El coche se detuvo en una intersección, como en otras ocasiones, solo estábamos mi chófer y yo, bueno, sin contar a Plagg y a la voz de mi cabeza. Íbamos rumbo a un potencial catástrofe pues el plan que se me ocurrió en mi poco tiempo había fracaso completamente.
Ni siquiera tuve la consideración de explicar completamente el plan a mi kwami, sino que apenas entre a la habitación, cerré la puerta con llave y me transforme en Chat Noir. Mi voz interna, por supuesto tuvo que intervenir.
¿Acaso crees lograr algo con eso? Tu padre quiere a la chica en la sesión, y todo lo que el quiere lo consigue no importa qué.
Sabía eso de antemano, pero podía pensar en otra forma para retrasar aquel encuentro. Como siempre la voz en mi cabeza había tenido razón. A pesar de que sabotee la red eléctrica de mi casa con mi Cataclismo y pude robar y esconder con éxito el celular de mi padre y de Natalie, eso no fue impedimento alguno para que está última se contactará directamente con Marinette y le hiciera la invitación, asegurándose que entendiera lo importante que podía ser esta oportunidad para ella.
Mi segundo plan, todavía peor que el primero, había sido fingir intoxicación por comer algo en mal estado, por supuesto,no tuve siquiera la oportunidad de que esta idea fuera creíble para la asistente de mi padre, que de inmediato llamó al doctor privado para hacer una consulta de emergencia.
Obviamente nada de lo que dije o hice me salvo de mi inminente destino, y ahora me encontraba rumbo al estudio pensando en como tenía que comportarme y reaccionar con ella. El semáforo cambio de color y el automóvil siguió su trayecto. Deje que mi vista se perdiera entre las casas que pasábamos de largo mientras pensaba.
Aunque una parte de mi en realidad deseaba pasar todo el día con ella, la otra me decía que hoy resultaba ser el día menos indicado para ello. Mi cabeza era una serie de contradicciones, pensamientos buenos y malos se arremolinaban y me hacían querer cosas completamente opuestas. Pensar en estar lejos de ellas cuando hacía apenas unas horas había invadido completamente su privacidad, ocupando su aturdimiento por causa del sueño para colarme en su mente, saber que pensaba de mí. Era de lo peor. No sabía como debía comportarme sin parecer sospechoso.
Sabes bien que debemos hacer: actuar natural. Quizás una charla casual de la salida de ayer, una o dos preguntas sobre que le pareció la película, pero nada sobre la noche, sobre el sueño, porque a lo que nosotros concierne, no sabemos que ella sueña a menudo con nosotros, ni tampoco que fuimos nosotros los que le prometimos ir cada vez que quisiera, aunque técnicamente será cuando nosotros queramos.
Bufé fuertemente, fastidiado con mis conflictos internos y aunque el chófer miró por el retrovisor al no entender el porque de mi estado de animo decidió ignorar el sonido y seguir el trayecto. Sabía mejor que nadie que no podía hablar, mencionar o siquiera sugerir algo de lo que paso en la noche. No si quería tener una oportunidad con ella y no ir directo a una institución mental junto con una orden de restricción.
Y sigues con tu dramatismo, no eres el único que comete locuras por amor, y si crees que eso fue algo drástico, solo piensa lo que le paso a Romeo o como se inició la guerra de Troya, ahora deja de sentirte especial y culpable por ello. Gracias a una suerte del destino tienes poderes que te permiten romper más las reglas que el chico promedio, pero eso lo haría cualquier adolescente enamorado, como poco sentido común y demasiadas hormonas en el sistema.
Aunque no creía que fuera posible, en este momento tenía ganas de golpearme a mi mismo por pensar idioteces tan grandes con tan poco esfuerzo y tener la capaz de darle sentido.
¡Hey! solo recuerda que yo soy parte de ti. Así que no puedes hacer nada en tu contra.
Claro que podía, ignorando completamente las ideas y todo lo que esa loca voz me dijera, incluso podía ver la posibilidad de tomar alguna terapia que me ayudará a ignorar e incluso desaparecer esa voz que cada vez resultaba más molesta.
Hazlo, y en el proceso podrías decir todo lo que has pensado sobre una inocente chica que es tu compañera de clases.
Estaba a punto de contestar en voz alta, cuando escuché una tos para nada disimulada de mi chófer. Pensé que se le había atorado algo, así que no presté mucha atención y seguía en mis pensamientos cuando súbitamente la puerta a mi lado se abrió. El rostro de Natalie, normalmente serio me miraba fijamente, su ceja ligeramente alzada.
-Me estaba preguntando porque tardaba tanto en bajar, así que me tomé el atrevimiento de abrir la puerta y corroborar su estado.
Mire por el retrovisor a mi chófer, y solo obtuve un ligero encogimiento de hombros a modo de respuesta, seguramente trato de decirme que habíamos llegado y no le preste la menor atención. No dije nada y me limite a bajarme del coche. Conocía el edificio, de estilo clásico y con buena iluminación natural, entendía porque era uno de los favoritos de mi padre y del fotógrafo para sesiones. Era más que una casa de la ciudad, ya que esta contaba con un jardín personal y no era una casa pequeña, sino que por el contrario estaba era el doble de grande que las casa promedio en París. Su fachada era completamente en color blanco, con altos ventanales y balcones estrechos, donde una persona podía estar bien colocada, o dos, muy, muy juntas.
-El señor Marco ha llegado desde muy temprano y ya a elegido las habitaciones que serán usadas el día de hoy- Natalie caminaba a mi lado, leyendo su agenda sin mirar a ninguna otra parte, a veces me preguntaba como era capaz de hacer eso sin tropezar o golpearse con algo- Tú vestuario esta en su mayoría elegido, la señorita Dupain y tu padre se han tomado su tiempo para discutir cuales son las prendas que mejor combinan con el bombín, y tal parece, todavía faltaba un cambio completo, ellos están en...
Ante su mención, solo me limite a asentir, dejando a mi cuerpo ser guiado ¿Ella ya estaba aquí? ¿Con mi padre? Saberlo solo me causó un nudo en el estómago y un montón de nervios innecesarios. No esperaba verla tan rápido, el solo hecho de pensar que en cualquier momento podía tropezar con ella me hacía querer dar la vuelta y buscar en todas las habitaciones hasta encontrarla, aunque no supiera que hacer una vez estuviera enfrente mío.
-Drien... Adrien- en algún punto, la secretaria de mi padre y yo nos detuvimos, su voz sonaba más fuerte de lo usual y comprendí que era por el hecho de que no había respondido a alguna pregunta que me había realizado.
-¿Eh?-la mire por unos segundos- Perdón Natalie,¿Qué decías?
Ella solo hizo un ligero movimiento de cabeza, pero no dijo nada más, solo tomo el picaporte de la puerta blanca que se encontraba a nuestra mano derecha. Una habitación se acondicionó como vestidor, los muebles tallados de madera oscura habían sido cubiertos por una tela blanca y cambiados de lugar, para dejar espacio suficiente en el centro y colocar el perchero con la ropa junto a un biombo negro con un elegante diseño de pétalos y ramas, además de con un tocador portátil para colocar herramientas y demás utensilios. La maquillista ya estaba lista para nuestra rutina, y yo, esperando ganar algo más de tiempo antes de todo, de inmediato tome asiento.
-Vendré por ti en unos minutos, los atuendos están enumerados en secuencia, Naomi te ayudará con los accesorios, en cuanto al bombín, se encuentra listo y esperando para iniciar la sesión- antes de irse dio especificaciones a la maquillista respecto a como debía de estilizar mi cabello, ella al igual que yo, espero paciente mientras le daban las indicaciones y en cuanto escuchamos la puerta cerrarse, comenzó su labor.
Esta mujer de ojos gris agua y cabello entre el magenta y rosa metálico tenía una vitalidad desbordante. Naomi apenas contaba con 24 años, pero era toda una profesional en el campo de maquillaje y estilismo. Su arreglo era un tanto excéntrico, aunque amaba el toque colorido de su cabello, que encajaba bastante bien con su personalidad. Poseía una sinceridad brutal y consejera impecable, desde que nos conocimos, paso de ser una simple chica para considerarla un especie de consejera.
A pesar de que nos llevábamos bien, el día de hoy no tenía muchas ganas de platicar, así que me limite a cerrar los ojos y dejar que ella trabajará Pero al parecer su idea de trabajo no incluía silencio sagrado.
-¿Por qué será que veo tanta inquietud a tu alrededor?- Naomi, además de ser una excelente profesional, era el tipo de personas que no dejaba pasar nada, tenía una sensibilidad para detectar cambios de humor y aunque yo no le creía mucho, en más de una ocasión me comentó que podía ver las auras de las personas, que era por eso que sabía como se sentían.
-¿De que hablas?- una risa un tanto sospechosa y nerviosa brotó de mí. Esa frase si que no me la esperaba.
-mmmm- solo se quedo meditando, mientras veía sus utensilios y escogía un cepillo y conectaba su secador de cabello- Pues, aunque no lo sepas, tu aura normalmente es azul con dorado, aunque a veces esa rosada, pero hoy- comenzó a moverse, lo percibí sutilmente y supe que se había movido para acomodarse atrás de mi, sus manos comenzaron su magia para darle forma a mi pelo- hoy es completamente lo opuesto a eso.
-¿Opuesto?- no me contuve y abrí los ojos, solo podía verla parcialmente a través del espejo, sus manos moviéndose en una danza ya aprendida por el tiempo, un compás que no se permitía el menor error. Naomi no parecía querer verme, sus ojos centrados en tomar lo necesario de su delantal negro. Pensé que no me había escuchado, pero me demostró lo contrario.
-Tu aura es más gris que un día de tormenta- colocó una pinza para detener parte de mi cabello mientras seguía con lo demás- Sé que es difícil de creerme, pero te digo la verdad. Tu aura es hermosa, siempre brillante y fluyendo, como si tratará de alcanzar las demás auras, pero hoy esta apagada, opaca, centrada solo en tu cuerpo. En mi experiencia se lo que eso quiere decir, algo en tu cabecita no te deja, y tú tampoco lo dejas- Dejó la secadora para tomar el fijador y dar unos cuantos toques al atomizador.
No reconocía el reflejo que me devolvía la mirada, los ojos grandes, la boca en una perfecta "O", estaba impresionado de que todo eso trasmitiera un aura, y sobretodo que en realidad mi maquillista supiera de esas cosas, aunque dado que yo poseía un kwami, considerado un pequeño dios, no debería de ser tan escéptico en algunas cosas. El silencio que le siguió fue expectante, dejando que ella me daba la pauta para seguir, pero no sabía que se supone que debía de hacer ¿Decirle la verdad? No me creía capaz de confesar mis problemas a nadie, mucho menos a esta chica que siempre era buena conmigo y paciente conmigo.
Ella siguió ocupándose de el cabello, como si lo que acabara de decir no hubiera calado hondo en mi pensamiento. terminó de darle la forma que quería y de inmediato dejo el cepillo y la secadora para cambiarlo por brochas para matizar el brillo de mi piel. Tuve que cerrar los ojos para evitar que el polvo cayera en ellos y me los pusiera rojos, así que aproveche la oportunidad para tratar de calmarme y seguir pensando como debía de actuar.
Unos ligeros golpes rompieron el silencio que se había instaurado en la habitación, supuse que la que entraría sería Natalie para llevarme, ni siquiera me moleste en abrir los ojos, pero todo mi cuerpo entró en tensión en cuanto escuche su voz:
-Este... disculpe no quería interrumpir pero me pidieron que trajera esto- abrí los ojos de golpe, para encontrarme con la más bella aparición que jamás pude imaginar. Si Marinette ya era hermosa sin hacer nada, ahora más que nunca parecía un ser celestial, una hermosa ninfa que cautivaba mi cabeza y corazón.
Su ropa habitual había sido dejada a un lado para destellar con un conjunto diferente. Una falda roja de campana y con pretina a la cintura dejaba ver gran parte de sus torneadas piernas, que a su vez estaban envueltas en una medias finas blancas y rematan con unas zapatillas de tacón bajo color negro. Una blusa de tela fina y manga larga acompañaba al conjunto. Con pequeños detalles bordados que comenzaban en el cuello redondo y abarcaban gran parte del pecho. El único accesorio que no quiso cambiar fue su bolsita de color rosa con e bordado de su inicial.
Sin duda ella era más mujer que niña, una representación de belleza, dulzura e inocencia. Y eso hacía acrecentar más mi malestar.
¿Qué se supone que debía decir? Esto era un ataque directo si posibilidad de defensa. Solo pensar en ella me aceleraba el corazón y me dejaba frito el pensamiento. Saberla detrás de mi, con ese ligero rubor que se notaba sutilmente gracias a su blanca piel, solo tenía ganas de levantarme de un salto, envolverla en mis brazos y no dejarla salir jamás de ellos. ¿Por qué estaba aquí?
Trate de conectar con su mirada a través del reflejo del espejo, pero sus hermosos ojos veían hacia otro lado. Sentí una punzada en el pecho ante ello ¿Acaso estaba haciéndolo a propósito? El pensar en esa posibilidad no era algo que me agradará demasiado, sin embargo no tenía nada que decir a mi favor o en mi contra, porque técnicamente no podía saber o asumir nada.
-Gracias, dile que en un momento vamos- Marinette solo asintió con la cabeza y salió sin decirme nada, era obvio que me quede pasmado otra vez, perdido en mis pensamientos, por lo que me perdí toda la conversación que se había dado entre ella y mi maquilista, tan embobado estuve que no me percate a que había venido mi princesa.
-Vamos- Naomi me palmeó el hombro con delgados dedos decorados con uñas negras- Es hora de cambiar esas ropas- en la otra sostenía un conjunto compuesto por una camisa azul claro, unos pantalones color gris Oxford, además del chaleco a juego. Me levante por inercia, acomodándome detrás del biombo para sacarme las ropas y esperando por el primer conjunto.
-Ella es muy agradable- dijo de repente, mientras la camisa se asomaba por una esquina, tendida por sus brazo- ¿Quién es?
-Es... Ella...bueno es una compañera de la escuela- Supuse que era imprudente decir que sería mi futura esposa y madre de mis hijos, o la dueña de mi corazón, si Marinette no estaba informada todavía, ningún otro podía saberlo, aún. Me acomodé la camisa y me descalce los zapatos y calcetines para poder acomodarme le pantalón. El frío del piso hizo que unos cuantos escalofríos me recorrieran el cuerpo.
-¿Sólo una compañera?- El tono picaresco y ensoñador que uso me hizo pensar que tal vez no era mejor contestar a sus siguientes preguntas, aunque de alguna manera, al ser mi Mari el centro de la conversación, me parecía algo indignante no participar activamente en ello. -Mmmmm, es curioso que tu padre lo haya permitido, ya sabes como es él, siempre tan reservado y profesional en su trabajo, no me esperaba que otorgara este tipo de concesiones. Es bueno ver que invita a tus compañeros.
-Ella no esta aquí solo porque sea mi amiga- aunque ya no me estaba gustando del todo decir esa palabra, hice uso de ella para poder defender a mi chica- Ella es una gran diseñadora, aunque aún sea joven, sé que pronto alguien verá sus capacidades y la invitará a trabajar en una casa de moda, por eso mi padre la ha invitado a está sesión. Puede que él ya haya descubierto su potencial y esto sea una prueba.
-¿Enserio? Dime Adrien ¿Qué hizo que impresionó lo suficiente a tu padre como para que la invitará?- Sabía lo que estaba haciendo, diciendo las palabras correctas, con ese tono tan poco común en ella, esto era más que una conversación, se sentía como una provocación pero exactamente ¿Para qué? No estaba seguro, pero de alguna manera me irritaba pensar que no viera lo especial que era mi princesa, más allá de ser la chica que protegía a París de los akumas.
-El bombín que será la principal pieza de esta sesión es de su autoria.- contesté mientras tomaba las calcetas largas que dejó colgadas en lo alto del biombo para ponerlas en mis pobres pies.- Fue el ganador en un concurso que hicieron en mi escuela, donde mi padre fue jurado, pero no fue una competencia común, porque alguien presentó el diseño primero y trato de hacerla parecer una embaucadora. -Hasta la fecha no le perdonaba del todo a Chlóe haber hecho tal bajeza como robar un diseño a otra persona y ahora menos que nunca me apetencia pensar en ello, pues aunque era mi amiga de la infancia, si seguía con su mala actitud, terminaría por dar zancada nuestra amistad.
-¿Y que pasó? Supongo que ella alegó y reclamó haciendo todo un escándalo.
-Nada de eso- contesté mientras estiraba la mano para pedir el chaleco y colocarlo sobre la otra ropa- Marinette defendió su trabajo sin nada de lo que te imaginas. Ella fue impecable para poner en su lugar a la persona que le quiso robar, sin hacer nada más que dejar que la otra persona se expusiera. Un pequeño detalle basto para revelar al verdadero autor y desenmascarar al impostor.
Salí detrás del biombo y encontré el par perfectos de zapatos negros alineados justo enfrente de la silla. Naomi estaba tomando los accesorios que iban acorde con el conjunto: un par de mancuernillas plateadas, una cobarta satinada azul oscura con un bonito patrón de rayas. Se acercó con todo ello mientras acababa de calzarme.
-Vaya, eso si que es una historia, una chica lista y preparada para cualquier cosa- me hizo un guiño mientras tomaba mi mano derecha para acomodar el puño de la camisa y colocar en su lugar la primer mancuernilla- de esas mujeres son de las que más deberías cuidarte Adrien.
Ni siquiera le dí vueltas a lo que dijo, simplemente no dejaría que alguien hablará así de mi ángel.
-Tú no la conoces como yo, Marinette no es así- Naomi alzó una ceja, lo sentía como un reto, pero a su vez, sabía que me estaba ocultando algo más en el fondo- Ella es todo lo que un chico pudiera pedir: Dulce, cariñosa, leal, sincera, no se oculta tras apariencias ni se anda con medias tintas. Sabe lo que quiere, trabaja duro por ello, siempre sé puede contar con ella, es un persona que se entrega con todo y tiene una paciencia son digna de admirar. Quizás a veces no se vea a simple vista, pero ella es una gran tesoro.
Su cantarina risa me desconcertó e hizo que parara con todo lo que salía de mi boca. Me di cuenta de inmediato que todo lo que había dicho parecía más un acto de devoción que una simple descripción y Naomi no era tonta, así que esa risa era por algo. Me le quede mirando, aunque ella me evitó, al menos hasta que terminó con la otra mancuernilla y la corbata. Luego de eso, apoyó sus manos en los reposabrazos de la silla, acorralándome e invadiendo parte de mi espacio personal.
-Así que dime, querido Adrien ¿Cuándo piensas decirle?- Sus cejas se arqueaban de una forma inquisitiva, podía ver en sus ojos grises pequeños puntos de luz, y me hizo pensar que su mirada podría ser capaz de atravesar cualquier cosa, fuera tangible o no.
-¿De que hablas Naomi?- Aunque no quería hacerlo a propósito, mi voz sonó ligeramente nerviosa, por más que deseaba evitar que esa mirada tan intensa me intimidara, era imposible.
-¿Enserio no sabes de que habló?- se retiró levemente, pero no me dejo espacio para salir corriendo y evitar este interrogatorio.-Bueno, déjame ser una guía para ti. Las auras cambian constantemente, aunque siempre existe una constante, según las emociones que estén experimentando sus portadores en ese momento, tienden a ser intensas, suaves, de colores o todo lo contrario. En tu caso, aquello que te estaba carcomiendo la cabeza- señalo con un delgado dedo su sien- hacía que tu aura fuera gris. Pero en cuanto haz escuchado la voz de esa niña ese gris se esfumó y en su lugar quedó una bonita nube rosada y rojiza que solo crecía y crecía mientras estaba aquí y luego cuando hablaste de ella, así que la verdadera pregunta es: ¿Cuando piensas decirle tus sentimientos a esa linda y dulce niña?
Recargó su cuerpo sobre la orilla del tocador y cruzó sus manos por debajo de sus pecho, una pose típica del policía que interroga al culpable del crimen. A mi parecer, ella era quien tenía todas las de ganar ¿Qué se supone que tenía que decir cuando era obvia la verdad y cualquier otra cosa se consideraba mentira?
Opte por se franco, no tenía caso ocultar un secreto que ella de alguna manera descubrió.
-Yo...no se si soy la persona indicada para estar con ella-si iba a cantar como pajarito, mejor sacar parte de mi tormento para aminorar la carga- Marinette es una persona hermosa y, siendo sinceros, no creo ser ni remotamente lo que ella se merece. Porque he sido demasiado ciego como para no ver lo que tenía enfrente mío todo este tiempo.
-¿Harías cualquier cosa por ella?- Su voz no tenía ninguna entonación específica, así que asumí que aquello no era ningún truco.
-Daría todo lo que tengo y todo lo que soy por ella- aquellas palabras salían desde el fondo de mi corazón. En todo ese tiempo mantuve mi vista puesta en el suelo, sabiendo que cada palabra que decía era verdad pura. Marinette se merecía a alguien mejor que yo, una persona con más valores, más control sobre sus ideas instintivas y sus impulsos provocados por el calor del momento. Sentí unos dedos tibios alzar mi barbilla y ese rostro que fue serio, ahora era parte dulzura, parte comprensión.
-No tengas miedo y deja que sea ella quien decida si eres o no digno de su amor- acarició ligeramente mi mejilla, un gestor de consuelo y protección.- Una cosa que he aprendido es que los riesgos a veces nos traen amargas decepciones, pero también nos llenan de gratas y hermosas sorpresas que nos alegran la vida e incluso se vuelven parte de nosotros. Lo que quiero decir es que no dejes pasar mucho tiempo, porque ella puede que esté aquí hoy, pero mañana ¿Quien sabe?
Volvieron a tocar la puerta, ella se alejó de mi para que la escena no se prestara a un malentendido, Natalie asomó ligeramente y llamó a Naomi con un gesto de mano. Me guiño el ojo al pasar por un lado rumbo a la puerta, y aunque quería ir hacia ahí, algo me dijo que no debía. La asistente de mi padre se retiró y Naomi regresó con una sonrisa picara, tomando algunas de sus cosas de la mesa para acomodarlas en su mandil.
-Debo moverme a otra habitación para apoyar con algo- se volteó hacia mi y puso las manos sobre sus caderas- no eches mis palabras por la borda en cuanto me vaya, si necesitas meditarlo hazlo, solo no tardes demasiado. Vendrán a buscarte en cinco minutos, así que espera aquí un poco más ¿Vale?
Asentí, sin saber que otra cosa hacer. Ella me devolvió el gesto mientras se sacaba algunos cepillos, su tenaza, su secador y la plancha, para meterlos en una maletita de maquillaje pequeña. Se despidió de mi con un gesto, pero antes de que saliera, una idea cruzó por mi mente.
-Naomi, espera...- Su mano ya estaba girando el picaporte cuando me contestó.
-Dime...
-Su aura, tú pudiste ver su aura ¿Cómo era?- Aunque no dije el nombre, los dos sabíamos de quien estábamos hablando.
-si, la vi-esa sonrisa creció aun más y sentí que sus ojos se entrecerraban y me miraban con astucia- pero el que hable de auras no significa que compartiré contigo información privilegiada, sé lo que vi,pero eso es un secreto que no te diré.
Salió tan rápido que no tuve tiempo de replicar, pero su respuesta tan evasiva no hizo otra cosa más que acrecentar mis dudas de manera drástica. ¿Qué significaba todo aquello?
Me levante tan rápido como pude, y corrí hacia la puerta, la jale y me asome hacia el pasillo, con la esperanza de alcanzarla para convencerla de que me explicará que significaba todo aquello que dijo, pero ni rastro de su sombra. Resignado, metí mi cabeza de vuelta a la habitación y di media vuelta para esperar a que alguien viniera por mi, pero el destino tenía planes muy diferentes cuando sentí como unos ojos violetas me taladraban con la mirada.
-Tú y yo debemos de hablar...¡A-H-O-R-A!- La voz de Tikki me dejó claro que podía darme por muerto. Este día iba mejor y mejor a cada minuto. La pequeña Kwami de Marinette voló directamente hacía mi, acorralándome contra la puerta.
-¿Cómo te atreviste a tomar ventaja de la situación? ¿Qué pensabas hacerle?- la dulce voz se oía distorsionada por el enojo. Podía jurar que sus ojos se podía ver pequeñas llamas que estaban cambiando su color natural por uno mucho más intenso. Mi vida corría peligro si no decía las palabras indicadas. Para mi mala suerte, Plagg estaba oculto en la bolsa de la camisa que me había quitado, aunque dudaba mucho que saliera en mi auxilio, al menos no hasta que supiera que su vida no iba de por medio.
-Tikki, yo...-No quería saber como supo lo que yo omití intencionalmente en la plática de anoche, pero era claro que ella se refería al beso y lo demás. Tikki golpeó con su manita sobre mi pecho, de manera acusatoria.- No- golpe-te-golpe-acerques-golpe- a ella.
Esa idea no es una opción. Explica la situación y ruega que salgamos vivos de esta.
Con la mano rebusque el pasador de la puerta para cerrarla evitar que se nos interrumpiera. El clic del cerrojo me dijo que estábamos seguros. Ella se alejó lo suficiente, pero su pose me dejo claro que no saldría de esta habitación al menos que tuviera una buena explicación para todo.
-Lo siento- no tenía ningún plan que me sacará de esta, estaba totalmente vulnerable y lo único en lo que podía pensar era decir la verdad y rezar porque este kwami no me hiciera puré antes de tiempo, tenía muchos planes para el futuro.
Cómo enamorar a Marinette, ser su novio, su confidente, el hombre perfecto que ella merece, tener cenas familiares con los Dupain, secuestrarla como Chat noir y darle un tour por todo París, pedir su mano, ser esposos, envejecer juntitos con nuestros hijos y nietos... ah cierto y hacer todo lo que hemos escrito en nuestro diario una realidad.
Mi mente no era mi mejor aliado en este momento, así que decidí ser tan franco como me fuera posible sin morir.
-Yo... todo lo que te dije anoche fue verdad- mi mente trabajaba a mil por hora para seguir la misma velocidad que mi lengua- Ella es importante para mí, jamás pensaría en lastimarla, y anoche solo quería verla. Pensar que luego de que me fui hubiera pasado algo con el tom...Natanael no me dejaba muy tranquilo. Solo quería verle unos minutos, te juro que lo que paso no fue parte de un plan. Estaba a punto de salir cuando Marinette se incorporó y me vio, pensé que si no me movía se volvería a dormir, pero no fue así, luego empezó a hablar para si misma, me confundió con un sueño y no me atreví a decirle que no. Platicó conmigo, luego dijo que quería probar algo y.. bueno paso. Aunque al principio no lo vi venir, no quise parar el beso. Fue mágico y...- deje de divagar cuando los ojos de Tikki me advirtieron que no quería escuchar mucho sobre esa parte- Supe que no debía de aprovecharme, así que la convencí de volver a dormir, de que yo... bueno...- baje un poco la vista, como si mi zapatos fueran lo más interesante que hubiera en la habitación- le dije que no debía de preocuparse, no quería dormir por miedo a no volver a ver al "Adrien de sus fantasías" que podía hablar con ella y no hacerla sentir nerviosa.- me quede callado, más por miedo de saber su reacción que por otra cosa.
-¿Qué hiciste para que volviera a dormir?- La rudeza en su voz me causó un escalofrío por todo el cuerpo.
-Yo le prometí que las veces que ella o quisiera... bueno es decir...-mi nerviosismo no me estaba ayudando mucho ¿Cómo algo tan pequeño podía intimidar tanto?- YOLEPROMETÍQUEPLATICARÍACONELLALASVECESQUEQUISIERA- mi confesión salió muy atropellada y casi la tuve que gritar, de otro modo no me sentía capaz de decir la verdad. Apreté los ojos y puse mi cuerpo en tensión esperando más golpeteo o incluso una bofetada, algo. Sin embargo pasaron los segundo y no sentí nada. Alcé un poco el rostro y abrí un ojo, solo en caso de que tuviera que volver a cerrarlo por un ataque sorpresivo.
Pero lo que no esperaba es ver a una Tikki serena, con los bracitos cruzados, pero mucho más relajada que la pequeña furia roja que entró dispuesta a hacerme picadillo. Sin apartar sus ojos de mi habló.
-Plagg, si sabes lo que te conviene es mejor que salgas- Mire detrás de ella para ver como en la esquina del biombo unos ojos verdes se asomaban, temerosos de ver furia en su compañera.
-¿Me hablaste, Tikki?- su voz no era la misma de siempre, este chico tenía una debilidad por la kwami y suponía que también conocía su ira.
-Ve con tu portador- no era una petición, sino una orden, y Plagg no lo pensó dos veces antes de volar directo hacía mi y ocultarse detrás de mi hombro.
-Ahora, los dos escuchen- dijo señalando primero a uno y luego al otro.- Tienen una responsabilidad hacia París, igual que ladybug, así que no deben ser egoístas y pensar en sus deseos poniendo a todos en riesgo innecesarios.
Asentimos al mismo tiempo, con tanta intensidad que pensé que terminaría por dolerme la cabeza.
-Bien, ahora tú- dijo señalándome con una manita- ¿Es cierto lo que le dijiste a esa chica? ¿Darías todo lo que tienes y todo lo que eres por Marinette?
-Eso y mucho más- no vacilé, no dude en contestar. Sin saberlo, como Marinette y como Ladybug, esa chica se había colado hondo en mi alma. Esto no era un simple enamoramiento adolescente, estaba seguro de haber encontrado a la persona adecuada. Y nada ni nadie del mundo me alejaría de su lado.
-Vuelve hacer lo de anoche sin que yo lo sepa y te juró que te colgaré de la torre Eiffel de la peor forma posible- aunque no estaba seguro de cómo, sabía que esto no era una amenaza, sino un advertencia y rogué a los ángeles para no volver a estar en la mira de su furia.
-Y tu Plagg, no me importa si tienes que amarrarlo o escapar de él, no quiero volver a verte solapando este tipo de actividades- Plagg pasó saliva mientras asentía con más energía. Era increible como algo tan pequeñito podía tener tanta autoridad. Tikki se relajó lo suficiente para volver a su tranquila y dulce apariencia. Cuando pasó eso, yo pude relajarme un poco. No quería tentar mi suerte, pero necesitaba saber que pensaba sobre la promesa que había hecho.
-entonces...¿Qué sucederá?
-¿Respecto a qué?- vi curiosidad y poca paciencia en su rostro.
-yo...bueno...la promesa...yo...Marinette...-el toque en mi puerta me sobresaltó demasiado. Mis nervios de punta no ayudaban mucho.
-¡Adrien! Abre la puerta es hora-Natalie trataba de forzar el cerrojo para entrar.
-En un momento- grité mientras veía de manera suplicante a Tikki.
-Discutiremos eso en otro momento- su voz apenas fue un susurró mientras tomaba de los bigotes a Plagg y lo jalaba para ocultarlo dentro del chaleco que llevaba puesto.- Ahora tienes otras cosas que hacer, pero recuerda todo lo que me haz dicho.
Hice unas cuantas respiraciones para calmar las aceleraciones de mi corazón, me aseguré que no se viera mal mi atuendo y abrí la puerta, chocando de inmediato con la asistente de mi padre.
-¿Por qué cerraste la puerta?- comenzó a caminar, cerré la puerta y la seguí.
-Sólo necesitaba unos minutos de paz sin interrupciones.-aunque arqueó una ceja, no cuestionó mi respuesta. En cambio, sacó del bolsillo de su chaleco una pastilla y me la tendió. La tomé en mis manos sin entender nada, y probablemente ella vio mi desconcierto.
-El diseño de la señorita Dupain cuenta con plumas naturales de pichón. Te sugiero que tomes cuanto antes esa pastilla para controlar tu alergia y que puedas realizar la sesión sin complicaciones.
Tienes que admitirlo, esta mujer es muy eficiente en su trabajo.
-Gracias-me pasé la pastilla casi de inmediato mientras subíamos unas escaleras y entraba a una enorme habitación con amplias ventanas y pequeños balcones de hierro forjado en cada espacio externo. Era un lugar donde el pasado y el presente convergían: Por un lado, el diseño de épocas, los cuadros de óleos y los detalle tallados en dorado me daban una día de lo que anteriormente ese lugar había sido.
Pero al mismo tiempo se encontraba invadido de cables, luces especiales, computadoras, tripiés y demás artefactos. Algunas personas se movían llevando cajas negras o algún objeto especifico. En la esquina más alejado de todo el ajetreó se encontraba mi padre, sentado en un una silla de la estancia, supervisando. Cómo siempre vigilaba todo con ojo de halcón, siempre en silencio, esperando el primer error para corregirlo.
A pesar de que no muchas veces Gabriel Agreste supervisaba una sesión personalmente, cuando llegaba a hacerlo el ambiente llegaba a transformarse radicalmente. Las personas de inmediato se ponían a evitar los errores, tratando de hacer todo con perfección, el trabajo estándar estaba prohibido, todos tenían que dar más allá del 100% por la casa de moda Agreste. A pesar de que papá no era de las personas que gritaban o se alteraban con facilidad, su carácter serio y su severa mirada eran suficientes para intimidar a la mayoría de las personas. De hecho en una ocasión una chica salió llorando de un set porque pensó que mi padre se fijaba mucho en su trabajo como encargada de luces.
-¡ADRIEN! ¡Mi mejor modelo ha llegado!- la voz de Marco me hizo centrarme en lo que venía. El fotógrafo italiano tenía un ligero acento que siempre me daba un poco de risa. Sus fotografías enfocadas en moda eran las mejores, y la casa Agreste tenía un contrato de exclusividad para cualquier evento. El hombre sabía lo que hacía y mi padre estaba contento con su visión y trabajo. Se acercó a mi con total confianza y me abrazó por el hombro mientras me acercaba al área en la que trabajaríamos las primeras fotos.
-He tenido una visión única, y tú, querido Adrien, eres el indicado- de un perchero tomó el bombín de Marinette como si fuera un frágil pieza que debía tratarse como el más fino cristal- París, una ciudad para el amor, el romance, la ciudad donde los corazones nunca duermen. Un cuento de hadas moderno, juvenil, apasionado, y el mejor representante que puede existir: No un príncipe, sino un caballero moderno, lleno de vitalidad, galantería y dispuesto a darle a su dama el mejor día de su vida.
Acabó su emocionado discurso colocando el bombín sobre mi cabeza, y admirando la combinación final con gran satisfacción, como si aquel discurso más mi arreglo se convirtieran en sus ojos una obra de arte casi gloriosa. Le mire con una sonrisa tonta en el rostro, sin saber que decir o hacer. Sabía que la campaña era para patrocinar una nueva línea de ropa formal para caballero, pero sin duda Marco podía hacer volar su imaginación con pocos recursos.
-Ahora, vamos a tomar las fotos individuales antes de que venga tu princesa- ¿Una chica? Mire a Natalie, una pregunta silenciosa en los ojos, ella no me contestó nada verbalmente, pero el hecho de que sus ojos se fueran hacía la donde estaba mi padre fue suficiente para entender. Hasta donde yo sabía, estas fotos no iban a tener una protagonista, pero supuse que fue un cambio de último minuto que hizo mi padre. No era frecuente que hiciera ese tipo de concesiones, aunque supuse que él tenía sus motivos.
Aunque el fotógrafo estaba acaparando toda mi atención dándome detalles de todas sus ideas, yo me las arreglé para darle un escaneó general de toda la habitación, percatándome de que no estaba nadie con falda roja y blusa blanca. Marinette no se encontraba, cosas que no me gusto nada, porque si mi padre le había invitado, lo menos que esperaba era un buen trato y que la dejarán estar presente durante todo el día. Aunque por otra parte, sentía un pequeño alivio, porque la sola idea de que me viera interactuar con otra mujer de manera romántica, a pesar de que sería solo actuación, me causaba inquietud.
Marco me dejo un momento, para acabar con los pormenores y comenzar la sesión, la aproveche para maravillarme con el escenario del que formaría parte en unos minutos. El balcón junto a la pared sería el primero de una serie de montajes que tenían programados para todo el día. En este en particular, había una puesta interesante. El balcón permitía una vista espectacular, llena de chimeneas y techos, coronándose con la Torre Eiffel en la lejanía, imponente y majestuosa. Un día particularmente soleado, con pocas nubes alrededor.
En el interior del recinto estaban dispuesto algunos muebles y un servicio de té en la mesita baja, las tonalidades en colores cremas y doradas daban un aspecto de fantasía, lo que supuse era el propósito principal. Salí un poco al pequeño balcón, la arquitectura de la ciudad era muy similar, las casa más viejas tenían grandes ventanales con estrechos balcones de hierro forjados que apenas si salían de la pared.
Sentí como se removía algo dentro de mi chaleco y miré a Tikki asomando
-¿Marinette?- Sus ojitos violetas me miraban con cierta desconfianza aún, así que era normal que quisiera regresar cuanto antes con ella, además si no sabía que estaba conmigo, en cuanto se diera cuenta de su ausencia seguro que se preocuparía de su paradero.
-No lo sé, yo...- Los aplausos de Marco solicitando a todos tomar su lugar y dejar libre la área fueron mi señal para saber que estabamos comenzando.- Te prometo que cuando pueda la buscaré para que puedas ir con ella.
-A ti te encanta hacer promesas ¿Verdad?- no sabía que los kwamis podían usar el sarcasmo, pero esta pequeñita me comenzaba a mostrar cuan poco conocía de ellos.
-Adrien, por favor ven aquí- Marco me miraba con un brillo de emoción en los ojos, me acerque, buscando otra vez a Marinette, pero como la anterior, no pude localizarla.- Ahora, juega con todo, vamos a explotar esa juventud que tienes muchacho. Quiero ver un poco de nostalgia, este momento es una espera, tu dama aún no esta lista, pero tu solo puedes pensar en ella, en lo lejos que esta, ese momento previó al encuentro inminente ¿Me entiendes?
¿Lo entendía? Sin duda eso y más era lo que estaba sintiendo en este momento. Tanto física como emocionalmente. Marinette y Ladybug eran una misma persona, la chica de mis sueños- y también de mis fantasías- quería estar con ella, conocerla a fondo, explorar su cuerpo y su mente, demostrarle que era más que Adrien y Chat Noir. Desvelarnos hablando sobre el otro, confesando pequeños secretos, grandes proyectos. Poder disfrutar de una día de paseo o de una noche de estrellas. Probar sus labios, hundir mis dedos en su cabello, estrechar su pequeña cintura y sentir el calor de su cuerpo sobre mi piel.
Esta mujer se había colado hondo en cada poro de mi ser sin yo ser consciente de ello, quería todo de ella, pero a su vez quería ser todo para ella. Era un sentimiento de entrega y posesión, donde no había un ganador o un vencedor. Era esa parte de no tener suficiente del otro. Era joven,si, sin embargo estaba seguro de que no podía concebir un futuro sin ella.
Sin darme cuenta, Marco había empezado a tomar las fotos, yo recargado en el balcón, sentado en el sillón, mi mente perdida en un mar de pensamientos y sensaciones. Cuando capté que sin se consciente, le estaba dando lo que me pidió, simplemente seguí el juego. Tomamos bastante fotos, unas de perfil, otras viendo al frente o hacía el infinito. Siempre jugando con los ángulos del bombín, agradeciendo internamente por el medicamento que parecía contrarrestar mi alergia a las plumas.
-Perfecto, Adrien, perfecto- Escuchaba la voz emocionada de Marco, también dando instrucciones a los iluminadores y rebotadores- Difumina esa luz, queremos un cuento de hadas, no un día de verano.
Mi padre seguía en su sitio, Natalie como leal ayudante, a su lado. Pude ver por el rabillo del ojo como alguien llegaba a su lado y le decía algo. Me tomó una pose ver que era Naomi, que me miraba con una sonrisa de gato cheshire plasmada en toda su bonita cara. Estaba casi seguro que estaba dirigiéndola hacia mí, cosa que no me gusto mucho.
-Bien, creo cubrimos esta parte- Miró hacia mi padre, más como una formalidad que otra cosa. - Creo que cubrimos bien esta parte, Adrien cambiate por el segundo conjunto, preparados para checar el siguiente montaje.
De inmediato las cosas indispensables comenzaron a ser cargadas por las personas para moverse. Me moví hacia donde estaba mi padre, con la intención de preguntarle por Marinette, cuando fui inesperadamente interceptado por Naomi, que rápidamente atrapo mi brazo con el suyo y me arrastró hacía la habitación para el cambio. casi no tuve tiempo de nada, ni de protestar, mucho menos preguntar porque tanta emoción de repente.
En la habitación apenas si tuve tiempo de quitarme el bombín y dejarlo sobre la silla enfrente del tocador, cuando Naomi literalmente me arrojó hacia el biombo y comenzó a arrojar el segundo conjunto por encima de mi cabeza, exigiendo que le devolviera las piezas del primero. Ni siquiera supe como quite y coloque las piezas adecuadas sin terminar haciendo un revoltijo. Por fortuna, Plagg jaló a Tikki hacia mi ropa casual antes de que tuviera tiempo de aventar el chaleco.
-Vamos, no tenemos todo el día- gritó Naomi, mientras escuchaba como revoloteaba entre algunas cosas, supuse que los accesorios.
-No lo entiendo- dije mientras acababa de abrocharme los pantalones negros. Este traje me gustaba un poco más, el traje consistía en un pantalón de corte recto, combinado con un saco de terciopelo color vino con cuello negro, camisa blanca y corbata negra. Tenía un toque elegante y juvenil, jugando con las combinaciones y de alguna manera, combinando a la perfección con el bombín, a pesar de que no eran colores muy parecidos.
-¿Qué no entiendes?- preguntó Naomi un tanto irónica.
-La prisa- repuse hacia una seña a los kwamis para entrar en mi saco y salía detrás del biombo- ¿No tenemos todo el día para esto?
-¡Claro que lo tenemos!- dijo tomándome de la mano para acomodar los accesorios. Un reloj de cuerda con correas negro mate y acabados plateados, un pisacorbatas plateado con pequeños detalles grabados que combinaba a la perfección con las macuernillas de la camisa. Acomodó bien la corbata y también dio un retoque al maquillaje, acomodando el bombín y alejándose un poco para admirar con satisfacción su obra.
-¡Vamos, no debemos de hacerla esperar!- ahora comenzaba a empujarme para salir lo más rápido posible de la habitación. Puse mis manos en el marco de la puerta en un intento por saber más de lo que aparentemente todos sabían y yo ignoraba por completo.
-¿Qué esta pasando?
-Pasa que eres un necio, que tu co-protagonista esta esperando y tu, pequeño estás siendo muy poco caballeroso, así que mueve tus piernas antes de que tenga que hacerlas caminar por ti.
Su cuerpo, a pesar de se pequeño y delgado, poseía una gran fuerza si era capaz de moverme de mi sitio. Aunque no debía de sorprenderme tanto si estaba comparando mi fuerza con la de mi alter ego. Entendí que no me diría nada, y que si cooperaba todo sería mucho más sencillo, aunque me estaba generando cierta inquietud todo el misterio, no me quedaba de otra que esperar a que pronto comprendiera las actitudes de los que me rodeaban.
La siguiente locación serían las escaleras principales de la casa, las cuales se encontraban justo en medio, dividiéndola en dos alas y el centro. Yo salí por el ala que estaba en el extremo derecho, y desde mi perspectiva podía ver como todos abajo estaban preparado todo. El piso y los escalones eran de mármol pulido y los barandales eran delicadas enredaderas de hierro que tenía sus detalles coloreados de dorado.
-Adrien, baja, necesito que veas esto- Marco prácticamente gritó, provocando un eco que reboto en todo el vestíbulo. Naomi me dio un pequeño empujón en el hombro, bajando rápidamente como si nada. Esa chica si que era extraña, podía tener la energía de un huracán y al segundo siguiente ser más tranquila que un cachorro adormilado.
Deje de darle vueltas al asunto, enfocándome en lo importante, como quien sería mi compañera en esta sesión y más importante aún ¿Dónde estaba Marinette? Un vistazo rápido me confirmó lo que yo ya sabía de antemano. Tampoco estaba en este lugar. Qué mi padre le haya hecho semejante grosería eran imperdonable y me importaba poco si me castigará o me pusiera a hacer más pasarelas, él escucharía lo que tendría que decir al respecto. Con eso en mente comencé a bajar, dispuesto a hacerle todo un escándalo.
Pero solo alcance a bajar tres cuartos cuando escuche nuevamente la voz de Marco, aunque esta vez, su atención no estaba puesta en mi.
-¡Mi bella Dona!-gritó, subiendo una octava de su tono habitual y usando una frase de su italiano natal- Hermosa musa, una princesa dispuesta a todo por su caballero, rebelde y delicada, sin duda eres la chica adecuada para esto- su palabrería dejo de tener sentido para mi cuando alcé la vista para encontrarme con una belleza sacada desde los mismo cuadros de Boticelli.
-Ma...Ma...-mi boca balbuceaba sin sentido, mi mente atónita ante lo que mis ojos estaban observando. Esta era una enorme sorpresa, aunque no estaba seguro si debía ser buena o mala. Cómo fuera, al menos ahora sabía donde se encontraba la mujer que me robaba el sueño, y las fantasías.
