Los ligeros golpes contra el cristal hicieron que abriera los ojos, y miraba hacia mi ventana, una sombra se dibujaba, detrás de ella, pero a contra luz me era difícil verle, sin embargo, sabía que solo había una persona capaz de estar ahí sin el peligro de caer de al menos una altura de 12 metros.

Como pude me levante de mi cama, aventando las sábanas y todo aquello que estuviera a mi paso, corriendo para quitar el pestillo de la ventana y dejar a mi encantadora visita entrar a mi habitación. Estaba colgada de cabeza, su pequeñas coletas balanceándose hacia abajo y su rostro iluminado por las luces de París. Extendí mi mano, ofreciendo un apoyo para que el acceso fuera mucho más fácil. Ella sonrió y volteó su cuerpo para tener un buen agarre.

Una enguantada mano de color rojo con puntos moteados me apretó y sonreí como todo un tonto cuando pude verla mejor.

-creí que estarías dormido.- susurró ladybug mientras caía con gracia y un suave ruido dentro de mi habitación. Su mirada no vacilaba cuando veía directo a mis ojos, y ese intenso color azul me tuvo atrapado enseguida, dejando sin hablar. – esperaba que estuvieras dormido, en realidad.

Esa frase sí que era nueva para mí. Pero al parecer mi cerebro todavía no conectada del todo con mi cuerpo, por lo tanto me estaba costando encontrar las palabras para formular una frase coherente. Así que ella siguió.

-supongo que si estas despierto a estas horas, es porque algo te está perturbando- parecía bajar la mirada ligeramente, y un adorable rubor cubría las mejillas que sobresalían por debo del antifaz. Ladeó un poco su cabeza y pasó distraídamente su mano por su oreja derecha, como si acomodara un mechón de cabello invisible. – Sabes, no soy muy buena en estas cosas, pero es mi deber ayudar a los parisinos con sus problemas así que ¿Qué puedo hacer por ti?

Su carita inocente y su desinterés me hizo querer saltarle encima ¿Me preguntaba que podía hacer por mí? ¡Si ella quería podía hacer conmigo lo que quisiera! Me tenía colgando de su dedo pequeño y ni siquiera lo sabía.

-yo… yo…- con mi gran capacidad para decir monosílabos, las cosas estaban poniéndose un poco difíciles.-yo…es…la…- de seguro que parecía un tarado y no la culpaba si quería retratarse de su oferta y salir por la ventana en aquel preciso momento.

-mmmm- su sonido fue más como uno de estar meditando las cosas- quizás tus problemas de comunicación se puedan resolver de otra manera.

Soltó mi mano, que hasta ese momento había mantenido entre nosotros, su cálido toque un recordatorio de lo que ella era. Calidez, hogar, amor, luz dentro de la oscuridad. Avanzó con paso firme hasta mi mesita, justo enfrente del gran televisor de pantalla plana y se inclinó ligeramente para alcanzar algo que se encontraba debajo de esta. Mentiría si dijera que no aproveche la oportunidad para echar un vistazo al contorno de sus caderas y de esas piernas torneadas que se marcaban con el traje.

-quizás un poco de esto podría ayudar- se dio la vuelta, una sonrisa de victoria se dibujaba en su rostro mientras alzaba en sus manos los controles del videojuego. Marinette era toda una experta jugadora, otra cosa más para adorarla ¿Quién no quería a una novia gamer?

Sonreí, pensando que esos eran los pequeños placeres de la vida que valían la pena: una noche en compañía de la persona más importante para ti, simplemente disfrutar la compañía sin ninguna otra situación, otro tipo de complicidad e intimidad.

Me acerque a ella, y de repente las inseguridades y mi poca capacidad para decir algo coherente desaparecieron. Tome el control del jugador número dos y con mirándola directamente a los ojos me dijo:

-escoge el juego, pero ten por seguro que te arrasaré- esa sonrisa coqueta y llena de confianza me fascinaba, ella era todo un enigma para mí, darme cuenta que esta persona eran dos y una al mismo tiempo. Una personalidad diferente en cada momento. Y yo era el único que lo sabía, lo disfrutaba y no dejaría que nadie más lo supiera. Ella se acomodó en una de las esquinas del sillón, subiendo sus pies y esperando pacientemente a que tomará una decisión. Esto sin duda era un reto, y sabía cómo hacerlo más interesante.

Escogí "Injustice Gods Among us", porque era un experto en los combates, mire de reojo a mi compañera de juego, ella solo sonreía y mantenía una ceja en alto, esperando para ver que seguía. Esperamos a que iniciará, y Ladybug, sin darle mucha importancia, se quitó su traje y dejó que su kwami saliera, totalmente confiada y relajada enfrente de mí.

Los grandes ojos de Tikki me miraron con cautela, pero no dijo nada, se quedó al lado de Marinette, sentada sobre su hombro sin quitarme la vista de encima mientras su portadora le miro divertida.

-Vamos TIkki, sonríe un poco- movió su hombro para que su kwami quitara la cara seria de pocos amigos que tenía- ¿y dónde está?- tarde un momento en entender de quien hablaba. Plagg salió de la parte superior de mi habitación, seguramente haciendo alguna maldad con mis libros. Se acercó con una sonrisa que solo le había visto hacer con un gran queso apestoso. Sus ojos brillaban como un verdadero felino y sabía porque.

No ocultó su entusiasmo mientras dejó que su cuerpo chocaba con el de la kwami roja, atrapándola en un invasivo abrazo. Tikki también se mostraba alegre de verle, aunque claramente la falta de espacio entre ellos no era algo que apreciara tanto como mi kwami.

-ustedes dos se ven que tienen que ponerme al día, no se preocupen por nosotros, estaré dándole una paliza a este chico- Marinette los despidió con una ligera inclinación de cabeza, invitándolos a que se alejaran un poco de nosotros, y aunque la pequeña motita roja frunció el ceño por la sugerencia, mi kwami no lo pensó dos veces antes de tomar la mano de su compañera y atravesar la pared, sin decir en donde estarían escondidos.

Ambos miramos como los pequeños seres que nos habían convertido en superhéroes desaparecían, Marinette solo suspiro y se volvió hacia mí, una máscara de astucia puesta en ese rostro cautivamente y un claro desafió en sus ojos.

-entonces ¿Seguirás ahí parado o piensas poner el juego?- esta actitud competitiva suya era inusualmente atractiva para mí. No estaba seguro si me gustaría ver eso en otra situación, una que implicaba menos ropa y más dominio.

Despeje mi mente de inmediato, pensando las cosas con claridad, recordándome una y otra vez que ese tipo de pensamientos me llevaban por malas decisiones. Coloque el disco del videojuego en la consola y esperamos el inicio de este. Tome el control y me senté en el mismo sillón que Marinette, pero en el extremo opuesto, dejando una clara distancia entre su cuerpo y el mío.

Ella tomó nota de eso, y sin decir nada, se descalzo los zapatos que traía puestos y puso sus pies sobre el sillón, acomodando su cuerpo de manera que ahora sus lindos dedos pintados de un esmalte rosa nacarado estaban apoyados sobre mi muslo, sus piernas no estaban completamente estiradas, así que si lo quería, podía alcanzar ciertas partes de mi anatomía sin problemas.

-¿te molesta?- dijo toda inocente.

-no- trague audiblemente cuando sentí como sus dedos se movían, creando ligeras caricias y mandando corrientes eléctricas a través de mi cuerpo. Ella sonrió, mientras seleccionaba el modo de juego y a su personaje. Espere que el combate fuera lo suficientemente bueno para hacerme concentrar más en la pantalla y menos en la persona a mi lado.

No dijimos nada mientras nos concentramos en la selección de personajes y veíamos un poco del contexto y videos antes de comenzar la batalla. Trate de relajarme a pesar del contacto de su cuerpo. Esto solo era un juego inocente, no tenía que terminar en nada que yo no quisiera. El problema es que yo sí que quería muchas cosas, pero ella se merecía más respeto. Así que debía de contenerme ante cualquier cosa.

Mire de reojo para ver que hacía Marinette, justo cuando el combate comenzó, ella tomándome desprevenido y atacando. Ambos escogimos personajes muy interesantes, el mío era nightwing, mientras que ella escogió a Catwoman, con una sonrisa traviesa le cruzaba el rostro. Su personaje atacó y de inmediato nos vimos inmersos en el juego. Golpeábamos y esquivábamos ataques, usando garras y látigo para debilitar a mi personaje, use combos y algunos trucos que sabía, pero de nada sirvió cuando ella mostró su arsenal.

-¿Es todo lo que tienes?- lo dijo sin mirarme, parecía estar concentrada en vencerme, aunque no sabía porque ¿Cuál era el propósito?

-ni de poco- seguí adelante con mi improvisada estrategia, pero lo único que conseguía era recibir una paliza aún más grande. Mi nivel de energía disminuía y en menos de 3 minutos apenas si podía mantener un cuarto de la energía de mi personaje, esta era una paliza que había comenzado con una clara desventaja para mí. Termine perdiendo cuando Marinette lanzó una combinación con el ataque de látigo y un combo de garras que me dejó frito y a ella como campeona. Bufé fastidiado y de inmediato exigí la revancha.

-vamos Adrien, pensé que eras el mejor jugador de París- dijo burlonamente.

-no me provoques Marinette, si no quieres que callé esos bonitos labios- tenía un serio problema por cambiar tanto de humor, hace un minuto estaba más que feliz de tener a la chica de mis sueños en mi recámara, ahora estaba tan lleno de frustración que no fui muy consciente de lo que había gritado. Pero al parecer para mi compañera esa frase no le fue indiferente, me volteé lentamente y ella me veía con una ceja alzada de una manera que me parecía algo sugerente.

-así que piensas que mis labios son bonitos ¿eh?- mierda, mierda, y más mierda- me pregunto qué otra parte de mi te parece bonita.

Decir que toda mi sangre hizo una parada de tiempo indeterminado en mis mejillas sería un eufemismo, sentía el rostro sumamente caliente y estaba seguro que el color se notaba incluso a doscientos metros de distancia. Marinette ya había elegido a su siguiente personaje para el combate y yo estaba como un tonto, completamente petrificado.

-oh, vamos Adri, ¿Acaso no eras tu quien pidió la revancha?- sus pies acariciaron la parte exterior de mi muslo, lo que me permitió salir de mi letargo. Solo pulse el botón de selección, sin fijarme realmente en que había elegido, esta chica me llevaba a explorar extremos opuestos de mi personalidad, y ahora una sugerente y muy arriesgada idea estaba rondando mi mente.

Me puse en movimiento antes de que fuera tarde, baje una de mis manos del mando y la coloque sobre su pie desnudo, solo un suave roce en la piel que se exponía desde su tobillo hasta debajo de su rodilla. Sentí como se sobresaltó a mi contacto y le hizo perder su atención de la tele, eso me dio unos preciosos momentos para atacar, sin proponérmelo había escogido a Batman, así que comencé con una serie de combinaciones. Ella de inmediato contraatacó, pero le no había mucho que hacer antes de terminar perdiendo la partida.

-bien jugado gatito, pero el falta un desempate- ella me miraba con una expresión que no prometía piedad- pero creo que ahora debemos de jugar más limpio.

-estoy de acuerdo- esperaba que ese brillo de venganza en su mirada no fuera a tomar lugar en esta partida.

Nuestros siguientes personajes fueron joker y Harley Quinn, no dijimos ni hicimos nada, mientras ella baja un pie perezoso para que colgara y el otro se quedaba apoyado en mi muslo. El combate empezó, y por unos minutos, parecía que todo sería justo, limpio y que tendríamos un buen rato. Hasta que sentí una presión en la entrepierna. Eso me hizo mirar hacia abajo y ver que sobre el cierre de mis pantalones descansaba un bonito pie con uñas pintadas, el cual se movía de vez en cuando como si estuviera buscando una mejor posición para descansar. Puse el videojuego en pausa y recibí una protesta de Marinette de inmediato.

-hey,¿Por qué? Estábamos llegando a un punto interesante.

-Mari, podrías por favor…- ni siquiera sabía que decir ¿quitar tu pie de mi entrepierna? ¿Dejar de moverlo tanto?, termine por señalar con la vista hacia donde su pie seguía ejerciendo presión y había una respuesta bastante obvia creciendo debajo de mis pantalones.

-oh- su respuesta fue claramente falsa- pensé que dijiste que no te molestaba

-no me molesta que subas tus pies, pero…- me interrumpí cuando un gemido involuntario salía de mi boca a causa del movimiento que sentía- pero creo que estas un poco lejos de donde lo dejaste al inicio.

-lo sé, es que se me estaba durmiendo.- movió sus dedos para dar énfasis a sus palabras- así que lo estire un poco para evitar un calambre.- su otro pie se unió al primero, moviéndose sobre la ropa y provocando que las mente se me comenzaba a quedar en blanco.

-Marinette, creo que deberíamos seguir jugando.- juró que estaba tratando con todas mis fuerzas evitar quitarle el control de las manos y arrojarla sobreel sillón, pero ella no era de mucha ayuda.

-si, creo que tienes razón- quitó sus pies y de inmediato sentí la ausencia, mi cuerpo buscando aquella fricción de la cual había sido privado. No sufrió este sentimiento por mucho tiempo.

-¿Qué… qué…estas…haciendo?- me quede mudo cuando se levantó, hizo espacio entre mis manos y el control de videojuego y se sentó sobre mi regazo, como si fuera lo más normal del mundo, su trasero haciendo presión sobre mi ingle y está creciendo cada vez más en respuesta. Se acomodó de tal manera que su cuerpo quedará ligeramente ladeado para que yo pudiera ver mejor la pantalla y tuviera bien sujeto el control.

-lo que tu sugeriste, seguir jugando- me guiño un ojo y quitó la pausa al videojuego, haciendo caso omiso a la erección que seguramente ella ya había sentido. Siguió jugando como si nada, indiferente a los movimientos que hacía con su cadera o los ruidos que evitaba emitir al sentir como mi cuerpo no era indiferente a tales atenciones.

-Marinette, por favor…- estaba tratando de concentrarme en el juego, pero estaba fallando miserablemente, mi compañera no era una gran ayuda en aquel momento. Perdí en menos de un minuto. En cuanto la consola anunció al ganador, ella movió como loca las piernas, y yo no pude más con ello.

Deje que el control del videojuego se me resbalara de las manos, libres ahora para posarse en la cadera de Marinette y mantenerla quieta un instante mientras apoyaba mi frente en su espalda. Ella se quedó quieta y trató de darse la vuelta para verme, pero el agarre se lo impedía.

-Hora de jugar de verdad- nos levantamos de un tirón, solo hacer mi maniobra y volcarla sobre el sillón, conmigo encima. El movimiento había hecho volar su control remoto y de inmediato me apoderé de sus manos para inmovilizarla y atacarla como yo quería.

Sus labios recibieron a los míos con entusiasmo, un beso que en vez de ser tierno estaba lleno de impaciencia y deseo, me provocaba con pequeñas mordidas en el labio inferior, haciendo una invitación a que me aventurara a ser más agresivo, más salvaje. Sus piernas estaban entre las mías, y a pesar de que la trataba de mantener quieta, comenzó a frotar una de sus rodillas contra mi erección en la entrepierna.

Nos separamos ligeramente, momento en el cual pude darme el lujo de contemplarla. Su cabello, a pesar de estar peinado en sus coletas, se veía alborotado, inclusos algunas hebras de cabello habían escapado de su amarre y andaban libres, cubriéndole parte de la frente y las mejillas. Sus labios tenían un intenso color rosa, producto del contacto con los míos. El brillo en su mirada era travieso, y el azul cielo se había oscurecido para darle un toque sensual.

-creo que este juego me va a gustar más- me sonrió coqueta, mientras trataba en vano de deshacerse de mi agarre. En respuesta yo apreté ligeramente con mis manos.

-no tienes idea de cuánto- volví a besarla, pero esta vez, fui yo quien mordió sus labios, generando un gemido, quería más de esos sonidos, así que me desplace a su cuello, buscando zonas blancas y suaves donde depositar más besos y probar de su dulce sabor. Ella tampoco era una presa muy quieta, seguía moviendo su rodilla contra mi erección, la cual parecía ponerse más ruda a cada movimiento que sentía sobre ella.

-Adrien…- mi nombre en sus labios tuvo un sonido tan erótico que sacó una sonrisa de satisfacción masculina de mi parte. Estuve un rato trazando un camino en su cuello hasta llegar a su oreja, con mi lengua comencé a jugar con esa pequeña parte carnosa de su oído, cosa que hizo que Marinette dejará de mover su rodilla.

-¿Se siente bien?- susurré dulcemente.

-aja- ella se relajó tanto que pensé que no intentaría nada, así que afloje el agarre de mis manos.

Entonces sus brazos se pusieron entre nosotros, para empujarme y ella tomar en control. Mi reacción fue demasiado tardada, porque en segundo yo era el que estaba debajo de su delicioso cuerpo, mis manos habían sido inmovilizadas por una de las suyas, su trasero peligrosamente cerca de mi erección que pujaba por ser liberada de la prisión que eran los pantalones.

-caíste- no me importaba mucho siempre y cuando tuviera lo que quería, en síntesis era a ella. Ahora fui yo quien fue el receptor de caricias y los dulces besos de Marinette, cada beso provocó que una corriente eléctrica se extendiera a través de mi cuerpo, igual que ella, trate de liberarme de su agarre.

-¿Por qué tan impaciente, gatito?- susurró para después darle un mordisco a mi oreja en la parte superior. - ¿es que acaso quieres otra cosa? Esta mujer parecía toda inocencia, pero sabía muy bien lo que hacía, porque acercó su trasero más hacia donde estaba el bulto de mis pantalones y se restregó ligeramente sobre este.

-Usted, señorita es una mujer muy traviesa- dije siguiéndole el juego.

-quizás he aprendido de cierto gato.

-pues quizás debas de evitar ese tipo de compañía.

Puso una cara como si en realidad estuviera considerando la posibilidad de hacer algo así, luego negó y pegó su rostro más cerca del mío, sus pechos aplastándose contra mi rostro y dejándome con ganas de acariciar.

-eso sería un inconveniente, porque resulta que en verdad me gusta la compañía de ese gatito, aunque a veces sea muy travieso, cuando quiere puede ser realmente lindo y eso me encanta-comenzó a darme ligeros besos por mi barbilla y en mis mejillas- además- beso- es divertido- beso- encantador- beso- amable- beso- y todo un pervertido.

Eso último lo dijo mientras se restregaba más, y su mano libre estaba vagando hacía el sur, pasando por un costado, sus dedos dejando un cosquilleo en mi piel a pesar de la tela. Cuando su mano llegó al doblez de la ropa, coló su mano para tocar mi abdomen y su piel desnuda era cálida y suave, lo cual me hacía preguntarme que otras partes se sentirían de la misma manera.

-Ese gatito me hace querer hacer muchas cosas- continuaba hablando, pero ahora se había acercado a mi oído y dejando al alcance de mi boca su dulce cuello, cosa que no desaproveché y comencé a jugar, probándolo con mis labios y mi lengua, mientras ella seguía hablando- me gusta acariciarlo y quiero que me acaricie, que se tome su tiempo en conocer cada rincón de mi cuerpo y yo tomarme mi tiempo en memorizar el mapa de su cuerpo.

Puso su mano sobre cada centímetro de mi abdomen, y cuando se cansó de tocar ahí comenzó a pasar una y otra vez los dedos a lo largo de la orilla de mi pantalón.

-Marinette, por favor…- ni siquiera sabía exactamente que le estaba pidiendo ¿Qué me liberará para poder tocarla yo? ¿Qué siguiera con su dulce tortura? ¿Qué tocará más?

-Adrien eres muy educado al pedir las cosas- puso sus manos sobre el cordón que apretaba el pantalón de la piyama, con intenciones de jalar pero sin hacerlo.- sin embargo te falta decir exactamente qué quieres que haga, si no dices las palabras correctas, yo simplemente podía no entenderte. Así que dime, dulce y pervertido gatito ¿qué quieres?

-¿a ti?- fue algo patético que mi frase sonará a pregunta que a una respuesta convincente.

-¿a mí?, pues aquí estoy.- seguía jugando con el cordón sin abrirlo, esa chica era mi perdición y yo era más que feliz porque fuera de esa manera.

-Marinette, juega después.

-pero me gusta jugar de esta forma, podría estar así por horas.

-por favor Marinette, te quiero a ti, quiero tus manos, tus labios, tu cuerpo desnudo sobre el mío, oh mierda, santo cielo- las demás palabras apenas si fueron un sonido, en un instante su mano había pasado de estar en el cordón, a quitarlo, meterla por debajo del elástico de los bóxer y acariciar mi punta romana completamente endurecida por el juego.

De inmediato reaccionó a su toque, creciendo un poco más y saltando sobre su palma. Ella pasó su mano sobre todo el largo, apretado un poco en la base y la punta. Sus dedos apenas podían cerrarse sobre mi eje y eso la hizo poner una rostro de curiosidad.

-vaya, pero que tenemos aquí, alguien necesita atención, si bajas las manos, tendrás un gran problema- dijo antes de soltar mis manos de su agarre y moverse para poder acomodarse entre mis piernas y que su rostro estuviera a la altura de mi cadera. Tomó por la orilla mi ropa y la jaló hacia abajo, yo alce un poco las caderas para ayudarla, y mis pantalones y mi calzoncillos fueron a parar hasta mis rodillas. Ni siquiera los bajo hasta los tobillos. Mi erección saltó ante el movimiento. Mi dureza se apoyaba sobre mi abdomen, apuntando hacia mi ombligo, pero sin llegar a él.

Desde mi punto de vista podía observar la mirada felina que había en los ojos de Marinette, se relamió sus labios y su vista fue desde mi rostro hasta donde mi pene erecto descansaba. Ella acarició mis caderas, el exterior de mis muslos hasta mis rodillas, su cuerpos lo acomodó entre mis piernas, en el reducido espacio que no lo permitía el sillón.

Quise acariciar con mis manos su rostro, tenía una necesidad casi asfixiante de tocarla por todos lados, pero no podía hacerlo, temía que si lo hacía, ella se fuera tan rápido como había llegado.

Paso sus manos hacia el interior de mis muslos, comenzó su caricia ascendente, cerré los ojos para disfrutar más de las sensaciones, algo que no duro mucho cuando sentí una humedad en mi punta y un movimiento para que tomar la bolsa que estaba debajo de mi eje.

Marinette pasaba su lengua sobre mi punta como si estuviera comiendo un helado en un cono mientras sus dedos acunaban y masajeaban mi bolsa. Su lengua tocaba y se retiraba, la humedad que quedaba en mi piel hacía que la sensibilidad fuera más. ahora mismo lo que deseaba era poner mis manos en su cabello y desatarlo para ver su rostro enmarcado. Ella vio mis intenciones de mover las manos de su sitio, y jaló el cordón de mis pantaloncillo hasta sacarlo y usarlo como una cuerda.

Trague saliva mientras ella se levantaba por encima de mi cabeza, y tomaba mis manos para atarlas juntas. Aunque pudiera bajarlas, me sería difícil algún movimiento o manipulación con ellas.

-ahora, gatito, quédate muy quieto, porque esto apenas va a comenzar.- me mordió el oído y volvió a su sitio de antes, pero en vez de seguir con su movimiento con la lengua, ahora paso a meter toda la punta a su dulce y cálida boca.

-oh mierda, eso se siente genial- trate en vano de control el ligero bamboleo que mis caderas querían hacer, embestir cuando su boca estaba haciendo maravillas sería poco decoroso. No podía albergarme por completo en su boca, así que uso su mano para cubrir el resto. Cuando su boca succionaba, su mano apretaba, una combinación demasiado efectiva, pues las sensaciones que me provocaba eran algo sublime, simplemente indescriptible.

Los sonidos que hacia comenzaron a volverse en una candente y erótica melodía que lo único que me provocaba era salir de su boca y encontrar otro recoveco de su cuerpo, más húmedo y más estrecho aún, sumergirme allí una y otra vez hasta dejar claro a quien le pertenecía yo y quien era completamente mía.

-¿Qué tal se siente eso?- Marinette se separó de mí, pero seguía moviendo su mano, masturbándome con un movimiento constante y condenadamente bueno. Eche mi cabeza para atrás y suspire de satisfacción ante el movimiento. Solo escuche una risa cantarina.

-tomare eso como un sonido de que te está agradando- volvió a meter mi polla palpitante, su lengua dando círculos alrededor de mi cabeza, sus habilidosas manos trabajando el resto. Esto fue mi límite, no quería hacerlo de aquella forma, pero ella realmente era buena en aquel arte.

Gemí e hice pequeños sonidos ante las caricias, las cuales aumentaron en constancia y velocidad, sentí la energía acumulándose, el preámbulo de una gran explosión que amenazaba con estallar. Esa energía nació en mi espina dorsal, pero la espalda baja fue donde se acumuló. Ni siquiera duré 5 minutos después de eso.

La succión fue constante, la presión de sus manos era algo alucinante, mis manos solo atinaron a agarrarse del reposabrazos, clavando las uñas y levantando las caderas, un movimiento que solamente buscaba una liberación.

Mi cuerpo colapsó en un potente orgasmo, la energía al fin alcanzó su punto e hizo que mi mente se quedara por completo en blanco. Por unos preciosos instantes no pensé y no sentí nada más que a ella, a lo que habíamos hecho y la reacción de mi cuerpo.

Marinette alejó su rostro justo a tiempo, sus manos en mi eje erecto fueron las que recibieron el semen que se esparció como si hubieran desconchado un champagne muy espumoso. Me sentía completamente aturdido y mis ojos apenas si podían enfocar la imagen que tenía frente mío. Marinette entre mis piernas. Sus manos apoyadas en mis muslos y su rostro sonriente mirando para ver que seguiría a continuación. Su mirada tenía un brillo que me decía exactamente como se sentía, y yo me sentía de la misma manera.

A pesar de que el sexo era fabuloso, saber que hacia esto con alguien por quien sentía algo lo hacía diferente, único, una sensación que buscaba repetir constantemente solo con ella, cuando y como ella quisiera.

Jale uno de sus brazos hacia mí y me dispuse a besar sus labios, sin importarme donde estuvieron antes. Este tipo de actividades no debían ser vistas con cierto disguste, no cuando causaban tanto placer. Mi lengua de inmediato atacó, apoye mi mano sobre su espalda baja y disfrute de sentir el peso de su cuerpo sobre el mío. Yo estaba prácticamente desnudo de la cintura para abajo, pero ella aún seguía con la su ropa. Ansiaba su cuerpo desnudo contra el mi torso, y estaba seguro que ella tenía esa misma necesidad.

Sin hablar comenzó a levantar la camisa de mi piyama y colar sus manos para tocar mi estómago y seguir hacia arriba. Estábamos ansiosos, buscando el contacto el uno con el otro. Se levantó lo suficiente para jalar hacia arriba mi ropa, y una vez estuvo fuera hice lo mismo con su ropa. La vista de su pálida piel y el color de su sujetador me dejaron estupefacto, tenía tantas ganas de pasarme horas explorando cada rincón de este hermoso ser.

Empuje un poco para poder sentarme, mi rostro quedó a la altura del suyo. Ella estaba llevando ya sus manos hacia la parte de atrás, pero las detuve, el placer de desnudarla era mío. Ella pareció entenderme, porque de inmediato apoyo ambas manos en mis hombros, sus dedos acariciando mi nuca y el inicio de mi cabello perezosamente, a la espera de mi siguiente movimiento. Comencé desde abajo, pasando por cada curva de su contorno, sus caderas, su cintura, el abdomen, hasta que llegue a la parte de enfrente de su sujetador de color rosado con detalles de encaje en negro. Me reí por ello, sin duda cada parte de su ropa decía a gritos quien era su hacedora.

Puse mis dedos en la parte inferior deslizándolos desde el coqueto listón que coronaba el valle de sus centros hasta la parte trasera, justo donde el broche mantenía unidos ambos extremos de la tela evitando que viera más del cuerpo de mujer de Marinette. Necesite de mis dos manos para poder botar aquella cosa, pero me sentí infinitamente afortunado cuando este se cedió y la tela bien estirada se aflojo y mostró el inicio de un dulce color rosado.

Desice los tirantes hacia delante, separo las manos de mi cuerpo un instante y en menos de un minuto estuvo con el torso completamente desnudo. Marinette era como una mariposa recién salida de la crisálida. A pesar del dulce rostro de niña que aún conservaba, su cuerpo había hecho su trasformación, mostrando el inicio de lo que muy pronto culminaría en un ser sensual y femenino, curvas que se mostraban, pero no estaban completamente asentuadas, piel dulce y suave, sus senos, dos cúspides firmes que se coronaban con puntas rosadas y pequeñas, ella podría ser el sueño de cualquier persona, pero para desgracias de los demás, solo sería mi sueño, y muy pronto mi realidad.

-¿Solo te quedarás mirando?- me sonroje al pensar que me había perdido admirando su cuerpo de diosa griega. Ella seguía quieta, esperando el ataque para saber como reaccionar. No le hice esperar demasiado. Acaricie su cintura y fui a por sus senos, sostuve el peso con las palmas de mis manos, explorando las reacciones que tendría ante las caricias exploratorias. Fue todo un espectáculo. Sus ojos cerrados y su concentración me motivo a jugar más con ellos. Cuando mis pulgares rozaron los pezones erectos ella apagó un bajo gemido que amenazó con delatar que tanto disfrutaba de mis caricias.

Pero no era suficiente para mí, así que cambie mis manos por mis labios, al instante en que los pobre supe que jamás tendría suficiente, lamí y chupe donde quise, intercalando entre el derecho y el izquierdo, recordé como ella succionó e hice lo mismo. Ella me acariciaba la cabeza como si fuera un niño haciendo algo muy bueno, pegando más mi rostro a su pecho, como si no quisiera que me alejara de ellos, y ciertamente no lo hubiera hecho, pero este no era el plan para esta noche.

Mordí el pezón que tenía en la boca, no lo suficiente para lastimar, pero si para que Marinette me dejará separar y seguir hasta mi meta.

-Levántate- no era una petición, sonó más como una orden, ella enarcó una ceja curiosa, pero no apeló. Se levantó encima del sillón enfrente mío, por lo que ahora su cadera quedaba a la altura de mi rostro, lleve las manos al botón de su cinturón y lo bote sin problemas, sentí su mirar seguir cada una de mis acciones, pero no quise alzar la vista y tener un duelo de miradas, pues sabía de antemano que la imagen que me encontrará haría que cediera el poco control que tenía ahora.

Baje la bragueta, y moví un poco para revelar el inicio de la ropa interior, unas bragas a juego con el sujetador. Recordé una frase que vi una vez. "Si la mujer combina su ropa interior, temo decirte que no fuiste tú quien los llevo a la cama". Otra frase que me dio que pensar. Este ser hermoso y era letal en muchos sentidos, más lista, más astuta y por supuesto, mucho mejor jugadora, en cualquier tipo de juego. Incluso en el que nos había metido en ese momento.

Baje pantalones y le pedí que levantará las piernas para poder sacarlos del camino, dejarla solo en pantaletas me hizo sentir el ser más pervertido de la habitación en ese momento, no era que no quisiera conocer su cuerpo desnudo, era más como tener un seguro para no perder el control y avergonzarme demasiado rápido delante de ella. estire su mano, la jale hacia mi nuevamente, para que tomará su posición a horcadas mía y que el calor de nuestros cuerpo se fundiera, para no saber en dónde comenzaba el suyo y terminaba el mío.

Sus caderas se restregaron con las mías, mi polla semi erecta no tardó en volver a la vida con aquella estimulación, la tela de sus bragas se sentía húmeda, me pregunte si era crema liquida y dulce dentro de esa estrecha y calidad cavidad en donde quería enterrarme. Nuestros besos no fueron inocentes, nuestras caricias tampoco, buscaban devorar y saciar, crear una tatuaje a fuego que aunque fuera invisible, dejaría en claro a quien pertenecía el otro. No cedimos, no retrocedimos, éramos voraces, robando el control del otro cuando las barreras estaban abajo.

Respondí a su fricción con un movimiento constante de mi cadera, como si la penetración en realidad se estuviera llevando a cabo sin esa tela entre nosotros. Sentí el calor de su parte más íntima, mi erección creció un poco más cuando más humedad llegó a su encuentro. Estaba más que lista para mí, y yo estaba más que preparado para darle todo aquello que me pidiera: placer, dicha, amor, mi vida entera.

-¡ADRIEN!- su grito fue de sorpresa cuando sintió mis dedos colarse entre sus bragas y dar consuelo a esa parte que tanto necesitaba atención, el pulgar jugó contra el clítoris mientras los otros buscaban esa cavidad tan húmeda que pedía por un consuelo. No tarde en insertar un dedo en su interior, ella jadeaba audiblemente, recargando su cabeza contra mi hombro y moviéndose ante el toque de mis dedos, buscando su propio placer.

Era estrecha, demasiado estrecha y por primera vez me pregunte si al momento de mi invasión ella sufriría un poco, comencé a dudar, a pensar, dejar que mi mente en blanco comenzaba a trabajar en cuestiones como aquella, pero lo ignoré en cuanto Marinette fue a atacar a mi oreja. La mordisqueo mientras yo inserte un segundo dedo.

-Adrien, juega más tarde- uso las mismas palabras usadas en su contra hace unos momentos, ella no quería más de mis dedos, sino de mi polla, lo dejó claro cuando coló una de sus manos entre nosotros y tocó sin ningún problema todo el largo de mi longitud de manera muy lenta.

-Es hora de poner en acción a esto- apretó la punta de donde salía líquido pre seminal. No peleé con esa declaración. Ella hizo las bragas a un lado, lo suficiente para ver su entrada y la humedad que emanaba de su interior. Tome mi punta roma para que estuviera erguida y lista para la invasión. Marinette controló la penetración, poco a poco descendió hacia ella, haciéndome sufrir y gozar al mismo tiempo. Lo primero por buscar un punto que me hiciera no venirme demasiado rápido como el adolescente normal que era. Lo segundo se daba por la sensación llena de calidez que me estaba cobijando poco a poco.

Su interior apretaba y me envolvía de una forma única, me abrazaba como si no me quisiera dejarme ir después de ello. Yo con gusto sería quien pusiera mis grilletes para quedar a su lado por siempre. Soltamos un largo suspiro cuando al fin su cuerpo y el mío estuvieron completamente unidos, mi polla no se veía, su vagina estaba abierta y lista para más.

-ahora, por favor muevete ahora- ella comenzó a moverse, cabalgándome como una autentica amazonas. Yo respondí al movimiento con embistes, mis manos en sus caderas para llevar el ritmo y la fuerza. Se apoyaba con mis hombros, pero seguía, rápida y constantemente. Sus jadeos y mis gruñidos se mezclaron, la fuerza del siguiente orgasmo prometía ser mejor que el primero. Estaba preparado para ello, ella también, entonces…

Entonces desperté de uno de los sueños más maravillosos que yo había tenido. Estaba incompleto, me sentí confuso al darme cuenta de lo que había sido, porque yo lo quería de verdad.

A pesar del todo lo que había pasado aquel día, apenas si pude dormir un par de horas, me desperté en la madrugada, la luz del amanecer ni siquiera pintaba el horizonte de París, pero mi mente se encontraba demasiado activa, procesando todo lo que había pasado en tan poco tiempo. Plagg descansaba en su almohada, completamente estirado en ella como todo un gato, roncando, indicándome que estaba en esa fase del sueño donde nada le perturbaría.

Yo por otra parte, estuve dando vueltas en mi cama, sin nada más que hacer que pensar una y otra vez todo lo que hace unas horas hice y dije, del sueño no tenía mucho sentido tratar de romperme la cabeza tratando con él . De una cita no oficial había pasado a hacer una visita a hurtadillas, casi cometía una locura que pudo haber traído enormes consecuencias y encima de todo me había aprovechado de la inocencia de la chica que me gustaba para satisfacer mi parte egoísta. Me reprochaba todo lo que hice mal, una y otra vez haciendo una lista mental de las cosas que no debí haber hecho.

Vamos hombre, que no te debes de presionar, eres solo un ser humano, y todos cometemos errores, no hay porque vivir con las cosas del pasado, al final todo resultó mejor de lo que se hubiera esperado.

Esa estúpida voz interior me hacía sentir mucho más enojado, se supone que esa voz te ayudaba a alejarte de estupideces como la que estuve a punto de cometer, pero en vez de eso, en vez de advertirme, se limitó a quedarse callado y observar hasta donde llegaba.

Hey, yo no tengo la culpa, soy parte de ti, ¿lo recuerdas?

Claro que lo recordaba, eso era lo peor de todo, porque me decía claramente que era lo que yo quería, mi yo primitivo actuando sin pensar en nada más, ni en la otra persona, ni en las consecuencias de mis actos.

No quise seguir martirizándome en mi propia cama, así que me levante y camine por toda mi habitación, buscando cualquier cosa que pudiera distraerme lo suficiente. Subí a la parte donde mis libros y comics estaban, pero al final nada de eso pudo ayudarme lo suficiente. Decidí que a lo mejor un poco de videojuegos era la receta perfecta para esta catástrofe mental, pero ni de cerca.

Al final, no supe como exactamente, termine sentado enfrente de mi escritorio, con aquel loco diario de fantasías y mi pluma, escribiendo cada una de las fantasías que habían surgido con el paso de los días pero que no me había dado el tiempo suficiente para plasmarlas en papel. Fui meticuloso y detallé cada cosa que había pasado por mi cabeza, incluso en algunos párrafos tuve la decencia de tener un gran tono rojizo, a causa de las cosas tan poco "dulces" que quería hacer con Marinette.

Termine con al menos más de un cuarto del cuaderno llenó de historias, de cosas que probablemente nunca podría hacer realidad con la mujer de mi sueños sí seguía convirtiéndome en un idiota cada vez que estaba a su lado o pensaba sobre ella.

Es que ella causa ese efecto en nosotros

Definitivamente lo hacía, pero no era el mejor camino para llegar a su vida e instalarme ahí permanentemente. Cerré los ojos por un minuto, pensando en ella, tanto en su forma civil como en su forma de heroína y solo se me venía a la cabeza una frase: perfecta.

Ella era el ser más increíble del mundo, y no estaba seguro que debía de hacer para merecer tan precioso obsequio, pero tenía algo claro: si la vida solo quería alardear enfrente de mí y no estaba dispuesta a dejarla en mi destino, me convertía en un ladrón y la atraparía solamente para mí.

Esa es la mentalidad que necesitamos para todo esto, recuerda la frase de un sabio y viejo hombre: el fin justifica los medios, o en este caso: en la guerra y en el amor, todo se vale para el gato negro.

No estaba de humor para seguir teniendo una charla interna, así que simplemente ignore todo lo que no saliera de la boca física de algún cuerpo y me recosté en el respaldo de mi asiento, soñando, recordando, simplemente dejándome llevar por mi imaginación. Estaba pensando en ella, la vitalidad de su sonrisa y el optimismo en su mirar.

Marinette era una buena chica, linda, entregada a su trabajo, a su familia y a sus amigos. Era del tipo de persona que pensaba antes en los demás que en su bienestar y eso era algo muy loable en estos tiempos. Seguramente por eso había sido elegida como portadora del kwami de la creación.

Gire mi silla y me enderecé para contemplar a Plagg dormido. Siempre me pregunte porque yo había sido seleccionado como portador de un miraculous. Era difícil decir con exactitud que requisitos debía de tener para ser merecedor de uno. Ciertamente no era ni de cerca parecido a mi contraparte.

Esas preguntas no tienen mucha importancia si con ello tuvimos la oportunidad de conocer a Marinette.

No contestaría a ninguna cosa que mi yo interior tuviera que decir el día de hoy. Acabe de rellenar mi diario y lo volví a colocar en mi cajón, escondido de ojos curiosos que pudieran observar. Sabía que no volvería a dormirme así que decidí que debería hacer productivo mi tiempo.

Mientras tomaba mi ducha, pensé en mi promesa de Marinette de visitarla todas las noches. Y por otro lado, también pensé en lo que Tikki dijo sobre ir aquella noche. No podía correr el riesgo de volver a aquella habitación y no poder controlar mis impulsos naturales, hoy apenas si pude detenerme, ¿Qué pasaría si volvía a ocurrir?

Así que tome una sabia decisión: esta noche y la siguiente no iría a buscarla, y las siguientes a estas, por más ganas que tuviera. En vez de eso me enfocaría para crear una estrategia y trazaría un plan para poder pasar más tiempo con ella en la escuela, y si pudiera, también fuera de ella.

Apuesto que no aguantas más que una noche sin ir tras ella.

Bufé ante ese tonto comentario, tenía más control que eso, estaba casi seguro de ello. Y mi primer paso para una sana relación debía de ser concentrar mi mente en otras cosas, cualquiera que estas fueran. Como por ejemplo, escuchar toda la historia detrás de mi kwami y su compañera, ahora que había vislumbrado un poco de aquello, quería saber todo de ello.

También tenía mi trabajo, mis deberes y algunas otras cosas. Así que podría pasar este fin de semana ocupado y si no había ningún akumas, no sería mayor problema pasar dos días.

Eso lo veremos

Deje de preocuparme por lo que mi mente dijera y me concentré en lo productivo que podría ser mi día. Quizás podría preparar yo mismo mi desayuno y sorprender en la casa ¿Por qué no?

Salí de la ducha y me cambie por algo sencillo, unos pantalones tipo deportivos y una sudadera negra de forro verde por dentro, por supuesto de las ultimas prendas que papá había diseñado para su línea juvenil. Seque mi cabello y miré otra vez para ver si Plagg seguía dormido y por supuesto, el muy bribón roncaba fuerte y sonoramente.

Tomé mis llaves y mi cartera y salí de mi habitación sin hacer ruido, baje y salí de mi casa mientras el suave amanecer parisino me daba la bienvenida. Si por la noche París tenía un encanto seductor, una mañana en la ciudad del amor era como el suave beso de un amante para despertar. El cielo estaba llenó de nubes y los rayos del sol dotaban a estas de diferentes tonalidades amarillas, lavanda, rosado y anaranjado.

Una imagen memorable, probablemente sería hermoso verlo desde los tejados, pero sin mis habilidades, aquella idea sería imposible de llevar a cabo. A pesar de que era poca la gente que estaba caminando y comenzando sus actividades, las cafeterías, las panaderías y muchos otros comercios se encontraban listos para atender a sus visitantes.

Fui a una pequeña tienda que estaba a algunas cuadras de mi casa. Compré fruta fresca, pague a la dependienta y tome mis compras para regresar a casa. Pensé que quería seguir disfrutando mi paseo matutino y decidí que no volvería sobre mis pasos hacía mi casa, sino que iría por otro camino.

Me centré en disfrutar la vista, las personas sonrientes paseando a sus mascotas, los deportistas que corrían perdidos en sus audífonos y se olvidaban por un momento de sus problemas. Disfrute cada olor, cada imagen, la absorbí y deje que me dejaran pensar por un momento que esta era mi rutina, un simple paseo como cualquier otra persona, no era un modelo, no era un Agreste, solo un chico haciendo lo que un chico podía hacer.

No estuve seguro en que momento atravesé el parque, ni cuando pase por enfrente de mi escuela, todo lo que supe es que el dulce olor de pan me envolvió cuando una pareja salía de la panadería Dupain con una bolsa de baguettes entre las manos.

¿Ves? Ni siquiera pudiste mantenerte alejado de ella por más de un par de horas

Por supuesto que podía alejarme, además no es como que ella estuviera con sus padres a esta hora, era sábado, por el amor dios, solo un loco adolescente como yo andaba despierto tan temprano en un día de descanso.

Sigue dándote escusas bobas.

No, no la iba a escuchar bajo ningún concepto, por mi esa voz entrometida podía irse al infierno ahora mismo. No tenía nada de malo entrar, así que tome la perilla de la puerta y la abrí. El calor de la tienda me abrazó de inmediato, los dulces olores de canela, chocolate, vainilla y otros tantos fue un impacto directo a mi olfato, creando una reacción natural de hambre.

Sin duda la panadería de los padres de Marinette tenía fama de ser una de las mejores de la ciudad, y ahora sabía porque. Este lugar tenía un encanto especial, y no solo por las delicias que se mostraban a los aparadores y los muebles de madera oscura, también por la atención y la familiaridad del ambiente. Podrías ser un turista de paso o un cliente frecuente y siempre, serias atendido con una calidad y amabilidad únicas.

La mujer detrás de la caja estaba entregando el cambio de su último cliente cuando miró en mi dirección, de inmediato me sonrió, y creí ver en sus ojos una chispa de reconocimiento. No le di mucha importancia, solo entre para comprar unos croissants para agregarlos a mi desayuno de hoy, solo por eso.

Tome una bandeja y unas pinzas y fui de estante en estante escogiendo las piezas que serían adecuadas, quizás también tome varios pastelillos de fresa, pero no podían culparme si quería comer algo dulce. Sentí que la mirada de la mujer me siguió durante toda la tienda, y no supe exactamente como debía de sentirme.

Bueno, podrías sentirte descubierto si ella supiera que menos de unas cuantas horas estuviste en la habitación de su hija, solos y con intenciones de tener una gran charla cuerpo a cuerpo con ella.

Ahora la idea se había hecho espacio en mi cabeza y no me dejaba pensar en nada más, un poco de vergüenza subiendo y dejando un color rojizo en mis mejillas. Trate de seguir natural mientras caminaba hacia ella para acabar mi compra y salir corriendo si era necesario.

-hola, señora Dupain- trate de sonar casual, aunque ya había conocido a los padres de Marinette antes, esta era la primera vez que los veía sin su hija como un intermedio.

-Hola Adrien- me sorprendió un poco que se acordará de mi nombre, pero ella simplemente me dio una sonrisa hermosa que hizo que sus ojos se hicieran aún más pequeños- es bueno verte tan bien a esta hora de la mañana.- tomó la bandeja de mis manos y la acomodó sobre el mostrador, luego se inclinó para alcanzar una caja cuando dijo- Nos has venido a visitarnos en un buen tiempo así que ¿Cómo están las cosa?

Enserio, pues no me lo va a creer, pero de hecho vine a visitarlos ayer por la noche, claro que si usted y su marido se hubiera enterado, probablemente ahora mi piel de gato adornaría su sala y harían una receta especial para desaparecer el resto de mí.

-pues… la verdad…- me rasqué un poco la cabeza, completamente nervioso y sin saber que decir ante esta mujer. Ella me miraba de manera impasible mientras acomodaba toda mi compra en elegantes cajas que, por supuesto, su hija había diseñado para el lugar.

No tuve que molestarme en dar una buena excusa, porque en ese preciso momento, salió de detrás de la tienda el señor Dupain, con dos charolas una llena de apetecibles panecillos recién horneados y la otra con una variedad considerable de galletas, entre ellas mis favoritas. A pesar de su imponente tamaño y su robusto bigote, el hombre despertaba en mi cierta ternura, como si fuera una gigantesca galleta de jengibre. A su lado, su esposa y yo parecíamos demasiado pequeños.

Este hombre parece ser demasiado dulce, pero si supiera lo que quieres hacer con su hija, seguramente estarías hecho papilla.

-Cariño tenemos visitas- dijo su mujer mientras le ayudaba a llevar las charolas a los estantes vacíos y acomodaba todo en su sitio- recuerdas a Adrien ¿cierto? Le decía que hace mucho que no ha venido a visitarnos.- yo seguía teniendo mi miraba clavada en el hombre enfrente mío mientras este me la devolvía, aunque no estaba seguro que significaba exactamente.

-claro que lo recuerdo- dijo finalmente, con una sonrisa escondida debajo del bigote- Marinette mencionó que era un buen jugador, aunque yo aún no compruebo esas habilidades- alzó una ceja mirándome algo divertido. Esto era entre una broma y un reto, aunque no supe distinguir por cual se inclinaba más el comentario.

- tal vez deberías venir otro día a casa para que le demuestres a Tom lo bueno que eres en la consola- la señora Dupain camino con la bandeja vacía y se puso detrás de la registradora para cobrar mi compra. Me dijo el monto total y yo enseguida saque el dinero, ella continuó su idea como si no hubiera hecho pausa- estoy segura que a Marinette y a mi esposo les encantaría tenerte una tarde para jugar en la consola, e incluso podrías quedarte a cenar si a tu padre no le importa- me tendió el cambio y lo acepte sin saber que decir.

O señora, usted será la mejor suegra que un chico pueda tener.

-yo, no sé si Marinette…- ni siquiera me dejaron acabar con la frase.

-Marinette estaría encanta de tenerte de invitado- dijo su padre, tomando otra caja del mostrador y acomodando un par de galletas de chispas de chocolate de la charola que aún tenía en la mano- mi hija nos habla mucho de ti.

¿En serio? Y ¿qué dirá exactamente de nosotros?

Su esposa le dio un codazo juguetón, luego tomó mis cajas y me las dio, le agradecí mucho y antes de irme, su padre puso la caja de galletas hasta arriba.

-Algo dulce para comenzar un buen día- trate de pagar por ellas, pero lo rechazaron diciendo que era una cortesía de la casa y que esperaban que la próxima vez que las probara fuera cuando los visitara para aquella partida pendiente. Salí con un fuerte sonrojo y una despedida demasiado efusiva de parte de los Dupain.

Una hermosa pareja sin duda, y con mucho interés porque pases tiempo con ellos, serán una esplendidos suegros en su momento.

Esa visita no había salido como quería, pero de alguna manera me sentía bien, los padres de Mari eran unas maravillosas personas y su hija era una muestra clara de lo que pasaba cuando una familia te apoyaba y te amaba. Ese pensamiento me hizo un poco feliz, pero después me recordó mi propia familia, como habíamos sido antes y como éramos ahora. Papá ciertamente nunca había sido tan centrado en su trabajo, su tiempo estaba bien repartido entre sus ocupaciones y mi mamá y yo, pero desde que ella se había ido, sus prioridades habían cambiado, yo me había vuelto algo de extremada delicadeza y su trabajo se había convertido en algún tipo de escape.

Oh vamos hombre, salimos para tener una buena mañana y pensar en cosas positivas, no para regresar el doble de deprimido a casa.

En esta ocasión esa voz tenía razón, había salido para despejar la mente y mantenerme ocupado en otras cosas.

Me apresuré en casa, pensando en que probablemente este día podría tener un desayuno diferente para variar mi monótona y aburrida rutina. La casa seguía tal y como la había dejado, todavía a sin actividad de ninguno de sus inquilinos. Entre sin hacer ruido alguna y fui directo a la cocina. Este lugar lucía impecable con sus acabados en blanco marfil y sus utensilios de cromados. El lugar parecía más una cocina de restaurante que una cocina de una casa.

Rara vez me dejaban entrar a la cocina, y pensé que hoy no sería la excepción, pero me alegró verla desértica. Me acomodé en un rincón, dejando las cajas de pan perfectamente alineadas. Destape la que llevaba las galletas y me lleve una a la boca mientras buscaba entre los cajones los trastos que iba a utilizar.

Puse la cafetera mientras corte la fruta que había comprado para hacer un coctel. Tomé jugo de naranja del refrigerador y serví en un vaso. Estaba casí acabando de acomodar toda una bandeja de comida para llevar hasta el comedor cuando unos pasos a la distancia me avisaron de que ya no estaba sólo.

Pensé que sería algunas de mujer que se encargaba de la cocina, quizás el chofer o incluso sería Natalie que venía a checar si todo estaba en orden, pero lo que no me esperaba era ver a mi padre en la cornisa de la puerta, su rostro mostró por unas cuantas fracciones de segundo su sorpresa de verme ahí, pero de inmediato fue sustituido por su rostro rudo y sin emociones.

No traía su saco blanco, solo camisa y chaleco, ambos flojos y el segundo desabotonado. Las mangas de su camisa blanca estaban arremangadas hasta los codos y su cuello tenía desabotonado los dos primeros botones. El cabello rubio dorado se veía algo alborotado y el rostro tenia claros signos de una noche productiva y sin descanso. No dijo nada, pero su ceño fruncido me dejo claro que no era de su agradó lo que veía.

-si tenías hambre pudiste haber solicitado el servicio- dijo sin quitar sus ojos de mí. Acomodé lo que me faltaba de la bandeja y la tome con ambas manos, con cuidado de no derramar nada.

- tenía ganas de hacerlo yo para variar- las conversaciones de con mi padre ahora eran demasiado cortas, apenas si intercambiábamos más de mil palabras en un día, él se encerraba en su trabajo, y me alejaba cada tanto. Por más que intentaba de acercarme, había momentos donde mejor retrocedía, dejando caer la toalla. Sin embargo podía ser un poco más flexible en día de hoy- ¿Quieres desayunar conmigo?

Una parte mí deseaba que me dijera que sí, que me permitiera un poco de su valioso tiempo, esa parte de mí que aún anhelaba la presencia de mi padre, que se interesara por mis cosas. El consultó su reloj mientras caminaba rápidamente hacia la alacena y bajaba dos tazas de café.

-solo tomaré un café, necesito regresar a terminar los proyectos- ni siquiera me miró mientras sirvió las tazas. No quise tener esperanzas de que desayunaríamos juntos, simplemente estaba siendo cortés con el hijo que todavía vivía en su casa. Me acomode en un taburete de la isla que se encontraba en el medio de la cocina, la espalda de mi padre enfrente de mi campo de visión.

Iba a comenzar a desayunar sin molestarme en decir nada más cuando él se volteó y miro las cajas con los panecillos que yo había comprado.

-¿Quién los trajo?- su fría y plana voz era algo que ya estaba acostumbrado a escuchar, una voz que no expresaba emoción alguna. No valía de nada mentirle o plantear alguna excusa tonta, él simplemente no entendía.

- fui yo, salí esta mañana a dar una vuelta y pase por la panadería- tomé un bocado de mi desayuno y mastique tan lento como me fue posible. Esperaba cualquier cosa, sermones acerca de mi seguridad, del porque no debía salir sin avisar, de mi responsabilidad como un Agreste, y tantas más cosas que en algún momento me había dicho. Sin embargo, me sorprendió al acercarse a las cajas de color rosa, tomar una y depositarla frente a mí, casi me atraganto con lo que estaba masticando cuando se volvió, tomó las dos tazas, me tendió una, abrió la caja, tomó una pieza y volvió a su lugar, cerca de la cafetera, lejos de mí.

El silencio parecía la mejor manera de pasar el tiempo, comimos sin decir palabra alguna, papá tomó otro panecillo cuando el primero se terminó. Quise comer lo más rápido posible para poder salir corriendo, pero no pude.

-esa caja, ¿conoces quien la hizo?- levante la vista para de que estaba hablando mi padre, señalando con la taza la caja de la panadería.

-sí, fue la misma chica que ganó el concurso del bombín- Nino me había dicho una vez que Marinette había rediseñado toda la panadería, incluso las letras y el logotipo, con una T y una juntas que eran las Iniciales de los nombre de sus padres.

-la señorita Dupain- le dio un largo sorbo a su taza.

Vaya, papá recuerda su apellido, ¿eso no es raro? Quizás a él también le cae bien.

Asentí en confirmación. Papá era bueno para ver el estilo de cada diseñador, sin embargo yo pensaba que con alguien tan joven como Marinette sería algo más difícil por ser muy joven.

-impresionante trabajo, según recuerdo, los detalles para evitar el plagió me parecieron elegantes y discretos- ¿eso era un cumplido?- las fotografías en las que tendrás que ocupar el bombín serán hoy , sería interesante ver a la señorita Dupain en la sesión.

Ok, ¿En qué dimensión acabamos de entrar y a donde fue el hombre indiferente y rey del hielo que se supone tenemos como padre?

Me quede completamente anonadado, este era el gran diseñador Gabriel Agreste, permitiendo que una chica de mi colegio entre en una sesión fotográfica a la que difícilmente cualquiera entraría. No sabía si eran buenas noticias o malas noticias.

Buenas porque puede ser una perfecta oportunidad para pasarla con ella. Mala idea porque no creo que tuvieras contemplado esta situación, si queremos mantener la cabeza centrada y lejos de pensamientos que derivan en decisiones incorrectas, quizás esta no es la situación más favorable.

-no sé si Marinette este desocupada, debería de preguntarle- una excusa patética ya que pensando que Marinette era gran seguidora del trabajo de mi papá ¿acaso tendría la osadía de decir que no?

-Tienes razón- rellenó su taza de café, tomó otro panecillo y caminó hacia la puerta la cocina, por un momento pensé que se había rendido con esa idea, pero entonces dijo- le diré a Natalie que se contacte con ella, no creo que haya inconveniente si hago la invitación de manera más formal.

Ni siquiera me dio tiempo de replicar. Se fue sin decir palabra alguna.

Bien, al menos podemos prepararnos para lo que sigue, hacer un plan de contingencia en caso de que nos volvamos locos por las hormonas.

Termine con mi desayuno, tome algo de queso camembert y subí corriendo las escaleras, tenía que decirle a Plagg que ocurriría dentro de unas horas.

NOTA DE LA AUTORA:

UNA DISCULPA PARA AQUELLOS QUE TUVIERON PROBLEMAS PARA LEER LA PRIMERA VERSIÓN DE ESTE CAPITULO, CUANDO LO SUBÍ NO ME APARECÍA EL PROBLEMA SINO HASTA DESPUÉS