Capítulo XIV

-Un momento, un momento- Terry se dio cuenta de que lo habían alejado de Candy, y ahora no la veía por ninguna parte -¿Dónde está Candy?-

-¿Quién es Candy?- preguntó una mujer cargada de flores, que era representante de la Compañía Stratford.

-Mi amiga, la que viene conmigo- explicaba inútilmente ante una gente que nada le importaba eso.

Terry creyó que sería fácil, pero ahora que estaba allí otra vez rodeado de fotógrafos y gente entrometida, una opresión en el estómago le quitó el aire. Y no tenía a Candy a su lado para apoyarlo. El pánico ya empezaba a punzarle la boca del estómago.

No encontraba otra manera de liberarse de la gente que siendo grosero como siempre lo fue:

- ¡A un lado!- espetó al fin.

Terry apartó bruscamente a un individuo bajito y calvo que enseguida anotó en su libreta la reacción del actor. Unas chicas quisieron agarrarlo pero él se sacudió las manos de éstas y así iba apartando la multitud y aclarando su visibilidad. Los reporteros no dejaron de anotar eso en sus libretas.

A la gente la dejó atrás entre fotos y murmullos, y, regresando al andén, busca a Candy como loco pues no toleraba la sola idea de perderla otra vez, aunque fuera por un segundo.

Pero a Candy no lograba verla por ninguna parte.

-Terry-

La voz de ella lo tranquilizó, y, apareciendo por detrás de un voluminoso guardia, él la vio.

-Aquí estás ¿Todo bien? Esa gente…- Terry revisó que tuviera su maleta, que todo estuviera bien.

-Y allá vienen- le advierte Candy señalando tras de él.

El gentío llega donde ellos en un abrir y cerrar de ojos y la mujer que había preguntado quien era Candy comienza a tomarle fotografías y al poco tiempo le siguen los demás reporteros. Pero la manera en que lo hacían era brusca, poco respetuosa a los ojos de Candy.

Ella y Terry no pudieron ni hablar pues eran el centro de atención de todo el andén.

Apesar de estar desconcertada sonríe y le toma la mano a Terry para darle confianza, y entonces aquel barullo ya no parecía importar tanto.


Efectivamente la mujer de las flores era de la Compañía, era la que venía a recibir a Terry (pero no a Candy, por supuesto)

Ella los llevaría al hotel y además les hizo el favor de apartarlos de los periodistas, fans y curiosos. Así fue como por fin los dejaron solos.

Fue un momento relativamente corto, así que ambos recobraron la compostura y ya en el automóvil estaban como si nada hubiera ocurrido en el andén.


Candy estaba ensimismada ante la visión de la ciudad de Chicago, la cual tenía tiempo sin ver: un millar de recuerdos cruzaban por sus ojos ante cualquier calle o plaza que avistaba desde la ventana... El hospital donde trabajó, donde encontró a Albert herido y sin memoria, donde una vez estuvo a punto de ver a Terry...

Suspiraba.

No se dio cuenta de que la representante la miraba de arriba abajo y fingía ignorarla. Al fin no se dio cuenta de nada hasta que llegaron al hotel.

La mujer, que tanto Terry como Candy olvidaron cómo se llamaba, les indica el número de las habitaciones y los acompaña hasta la recepción.

Después de hablar otro rato más, se despiden y la mujer se marcha dejándolos solos.

-Estoy totalmente desadaptado- comenta él apenas tienen un respiro.

Candy tuerce el gesto, pero otra vez aprieta su mano con solidaridad.

-¿Y tú? ¿Cómo te sientes?- luego inquirió- ¿Qué pasó en el andén, Candy?-

-Se me cayó la maleta- respondió ella escuetamente –Había mucha gente-

-Esto es así, acostúmbrate- replicaba él con un dejo de amargura.

-Vamos, es divertido- ella lo animaba –Tú amas el teatro, eso es lo que importa, recuérdalo-

Más tranquilo, Terry la toma del brazo y juntos suben la escalera que llevaba a las habitaciones.

El hotel era bastante pequeño para ser uno de los más prestigiosos de la ciudad, pero así era mucho mejor. A Candy le encantó, sus ojos verdes estaban muy abiertos y emocionados.

-Dicen que muchos actores de cine se hospedan aquí- comentaba el botones que cargaba las maletas. Terry y Candy no pensaban decirle a nadie de su noviazgo, no por ahora, así que se comportaban seriamente.

-Oh, qué emocionante- soltó Candy a propósito del comentario.

-¿Te gustan los actores de cine, Candy?- Terry alzó una ceja con algo de celos.

La chica se sonrojó.

-Yo podría ser un actor de cine, ¿Sabes? – Terry hinchó su pecho orgulloso.

-Creí que no te gustaba el cine-

-Bueno… pero si a ti te gusta, yo lo hago-

La emoción casi le agua los ojos a Candy, se apretó fuerte a él, pero fue sólo por un momento.

El botones los miró con algo de escándalo, pero siguió su camino, y los llevó hasta el piso 2. Eran dos habitaciones que estaban juntas, tal como solicitó Terry, que quedaban al final del corredor, al lado de un ventanal que daba al jardín.

-Puede dejar las maletas aquí, gracias- Terry despidió al joven y le dio unos billetes de propina. Candy observó que era mucho dinero para una propina.

Al perderse de vista el botones, los dos se quedan callados frente a sus habitaciones.

-Bueno…- suspiró él.

-Bueno- repitió ella tontamente.

-Aquí estamos-

-Sí-

Terry no sabía qué hacer, estaba muy emocionado.

-¿Cómo te sientes después de tanto tiempo?- inquirió observándolo con detenimiento.

-Extraño… No me esperaba lo que ocurrio en el andén... me puse nervioso- hizo una pausa - Hubieron momentos en que jamás creí que volvería a esto- las sombras del pasado empañaban los ojos de Terry.

-Estoy contigo-

Así fue, llegaron a Chicago, y apenas empezaba su aventura.