Tensa, era precisamente la situación que estábamos viviendo los cinco en este momento. Natanael tenía una cara de pocos amigos y Alya se había puesto a platicar con su amiga mientras Nino y yo nos quedábamos rezagados en parte de su conversación.

Al pelirrojo no le había caído en gracia saber que Marinette no estaría en una cita con él esta tarde.

Ja, tú eres tan ingenuo tomate, pero debemos ser honestos, por un momento dudamos.

Debía de darle la razón a mi voz interior, el hecho de saber que si estaban en una cita había causado un malestar en todo mi ser, pero en cuanto Alya explicó la salida grupal sentí como la suerte regresaba para colocarse de mi lado.

Como nos dimos cuenta que los asientos estaban en diferentes filas, fuimos a taquillas para ver la posibilidad de un cambio en donde todos los lugares quedaran en la misma fila. Natanael parecía tener esperanzas de que no se hiciera el cambio, pero en cuanto Nino ofreció la entrada extra que teníamos, no hubo mayor problema para obtener 5 asientos juntos. Uno al lado del otro. Estaba seguro que el pelirrojo estaba echando humo por las orejas.

Pero él no era mi problema, y si quería enojarse y que Marinette viera su peor faceta, mejor para mí. Fue una batalla cuando nos tocó ver los paquetes que había en la dulcería del cine, Nino no tuvo ningún inconveniente en jalar a Alya y entre los dos comprar el paquete dulce Valentin: dos refrescos y palomitas extra grandes, dos hogs y snacks para ambas personas. Mi amigo uso el pretexto que sería más barato comprar todo así, en comparación con cada quien por separado. Alya no protestó cuando vio que el paquete incluía una orden de nachos con queso.

Natanael quiso hacer lo mismo con mi Marinette, sin embargo, ella rechazó la oferta, alegando que era demasiada comida para ella y no creía poder. Yo vi mi oportunidad y le ofrecí comprar otro paquete, también era para parejas, pero la diferencia de los productos que ofrecía permitía que ella no rechazara mi oferta. Se me quedó mirando, completamente asombrada y tan muda, que fue suficiente para que el entrometido hablara y echara las cosas a perder.

Al final nos decidimos por un paquete de amigos, que se componía de tres refrescos, unas palomitas grandes, dos snacks y un postre de elección libre. Al menos estuvimos de acuerdo en que fuera Marinette quien se quedara con este. Pidió un helado napolitano bañado en jarabe de chocolate y caramelo.

Como tenía que comprar las palomitas de Plagg, me espere a que pagáramos y volví a pedir una bolsa pequeña de palomitas con extra queso y de paso me compre un helado de cookies and creme, después de todo, raras veces me daba el lujo de comer tanto dulce en un solo día, y creo que podía abusar un poco de mi suerte ahora que mi amuleto encantado estaba a mi lado.

-si ibas a comprar más cosas, debiste haber dejado que Marinette y yo nos compráramos un paquete para dos personas- siseo Natanael cuando vio los dulces en mis manos. Hice de oídos sordos y camine hacia donde Nino y Alya ya se habían acomodado, una mesa para seis personas, Marinette me siguió de cerca, dejando al pelirrojo malhumorado y caminado con pasos demasiado ruidosos para mi gusto.

Debido a un pequeño retraso por problemas de proyección, decidimos esperar un poco en una de las mesas de la dulcería, Nino sentado al lado de la morena, tratando de robarle algunos nachos y yo enfrente de ellos. Marinette vio la interacción entre nuestros amigos y decidió no hacer mal trio, por lo que, tímidamente, se sentó al lado mío. La escena pudo ser perfecta si no hubiera sido por Natanael que ocupó el lugar al otro lado de mi lady, dejándola atrapada entre nosotros.

Menudo problema de espacio personal tiene este chico, ¿Por qué no viene Chat noir y le enseña lo bella que es la vista de París desde la punta de la torre Eiffel? Estamos de acuerdo que muy pocos en esta mesa le extrañarían.

Aunque esa idea era tentadora, no sería yo quien comenzaría una pelea en este sitio, menos enfrente de mi dulce niña. Si él, estúpidamente creía que golpeando el pecho y diciendo cosas lograría tener toda la atención de Marinette para sí, iba pero muy perdido.

Distraídamente, me metí un poco de helado a la boca, degustando el sabor cremoso de este y cerrando los ojos, fascinado con la textura que dejaba en el paladar ¿Hace cuánto que no comía un helado? Definitivamente tenía un largo tiempo.

-vaya, Adrien, parece que tu helado es muy bueno- no me di cuenta que todos se habían quedado muy callados, mirando hacia mí- A Marinette le encantan los helados, definitivamente ese que tiene en las manos es su favorito, pero estoy segura que a ella le encantaría probar el tuyo, ¿Verdad, Marinette?- todo su sonriente rostro delataba la pequeña treta que había tejido.

Oh, Alya, ¿Cuánto te deberemos si sigues así? Quizás te hagamos la dama de honor, junto con Nino que será mi padrino. Es más, creo que si gracias a tus "inocentes" comentarios avanzó en mi relación con Marinettte, no dudes que tendrás mi gratitud eterna. Y posiblemente seas la madrina de mis hijos.

No dude cuando vi la oportunidad, una idea algo atrevida cruzó mi mente, así que saque la cuchara de mi boca, la hundí hasta tomar un buen bocado de helado y de inmediato la extendí hacia los labios de Marinette.

-Di ah- dije sonriendo, dándole de comer, esperando que aceptara. Aunque me pareció ver que sus labios temblaban ligeramente y que de repente parecía mucho, muy nerviosa, no tardó mucho en abrir y cerrar la boca sobre mi cuchara con helado.

Bien Romeo, acabas de darle un beso indirecto a nuestra hermosa Julieta.

Demonios, solo ahora me daba cuenta de ello. Y de repente me pregunte como sería un verdadero beso. Quizás sus labios serian fríos ahora, después del contacto con el crémor del helado, o el sabor estaría atrapado en su boca. Un sabor que me encantaba y que estaría dispuesto a limpiar de cada recoveco de sus labios, quizás una danza de lenguas que combinara todo eso, para después dejarlo e ir en una exploración hacia el sur.

Hey céntrate, sino terminaremos con nosotros en el baño tratando de bajar a cierto amigo que está creciendo considerablemente.

Me removí un poco en mi asiento, tratando de acomodar aquello que crecía dentro de mis pantalones, eso era algo que ocurría muy a menudo desde hace poco, mis pensamientos ahora se reflejaban en mi cuerpo, en otras palabras, debía de cuidar que pensaba o acababa con una tienda de campaña entre las piernas, nada propio del caballero que yo era.

Marinette soltó la cuchara demasiado rápido para mi gusto, y saboreo el helado con un sonoro gemido que satisfacción que solo hizo que mi cuerpo se estremeciera. Si tan solo estuviéramos solos, si tan solo pudiera abalanzarme sobre ella y que entendiera esta necesidad mía de tenerla por completo a mi merced.

Sigue pensando eso, anda, sigue como vas y terminaremos antes siquiera de llegar al baño.

Bonita mancha me ganaría en los pantalones por este tipo de cosas pervertidas que pasaban una y otra vez en mi cabeza, pero era casi imposible de imaginar, era como un clic que hacia mi cabeza y comenzaba una reproducción tipo cine de todas las cosas que había imaginado con Marinette desde que supe su identidad: ella con el traje de Ladybug, ella en la ducha, en mi cama, en el sillón de mi habitación, en la biblioteca de la escuela, en los baños de chicos, después de mi entrenamiento de esgrima, cuando acabáramos de destruir un akuma... demonios la lista era demasiado amplia.

-OH! Adrien, eso estuvo delicioso - la voz de Marinette me trajo de vuelta a la situación actual en la que me encontraba. La frase fue un golpe directo a mi entrepierna, que respingó en cuanto escuchó la entonación con la que lo decía, tan sensual que en otro contexto, estaría feliz de escucharlo más de una vez.

Ahora todos nos veían a ella y a mí. Por un lado, Nino tenía plasmado en el rostro toda una cara de triunfo, por todas partes se leía "bien por ti, Bro". Mientras tanto, Alya intercambiaba miradas con su amiga, y esta, algo penosa, bajaba la vista. La morena me miro y enarcó una ceja, seguramente preguntándose qué me había impulsado a tomar tan temeraria acción.

En cuanto a Natanael... bien el está mirándome con una mirada cargada de odio y frustración, quizás porque esta debería haber sido su cita con Marinette, porque ese chico quería avanzar un poco en su relación, ser más que el amigo.

Inténtalo en otra vida amigo, porque en esta esa chica ya es nuestra.

Sonreí como tonto ante ella, peor que un completo enamorado mirando con adoración y cierta devoción a la mujer que tenía delante de mí.

-cuando gustes, Mari- cuanto me regocijaba diciendo su diminutivo.

-Mari...nette, si quieres, podemos comprar otro helado- aunque trato, no pudo decir el lindo diminutivo de su nombre. Marinette se volteó para verlo, en su proceso dejándome una linda vista de la piel blanca de su cuello. Me pregunté qué color se tornaría con besos y suaves mordidas.

-oh, no, eres muy amable, Nat, pero no creo poder con más helado- señalo su helado, todavía con media porción- además solo era una probada, creo que era más que suficiente. Así tomó una gran cucharada de su propio helado y comenzó el camino hacia su boca, pero fue interrumpida por el entrometido, como siempre.

-en ese caso, ¿puedes darme una probada a mí?

-claro- esto no pinta bien.

Antes de que Marinette le extendiera por completo la cuchara para que él mismo la tomará, Natanael atrapó la muñeca de mi chica con su mano e hizo que ella misma le diera el helado, tal como yo lo había hecho antes.

Una risita me obligó a voltear la vista de la desagradable escena. Era Alya que disimuladamente tapaba su boca, pero era más que obvio quien había hecho tal ruido. Siguió con su ceja levantada hacia mí mientras me retaba con sus penetrantes ojos, a que hiciera o dijera algo, como si entendiera parte de las cosas que se estaban desarrollando... Casi como sí...

Solo hasta este momento entendí que después de que nos encontramos con Marinette y Natanael, Nino parecía muy relajado al lado de Alya, a los que casualmente había dejado hablando solo unos minutos... no podía ser cierto... Nino no habría...

Mire hacia Nino, y aunque parecía feliz mirando hacia Alya, cuando volteo para ver mi rostro, una mirada de culpabilidad cruzó por sus ojos, los cuales inmediatamente evitaron mi mirada. Nino había dicho o hecho algo que me había expuesto ante Alya, por eso había hecho los comentarios, no era algo para Marinette, sino que habían sido para evaluarme, para ver mi reacción ante ello.

¡OH NINO! ¡Estas tan muerto! Tu pequeño amigo desagradecido lengua floja delatador, dejaste que tu amor ciego te aflojara la boca. ¡Hablaste de más!

Entendía la parte de tonto de amor, pero eso podría ser considerado traición. Decidí que de alguna manera, mi amigo me las pagaría, tarde o temprano el chismoso sabría lo que se siente ser expuesto.

Antes de decir algo más, un amable empleado se acercó a nosotros para decirnos que la función comenzaría dentro de poco y debíamos de ocupar los asientos ya.

Natanael fue el primero en salir disparado de su asiento y tomar la mano de Marinette, para prácticamente arrastrarla a la sala.

A no, no creas que te dejaremos estar a su lado así como así.

Nos acomodamos de la siguiente manera: Alya, Nino, yo, Marinette y Natanael. Argumente que mi Mari debía de estar en el medio para que ella tuviera las palomitas y poder comerlas, aunque el tomate quiso objetar, diciendo que yo había comprado unas individuales, por lo cual, no era necesario que me compartieran del combo.

Marinette terminó el pequeño conflicto sentándose donde ella quiso, y Alya, dejando morir sola a su amiga, se sentó con dos lugares de distancia. De inmediato Nino, el cabello teñido y yo supimos donde queríamos colocarnos. Y así comenzaron las tres horas más insoportables de mi vida.

Durante toda la película, Natanael y yo competimos por todo: desde meter la mano en las palomitas al mismo tiempo que Marinette para rozar sus dedos, atrapar su mano en el reposadero de los asientos. Estirar nuestras manos por encima del cabezal de su asiento. Mientras ella miraba la película, completamente absorta de la pelea campal que se llevaba a sus costados.

Incluso nuestros otros dos amigos se dieron cuenta de todo y estoy casi seguro que mi amiga Alya comía de sus nachos mientras nos miraba, como si fuéramos más entretenidos que su director de cine favorito.

Por supuesto, el movimiento dentro de mi chaqueta me obligó a meter de vez en cuando palomitas de queso en el bolsillo para que Plagg se las comiera. Nadie llegó a notarlo.

En algunos momentos, el pelirrojo y yo cruzamos miradas, y ninguna fue amable o cordial, de hecho, fueron una declaración silenciosa de guerra, al final, supimos que uno de los dos caería.

O chico, no seremos nosotros, te lo aseguro.

La película se acabó exactamente 30 minutos antes de la hora acordada con Natalie para que fueran por mí. Decidí que lo aprovecharía al máximo. Al salir del cine, propuse ir a placear un poco, caminar por un viejo tianguis de ropa y accesorios que estaba a no más de una cuadra. Todos se notaron emocionados excepto Natanel, que le recordó a mi niña lo que harían después de la película.

-Pero... pensé que me acompañarías a escoger los materiales para mi clase de arte- parecía un pequeño bebé caprichoso.

-lo sé, quizás podríamos ir después de dar un vistazo, solo un pequeño, por favor.

No tuvo que hacer nada más y el chico estaba caminando directo al tianguis, me puse, casualmente al lado contrario de donde iba Marinette y seguí el paso. Me hirvió un poco la sangre, saber que en cuanto me fuera, finalmente el pseudoartista tendría su tan ansiada "cita" a solas con ella.

En el pequeño mercado, puestos sobre la calle exhibían un sinfín de cosas lindas: desde ropas de épocas pasadas, revistas de la alta costura con modelos de hace años. Un puesto de libros viejos por ahí, otro con varios pares de zapatos bien cuidados. Sombreros, carteras, bolsas, telas, cosas viejas, usadas, el adorno que hace 10 años había sido parte de la moda del momento.

No pude evitar quedarme prendado de una cadena de plata con un lindo gato de cola enroscada. Algo en mi interior me mandaba hacia él. Lo tome de la pequeña caja de terciopelo negro de donde se exhibía. Y lo expuse contra la luz, en donde note que su ojo en realidad era una 'gema color verde esmeralda.

-excelente elección, joven, estoy segura que a su novia le encantara- la mujer que atendía estaba quizás entrando en los 50, su cabello ya era completamente blanco, pero su rostro, aun con arrugas, era joven e increíblemente sonriente y soñador.

-es hermoso- una voz femenina a mi lado me hizo girar con el dije en mi mano, y supe exactamente lo que tenía que hacer.

-me lo llevó- dije, dándole a la vendedora el artículo, ella asintió mientras lo ponía otra vez en la cajita- es un regalo- al escuchar esto, la amable mujer lo puso en una linda bolsa de tela. Listo para ser entregado. Lo tomé de sus manos y pague. Mientras tanto, Marinette miraba los demás artículos exhibidos en la destartalada mesa de madera. Después Alya le habló y ella se fue.

En cuanto mi tiempo se terminó, me despedí de todos, bueno, de casi todos, pero antes de regresar hacia el lugar donde me estaría esperando mi chofer, le pedí a Marinette que me acompañara unos cuantos pasos más allá del grupo.

Nino y Alya de inmediato se llevaron a Natanael, que parecía muy decidido a seguirnos. El pretexto fue un antiguo juego de pinceles y brochas que, según ellos, podría gustarle al tomate chismoso.

-Toma- dije, sacando de la bolsa de mi pantalón el regalo y colocándolo con cuidado en la palma de su mano.

- ¿Por qué me das esto? - dijo mi niña, con los ojos abiertos como paltos, mirando de mi a la caja y devuelta.

-Es solo un agradecimiento- no quería decirle que era porque pensé que era perfecto para ella, porque, inconscientemente, esa era mi marca.

-¿Por qué?- parecía que comenzaban a temblarle las manos.

-Por ser mi primer amiga- y mi primer amor, - por favor, acepta esto, no recibo un no por repuesta.

Antes de volverme un cobarde, le bese la mejilla, el roce de su piel en mis labios resultó ser algo muy electrizante y excitante. Solo pensé que quería más, necesitaba mucho más.

-te veo el lunes- dije, tan casual como pude y eche a andar de regreso al cinema.

Diablos, Agreste anotó un touch down , esa fue buena, pero seamos honestos, no solo se lo estás dando por eso, esto es algo así como una marca de territorio. Y no te culpó, pero quizás debamos ser algo más drásticos para dejar en claro lo que nos pertenece.

No quise escuchar mucho a mi voz después de eso. Puntualmente, mi chofer estaba esperando y en cuanto me subí al carro, arrancó para mi casa. En cuanto llegamos, subí de dos en dos los escalones y corrí como loco a mi cuarto. Estaba un poco sobrepasado con mis emociones. Con la sensación que experimente en cuanto mis labios la tocaron.

Plagg, tan inoportuno como siempre, hizo acto de presencia en cuanto cerré la puerta.

-eres el chico más extraño que conozco- su boca todavía tenía restos de queso naranja.

- ¿De qué hablas? - le mire ceñudo, él era el más extraño de los dos, saliendo en el momento oportuno para romper mi pequeña burbuja de felicidad personal.

-Como que de qué hablo, es más que obvio- siguió volando hasta encontrar un pequeño bote y comenzar a jugar sobre este, tal como lo hizo la primera vez que lo conocí - Pero mira que eres ciego ante las cosas. Dices que quieres a esa chica y lo primero que haces es dejarla con un chico que también está detrás de ella. Si yo hubiera sido tú, ahorita me hubiera ido corriendo para evitar a toda costa que ellos dos terminen su cita juntos y solos.

Tiene un punto, estamos algo ansiosos por las como puedan desarrollarse las cosas a partir de este momento, nadie sabe cuales serán las barreras que respete el pelirrojo bobo, y si ya tuvo el atrevimiento de invitarla... ¿Quién dice que no dará un paso más y le tomará la mano, o peor aún, le pedirá una oportunidad?

Ahora me sentía sumamente inquieto, ambos comentarios me dejaron un amargo sabor de boca y un escenario con mil posibilidades, cada una peor que la otra: roce de manos, una chaqueta prestada para el frio, él seguramente le acompañaría hasta casa, se despediría de ella en la entrada y quizás, solo quizás el ambiente sería el idóneo para un beso robado, y no precisamente en la mejilla.

- ¡AHHHHH! – grite cuando la sola idea me llegó de golpe. No, jamás, nunca permitiría que algo así pasara. Plagg perdió el equilibrio y cayó de espaldas. Mirándome con los ojos entrecerrados, obviamente porque yo había tenido la culpa.

- Adrien ¿Está todo bien adentro? – la voz de Natalie al otro lado me dijo que mi grito de frustacción había hecho eco por toda la casa. Maldije bajó antes de contestarle que todo estaba en orden, que solamente me había golpeado el codo en el mural para escalar, pero que no había ningún problema. Aunque no se oía convencida, solo me dijo que mi padre no llegaría a la casa por asuntos del trabajo, así que, si no se me ofrecía nada más, ella se retiraría a su cuarto a descansar.

Le di las buenas noches de inmediato, y pegué mi oreja a la puerta solamente para escuchar hasta que el rebotar de sus tacones desaparecía del pasillo. Era hora de poner manos a la obra.

-Vamos, Plagg- corrí a la ventana y abrí la parte derecha, lo suficiente para que alguien pudiera salir.

-¿A dónde? Yo solo quiero comer de mi queso y dormir hasta mañana- dio un perezoso bostezo y se fue volando directo hacia el plato de camembert, pero lo atrape en el acto.

-ni loco, tú te metiste solito en este embrollo por llenarme la cabeza con ideas, ahora, ¡Plagg, transfórmame! - antes de seguir escuchando escusas, el anillo de plata absorbió el oscuro cuerpo de mi kwami, y un destello más tarde, Chat noir estaba listo para ir a defender a su lady, solo en caso de que fuera necesario.

Salí a la azotea de mi casa, la luna llena alumbrado gran parte del paisaje parisino. Lo primero que haría sería encontrar a ese par, y en cuanto lo hiciera, si es que estaban tan solos como el tomate quería, interrumpiría con mi purrrfecta presencia.

Brinque rápidamente entre las casas, y en un santiamén llegue al lugar donde los vi por última vez, si recordaba bien, no lejos del cine a donde fuimos había una calle de arte y pintura, a la cual seguramente el tomate pensó que sería bueno llevar a Marinette.

Di un par de brincos más hasta llegar al inicio de la calle, donde las luces amarillas y blancas daban la bienvenida a los jóvenes aventureros y turistas que buscan una experiencia nocturna. Busque entre la multitud de cabezas que desfilaban a lo largo del asfalto. Cuerpos que colisionaban, se esquivaban o simplemente se quedaban delante de las grandes vitrinas de las tiendas, apreciando las piezas y herramientas que se utilizaban en el sitio.

Solo por una vez, agradecí el color tan peculiar del tomate, fácilmente distinguible entre la multitud. Acababan de salir de una tienda de pinceles y lienzos, y el llevaba algunas bolsas de compra. Justamente detrás de él, se encontraba Marinette, y cuando estaba preparándome para saltar a escena e interrumpir cualquiera que fuera el momento romántico, Alya y Nino les dieron alcance.

Ustedes, chicos, son los mejores.

Al parecer, la salida en grupo salía y aunque Natanael seguía con cara de pocos amigos, su semblante se veía más relajado, como si mi presencia le hubiera resultado molesta desde el principio, y ahora que no estaba podía estar más centrado.

Claro que mi presencia te molesta, no eres un rival digno para nosotros, así que dejemos las cosas claras, en la vida, esa chica será algo más que tu amiga, que te quede claro.

Les seguí desde los cielos, oculto entre las sombras de las chimeneas y las ventanas que se asomaban en el techo, parte de la hermosa infraestructura de París. Media hora más tarde, pareció ser suficiente y comenzaron a caminar sobre sus pasos.

Por desgracia, Nino y Alya vivían en la dirección contraria a donde Marinette, y a tan solo unas cuantas cuadras de su casa, tuvieron que despedirse, Natanael viendo su oportunidad para tener su "tiempo a solas".

Agudice el oído para escuchar su plática mientras caminaban por la calle.

-fue bueno que saliéramos todos juntos ¿No crees? - Marinette, tan inocente como era, en ningún momento se había percatado de que Natanael estaba muy lejos de la felicidad por la sorpresiva salida grupal.

-sí, supongo que es bueno conocernos fuera de las clases- su voz era apagada y tan opaca.

-me dijiste que el material lo ocuparías para un nuevo proyecto ¿De qué se trata?

-pues...verás... sabes... después de que tuve el percance con... Chloe y viste parte de mis dibujos, me sentí muy mal porque te había estado dibujando sin tu permiso- no me estaba gustando hacia donde iba esto- escuche lo que hice cuando fui akumatizado, pero siendo sincero, no recuerdo mucho de ello- comenzó a rascarse la nuca, una muestra de nerviosismo- por eso yo quería pedirte un favor.

Estan justo enfrente de la casa de Marinette, ella ya en la entrada, a punto de abrir la puerta y dejar al pelirrojo ahí, completamente solo. Pero se detuvo y viró para verlo cara a cara.

-dime ¿Qué sucede?

-bueno... yo antes no te lo había pedido porque pensé que me podrías decir que no, porque tenía miedo, pero la verdad... La verdad es que me gustaría que posarás para uno de mis cuadros- la última frase fue tan rápida que casi me caigo de el barandal del balcón de su cuarto cuando le entendí.

¿QUÉ QUIERE QUE?

NO, NO NO, NO NO. Ella en mil años diría que sí, nunca...

-¿posar? Pero ¿cómo? - mierda, mierda, y más mierda. Lo estaba pensando, estaba meditando la sola posibilidad de hacerlo.

-eso lo podríamos ver después, será como tu quieras, como te sientas a gusto... solo... me gustaría pintarte con tu autorización, por favor.

El silencio que siguió a eso me tuvo al borde por una eternidad, hasta que finalmente ella dijo.

-de acuerdo

Estamos jodidos

No, esto no era posible. Ella dijo que sí, a él, ¿y nosotros? Escuche como se despedían y Marinette cerraba la puerta, unos minutos después, las luces de su cuarto estaban encendidas y ella platicaba con alguien, supuse que su kwami.

-porque le dijiste que sí- no era una pregunta, sino un comentario de una voz demasiado adorable.

-porque es mi amigo, y me lo esta pidiendo como un favor, no podía negarme, además creo que en parte se lo debo, cuando fue Evilustrator no fui la persona más honesta del mundo.

-Marinette, no debes de sentirte mal, era tu trabajo como ladybug- siguieron con la conversación un rato hasta que las luces se apagaron. Entonces, una idea loca y demasiado descabellada se encontró en mi cabeza.

Deshice mi trasformación y Plagg salió volando.

-te daré todo el queso extra que quieras por una semana si haces lo que te pido- dije, sintiendo la adrenalina comenzar a correr por mis venas.

- ¿qué se supone que es eso?

- tienes que sacar a la kwami de ladybug de la habitación de Marinette.

- ¿A Tikki? – su rostro parecía algo serio cuando nombró a su compañera kwami. Sus ojos analizando mis facciones en busca de lo que sea que estuviera pensando- ¿qué tienes en mente, exactamente?

- ¿me vas a ayudar?

-queso por dos seman...

-hecho, ahora ve- dije casi como si fuera una orden.

-demonios, debí haber pedido cuatro. - se comenzó a quejar antes de atravesar la ventana. Unos cuantos minutos después, salió con una soñolienta motita roja con puntos, tan linda como su portadora.

- ¿cómo me encontraste, Plagg? ¿Le has dicho a tu portador?

-no, vamos Tikki, hace mucho que no nos vemos, debemos aprovechar el tiempo, quiero que me cuentes como te va con tu portadora, y a cambio yo te diré el dolor de bigotes que es el mío.

Aunque refunfuñe por el comentario de manera queda, espere un poco antes de perder a los dos kwamis entre la noche. Una vez hecho esto, me aventure al tragaluz que ocupaba como puerta Marinette y con cuidado, la alce, dándome cuenta que no tenía ningún seguro. Sonriendo como gato por mi buena suerte, la alce y me colé dentro.

Bajé con cuidado de no hacer ruido por la escalera que estaba recargada en la pared, y justo cuando mi pie tocó suelo, volteé para encontrarme a mi dulce niña durmiendo en su cama, una princesa a punto de ser atacada por el lobo feroz.

Quizás será mejor decir gato feroz. Amigo mío, esta es la mejor idea que hemos tenido, ahora... que empiece la fiesta.