Capítulo xv

Más que el regreso de Terrence Graham al teatro, lo más atrajo la atención de los fotógrafos fue la misteriosa mujer que acompañaba siempre al famoso actor de teatro.

Nadie sabía quién era, porque ninguno de los miembros de la compañía la conocían. Solo podían decir que venía de Lakewood al igual que él.

El actor se había pasado una temporada sin entrar en contacto con nadie, ni de América, ni de Inglaterra, y hasta hacía poco no se sabía dónde estuvo metido ni de dónde venía. Y por más que intentaran sacarle alguna información, no había forma alguna de acercarse.

Terry Graham era terriblemente celoso con su vida privada.

Las fotografías empezaron a salir en el periódico como la noticia social del día, y así fue como llegó a las mismísimas manos de todos los amigos y pobladores de Lakewood.

Obviamente que los únicos que no se imaginaban nada eran los Leagan, quienes se leían aquello e imaginaban a cualquier mujer que se les pasara por la mente para emparejar a Terry y enredarlo en algún chisme inventado por ellos. Pero en realidad nada les salía.

Terry se encontraba en Chicago ensayando para su nueva obra, para la temporada que lo mantendría lejos por un mes, así que ahora menos que nunca a Neil le interesaba saber nada de él. Después del encontronazo en el bar, y de que Candy fuera atacada por un desconocido, se había acobardado mucho y se negaba a seguirse metiendo en esos asuntos. Eliza no se quedaba tranquila, le reprochaba aquello y le insistía en que continuara con el cortejo.

Pero Neil definitivamente había desistido.


Quien estaba muy contento con las noticias de los periódicos era Albert Andrew, y de hecho recortaba las fotografías de Candy y Terry para guardarlas: ella llevaba vestidos muy bonitos, que seguramente eran nuevos, y él parecía regresar con toda su gloria al mundo del estrellato.

Pero en realidad podía ver que su Candy no era fácil de reconocer en aquellas fotos, especialmente si no sabían que ella había viajado a Chicago con Terry. Se veía muy diferente, observaba con detalle, pero por encima de la ropa denotaba un aura de intangible felicidad.

Le esperarían muchas cosas a su Candy, pensaba Alert, pero confiaba en que ella sabría muy bien adaptarse a esa nueva vida.

Dejando de lado los recortes de la página social, Albert volvió su atención hacia otra cosa: se encontraba en la oficina de su abogado, el abogado de los Andrew, el señor Meyers.

Había terminado su taza de té con una mirada aguda y pensativa, y estaba allí finalmente en los asuntos de la familia Andrew, pero lo que realmente lo había llevado a eso era lo de solucionar el problema de Butch Jackson antes de que Candy regresara a Lakewood.

Albert había solicitado al señor Meyers que le hiciera una investigación a la familia de Butch Jackson, que contactara con algún detective, y ésa había sido la verdadera razón que lo había llevado a su oficina esa mañana.

Así que, una vez concluido con eso, Arbert le da la espalda a todos los asuntos de la familia Andrew otra vez, y se marcha hacia su automóvil que lo llevaría de regreso a su casa del bosque.


La habitación del hotel era amplia y despejada a pesar de todo. La pareja había llegado de su salida matinal no hacía mucho rato, y ahora ella se encontraba sola mirándose frente al espejo que adornaba la pequeña estancia: un enorme sombrero de ala le tapaba la cara, y como si no fuera poco, también unos oscuros lentes para el sol cubrían la mitad de su rostro.

Candy tampoco se reconocía.

Después de quitarse todo eso de encima se echa a reír, y no sabía por qué, tal vez se reía de los fotógrafos que los habían perseguido por toda la plaza.

Todo el mundo creía que eran pareja, pero lo que nadie sabía era que una vez que dejaban a toda la gente detrás del portón del hotel, Terry y ella se dirigían hacia dos habitaciones totalmente separadas.

Los días pasaban demasiado rápido y ella en realidad no se daba cuenta de lo que todos hablaban. Sin embargo, eso no duraría mucho, pues esa misma noche debería enfrentar su primera reunión social.

Candy volvió a colocarse el estúpido sombrero y practicó sus maneras, así como lo había estado haciendo desde que llegó.

Se sentí igual de actriz que Terry, si lo pensaba bien.

Estaba muy nerviosa aunque Terry le repetía todo el tiempo que no se preocupara, que fuera ella misma. Candy creía que eso sería fácil, pero ahora se daba cuenta de que no lo era.

Entonces, alguien toca su puerta y ella da un respingo.

Habían comprado esa mañana el vestido que usaría en la reunión, y era realmente hermoso, pero no del estilo de Candy, desgraciadamente no.

-Señorita White- el elegante botones venía a su habitación a traerle una caja envuelta en delicado papel dorado. Ella da las gracias y el muchacho se marcha. Cierra la puerta.

En la habitación a media luz, olorosa a rosas y a telas nuevas, Candy se sienta en el sofá admirando aquel detalle que supo enseguida era de Terry.

Tenían una tarjeta pequeña con su nombre, Candice White.

Nerviosa, Candy se tomaba su tiempo para abrirla. Se sentía en otra realidad, todos los días habían actividades, ensayos sin descanso, y siempre la prensa allí metida. Nunca había la oportunidad siquiera de conocer a los compañeros de Terry.

Lo haría esa noche, precisamente. La misteriosa mujer sería oficialmente conocida por todos.

"Candy, quiero que uses esto esta noche" leyó en una nota que venía dentro de la cajita. Y cuando Candy saca el objeto que venía envuelto adentro, vio que era un bellísimo anillo de compromiso.