Capítulo XVII
-¿Dónde estabas?- la voz de Terry la despertó de su ensoñación. Se había quedado absorta mirando las estrellas en aquel jardín solitario. Recordaba que había salido del teatro de óperas, y había encontrado un pequeño jardín con una fuente y ahí se había quedado –Te estuve buscando por todo el salón, y si no fuera porque alguien me dice que saliste para acá…-
Terry se acerca, ella estaba sentada en un banco de piedra frente a la fuente, y en realidad era un lugar muy hermoso y tranquilo.
-Lo siento, es que estaba un poco cansada-
-Lo sé, Candy, yo sé que esto no es tu mundo…- angustiado, Terry se sienta a su lado -Es agobiante, yo también necesitaba escapar de ellos-
-No, tranquilo, no pasa nada- la voz de Candy se confundía con el sonar del agua de la fuente. No le contaría a Terry nada de lo ocurrido, después de todo ya ni se acordaba de lo que había escuchado en la fiesta.
-¿Nadie te ha dicho nada?- inquirió él, conociendo muy bien cómo eran las cosas -Son falsos e hipócritas, aquí nadie es lo que es, sino una estúpida máscara. Es difícil encontrar algún amigo-
-Nadie ha sido impertinente conmigo esta vez. Además, eso yo ya lo he superado- suspiró con indiferencia.
-Entonces por qué llorabas, Candy-
La descubrió, bajo su indiferencia había rastros de lo que había ocurrido: unos ojos enrojecidos, y entonces la abraza para consolarla.
-Sé lo que haces por mí. Estás en un mundo desconocido y ajeno a lo que eres solamente por mí, y yo te lo agradezco, porque si no fuera por ti, no existiría más esta figura que soy yo sobre el escenario- le susurró al oído.
Bajo las estrellas, el agua cristalina chispeaba, y las flores del jardín perfumaban su presencia. El abrazo de Terry le hizo olvidar todas las necedades que se habían apoderado de ella por la ansiedad.
-Al igual que tú- responde ella- porque tú también te adaptaste a un mundo desconocido y nuevo… por mí. Soy una tonta, pensando nada más en mí, cuando tú eres quien está pasando momentos más difíciles- Candy se sacude aquella debilidad y vuele a ser la chica fuerte que estaba allí para hacer que Terry Grandchester brillara otra vez. Entonces la noche había adquirido una nueva tonalidad, porque al recordar como Terry había encontrado la felicidad en el Hogar de Pony, ella también podría encontrar lo mismo en el mundo del espectáculo.
-Yo estoy bien, me siento bastante cómodo- suspira Terry contemplando el salón que estaba al fondo. Y aunque no era lo mismo que antes, porque se emborrachaba para que aquellas fiestas le resultaran divertidas, él no extrañaba para nada eso.
Así que decidieron marcharse temprano, de paso, mañana tendrían otro día de ensayos pues la noche del estreno se acercaba cada vez más.
Y mientras ese día se acercaba, la tensión crecía, inevitablemente.
El ambiente era oscuro, gótico, y unos muebles antiguos decoraban la habitación. Sobre la mesa estaban las botellas de licor, y los diferentes cigarros que aún humeantes le traían a Terry terribles recuerdos.
Estaba en un plató, era irreal, pero aun así Terry comenzó a sentirse muy mal.
Acababa de asesinar indirectamente a Sibyl Vane, en la ficción, pero estaba tan acongojado que las lágrimas corrían por su mejilla.
Era como si hubiera sido Susana. Terry reconocía ahora que por muchos años deseó su muerte, aunque lo negara, y ahora sentía como si Sybil hubiera sido Susana.
-¿Todo bien, Terry?- le preguntó el director, haciéndolo volver a la realidad. La realidad de un escenario de teatro vacío y oscuro.
El joven no respondió.
-Terry- ahora era la voz de Candy la que oía, lejana y fría. Las pocas personas que estaban en las gradas eran solo sombras negras y Candy debía de estar sentada en algún lugar aparte mientras el director, la representante Layete y demás miembros del equipo estaban en la primera fila.
Al lado de él, una mujer acomodaba el escenario.
-Estoy bien- dijo al fin.
Debía proseguir con su escena de delirio, una que compartía con Lord Henry. Dorian Gray caía cada vez más profundo. La muerte de Sibyl Vane por su culpa y toda la influencia de Lord Henry lo arrastraban hacia el vicio y la perdición:
"Yo represento para usted todos los pecados que nunca ha tenido el valor de cometer"
Terry lo sentía demasiado parecido a él, los recuerdos regresaban: Se había encontrado con muchos Lord Henry en su vida errante después de la muerte de Susana, y extrañaba muchísimo el alivio del alcohol.
Porque acababa de darse cuenta, allí en ese mismo momento, que tal vez él había matado a Susana con su total indiferencia y desamor.
-¡No!- tronó su voz haciendo eco en el recinto.
-¿Qué sucede, Terry?- Candy lo llamaba otra vez y Terry la distingue sentada a un extremo de la segunda fila.
-Creo que ha sido suficiente ensayo por hoy- responde y se dispone a salir del escenario.
-Perdón, pero necesito recordarte que la première es este viernes, querido- la señora Layete se pone de pie –y hoy es jueves-
-Ensayaremos hoy todo el día, la obra completa, Terry- el director habla con severidad, como lo hacía en otros tiempos, con aquel Terry irresponsable.
Estaban allí también los otros actores que compartían la obra, y sus miradas eran las mismas de antes: cansadas y de reproche.
-Lo sé, pero no voy a continuar por ahora- el joven bajó del escenario para reunirse con Candy –Vámonos-
Sin darle chance a nadie de hablar más nada, Terry se lleva a Candy de allí, saliendo por la puerta lateral hacia los pasillos de los camerinos.
Nadie que estaba en el camino se interpuso.
-Creo que ya te sabes el guion lo suficientemente bien- comentaba Candy mientras entraban en el camerino. Terry no tenía intensiones de quedarse allí, solo pasaban a recoger sus cosas -¿Te preocupa algo?-
-No puedo desconectarme- susurró él, y la mira fijamente- Al principio creí que lo estaba sobrellevando muy bien, pero ahora me siento… como antes-
-¿A qué te refieres?- Candy se apretó la mano contra el corazón y recordó su visita a Albert días antes del viaje a Chicago, precisamente para hablar de eso.
-Me está siendo difícil, Candy- Terry finalmente se desahoga, pero aún no le decía que estaba deseando beber otra vez.
-¡Tú no eres Dorian Gray!- ella lo toma de las manos. Las preocupaciones que le había expuesto a Albert estaban allí.
Terry no hablaba, pero su expresión lo decía. Había mantenido esos impulsos y deseos por el vicio lejos de él, pero ahora estaba reencontrándose con todo eso otra vez debido a un repentino sentimiento de culpa directa y tajante…
-Tú puedes vencerlo. Ya lo hiciste, no lo olvides. No olvides quién eres, esa persona maravillosa que todos conocemos en el Hogar de Pony-
-¡No estoy seguro de eso, Candy!- él deja salir eso de su pecho –Me vuelvo a encontrar con lo que era, y estoy de nuevo así- el joven señala hacia el escenario, con una mano tensa y temblorosa.
Candy vuelve a sujetarla:
-No puedes pretender no sentir nada, mi amor, es natural que ciertas cosas vuelvan ya que es la primera vez que estás en esto después de que lo dejaste. Vas a sentir debilidad, y las mismas cosas por un tiempo. Pero lo vencerás ¡Porque ya venciste lo peor!-
¿"Mi amor"? De todo lo que dijo Candy, esa frase fue la que causó un estremecimiento en él. No recordaba que Candy lo llamara a así alguna vez, y con ese tono.
Terry se fijó en el anillo de compromiso que brillaba en su mano y eso lo hizo sonreír. Entonces ya el deseo por beber otra vez no era tan fuerte.
-Es un escenario oscuro, es un papel oscuro y una obra con mucho contenido equivocado…- ella murmuraba como para sí misma. Quería decirle lo mismo que le había dicho a Albert, que ella no quería que Terry interpretara a Dorian Gray ni ahora ni nunca –Pero si es algo totalmente ajeno a ti no tiene por qué afectarte-
Él la miró con ojos brillosos.
-Vamos a seguir, mi amor. Ensayaremos todo el día, yo a tu lado, e interpretarás a Dorian Gray porque nada puede cambiar lo que realmente eres-
Entonces Candy besa sus labios y le susurra al oído:
-Serán unas presentaciones nada más, y por lo que he visto, es pan comido para ti. Recobrarás tu vida de actor con esto, Terry, y luego regresaremos. Porque quiero casarme contigo, mi amor. Te estoy esperando-
Esas palabras aliviaron su angustia, y todo lo vio con otros ojos. La tensión que había tenido sobre el escenario se fue por completo y Terry se imaginó terminando la temporada, como en sus mejores tiempos, y regresando a Lakewood para realizar el mayor sueño de su vida.
"Regresar a Lakewood"
Esa imagen del Hogar de Pony en verano, todos los niños esperándolos para ir a nadar al lago o montar caballo por las praderas, habían borrado todas sus dudas.
¿Por qué culparse más? Susana al fin descansaba en paz, y lo que hizo fue darle compañía hasta sus últimos días. Cumplió, como tanto le decían sus amigos.
Ahora, había una imagen aún más fuerte que todo eso... La imagen de una familia que ya estaba esperando por él a puertas de la cabaña en el Hogar de Pony:
Su esposa Candy, con esa pequeña que contaba los días para verlos otra vez tomada de su mano. Las dos sonrientes y radiantes.
Había sido un completo tonto.
Ahora le resultaba imposible sentirse como se había sentido momentos antes sobre el escenario.
Haría la obra, se sentía muy capaz de eso y de mucho más. Nada de lo que rodeaba le robarían esa felicidad otra vez.
Candy y él no regresaron al hotel al fin, fueron a almorzar con los compañeros de la compañía en un reconocido restaurant de Chicago, y luego volverían al teatro para terminar con todos los ensayos del día.
