contorno de mi cara, cerré los ojos y me deje llevar por los mimos.

-¿Qué piensas cuando estás conmigo?- su pregunta fue directa y con una calma tan sorprendente que me pregunte por un momento donde había quedado mi niña tímida e introvertida.

-si te lo digo, pensarás que soy un pervertido- mi confesión la sellé con un beso en la palma de su mano cuando esta llegó cerca de mis labios.

-por favor, Adrien, dímelo- el hecho de que sus ojos estuvieran viendo directo a los míos y que nuestros dedos entrelazados fueran ahora a sus labios para que ella besara el dorso de mi mano no ayudaba mucho.

-pienso que eres lo más bonito que me pudo haber pasado, que soy un maldito tipo con la mejor suerte de todo el mundo- no quería decir la parte donde pensaba en ella como mujer, pero con su mirada insistente y el ligero pucherito que hizo, no pude contener mi lengua antes de decir- Mari, lo veas o no, eres una chica con un cuerpo sensacional, tu busto es perfecto, tus curvas se han marcado y es como si la misma diosa del amor se hubiera dedicado a hacer cada parte de ti para ser adorada, y no en el aspecto sagrado, sino carnal.

Estaba seguro que mis mejillas ahora eran más rojas que un tomate.

-cuando te veo quiero besarte, quiero aprenderme de memoria cada curva de tu cuerpo, probar el sabor salino de tu cuerpo después de haber usado mis manos para que experimentes el placer. Quiero estar entre tus piernas, quiero saber si eres de las personas que en silencio disfruta o por el contrario eres de las que grita cuando su cuerpo llega al clímax. Pensar que debajo de esa ropa hay un cuerpo espectacular del que puedo disfrutar, del que me muero por disfrutar me hace desearte con locura, es un pensamiento constante que no me deja dormir.

Note que ante cada palabra que decía, Marinette parecía contener la respiración, ¿Cuál era el motivo? Lo desconocía, pero mi lado curioso estaba ansioso por averiguarlo.

-Princesa, soy un maldito mocoso hormonal que sueña estar con su chica- mi boca ahora vomitaba verdad- pensar que puedo estar contigo, que nuestros cuerpos puedan expresar lo que las palabras no pueden, eso me está dejando fuera de base.

Cuando me callé, el silencio comenzó a ser el gobernante supremo de nuestro espacio. Estaba a cuatro sobre Marinette, no me había movido ni un centímetro, por temor a que ella notara la creciente torre Eiffel que se había formado entre mis pantalones. Si pudiera tener un control de mi cuerpo lo obligaría a bajar, pero en estos momentos parecía que era un ente con vida propia.

Entonces sentí como una de las piernas que había quedado atrapada entre las mías comenzaba a moverse de manera ascendente hacia una zona muy sensible y peligrosa de explorar. Me tensé un poco cuando sentí parte de su muslo rozando contra mi entrepierna. Al principio pensé, solo por una fracción de segundo que había sido un completo error, que ella seguramente estaba tratando de cambiar de posición, incluso de quitarme sutilmente de encima. Pero volví a sentir el toque y su rostro con ese sonrojo que parecía haberse propuesto estar todo el día en su cara me dijo que este roce era todo menos un accidente.

Con una sonrisa algo triunfal, me acerque a su rostro y ligeramente, le besé, primero unos ligeros toques, pero cuando necesite darle más velocidad, tome su labio inferior entre mis dientes y lo jalé hacia arriba, una mordida sutil. La leve queja fue más como un gemido que otra cosa. No me aguante más y me incorpore, llevando a mi chica conmigo. Me acomode, sentándome con las piernas juntas y acomodándola a horcadas sobre mí. Este contacto era íntimo, y dios sabía que estaba amando cada jodido instante.

Me gustaban sus coletas, pero siempre me había preguntado cómo sería verla con el cabello suelto, posé una mano detrás de su nuca mientras ella descansaba las suyas sobre mi pecho y mientras me dedica a besar su cuello, deshice los nudos y cepille ligeramente su cabello, en cuanto nos separamos, fue una imagen sublime. Se veía ligeramente alborotado, sus labios hinchados y su ligero escote lleno de pequeñas marcas rojizas que me encargaría de remarcar. Pero sobre todos, sus ojos oscurecidos, estaba decidido a ser que esto fuera bueno para ambos, pero necesitaba su aprobación.

Rogué a los dioses por que dijera que si.

-quiero estar contigo- comencé- quiero sentir como tu cuerpo me envuelve, entrar tan profundamente en tu centro que no sepa donde terminas tú y comienzo yo. Por favor, Marinette, me tienes de rodillas, pero necesito saber que también lo quieres. Yo entenderé si…

-si.- su interrupción fue un leve sonido que por poco me lo pierdo- si quiero estar contigo, Adrien, quiero que me hagas el amor.

Hacer el amor, eso era lo que estábamos a punto de realizar, no solo sexo, no solo eran cuerpos en busca de placer, sino que eran sentimientos entrelazándose, recordando una danza antigua donde dos almas se reconocen y entretejen para crear una experiencia sublime y llevar a sus participantes a un nirvana personal. Ella lo quería, yo lo deseaba. Pero sería lento, un paso a la vez.

Sin separar mis ojos de los suyos, retire su chaqueta y la tire lejos del sillón, hice lo mismo con su camiseta rosada para encontrarme con un sujetador blanco con puntitos negros. Lo observé unos cuantos segundos, mirando lo perfecto que sus senos se acomodaban dentro de las copas y preguntándome como sería una vez que estuvieran libres. El broche estaba justo en medio de sus montes, un punto sorprendentemente conveniente.

-encantador- dije con una sonrisa traviesa mientras acercaba su rostro al mío y la volvía a besar. Decidí que quería ser la persona a cargo, sería yo quien daría el ritmo y la intensidad, y si mi Mari no lo soportaba, lo disminuiría, pero no antes. Quería probar que tan dispuesta estaba ella, que tan resistente sería. Guie nuestro beso, lento pero abrazador, no hubo espacio en su boca que no fuera recorrido por mi lengua y viceversa. Moví su rostro de un lado al otro, y mientras ella cerraba los ojos para disfrutar las sensaciones que nuestras lenguas provocaban, yo los deje abiertos, alimentándome con su rostro que se estaba volviendo presa del goce. Estaba dejando atrás sus restricciones y comenzaba a ser un poco más libre. Lo supe cuando sus manos quitaron la camisa blanca que usaba sobre la camiseta negra y tiraba de ella hacia atrás, luego, repasando todo mi pecho y estómago, guío sus manos hacia la orilla de la camiseta y tiro de ella hacia arriba.

Tuve que separarme cuando la pasó sobre mi cabeza y la aventó fuera, probablemente para que hiciera compañía con su ropa. Me miró el torso desnudo y aunque parecía algo tímida, trato de acariciar cada línea de los músculos ligeramente marcados.

-eres perfecto- susurró más para sí misma que para mí.

-no- alce su rostro para que viera la convicción de mi rostro cuando rebatí su idea- la única perfecta aquí eres tú.- su sonrisa, aunque algo divertida, me resultó algo apagada.

-si claro, mi cuerpo no es tan delgado, o atlético- la callé poniendo mis labios sobre sus labios, no me podía cansar de sus besos.

-Me gustan las mujeres reales, no los pálidos y delgados cuerpos que salen en revistas y pasarelas. Me gusta las curvas suaves de tu cuerpo- pasé un brazo por su cintura- tu piel es suave, lisa, no tienes por qué avergonzarte de tener un cuerpo hermoso, menos aún cuando es parte de una hermosa, increíble y sexy persona.- volvió a soltar una sonrisa, aunque esta vez fue más auténtica.

-no soy sexy- distraídamente, recargó un codo sobre mi hombro derecho y con sus dedos comenzó a peinar algunos mechones largos de mi cabello.

- lo eres- desplace mi mano desde su cintura hasta la parte frontal de su sujetador y con un suave movimiento de dedos el clic salió y sus senos salieron libres de su prisión.

-¡ADRIEN!- su reclamó fue de lo más gracioso, siendo sinceros no pude tomármelo en serio, ella tenía ese brillo travieso que me decía que aquello le estaba más que gustando. Estaba curiosa y con expectativas grandes de como acabaría la tarde. Yo no pensaba defraudarla.

Con mi rostro cerca de sus senos, deje que la pálida piel que había en medio fuera la primera que recibiera la atención de mi boca. Deposite un beso húmedo ahí y un gemido tenue fue lo que salió de los labios de Marinette. Bese una y otra vez hasta que decidí que quería una marca mía sobre su piel y con ganas de continuar, deje un chupetón de tamaño considerable en aquella zona. Con la misma mano que use para desabrochar el sujetador la use para quitar las copas premoldeadas y apreciar mejor esas perfectas cumbres.

Sus pezones, pequeños y rosados, combinaban a la perfección con su blanca piel. Decidí que hacía falta un poco de color. Así que primero besé y mordisquee ligeramente toda la zona antes de abrir mis labios y atrapar uno de sus pezones en mi boca. Cuando lo hice, sentí la espalda de ella arquear ligeramente para buscar un mejor ángulo de contacto. Mamé con lentitud al principio y aceleré un poco solo para probar como lo recibiría.

-por favor- comenzó a suplicar- por favor Adrien, más rápido- cambie de seno y en este me concentré en repasar mi lengua sobre el pezón una y otra vez, ligeros azotes calientes que confiaba permitirían que ella se mojará, o al menos lo disfrutara. Descanse mis manos en su cintura y la parte baja de su espalda, jugando con el elástico de sus pantaletas que sobresalía por encima de la línea del pantalón.

Ella solo acariciaba mi nuca, moviendo sus dedos entre mi mata de cabellos, indicándome con sus tirones y aflojes que tanta intensidad necesitaba. Nuestros centros estaban alineados por encima de la tela, y poco a poco sentir el vaivén de sus caderas, sutil pero constante. Si seguía así me vendría en cualquier momento, cosa que sería del todo menos apropiado. Tenía planes para ella, y me dejaba de llamar Adrien Agreste si no conseguía que Marinette tuviera al menos un orgasmo.

Me separe de ella y puse mis manos en el botón de sus pantalones, lo desabroché y colé mi mano por la parte superior de su vientre, cerca de su monte de venus. El suspiro fue entrecortado y muy largo, casi pensé que había dejado salir todo el aire de sus pulmones. Dio un respingó cuando metí más adentro mis dedos, alcanzando un poco sus rizos. Era suave y con una calidez que me estaba gritando por explorar más a fondo. Pero necesitaba que nada estuviera en el camino, así que retire las manos.

-Marinette, ¿confías en mi cierto?- solo asintió con la cabeza, sus ojos cerrados y sus labios semi abiertos.- Amor, necesito que te levantes.

Con cuidado bajó sus piernas y pude notar un ligero temblor en las mismas, si yo tuviera que levantarme creo que estaría igual. La puse en medio de mis piernas, coloqué cada una de mis manos en el borde de sus pantalones y con gran lentitud y un deleite para mí, bajé la ropa, repasando mis dedos sobre su piel en el proceso. Una vez en el suelo, Marinette salió se movió para salir de su ropa, quedándose solamente con unas encantadoras pantaletas rosadas demasiado provocativas para mi gustó.

Volví con las manos hacia arriba, acariciando la parte interna de sus piernas y alejando los dedos justo cuando alcanzaba la parte superior de sus muslos, donde sentí ligeramente el calor que emanaba de entre sus piernas.

"paso a paso" me dije a mi mismo para lanzarme sobre ella antes de tiempo. Hice lo mismo con su ropa interior, tardándome mucho más que con sus pantalones. Y cuando estuvo completamente desnuda frente a mí, no le di oportunidad de que se alejará o cubriera sus partes con sus manos, cuando intentó hacer, atrapé sus manos a los costados y me concentré en contemplarla de arriba hacia abajo. Sus pies, las torneadas pantorrillas y piernas, los carnosos muslos, los rizos que escondían su centro, su vientre plano y sus pechos, firmes. El sonrojó que iba desde su escote a su hermoso rostro.

Una mujer perfecta. Mi mujer.

-hermosa- dije sin ninguna vergüenza, arrodillándome frente a ella y depositando un beso por encima de su ombligo.

-Adrien, espera…- parecía algo nerviosa, y eso me preocupaba un poco, deseaba que disfrutará, no que estuviera pensando.

-Me pides imposibles- dije pasando mi lengua por su ombligo- necesito saciar mi hambre de ti.

Comencé a besar cada parte de su cuerpo que estaba a mi alcance, subí mis manos a sus senos y los masajeé sin ser brusco, pasando mis dedos una y otra vez por sus pezones y siendo algo atrevido, pellizcándolos ligeramente. Mi chica no podía hacer frases coherentes, solo escuchar como trataba de acallar sus gemidos fue suficiente, esa acción tenía un efecto tan erótico en mi que me hacía preguntarme cuanto más tardía para que se olvidará de ser silenciosa y comenzará a gritar mi nombre.

Baje las manos por sus costados, acariciando cintura y silueta a su paso, hasta tomarla de sus caderas y dejarla plantada frente a mí, alce la vista cuando sentí la necesidad de mirar sus ojos, y como si mis ojos fueran imanes, ella de inmediato bajo la cabeza para verme.

-no cierres los ojos- fue una orden- quiero que veas cada cosa, y quiero ver tus ojos cuando se conviertan en estrellas a causa del deseo y placer.

No trató de debatir o desobedecer la orden, se quedó ahí, esperando mi siguiente movimiento. Sin retirar su mirada de la mía, baje mi mano derecha hasta el hueco de detrás de su rodilla y lo doble, subiéndolo hasta mi hombro. Lo acomodé bien y deje que parte de peso de su cuerpo se apoyará ahí. Baje mi mirada para ver mejor su feminidad. Fue algo fascinante.

El vello que protegía su capullo estaba recortado ligeramente, apenas se cubría parte, desde mi posición podía ver sus pliegues, rosados y un poco lubricados. Listos para ser probados. Y su botón sobresalía ligeramente, ansioso de ser tocado y explotado. No quise perder el tiempo. Acerque mis labios a la zona y antes de hacer el primer contacto, deje que algo de vapor golpeara directamente sobre sus genitales.

-A…Adrien.

-¿se siente bien?

-s… sí- trato de retorcerse un poco, pero mi agarre firme se lo impidió. Tenía que mantenerse en esa posición para lo que planeaba hacerle.

Volví a exhalar vapor de mis labios, dejando que golpeara sus partes más sensibles. Me gustaba como trataba de alejarse al mismo tiempo que, inconscientemente, sus caderas empujaban hacia delante, pidiendo más de aquello, pidiendo mucha más atención. No le iba hacer esperar.

Bese su monte de venus y descendí hasta sus pliegues, donde pase mi lengua por toda la zona. Aunque intentó retorcerse y cerrar las piernas, la obligue a mantenerse en su sitio. Esto era algo demasiado bueno para dejarlo así como así.

Comencé a intercalar besos y lamidas, algunas largas y otras cortas. Usando mi lengua como única herramienta. Su sabor crecía a cada movimiento y con gusto yo lo tomaba, como un drogadicto toma cada muestra que llega a sus manos. Nunca me cansaría de ella, eso era claro.

Deslice la punta de mi lengua por sus recovecos, no hubo ninguna parte de su zona que no probara y repasara con la lengua. Me entretuve y me dedique a ver que áreas eran más sensibles. Y solamente cuando mi nombre empezó a oírse ligeramente de entre sus labios, decidí que podía ir por todo.

Comencé a hacer círculos sobre su clítoris, completamente hinchado y listo. La punta de mi lengua lo movió para un lado y el otro, escuchando como ella olvidaba ser silenciosa y comenzaba a gritar, aferrando sus manos en mi cuello, incluso acercándome más.

No le di tregua, el ritmo fue constante, estuve lo que parecieron horas dándole placer con mi lengua, alzando de vez en cuando mis ojos solo para confirmar que seguía mirando. Necesitaba que ella se grabara a hierro caliente quien era la única persona que le hacía sentir así, que podía darle tan sublime sufrimiento antes de llevarla al paraíso. Cuando me cansé de explotar esa zona, me fui directo a su entrada, caliente, lisa y con su sabor.

Metí mi lengua lo mejor que pude y deje que ella sintiera un poco de la textura y el movimiento que podía provocar. No duró mucho.

Unos minutos después, sus piernas se tensaban, la que tenía sobre el hombro apretaba la zona donde descansaba, su espalda parecía arquearse y trato de echar la cabeza hacia atrás, presa del éxtasis, pero no la deje.

-mírame, Marinette, este soy yo, haciendo estragos en tu cuerpo.- mentiría si dijera que verla con los ojos a medio cerrar, tratando de enfocarlos en mi no fue algo tan sexy que estuve a punto de venirme en los pantalones. Pero me contuve, apretando fuerte sobre la tela de mezclilla, manteniendo a mi miembro aún con ganas de más.

Vaya si gritó cuando llegó al clímax, fue despiadada, salvaje. Tomó su propio orgasmo con una entrega total y sin pudor, sin inhibiciones, siendo libre y tan propio de ella. Bebí de su miel, su sabor parecí tener un efecto embriagador en mí, me daba felicidad y me hacía pensar en que más podía hacer para volver a probarla de aquella manera.

Recargó su peso en mí cuando la fuerza comenzó a abandonar su cuerpo, y gustoso cargue ese delicioso manjar. La cargue como una princesa y me acerque lo justo para sentarme en el sillón y apoyar a Marinette en mi regazo. Estaba sudada pero con una sonrisa de mujer complacida tan grande que deje que el pecho se me hinchara un poco de orgullo. Retire los mechos que se le habían pegado al rostro y lo acomode detrás de su oreja.

Parecía perezosa, como si quisiera dormir, pero esto apenas era el comienzo. Cuando volví a tener toda su atención, la levante otra vez encima de mí y me saque rápido los pantalones y calzoncillos, dejándonos en iguales condiciones. Tome su brazo y lo jalé hacia mí, acomodándola a horcadas sobre mi, nuestros centros tan cercanos que si no me controlaba la penetraría de una sola estocada.

Mi chica me vio extrañada, solo le sonreí coquetamente mientras un brillo travieso se asentaba en mi mirada.

-oh, cherri, apenas estamos empezando esto- sellé mi promesa con un beso cargado de deseo. Si creía que habíamos acabado, ella se daría cuenta muy pronto que estaba muy lejos de la realidad.

Nota de la autora:

Después de una larga espera, aquí el episodio que muchas esperaban. Chicas no puedo creer que ya hayamos llegado a más de 1000 seguidores! Enserio que los amo con cada partícula de mi ser. No tengo palabras para agradecer su apoyo, sus palabras y sus presiones jejeej 3 son mi corazón.

PD: si quieren preguntar cualquier cosa no duden en dejarme un mensaje en mi perfil y les contestare en el menor tiempo posible, lo prometo.

Beso sus ojos y dejo mi corazón en sus manos

Hasta el próximo capítulo.