¿Qué debía dar para estar así por siempre? Esa era una interesante pregunta. Bien podía dar todo con tal de seguir así, con mi Marinette entre mis brazos, presas de la pasión, consumidos por el fuego de nuestro amor, sintiendo el abrigo de su cuerpo, lo receptiva que era, lo bien que se sentía ser uno.
No la baje de golpe, esto debía durar mucho más que eso. Su rostro sonrojado y sus labios hinchados eran mi perdición, su cabello completamente rebelde, le daba un toque algo felino que despertaba a mi alterego y quería salir a jugar. Esta chica era mía y nadie más tendría el derecho de tocar su cuerpo, de comprender cada aspecto de su alma, de ser parte de su vida. Ese era mi único derecho, un derecho que me gané de manera egoísta y al que no estaba dispuesto a renunciar.
Recargó sus codos en mis hombros, envolviendo sus manos alrededor de mi cabeza, enterró sus dedos en mi cabello y me atrajo más hacia ella para seguir besándonos, amándonos y moviendo nuestros cuerpos, un preliminar para lo que venía.
Esta posición se volvería una de mis favoritas, sin duda alguna verla encima de mí, con sus pechos a la altura de mis labios, dispuestos a satisfacerme, eso era tener suerte. Acomode la entrada de Marinette sobre toda la longitud de mi miembro, quería torturarla un rato, que rogará por mi dentro de ella, que su cuerpo supiera lo que era suplicar por la liberación.
De inmediato sentí lo hinchada que estaba, además de lo sensible que debería de estar su clítoris y labios tras su primer orgasmo minutos antes. Eso era bueno, estimularla más podría incluso desencadenar olas de éxtasis que seguramente ambos disfrutaríamos.
Alguna vez había escuchado que solo las parejas verdaderas se preocupan por el placer del otro antes del propio, e incluso este placer dado les genera a ellos una satisfacción incomparable, y era como me sentía con mi Mari, primero quería ver su rostro, como apretaba los labios, como los mordía, como pedía su liberación de manera silenciosa y, llegado el momento, dejaba atrás cualquier barrera para ser brutal y salvaje.
Unimos nuestras frentes mientras lleve mis manos a sus caderas y comencé a moverla hacia enfrente y atrás, rozando nuestros sexos una y otra vez. De inmediato sentí lo húmeda que estaba, su miel emanaba y lubricaba todo mi miembro, preparándolo para lo que vendría.
-¿Te gusta?- se aferró a mis hombros, enterrando ligeramente sus uñas en mi piel. Heridas de la más exquisita y antigua guerra.
-hum hum- su patético intento de contestación no hizo más que impulsarme y seguirla provocando. Me paré en secó y atraje su mirada a la mía.
-princesa, tendrás que ser mejor que eso para que pueda hacer las cosas apropiadamente, dime ¿te gusta?- la moví ligeramente, solo para darle a entender el punto.
-Adrien, por favor- debía de ser algo más persuacivo, este juego de voluntad me estaba gustando bastante.
-quiero escucharte, cherri, si no hablas adecuadamente, yo no te entenderé-
-si- dijo desviando la mirada.
-¿si qué?- tome su barbilla y la gire para quedar sus ojos con los míos.
-si… si me gusta todo lo que me haces
-¿y exactamente, qué te hago?- colé una de mis manos entre nuestros sexos y cuando encontré su capullo de placer, lo comencé a mover de manera pausada, pero constante- ¿sabes? Yo se lo que te gusta, sé que te gusta cuando me restriego contra tu cuerpo, cuando estamos tan juntos que no sabemos dónde comienza uno y termina el otro, cuando soy travieso y exijo que me entregues todo- con la otra mano moví sus caderas sobre mi eje, siguiendo el vaivén- te gusta cuando quiero ser controlador, cuando te tocó aquí- pellizque su clítoris a lo que ella respondió con un gemido alto- te gusta gritar tanto y saber que es por mí. Repites mi nombre como un mantra porque es en lo único que puedes pensar cuando mis manos están sobre tu cuerpo.
-Adrien….- la pronunciación fue lenta y llena de candencia, ella estaba comenzando a ceder.
-ese es el nombre de la persona que te ama, mi princesa, mi chica, mía.- no me contuve más y acomode la punta de mi eje en su entrada, alzándola un poco y dejándola bajar lentamente encima.
-aaahh.- su grito fue de sorpresa y un gemido mal disimulado. Sentí como cada centímetro de su interior era estirado, ajustándose a mi, dándome cobijo y apretando fuerte. Esto era el cielo. Mi cielo personal. Debía de aguantar y no quedar como el adolescente hormonal que era, y tenía un gran reto, porque con el cuerpo de pecado que tenía Marinette, seria toda una hazaña.
Con cuidado comenzó a moverse encima de mí, cuando vi su indecisión para apoyar sus manos, como el gran caballero que soy fui en su ayuda y las puse en mis hombros, para así tener mejor acceso a sus pechos que se balanceaban, en cuanto tuve oportunidad, tome una punta en mi boca y la saboreé mientras con mis manos en sus caderas la hacía llevar el ritmo que ambos necesitábamos.
-Adrien, por dios- estaba demasiado ocupada con las sensaciones como para darse cuenta de que me había gritado un poco.
-no dios amor, solo yo, nadie además de mi te hará sentir esto- al soltar su seno, me fui al ataque del otro, dándole el mismo tratamiento que al primero, e incluso me atreví a darle pequeños mordiscos, dejando marcas de mis dientes. Tenía que marcarla, y esta era la primera forma de hacerlo.
-adrien, más, por favor- quería escuchar más que eso.
-dímelo Marinette, necesito que lo digas.
-más…más fuerte- cerró los ojos con fuerza, y no pude evitarlo.
-¿quieres que lo haga más fuerte?¿Más rápido?- ella asintió rápidamente con su cabeza- Oh, Marinette, te voy a joder tanto que tus piernas no te responderán, y créeme amor, no saldrás de este cuarto hasta que cada fantasía mía haya sido satisfecha, hasta que mis deseos de estar llenándote con mi miembro queden satisfechos.- pase mi nariz por su cuello, con ese delicioso aroma dulce que ahora era más intenso.
Ella solo ladeó la cabeza para darme un mejor acceso. Ella era mi todo, y ahora le demostraría que tan bien encajábamos juntos. Comencé a moverla de arriba abajo, mientras yo arremetía mis caderas al encuentro de las suyas. Apoyo mejor sus rodillas sobre el sillón, y buscó mi rostro para besarme. Esta vez no tuve contemplaciones, puse una de mis manos en su nuca, enredando mis dedos entre sus cabellos y estampe mis labios con los suyos. Estaba hambriento de esto, de las sensaciones y la necesidad de ella. No pararía nunca. La bese con la pasión que tenía contenida, nuestras lenguas entrando en nuestras bocas, danzando a la par de la penetración.
-Ahhh! Adrien, yo… estoy- ella tomó el ritmo por sí sola, sus caderas se balanceaban al compás de las mías, me cabalgaba y yo contemplaba la escena completamente cautivado.
-Vamos, Mari, busca tu placer, no te contengas- cuando jale de la mano que tenía enredado su cabello hacia atrás, su espalda se arqueó ligeramente y ella exclamó una protesta sensual. Aquello, de alguna manera le había gustado. Ella no necesitaba mucho más para culminar nuevamente, y posiblemente yo tampoco, di más velocidad al embiste. El sonido de nuestros cuerpos en colisión era una sinfonía erótica que aumentaba nuestra excitación y nos hacía buscar más.
Me entretuve en su clavícula y su pecho, dejando pequeñas marcas por toda la zona, marcas que decían que era mía, que nunca la dejaría ir y que mataría a quien siquiera se atreviera a mirarla como yo lo estaba haciendo en estos momentos.
-Eres mía Marinettte, completamente mía- ella solo gemía, apenas completando la palabra "más" entre sus labios- dilo, cherri, necesito que me digas que lo sabes.
-si Adrien, soy tuya, soy… ¡Ahhh!- ni siquiera acabó la segunda oración cuando el orgasmo llegó de golpe. Arqueó su espalda hacia atrás, en una perfecta curva y sus piernas a mi alrededor se tensaron para luego temblar ligeramente. Era mi momento, empuje unas cuantas veces más mis caderas, estocadas directas a su placer. Todavía no terminaba su orgasmo cuando una nueva ola de placer la embargó, llevándome con ella. Sentí como su cuerpo me aprisionaba, exprimiendo todo de mí.
El hormigueo que creció en mi vientre se extendió por mi columna y de ahí fue liberado a todo el cuerpo, un golpe certero que dejó perder cualquier hilo de pensamiento y me llevó a total éxtasis. Un nirvana perfecto que compartía con la persona que se había robado mi corazón.
No supe exactamente cuánto tiempo estuvimos así, solo que al abrir los ojos, estaba completamente desechó pero rebosante de felicidad. Marinette se había dejado caer completamente sobre mí, gustosamente soportaba todo el peso de su cuerpo.
-eso fue….
-purrfecto- bromeé un poco.
-gato tonto- golpeó juguetonamente mi hombro derecho
-tonto, sí, pero con una condenada suerte que no piensa desperdiciar, envuelve tus piernas alrededor de mi cadera- apoye mis manos en sus glúteos, y la textura suave y lisa le dieron la bienvenida a mis manos. Diablos, en las próximas horas ese par perfecto serían mi deleite. Me levante con ella en brazos, caminando hasta la cama para depositarla en esta. Marinette tenía el rostro radiante y divertido.
-bien, ¿y ahora qué?- dijo cuándo la deposite con cuidado sobre las sábanas blancas. Me puse encima de ella, dejando que sintiera parte del peso de mi cuerpo.
-ahora, my lady, sabrá como juega un felino con su ama- bese su cuello y comencé a moverse hacia el sur un poco.
-miau- fue todo lo que respondió burlonamente, esa chica sabía como retarme.
Antes de que fuera a un ataque directo, el teléfono comenzó a sonar. No dejaba de sonar una y otra vez. Pero no quería levantarme y perder esta burbuja que nos apartaba del mundo. Se cayó, pero de inmediato comenzó a sonar. De repente la voz de Plagg comenzó a hablarme.
-¿no piensas contestar?- apareció a mi lado, con un gran trozo de queso en la mano, indiferente a la invasión de intimidad.
-¡Plagg! Sal de aquí, Marinette esta…- pero cuando mire entre mis brazos, Marinette se había esfumado- ¿pero, qué?
-¡ADRIEN! ¡DESPIERTA!- gritó Plagg cerca de mi oído. Cerré los ojos, no otra vez, no esta vez….
Me incorpore de golpe sobre la cama, aún seguía vestido y mi ropa estaba completamente hecha girones junto con mis sabanas. Plagg acababa de salir disparado por la forma tan precipitada en la que me incorpore, dejando claro que el había sido el único que me sacó del sueño.
Otra sueño, nada más.
¿Qué esperabas?
Debí de suponerlo cuando no escuche en ningún momento a esa voz entrometida de mi cabeza.
Bueno, bueno, pero no deberías de quejarte tanto, sin mí no te habrías dado cuenta de muchas cosas y seguramente seguirías pensando en una forma de saber la identidad de ladybug en vez de pensar una manera de que Marinette este con nosotros.
No podía discutir eso, pero personalmente, no lo admitiría en voz alta nunca, así que lo deje pasar y me fije que seguía el sonido de mi celular. El tono era el que le había asignado a Nino cuando intercambiamos números, por lo que contesté rápido.
-¿Qué ocurre Nino?
-bro, diablos, te tardaste una eternidad en contestarme, escucha creo que tenemos la suerte de nuestro lado, acabó de conseguir boletos para la película que se va estrenar este fin de semana, ¿no es genial?
-¿Cuántos boletos tienes?- pregunte, aunque tuviera pocos, quizás podría comprar los faltantes para nuestra cita.
-cuatro pases que esperan por unas lindas damas y sus atractivos compañeros- su tono era de una completa victoria asegurada. Esto era mejor de lo que pensaba, si seguía a un ritmo rápido, antes de lo pensado Marinette sabría mi identidad y al mismo tiempo sería mi novia.
No lo digas, pero aquí entre nos sabemos que eso tambien te acerca a una posibilidad de recrear lo que soñaste anoche.
-¿Cuándo crees que sería conveniente decirles?- pregunte antes de comenzar a pelear conmigo mismo.
-quizás podríamos hablar hoy saliendo de clases, o si llegas temprano, incluso antes de que comience la escuela. – detrás del teléfono escuche como Nino guardaba algunas cosas en su mochila y la música que tenía de fondo.
-dalo por hecho, voy en camino- me levante de un saltó y comencé a sacarme el pantalón para tomar una ducha rápida.
-bien, te veo en la entrada- colgó antes de que me despidiera. Aventé el celular a la cama y abrí la regadera.
-sin mi hubieras seguido dormido- Plagg, como siempre, apareció con su queso y me miro de reojo mientras mordía una gran porción de este- espero que me sea recompensada la acción- habló con la boca llena, apenas si le podía entender.
-medio camembert para la cena, ¿te parece?- me preguntaba porque nadie me había reclamado todavía la compra excesiva de queso. A este paso, sin siquiera comerlo mi cuerpo sería una peste andando. Me hice un recordatorio de comenzar a usar una colonia que difuminará el olor, quizás alguna que hubiera fabricado mi padre serviría.
Cuando termine de ducharme, me cambie de ropa y tome mi desayuno lo más rápido posible, no necesitaba perder el tiempo, de hecho contaba cada segundo lejos de Marinette. El chofer me llevó a la escuela y en cuanto salí, salude a Nino, que esperaba al pie de la escalera.
-Bro, eso fue rápido- chocamos puños y comenzamos a caminar.
-¿Estan adentro?- mi primer impulso fue buscarla con la mirada, pero temía ser demasiado obvio. Mi amigo negó con la cabeza.
-No lo sé, te estuve esperando.- en la explanada no había rastro de ellas, en la esquina Juleka y Rose platicaban con Kim y Max. Sabrina estaba en la entrada llamando por teléfono y agradecí internamente que no hubiera rastro de Chloe por los alrededores, no tenía tiempo de quitármela de encima si se ponía de melosa.
-quizás estén en el salón- Nino se veía un poco nervioso, yo también lo estaba, pero esperaba que ambos nos diéramos apoyo y tuviéramos éxito con aquello. Le palmeé la espalda y con una sonrisa que esperaba fuera convincente lo impulse a nuestro salón de clase. En solo estaban pocos de nuestros compañeros, Iván y su novia estaba hablando amenamente y Alya estaba sentada en su lugar, celular en mano, seguramente revisando las visitas del ladyblog y preparando su siguiente nota.
En cuanto Nino la vio sentí como se tensó a mi lado y prácticamente se quedó inmóvil. Una estatua congelada. Me pregunte si tendría yo el mismo efecto al ver a Marinette. Pero tuve que llevarme una decepción cuando vi su lugar vacío. Ella todavía no llegaba a clases.
Bueno campeón, tendrás que esperar hasta el momento de la salida para llevar a cabo ese plan tan retorcido tuyo.
¿Retorcido? Si era una simple cita al cine, un placer de la era visual que no podía afectar a nadie.
Aja, claro, la ecuación es muy simple: sala oscura + chico con problemas hormonales inestables + chica de sus fantasías= catástrofe asegurada.
Solo en ese momento comencé a preguntarme sí era buena idea después de todo pensar en el cine como una salida de primer cita, es decir, si en mis pensamientos cualquier situación propiciaba a un encuentro de pieles, besos y demás partes de nuestros cuerpos ¿Quién me aseguraba que no pasaría algo similar en la vida real?
Nino y yo nos sentamos en nuestros lugares, yo me quedé con mis pensamientos internos mientras mi amigo miró a su chica concentrada, para después dar un sonido de resignación y ponerse los audífonos y escuchar su música favorita. La realidad es que este no era la mejor fase del plan, pero era optimista al respecto y estaba seguro que antes de terminar el día tendría una cita doble con mi futura chica.
No note que la campana de ingreso había sonado, los alumnos se dispusieron a entrar y acomodarse en sus lugares, y no había rastro de Marinette, era muy probable que viniera tarde, era parte de su naturaleza.
-bien, comenzaré el pase- la profesora tomó su bolígrafo y su paquete de hojas y pasó revisión, nombre por nombre. Justo cuando llegó a Dupain, Marinette entró a la clase, agitada y con las mejillas rosadas, quizás por la carrera. Me alegre mucho verla, pero la sonrisa que estaba comenzando a dibujarse de inmediato se fue, cuando vi que detrás de Marinette Natanael venía con las mismas condiciones. ¿pero, qué?
-Marinette, Natanael, tienen retraso, por favor pasen a tomar sus asientos- la profesora señaló a las culpables antes de garabatear en sus hojas. Ambos pidieron disculpas, encogidos y con la cabeza gacha, mientras entraban al salón y tomaban su lugar. Pensé que se separarían para ir cada quien por su lado, pero grande fue mi sorpresa cuando vi que Marinette era seguida de Natanael, e incluso me pareció que algo se traía entre manos, cuando vi el brillo en sus ojos en dirección a mi chica.
Vaya, vaya, pero si es el artista que dibujó a nuestra princesa en su cuaderno de bocetos. Curioso ¿no crees? Solo un hombre enamorado de su musa hace algo como eso.
Primero pensé que aquella idea era descabellada, pero recordé de inmediato la akumatización de Natanael en Evillustrator, el villano que quería darle una lección a Chloe, y además de eso, impresionar a Marinette, invitándola a una fiesta privada de cumpleaños y dándole todo tipo de obsequios…. Por amor.
No volteé cuando Marinette tomó asiento en su lugar, pero agudice mi oído y escuche claramente como el chico de cabellos teñidos le decía que hablarían mejor a la salida. No oí lo que ella contestó de regreso, pero fuera lo que fuera, el comentario de ese seudoartista me molestó bastante.
Woah! ¿De repente odias a tu compañero de clases? Si que eres un ser cambiante, primero eras bueno, pero el amor también logra hacer que saques las garras. Bien dicen que los celos algo peligroso.
¿Celoso? ¿Yo? ¿De alguien como ese pacotilla de cabellos rojos? Ni por un segundo, el que quisiera mandarlo al otro lado del mundo par que no hablara con Marinette no significaba que estuviera celoso, simplemente que era una estrategia para asegurar mi triunfo.
El resto de la clase me la pase malhumorado, con pocas ganas de prestar atención y sobre todo con un único objetivo en mente, hablar con Marinette para invitarla al cine.
En cuanto sonó la chicharra que anunciaba el fin de las clases, me levante de golpe, agarre todas mis cosas y anime a Nino para que se apurara a guardar las suyas, si mal lo recordaba Alya tenía la costumbre de acompañar a su amiga a casa antes de irse a su casa, por lo que sería algo perfecto para un casual encuentro y una invitación formal. Salimos antes que las chicas, y las esperamos en el final de las escaleras, como si estuviera a la espera de mi chofer.
-bro, ahora mismo no estoy tan seguro de que pueda hacerlo, enserio, siento el estomago invadido de una plaga, solo quiero vomitar- el rostro de Nino comenzó a tomar un color algo blanquecino, palideció un poquito, pero no deje que fuera más lejos que eso.
-Tranquilo, estoy seguro que no pueden rechazar una invitación casual, somos amigos, y los amigos tienden a salir y ver cosas juntos ¿no?- Nino no rebatió la idea, y ambos seguimos con un ojo sobre las personas que subían y bajaban de las escaleras.
Al final vimos como Alya y Marinette salían juntas, pero antes de que mi chica de ojos azules pisara el primer peldaño para bajar las escaleras, una mata de cabellos rojos le gritó, captando su atención y haciéndola volverse para hablar. Alya prefirió darle su espacio y bajo esta estar a un lado nuestro.
-chicos- saludó de manera informal, yo le devolví el saludo, pero Nino parecía un robot moviendo su mano- ¿Por qué siguen aquí?
-hola, Alya- me pase una mano detrás de la cabeza, en una muestra clara de nerviosismo- la verdad, bueno es que estábamos esperándolas-
-¿esperándonos?- frunció el ceño un poco confundida, pero su mente trabajo más rápido de lo que creía cuando me contestó- ¡oh! Te refieres a Marinette y a mí, bueno, perdón por hacerlos esperar, pero digamos que hoy mi amiga está muy solicitada. – con su dedo señalo por detrás de su hombro para que pusiera atención a la escena que se desarrollaba a sus espaldas.
Natanael miraba con el rostro completamente rojo, combinándolo muy bien con su cabello. Estaba hablando con mi Marinette, ella pacientemente le escuchaba e incluso se atrevió a ponerle una mano en su hombro, mientras le dedicaba una sonrisa reconfortante y murmuraba con sus labios "no hay problema" ¿Con que no había ningún problema?
-no te preocupes, de seguro acaban antes de lo que piensas- regresé mi mirada a Alya, y solo se encogió de hombros y regresó a su celular. En todo el rato, Nino no dijo ni pío. Cosa que era extraño ya que ella sumamente se quejaba mucho en los autos.
-no… no estoy preocupado- dije con un mediocre tono de convencimiento.
-Mira, ahí viene- Marinette se despidió de Natanael antes de bajar. No deje que mi vista se perdiera de aquella maravilla, porque eso era ella para mí. La más perfecta y hermosa maravilla del mundo.
Mi princesa parecía un poco extrañada cuando me vio a mí y a Nino en la entrada sin chofer u otra persona alrededor a excepción de Alya. Por suerte el pelirrojo ni siquiera bajó, sino que regresó al interior del colegio, bien, así no tendría que deshacerme de personas innecesarias.
La salude de manera informal, siendo algo casual y no como si fuera un plan hecho especialmente para ella.
-hey Marinette- alce la mano, que repentinamente había comenzado a temblar debido al nerviosismo.
Tranquilo, eres un Agreste, un chico guapo, y sobre todo, el Chat noir coqueto que puede ser nuestra mejor arma, así que por favor, deja salir un poco a tu alter ego antes de que quedemos como pelmazos ante ella.
-ho..hola adrien- Marinette se veía ligeramente nerviosa, se puso al lado de Alya, que de repente dejó de estar interesada en su teléfono para prestarnos atención a mí y a su mejor amiga. Nino estaba a mis espaldas, callado y, si lo conocía bien, seguramente tieso como roca por no saber que decir.
-hey chicas, tenemos algo que decirles- lance mi codo hacia atrás para hacer reaccionar a mi amigo, se supone que veníamos juntos para apoyarnos, no para que uno de nosotros muriera en el ruedo solo.- Nino consiguió entradas para la película que se estrena este viernes ¿no es genial?-
-seguro que lo es- Alya sonrió maliciosamente mientras golpeaba el costado de Marinette, haciéndola pegar un brincó y comenzar a hablar precipitadamente.
-claro que es fabuloso, como tú… quiero decir…. Tú eres fabuloso… pero la película no están fabulosa…. Aunque si estuvieras en ella seria algo fantástico, porque tú eres…- Alya tapó la boca de Marinette mientras y sonrió, tratando de restarle importancia a todo lo que había dicho. Mire a Nino y el solo se encogió de hombros, completamente ajeno a lo que había pasado.
¿Se puede ser más dulce? Ella cree que somos fabulosos, por lo tanto, ahí tenemos la ventaja. Marcador: pelirrojo teñido 0- rubio modelo 1
-lo que Marinette quiere decir es que es maravilloso que hayan conseguido entradas, esperemos que disfruten la función- Marinette asintió, aún con su boca cubierta por la mano de su amiga- he leído reseñas muy buenas de la trama y el director es uno de mis preferidos- parecía querer dar punto final a la plática e irse. Le bloqueé el paso y empuje un poco a Nino para que hablará.
-Lo que quería decir Adrien es… bien- comenzó a rascarse detrás de la nuca, desviando la mirada- tenemos dos entradas extras, y nos gustaría que nos acompañaran, pero no piensen mal, es una salida de amigos, nada raro como un plan…mmmmmm- ahora fui yo quien tapó la boca de Nino antes de que soltará la sopa y nos dejara como dos bobos.
Alya miro en dirección a Marinette, quien le pedía que quitara la mano, y luego hacia nosotros, en su rostro se dibujó una idea, que esperaba fuera a nuestro favor.
-Por supuesto, Marinette y yo estaremos encantados de ir con ustedes- cerró los ojos y sonrió de manera maliciosa, como una chica que acababa de hacer alguna travesura y se riera a escondidas.
-ehhh.. yo…- Marinette parecía estar debatiéndose entre que decir. Miro en dirección a donde había estado hablando con Natanael, al final cerró los ojos, volteó hacia nosotros y cuando los abrió, había algo de determinación en sus ojos, esa chispa que veía siempre que estaba ante un akuma, enfrentando las cosas- chicos, les agradezco el gesto, pero la verdad ya tengo planes para el viernes.
-¿enserio?- no pude ocultar la sorpresa en mi tono de voz. ¿Tenía que ver con el tomate?
-¿No puedes cancelarlos, Marinette?- Alya parecía querer persuadirla, y mejor si tenía una aliada a mi favor, aunque ella no lo supiera aún.
-No, lo siento, prometí que acompañaría a alguien el viernes, y no quiero ser de las personas que no cumplen sus promesas- bajó su rostro, estaba triste, no quise verla así, después de todo, yo había tardado mucho y ahora, de buenas a primeras no podía obligarla a que se ajustara a mis planes, así que puse una mano en su hombro, lo apreté ligeramente y cuando me miro, le sonreí de la forma más comprensiva que pude.
-descuida, tendremos oportunidad otro día, no te preocupes- por dentro estaba decepcionado, pero no podía hacer nada, ella era así, una persona de palabra, y no dejaría que cambiara. Así me gustaba.- pero contamos contigo, ¿verdad Alya?- al menos dejaría que mi amigo tuviera su día especial, si cupido no apuntaba a mi dirección, yo podía hacerla de cupido y apuntar hacia la felicidad de mi amigo.
-¿Qué?. Oh, si claro, nos veremos el viernes entonces- se despidió y jaló a Marinette, seguramente para interrogarla sobre su otra cita. Me quede mirándola, algo entristecido, Nino me dio un ligero golpe en el hombro con sus nudillos, una muestra de apoyo.
-lo siento bro, quizás podamos planear algo más para que tengas tu cita con Marinette- me pasó un brazo por los hombros y me revolvió un poco el cabello para después ponerme su gorra- y gracias por ese movimiento, pensé que sin Marinette, Alya no estaría interesada.
-no agradezas, lo mereces- mi chofer llegó en ese momento, me despedí y le dije que le llamaría para quedar con los pormenores. Me quedé analizando un poco la situación, callado y ensimismado en mis pensamientos. Recordando la plática.
Sabes, Marinette volteo a mirar hacia el lugar donde estuvo platicando con el pelirrojo antes de contestarnos que no podía, ¿ese mocoso tendrá algo que ver?
¿Lo tendría? Podía ser cierto, quizás el interés en Marinette no había desaparecido, quizás me llevaba una ventaja ahora.
Vaya, ahora el marcador podría ser 1-1 ¿y qué haremos?
No estaba seguro, pero de algo estaba completamente convencido, quien fuera detrás de Marinette, no estaría ni de cerca de avanzar en algo con ella, esa chica era mía.
