Capítulo IX

Era la primera vez que Terry sentía a una mujer.

Había conocido a muchas, había estado con Susana pero dentro de él siempre fue un hombre muerto. Hasta que besó a Candy esa noche por segunda vez y fue como renacer. Por primera vez un beso de amor verdadero correspondido.

Tenía la certeza de que era uno de los pocos hombres en el mundo que de verdad experimentaba lo que era eso.

Estaba bendecido.

Había llegado al Hogar de Pony como un maldito, pero como Candy le dijo, todas las almas tenían salvación, que sólo necesitaban un toque de Gracia. Para él su Gracia había llegado y era ella.

Su primer beso fue lo más hermoso para su joven y atormentado corazón, pero ella no estaba lista, ahora era distinto, sus labios lo habían invitado y lo habían recibido y él conocía lo que era el amor de una mujer.

Era como un sol dentro de su alma, eso era.

Se tendió sobre la cama de la cabaña sintiéndose el hombre más feliz sobre la Tierra. Él no era muy expresivo o alegre, y tenía los ojos oscurecidos y enmarcados con una sombra y tal vez eso sería por el resto de su vida, pero en ese momento sonreía como nunca lo había hecho.


A la mañana siguiente ella estaba en el jardín, rodeada de flores recién abiertas, con el rocío aún fresco.

Terry se había vestido con unos jeans y una camisa a cuadros, muy deportivo, que Candy al verlo pregunta:

-¿A dónde vas?-

Estaba atendiendo el jardín pero tendría después mucho trabajo porque el pequeño Randy había enfermado y al parecer un virus quería adueñarse del Hogar. Candy tenía trabajo.

-Voy al pueblo a enviar unos telegramas- Terry no le dijo la verdad del todo.

-¿Vas a ponerte en contacto con la compañía Stratford?-

-Bueno, ya todo el mundo debe saber que estoy aquí. Pero sí, a eso voy-

Candy se encogió de hombros.

-Candy, deben tener cuidado. Ya sabes- le advirtió -Ayer fui al ayuntamiento y bueno, al menos ya puse en alerta a las autoridades - tampoco dijo la verdad del todo. Terry no quería asustarla diciendo que no había ley que detuviera a los abusadores de mujeres así como tampoco la había para defender a niños -Eh... debo irme... adiós-

El quiso darle un abrazo pero ninguno de los dos hizo nada. Se despidieron agitando la mano.

Terry tenía cosas importantes que hacer. Había quedado en reunirse con Albert ayer después de que hablaron. Lamentablemente un peligro ensombrecía la hermosa noche junto al fuego en la sala del Hogar del Pony, Terry no podía perder tiempo.

El joven dio media vuelta y se encaminó hacia el sendero. Era temprano, no estaban ninguno de los niños fuera del Hogar. Hubiera querido entrar y saludar a Lolo pero no se retrasaría.

Caminando por la vereda, dejó atrás la Colina de Pony, y se perdió por el bosque. Se imaginó lo terriblemente aterrador que debió ser para Candy antier noche enfrentarse a aquel hombre. Era valiente, la admiraba. Ningún hombre que hubiera conocido sería tan valiente y luchador estando en sus zapatos.

Por lo contrario, lo que conocía era llorones que se quejaban por la más mínima inconformidad.

No tardó mucho en encontrarse con Tom, que lo esperaba no muy lejos del Hogar de Pony. Albert habría hablado con él, así que traía un caballo para él.

-Hola, Tom. Gusto en verte-

-Terry- Tom no estaba muy familiarizado con él. Lo había visto en muchas fotos, eso sí. Pero Terry estaba muy diferente a las fotos, estaba muy delgado, pero esa delgadez le daba carácter, y tenía la mirada muy sombría y adulta. Se le veía ya la madurez, bastante parecido a Albert.

Obviamente se le veía de salud frágil en ese sentido, un hombre que cargaría con las consecuencias de adicción por muchos años más.

-¿Candy lo sabe?-

-No- respondió Terry -No quise asustarla. No le dije nada de lo de ayer... no por ahora-

-Butch Jackson vive en las afueras de Lakewood en una gran finca que es de su familia. El hombre es hijo de un banquero- Tom conocía a Butch y los llevaría donde vivía -¿Crees que deberíamos hablar con Neil primero?-

-Hay muchas cuentas pendientes con Neil, oh sí. Pero algo nos dice a Albert y a mí que Neil no tuvo que ver con lo de la otra noche. De todas maneras ya lo sabremos-

El joven montó sobre el caballo y los dos se encaminaron hacia la casa de Albert bajo el tibio sol matutino.


La casa del bosque tenía un amplio jardín frente al lago y atrás un gran campo bordeado de corrales y casas para los animales. Era realmente encantador a pesar del trabajo que representaba. Terry podía ver por qué Albert vivía allí alejado de todo y acompañado por toda una gama de animales, pero se preguntaba también si la soledad no le hacía extrañar a Candy. Lo veía muy apegado a ella, muy pendiente y preocupado. Sin duda alguna eran dos los hombres que necesitaban de ella.

Pero en seis años no había hecho el intento por cortejarla, ella tal vez ni lo sabía. Eso pensaba Terry. Albert se había mantenido al margen y eso sólo se debía a que Candy tenía el corazón ocupado, lo tuvo siempre por seis años. Fiel a él.

¿Y él qué hizo? Entregarse a su debilidad. Había sido un completo idiota hasta el día en que encontró a Patty en Broadway.

-Bien- muy serio Albert los recibe y saca a Terry de sus cavilaciones. No estaba solo, estaba acompañado por Archie que también tenía un caballo ensillado y sujeto por las riendas.

-Archie- Terry en realidad no se sorprende de su presencia. Lo que más amaba en el mundo era a su esposa y su hija. El problema le concernía mucho a él también.

El rostro de Archie estaba más contraído que el de todos ellos.

Ante un gesto de Albert los cuatro salen a caballo por el bosque salpicado por tenues rayos de sol, en fila iban guiados por Tom.

-De nada sirve volver a hablar de esto con las autoridades. Ya sabemos que hay leyes que protegen a los animales maltratados pero no las hay para proteger a las mujeres ni los niños de los abusadores. Hay que actuar con cautela- Terry hablaba con mucha solemnidad, era un hombre muy astuto y capaz en realidad, es sólo que siempre le gustó hacerse el difícil.

-Pero, Terry, tuviste un encontronazo con ese tipo aquella vez en el bar. No se alegrará de verte- opinaba Albert -Puede decir que lo estas acusando de cosas porque le tienes ojeriza-

-Es cierto, pero también lo puedo poner entre la espada y la pared- respondió sin inmutarse -Hablaremos claro, ésta no es una visita cordial. Lo oí hablar aquella noche, así que sabemos lo que hizo-

Así los cuatro siguieron su camino sin darle cuentas a nadie.

La propiedad era muy bonita en realidad, y a Albert le avergonzaba ver que la gente usaba su dinero y posición como un arma de intimidación y prepotencia ante los demás.

El hombre estaba en casa, Terry, Archie, Tom y Albert creyeron que iba a negarse a verlos pero no fue así, salió muy feliz y tranquilo a atenderlos.

Los cuatro y sus caballos lo esperaron afuera, no tenían intensión de entrar a la casa.

-El gigoló de Broadway- sonrió socarronamente el anfitrión al ver a Terry -¿Qué haces aquí?-

Albert le lanzó una mirada a su compañero para que no dejara que nada lo provocara, que llevara la conversación lo más pacífica posible, aunque notaba que eso iba a ser bastante difícil.

-Butch Jackson- rasgó Terry ese nombre con su voz.

-Creo que debes saber muy bien lo que venimos a hacer aquí- intervino Albert.

-No, no lo sé. Es un día muy bonito, de hecho todos estos días- comentaba alegremente.

-¿Eso incluye antier noche?- Terry controlaba su tono pero en sus ojos se concentraba toda su fiereza.

-Fue maravillosa-

Archie se alteró pero no se movió de su caballo.

-Butch, sabemos que fuiste tú quien atacó a Candy en el bosque- Albert habló firmemente -Te aconsejo que tengas cuidado, otro acto así te llevará a la cárcel-

-No, no lo hará. No es ningún crimen y mucho menos para alguien como yo- Butch parecía fastidiado -Yo les aconsejo a ustedes que vuelvan a sus trabajos, es tarde. Pierden dinero por algo que no vale la pena-

-Aterrorizar y atacar mujeres es un crimen- Tom se apeó del caballo ofendido.

-Trata de probar eso en una corte, créeme, perderán su tiempo-

-¿Por qué no te enfrentas con nosotros, cobarde?- Archie lo siguió –Se dicen muy fuertes, claro, para eso se meten con las mujeres-

-Archie…- Albert lo llamó. Los cuatro hombres se miraron entre sí. Aquellas palabras de Butch le dijeron claramente que ya había ocurrido antes y que no lograron culparlo de nada.

Un frío recorrió las entrañas de Albert y de Terry.

-Las mujeres inventan y exageran mucho, chicos- opinaba Butch, el muy pobrecito.

Tom estuvo de echar por tierra su sombrero y lanzarse encima de aquel individuo pero Terry lo detuvo.

-¿Tuvo Neil algo que ver con esto, Butch?- Albert, con el puño muy apretado ya no se controlaba mucho -¿Es él el que te ordena hacer lo que haces?-

-Pero si yo no he hecho nada malo- gimió como un santo el aludido -Otra cosa debió haberle pasado a esa llorona y está exagerando las cosas para hacerse la víctima frente a ustedes. Así son esas chicas-

El hombre esperaba que los cuatro visitantes se cansaran de estar allí y se fueran, pero no lo hacían.

-Es que aquí todos están enamorados de esa pecosa huérfana. Dios con estas chicas que le friegan a la vida a los hombres ¿No ven? Los tiene fregados a los cuatro y a Neil también- el hombre adquirió un tono de lástima tal que la rabia era incontrolable para Terry.

-¿Tu padre sabe que te drogas, patán?- lo atacó directamente.

-No puede saber como tú, que eres un experto, duquesito-

-¡Ya basta!- Albert debía intervenir, los ánimos estaban muy caldeados y los ataques se hacían muy personales. Estaban al borde de una pelea que los ayudaría en nada. Se apeó de su caballo y enfrentó a Butch manteniendo un temple de acero –Escucha, Candy no está sola, piensa lo que quieras pero estamos aquí para advertirte que si siguen amenazándola, lastimándola te juro que no hará falta la cárcel- Albert había logrado borrarle la sonrisa al hombre, pues no era alguien con quien jugar -No nos subestimes-

El caballo de Terry amenazante se puso en dos patas pero Butch tenía el cerebro demasiado frito y nada le importaba. Él sabía más que Tom y Albert que estaban ante un ser totalmente peligroso, algo muy distinto a los patanes amigos de Neil. Butch no distinguía entre el mal y el bien, lo que hacía no le parecía mal, no tenía escrúpulos, lo que le dijeran no le hacía mella. Eso era lo peor que podía haber en un criminal.

La tranquilidad y la indiferencia del hombre los enervaba a los cuatro pero los planteamientos ya estaban puestos sobre la mesa así que nada más había que hacer allí.

-Vámonos- al fin Albert desiste y regresa a su caballo con pasos pesados -Terry, tranquilízate... no dejemos que nos provoque - le decía Terry que no dejaba de fulminar a Butch con la mirada- Vámonos, por favor-

Como si nada hubiera pasado Butch observa a los cuatro hombres marcharse.

-Nunca hacen nada- ya estaban en el sendero arbolado cuando Terry refunfuña a todo gañote -La misma historia de siempre "Ellos no han hecho nada, todo es mentira, son exageraciones y mentiras. Ellos son unos santitos"- recitaba como una letanía conociéndose la historia de memoria.

-Es que algunos de verdad se lo creen- añadía Tom- Yo se que ese bastardo miente. Pero en realidad la mayoría desmiente todo porque de verdad se creen que ellos no han hecho nada-

Albert iba como cargando un gran peso sobre sus hombros, apesadumbrado, silente, sombrío. Tampoco Archie hablaba mucho.

-Y nada hacemos tampoco con preguntarle sobre Neil. Si es verdad, jamás se delatarán. Primera norma entre camaradas- Tom hacía una mueca de desagrado.

-Oh sí, bastante que he visto eso- Terry también hizo una mueca.

El aire puro del bosque y las montañas soplaba despejando a los jinetes de tantos pensamientos pesados.

Terry estaba ahí con Albert, Archie y Tom y se sentía a gusto. Esa mañana era como si hubieran conformado un club.

-Somos librepensadores, muchachos, tenemos que vivir en un mundo de personas que crecen controladas por un montón de parámetros, normas, prejuicios que…- Albert soltó las riendas e hizo un gesto con sus manos cubriéndose la cabeza- Ya saben, esto aquí lo cierran, lo limitan no les deja ver las cosas como son-

-Bueno, a mi no me quedó otra opción. Sin padre ni madre- Tom se encogía de hombros, no sentía nada de pena por eso.

-No tuvimos padre ni madre Tom, yo tampoco. Crecimos librepensadores. Por más que la Tía Abuela me enseñara reglas, no tenía la influencia de un padre en la mente de uno. Sino, tal vez todos seríamos una oveja más del rebaño-

-Vaya, nunca lo había visto así- Terry abría mucho los ojos –Ojalá hubiera podido ver eso cuando era un niño y me sentía abandonado ¿Verdad Archie?-

-En realidad a mí nunca me importó que mis padres fueran algo ausentes, yo y mi herman…- Archie calló. No sólo recordaba a Anthony sino también a su alocado hermano Stear… todos fallecidos a tan temprana edad y que reposaban en fría tumbas. Los demás no lo incitaron a seguir con el tema que había vuelto frío y triste al sol de la mañana, así que lo obviaron.

-Bueno, no lo viste en aquel entonces- Albert se enfocó en Terry- Pero lo ves ahora, Terry- le sonrió.

Terry respiró profundo y dejó que el viento se llevara todo su ofuscamiento.


Nota: en mis fics, todos, yo creo el mundo en que se ambientan a mi manera. Tal vez no todo sea totalmente fiel a hechos reales o a la historia misma de la historia a la que le hago el fic, es un fanfic, eso ;)