Capítulo X
Candy se había entusiasmado con su profesión otra vez. Ahora estaba mucho más atareada, y mucho más distante con las cosas del corazón que antes. Al menos así lo sentía Terry.
Annie Cornwell la apoyaba mucho, y no la dejaba sola después de lo sucedido. Al menos eso era bueno.
Él no podía saber que Candy pasaba por muchos conflictos. Todo el asunto de Bucth Jackson había cambiado la esencia que se había creado entre ella y Terry la noche de la tormenta.
Y no bastando con eso, el estar a puertas de un noviazgo la llenaba de dudas. El montón de cosas que le habían enseñado, el montón de cosas que una mujer cargaba desde que tenía uso de razón atacan su fuerte temple:: ¿Cómo debía ser ahora? Ella era una mujer decente y Terry hacía cuatro años que perdió el rumbo y la dignidad, pero nadie le ponía los ojos encima a un hombre, no, todos los ojos, las críticas, los juicios y los prejuicios estaban encima solamente de la mujer.
"Una chica decente no hace esto" "Una chica decente no hace lo otro" "Cuidado, eso no lo deben hacer las mujeres" "Si haces esto te ves mal, si haces lo otro te juzgarán mal" "Pareces una loca" "Si eres demasiado buena entonces eres un hombre y poco femenina" "Pero si eres demasiado mujer entonces eres una tonta" bla bla bla bla bla. Su mente daba vueltas hasta sentirse mareada.
No importaba qué clase de hombre era Terry, si ella se comprometía con él, ella era la descarriada y perdería todo el respeto que duramente se había ganado. O tal vez debería decir que perdería el muy poco respeto que tenía.
Ella no sabía si debía acercarse, si debía mantenerse alejada, si debía decir lo que sentía, o si era inapropiado.
De todas maneras cualquier cosa que hiciera estaba mal, así de simple.
¡Cuántas cosas difíciles y complicadas dominaban la vida de una mujer! Y no bastando con la situación social, moral, la mujer también debía lidiar con su fuerte remolino de emociones y un infierno hormonal dentro de su cuerpo.
Tenían un cuerpo difícil, lleno de emociones difíciles en un mundo que se las ponía todas aún más difíciles.
Y Terry era hombre y jamás podría entender todo eso.
Y el asunto de Butch la tenía muy asustada, pues sabía que Terry y Albert no le decían toda la verdad al respecto. El hombre andaba suelto, y ese miedo empeoraba sus demonios.
Ellos andaban detrás de Neil, pero nada de eso era nuevo. Toda la vida Neil y sus amigos la habían molestado y Albert y Terry siempre la habían protegido ¿Qué diferencia había ahora?
Lo último que quería Candy ahora era preocuparse también por Neil y Eliza.
Un posible noviazgo con Terry la pondría en el lugar de "mujer de actor" y las mujeres de actores eran todas unas "cualquiera", y más cuando Terry estuvo casado con Susana que fue una mujer respetable dentro de la sociedad, eso la convertiría en "la otra".
Posiblemente se inventaría que ella causó la muerte de Susana, de paso.
Pero nada de eso detenía el amor.
Terry una tarde recibe una carta de Broadway y mientras estaban en la cocina hablando de Neil y su relación con Butch Jackson, él la abre para leerla::
-¿Qué es?- le pregunta Candy. Eran dos amigos que trabajaban juntos en el Hogar, eso eran todavía. Había muy poco acercamiento entre ellos como para llamarse novios.
-Voy a ser Dorian Gray en la nueva obra de la compañía- le informó Terry –O bueno, eso es lo que me piden-
-Oh, es sobre ese curioso libro de Oscar Wilde- sabía Candy - Ya has interpretado obras de Oscar Wilde… ehhh ¿Vas a irte a Nueva York? ¿O a Londres?- preguntó ella con cierto temor.
-No, es en Chicago la obra. Tal vez por eso me han contactado-
-Oh- eso no respondía a su pregunta –Y… ¿Ese papel te gusta?- ella le preguntó por otra razón que no era precisamente por el hecho de que Dorian Gray era un drogadicto, bisexual y asesino.
-Pues la verdad es que prefiero matar que andar besuqueando actrices- reconoció con una sonrisa insinuante pero luego cambió de actitud -El papel… tiene cierto parecido conmigo en algunas cosas. No hay duda de que yo soy el actor más indicado del mundo para ser Dorian Gray…- reconoció ya sin ninguna gracia en su hermoso rostro.
Ella le tomó de las manos solidariamente aunque no deseaba del todo que hiciera el papel.
Los dos vacilaron, muy torpes. Candy lo soltó y fingió estar ocupada.
-Ehhh, Candy. Tal vez acepte el trabajo…-
-Está bien- dijo ella con sinceridad, aceptando su decisión. Además, no podía negar que ver a Terry como Dorian Gray iba a ser muy excitante. Era aquel uno de los papeles más populares en el teatro.
-Sí, pero, pero-
Terry parecía un adolescente ahora más de lo que fue a los dieciséis años. No podía hablar bien con Candy desde que se habían besado. Se sentía un tonto y eso era bastante inusual.
-Bueno, Candy, es que - respiró profundo –Yo no quiero irme de aquí sin ti-
Ella volteó hacia él sorprendida, entre ofendida y excitada a la vez. Abrió mucho los ojos.
-Terry, yo no voy a irme a vivir contigo. Yo sé que estás acostumbrado a que las mujeres…- ella empezó a alterarse.
-¡No, no, espera, me malentiendes!- él aclaraba enseguida –Yo sólo te digo que puedes acompañarme, como amiga, yo te pagaré una habitación aparte y todo eso, porque quiero que conozcas mi mundo, que te conozcan a ti… Candy… No quiero volver al mundo del espectáculo sin ti-
Terry se le acercó y ella empezó a temblar.
-Terry ¿Qué quieres?-
La emoción los obligaba a permanecer callados pero él luchó contra eso:
-Quiero que seas mi esposa, pero no ahora, en un futuro-
Fue una proposición, muy inusual, pero una proposición. Candy se estremeció de pies a cabeza otra vez.
- Y por eso quiero que compartamos algunas cosas juntos. Por eso te invito a Chicago, porque si tú no vas conmigo, yo no tengo interés en ese trabajo. Si tú no estás conmigo yo no podré ser actor, yo no podré enfrentar ese mundo otra vez-
Candy estaba demasiado sorprendida como para asimilar aquello, pero afortunadamente tenía tiempo para asimilarlo y tomar una decisión.
El mundo seguía su curso pero entre las montañas el tiempo parecía otro. Terry nunca imaginó que hubiera tanto trabajo en un lugar tan pequeño… aunque ya no tan pequeño gracias a Albert.
Los días pasaban rápido y solamente en las noches podían tener un rato más privado… cuando no había enfermos que atender. El doctor Leterman recurría mucho a Candy. Mientras, Terry pasaba más tiempo con los niños, que ahora querían tener también clases de teatro. Todos se enteraron de la propuesta para Terry y estaban muy entusiasmados. Annie y Archie visitaban mucho el Hogar, también Albert y Tom, y decían que irían a ver la obra si Terry aceptaba el trabajo.
¡Terry Grandchester sería Dorian Gray por primera vez! Era lo más en boga del momento. Controversial, oscuro, perverso. Más emocionante aún. Solamente Candy tenía la sensación de que era un papel algo peligroso para él, pero no quería truncarle su emoción por recobrar su carrera.
Curioso, pero en todo el tiempo que llevaba viviendo allí Terry no vio a nadie acercarse con intensiones de adoptar a un niño, ni una familia, nadie. Y los niños crecían, ya habían varios cerca de cumplir los doce años y de seguro que más niños llegarían pronto.
¿Qué sería de ellos? Terry nunca convivió con gente humilde, ni estuvo tan cercano a los problemas de aquella gente. En su mundo conoció montones de familias y parejas que muy bien podían adoptar niños, pero no lo hacían.
Ahora le parecía que los problemas de la civilización no eran tan graves ni tristes como aquellos.
Una noche Terry le pregunta a la señorita Pony:
-¿No ha venido nadie a ver a los niños?-
Obviamente él ya sabía la respuesta pero necesitaba iniciar la conversación.
-No este mes- respondió ella.
-Pero ¿Es eso normal?-
-Sí, claro-
La señorita Pony recogía la ropa que estaba organizando para irse a los cuartos.
-Señorita Pony-
-Dime, Terry-
-¿Cuántos niños han tenido aquí y cuántas familias los han adoptado?-
Aquella pregunta hizo suspirar a la bondadosa mujer. Cansadamente tomó una silla y se sentó. Terry estaba a su vez sentado en el mismo sillón donde una noche pasada había estado cerca de Candy… y la había besado.
-Muchos, Terry, pero la verdad no tantos como debería ser. No todos consiguen hogar- la señorita Pony era ya mayor y ya estaba acostumbrada a todo eso, o tal vez resignada.
Terry hizo silencio sombrío con la mirada clavada en la chimenea.
-Las gente busca niños bonitos…- empezó a decir la señorita –Sanos, perfectos, y aún así…. –hizo una pausa –Aún así a la gente no le gusta adoptar-
-¿Por qué?- Terry sintió mucha pena por la pequeña Lolo, porque a nadie le interesaría una niña diferente o discapacitada. Nadie daría nada por ella.
Suspiró, él siempre se sintió así a pesar de que tuvo una familia noble.
-Por que le tienen miedo a los genes- le explicó –Los genes, Terry, los genes. La gente, primero, quiere solamente hijos con sus genes, y en cuanto a la adopción, pues aquí vienen los prejuicios: no saben de quiénes son hijos estos niños, pero todos sabemos que la mayoría no son hijos de gente decente…-
-"Hijos del pecado, o del crimen"- Terry tenía más valor para hablar de esas cosas. Era demasiado horrible, jamás diría algo así delante de Candy. Ella ya tenía que soportar el dolor que le causaban las insinuaciones.
-Por eso la gente no adopta como debería- suspiró ella, como recitando una cantarina que ya se conocía de memoria –No los quieren adoptar cuando son pequeños porque no saben las "mañas" que heredan de sus malas familias y no los quieren adoptar cuando son mayores porque ya son mayores y no los pueden educar como debería ser-
Terry hubiera querido decirle que todo eran supersticiones y prejuicios de la gente, pero la ciencia lamentablemente estaba comprobando que ese dicho "de tal palo tal astilla" tenía bases científicas.
-Lo lamento mucho- musitó el joven perdido en una ensoñación causada por el sonido del bosque y el olor a flores que venía del jardín que Candy cultivaba.
Su rostro era tan severo que la señorita Pony no podía descifrar lo que pensaba o lo que sentía.
