Capítulo XIX
Las luces se apagan por completo y acto seguido un ruido ensordecedor nubla todos sus sentidos.
Terry nunca había escuchado algo parecido, eran aplausos, gritos, silbidos, o tal vez algo más que ya no reconocía. Pero en medio de todo ese barullo, él reconoce su voz:
-Terry-
No veía nada, pero a medida que se cerraba el telón las sombras se aparecían por todo el lugar. Era el escenario y su compañero que hacía de Lord Henry lo que veía allí. De resto nada, porque no le importaba.
Pero había, con seguridad, oído su voz llamándolo.
Candy estaba sentada en el palco apenas iluminado por un foco de luz y había sido su mayor inspiración durante toda la obra.
Estaba cansado, pero contento, y ya todo había terminado.
"Dorian Gray fue estrenada anoche en el teatro de óperas de Chicago, a casa llena. El reportero Williams que se encontraba en el lugar, y entrevista a su estrella principal, Terrence Graham, quien ha impactado con su regreso y espléndido trabajo sobre los escenarios, además viene acompañado de la hermosa dama Candice White, quien desde ahora, dice el famoso actor, se llama Candice White Grandchester, su amiga de infancia y ahora su esposa… "
Leía la señorita Pony a todo el Hogar la mañana de ese domingo siguiente.
-¡Esposa!- La hermana María no pudo evitar repetir eso en voz alta.
-¡Hermana, hermana ¿Se casará Candy?!- uno de los niños salta.
-Se casará, dentro de dos semanas cuando lleguen de Chicago- le responde la señorita Pony radiante y tranquilizándolos a todos. Annie había hablado con ellos ayer, y le contó todo, de que Candy y Terry se habían casado por civil y en secreto el mismo día de la premiére. Efectivamente después del estreno, la obra "Dorian Gray" se presentaría varias veces concluyendo la temporada, dos semanas más en Chicago, y luego a su regreso a Lakewood, sería la boda eclesiástica ante todos ellos sus amigos y familia.
Ahora en el Hogar de Pony empezarían los preparativos, porque dos semanas corrían velozmente.
La señorita Pony lloraba de emoción, que le costaba terminar de leer a todos el artículo. El solo nombre de Candice White Grandchester ya era suficiente para que sus lágrimas fluyeran.
Su Candy estaba viviendo ahora una nueva vida, y sabía que era totalmente feliz.
Cuando el tren llegaba al conocido andén tan lleno de recuerdos, Candy escuchaba las campanas de la iglesia. Todo debía estar listo para el día siguiente. Era sábado y su boda sería ese mismo domingo en la capilla del pueblo.
No parecía ser su realidad, pero lo era. Ella andaba como caminando entre las nubes. Todo lo que ocurrió después del día de la premiére parecía haber transcurrido como en una película: se había casado con Terry en secreto, aunque su unión no fuera total sino hasta después de la iglesia, era su esposa legalmente, y estaba totalmente loca, las reuniones, las entrevistas, los regalos, las flores, la prensa, las demás presentaciones, todo en dos semanas que transcurrieron como si fuera un día.
Y ya estaba de regreso.
-¡Albert!- la chica lo distinguió allí esperándolos, y corrió hacia él. Terry también, aunque iba cargado de maletas, y agradecía que allí no hubiera revuelo porque ellos dos llegaban. Ya extrañaba mucho eso, el vivir lejos de la fama.
-¡Hola Candy!- su querido amigo la abrazó fuerte -¡Qué viaje! ¡Cuántas noticias! Tienen mucho que contarnos-
Albert no estaba solo, Annie también estaba allí, y el perro Caramelo los acompañaba agitando mucho su cola.
Candy se echa sobre Annie también con mucha emoción.
-Muchas felicidades, Candy, por todo-
Terry también los saludaba, Albert y Annie los acompañarían a casa y no deseaban perder mucho más tiempo, todos en el Hogar de Pony los estaban esperando.
Esa noche el mundo estaba diferente, era como si pudiera oír cada insecto, cada ave nocturna que hubiera en todo el planeta. Y hacía frío.
Candy se abrigó mucho pues estaba temblando, aunque no estaba segura de que temblaba por el frío.
-Entonces la señora Wishmore está mejor- dijo, sin despegar la mirada del cielo más allá del cristal.
-Sí, mucho mejor- le aseguraba Annie. Ella había confiado el caso a los cuidados de la Hermana María y había funcionado.
Esa noche cenaron todos en el Hogar, y ahora Annie y Candy hablaban en el que era su antiguo cuarto y que Candy usaba desde que Terry había llegado al Hogar.
Sería su última noche en ese cuarto.
-Sabes que yo y Terry no somos esposo y esposa todavía, o sea, nos casamos legalmente pero allá ni siquiera podíamos estar mucho tiempos juntos – la joven suspira- Es tan extraño, Annie. Será mañana en realidad- hizo una pausa- Me resulta extraño que ya no vuelva a dormir aquí, nunca más-
-No, nunca más aquí ni sola. Desde mañana dormirás con él en la cabaña- le dijo Annie sonrojada. Candy se estremeció y supo que en definitiva no estaba temblando por el frío.
-¿Es bonito, Annie?- ella le pregunta.
-¡Es muy hermoso, amiga!- Annie le responde llena de emoción, y le toma las manos, haciendo relucir el lujoso anillo de su dedo.
Ambas se ríen y se abrazan mientras que afuera se escuchaba el barullo de todos hablando. Albert y Terry al fin tenían un tiempo para hablar a solas junto a la chimenea, y allí se encontraban, aparte de todos, y Albert tenía en sus manos una carpeta que ansiaba entregar y de la cual Terry no despegaba sus ojos en toda la noche.
-Toma- sin hacer esperar más al joven, Albert Andrew se la entrega.
-Muchas gracias… - decía emocionado y conmovido- Sé lo mucho que han estado ocupados tú y tu abogado con los otros asuntos- Terry abre la carpeta y estudia los papeles con ansiedad.
-Ya pueden hacerlo, pues están legalmente casados- le recordaba, explicando y señalando cada uno de los papeles –Y dime ¿cómo la van a llamar?-
Terry sonríe ampliamente y le echa un vistazo a los dormitorios de los niños, donde ya estaban acostados los chiquillos traviesos y junto con ellos Lolo quien por nada del mundo quería irse a dormir esa noche.
-Eleanor Grandchester- le dijo.
Entonces Albert alzó su vaso con leche en señal de felicitaciones, porque desde la vez en que Terry se enfermó, ya no habría vino en las celebraciones de aquella gran familia.
-¡Tienes que ver el vestido. Todo lo compramos en Chicago!- Candy casi gritaba, y quería correr y buscar el vestido de novia que había traído del viaje junto con muchas otras nuevas prendas.
-Albert tiene cosas que contarte, Candy- le informa Annie. Ella abre mucho los ojos y se estremece, pues Albert la esperaba. Y al parecer ya se marchaba por estaban saliendo por la puerta con Terry.
-Espera- Candy sale del hogar cuando Terry lo despedía, y éste la apura para que vaya con Albert. Esa noche el señor Andrew había venido al Hogar solo, por cierto.
-Creía que podríamos hablar mañana, porque son muchas cosas que tienen que hacer, y apenas han llegado hoy- él se excusaba.
-¿Qué ocurre?-
-Quería contarte que ya no tienes por qué tener más miedo-
-¡Algo me dijo Annie! Creo que me dijo algo de ese tipo Butch y la cárcel. No sabes cómo me alegro, tenía una espina clavada en mi pecho, tenía tanto miedo, pero ya no-
-Resulta que pudimos investigar a Butch Jackson mientras estaban fuera. No te imaginas lo fácil que resultó descubrir ciertas cosas con respecto a él y su padre. Cosas de Michigan y cosas de aquí también- Albert apenas retenía su alegría –Y hemos logrado demandarlo, por estafas, extorción y robos, eso sí que hizo que lo lleváramos a la cárcel-
Candy no podía sentirse más feliz. Aunque las agresiones contra ella no hayan contado para la ley, aquellos sujetos horribles estaban presos.
-Lo lograste, otra vez me salvas- le dijo con un hilo de voz – Gracias por todo-
Albert se queda callado por un momento.
-Serás feliz con Terry, tú y él- dijo al fin.
-Sabes que siempre te amaré-
Él asiente y ante su sorpresa, Candy lo abraza e irremediablemente le da un beso, un beso muy hermoso y diferente, allí con Terry no muy lejos y con el viento de la noche susurrando entre los pinos.
-Nos vemos mañana- él se despide, separándose –El gran día, aunque ya…-
-Soy feliz al fin- sonríe Candy termina la frase.
Y allí, ella parada en el sendero bajo la luna, observa el automóvil de Albert marcharse y perderse en el la negrura del bosque.
FIN
