A pesar del tiempo, de las complicaciones y de todos los problemas que pudimos haber tenido, aquí nos encontrábamos finalmente. Sin mentiras, sin tapujos, sin medias verdades o identidades. Mi Marinette y yo por fin estábamos juntos y eramos felices como pareja. Gracias a mi padre, mi lady no solo había desarrollado sus dotes como diseñadora, sino que, por la fortuita situación que habíamos experimentado, encontró en el modelaje una agradable área donde explorar todo su potencial y amor por las pasarelas.
Si bien antes de ella pensaba que el trabajo de modelo era algo aburrido, soso y sin ningún interés de mi parte, a su lado disfrute cada sesión, cada experiencia fue algo único, siendo más feliz en el poco tiempo a su lado que en todos mis años como modelo único de la marca Agreste.
Incluso mi padre no había podido resistirse a los encantos de su futura nuera y con el tiempo, su faceta seria y reservada había cambiado a una mucho más abierta a la interacción, tanto con nosotros como en otras personas. Si bien seguía sin mover su oficina de trabajo de la casa, había elegido una habitación especifica para que Marinette trabajará en sus diseños y tomará sus lecciones privadas de modelaje con profesionales. Me encantaba que ella pasará el tiempo en mi casa, aunque ella tuviera sus ensayos y yo mis prácticas de chino o piano, siempre encontrábamos la manera de tener momentos para nosotros, pequeñas escapadas que nuestros profesores con el tiempo habían aprendido a sobrellevar.
Aquella tarde me encontraba despidiendo a mi profesor de chino, quien se encontraba ya en la reja de la mansión, cuando mi padre salía por la puerta principal junto con Natalie y el chofer, todos apresurados.
-¿Todo bien?- aunque mi padre no era de las personas más expresivas del mundo, su ligero ceño fruncido me decía que algo le perturbaba, fue Natalie quien habló por todos.
-Parece que hubo un incidente en una de las sesiones fotográficas con un Gabriel- mientras hablaba, tecleaba apresurada en su tableta. - nadie ha querido decir la gravedad del asunto, pero parece que el vestido puede perderse.
Entendía a la perfección porque mi padre estaba de esa manera. La linea Gabriel eran exquisitos vestidos confeccionados a mano, únicos en su tipo. Su singularidad radicaba en que no existían dos iguales, solo un vestido diseñado especialmente para una persona. Los primeros que hizo de esa línea habían sido solo para mamá, lo cual explicaba el cariño que le tenía a todos, sin importar si eran nuevos o algunas piezas antiguas.
De hecho, hasta la fecha eran contadas las mujeres que habían tenido la singularidad de portar un Gabriel diseñado para ellas, lo cual hacía que las revistas de modas constantemente estuvieran buscando los modelos de mi padre para sesiones de ediciones especiales.
-Ok, vayan con cuidado, y papá- su mirada se clavó en la mía- no importa que, estoy aquí si me necesitas.- el sonrió ligeramente mientras asentía a mi declaración. Con el tiempo, había comprendido mejor a mi padre y nuestra relación era considerablemente mejor en comparación con otros años, especialmente después de lo de mamá. En parte esto también se lo debía a Marinette. Sin la mujer que nos unía como familia, nuestro hilo conductor había quedado gravemente dañado y sin darnos cuenta, fuimos distanciándonos cada vez más hasta llegar a un punto de distancia casi insalvable. Mi novia nos permitió dar lo mejor de ambos para reconstruir nuestra relación, cuando creía que no podía amarla más, ella me demostraba que estaba equivocado completamente.
Me acerque a la puerta del auto y mientras Natalie subía al lado del chofer, mi padre se volteó para hablarme:
-Marinette esta en la casa terminando algunas cosas, por favor, acompáñala y dale mis disculpas por no poder estar para despedirla como es apropiado. - dicho lo anterior, se subió y dio la orden de no detenerse hasta llegar al destino.
Espere un poco hasta que la puerta de la mansión se cerró por completo y con paso ligero me acerque a la "habitación" de Marinette. Suponía que mi dulce ángel estaría trabajando en sus últimos diseños, así que decidí sorprenderla antes de que tuviera que irse. Quizás, si era lo suficientemente persuasivo, podría llevarla a una tarde de películas y palomitas, dejando un poco su faceta profesional. Me escabullí discretamente en la habitación, apenas abriendo la puerta lo suficiente para colarme en ella y cerrarla sin ruido alguno. Este sitio sin duda tenía el toque de su dueña en cada elemento. Una decoración en tonos pasteles, el sitio se dividía en dos zonas, la primera estaba destinada a ser el estudio de diseño: bocetos esparcidos en una mesa de trabajo, botes de colores, lapices y otros utensilios que no conocía estaban acomodados en cajas, divisores y estantes, que por supuesto Marinette se había esforzado en hacer.
A su lado, muestras de telas y complementos estaban ordenados de una manera que solo ella entendía. De alguna forma, esta zona se parecía enormemente a la planta inferior de su cuarto, solo que más amplia y sin una zona superior, incluso había hecho la replica de su maniqui de trabajo, que curiosamente, ahora tenía uno en versión masculina, en más de una ocasión había encontrado futuros regalos a medio hacer en ese elemento.
La segunda zona estaba escondida por una pared falsa, lejos de la vista de la puerta. Esto confería una especie de "privacidad", especialmente cuando mi princesa debía de probarse nuevas prendas para futuras pasarelas.
Con una rápida mirada supe que no estaba en el "estudio" así que supuse que se encontraba en el otro lado. Mi lado felino quiso comenzar un juego, así que para sorprenderla que con mucho sigiló me acerque, esperando atraparla con la guardia baja, aunque al final el sorprendido fui yo, cuando la pude divisar frente al espejo empotrado en la pared.
Su ropa se encontraba acomodada en un sillón que había al lado y se veía ligeramente nerviosa frente al espejo, modelando un conjunto que de solo verlo me hizo agua la boca, sintiendo como los pantalones comenzaban a apretarme. La parte de arriba era un delicado bralette negro que cruzaba algunos listones en verde, acentuando el nacimientos de los pechos. La tela era completamente transparente y solo en la zona del pezón se perdía por una delicada capa de encaje. Su complemento era una tanga que se acomodaba a la altura de la cadera, del mismo material transparente que se perdía entre esas firmes nalgas con forma de corazón. Por lo que podía ver a través de espejo, la zona de enfrente se veía ligeramente más oscura, lo cual me hizo preguntar que se ocultaba detrás de ella.
Sin duda esa mujer no era consciente de lo que provocaba en el sexo opuesto, pues su cuerpo hace tiempo había dejado la adolescencia y ahora las curvas de mujer se acentuaban, una cintura estrecha y caderas ligeramente remarcadas conferían a su cuerpo cierta sensualidad que, combinada con su forma dulce de ser, era un contraste que atraía a más de uno. Nada en su cuerpo estaba fuera de lugar, las piernas torneadas eran totalmente un manjar en el que deseabas perderte durante horas. Sus senos, a pesar de no ser muy grandes, eran carnosos, dulces montes coronados por cerezas que invitaban a probarlos una y otra vez. Entre más la veía, más seguro estaba de que esta mujer era una diosa, una mujer creada para adorar y yo estaba dispuesto a ser su eterno seguidor y adorador privado.
No supe si habían pasado minutos y horas mientras yo me embriagaba con la sola vista de tan delicado ser, pero cuando reparé otra en la situación me di cuenta que ella no había notado mi presencia en lo absoluto. tan concentrada se encontraba en arreglar una zona del bralette, que mantuvo su mirada en esa zona del reflejo, sin saber que si levantaba un poco la vista me encontraría completamente estático y con el libido por las nubes.
Realmente nunca pensé en ser aficionado a la lencería femenina, pero con Marinette las cosas cambiaban, si era ella quien lo usaba mi cuerpo reaccionaba casi de manera automática, deseando ver su cuerpo envuelto en seda y encaje antes de arrancarlo de su piel para poder sentirla en contacto directo con la mía.
Ella no era consciente de esa esencia sexy que poseía, por suerte para ambos, yo si. Mi instinto felino se activo ante tan tentadora presa y con ella a la vista, me dispuse a atacar. Mientras retiraba la vista del espejo, di unas zancadas hasta estar justo detrás de ella, mis manos recorriendo su vientre desnudo para atraparla en un abrazo posesivo. Sonreí como idiota cuando sentí su piel reaccionar a mi toque.
-Espero que este conjunto solo sea modelado en privado- susurre en su oído, mientras mis ojos se enfocaban en la imagen frente a mi, Marinette cerrando los ojos,sorpresa y placer en su expresión. Su cuerpo era hermoso, cada curva, cada imperfección, la que amaba con locura. Ella solo puso sus manos sobre las mías recargando su cuerpo sobre mi pecho, disfrutando del toque sin darse muy bien cuenta de su posición. Disfrute de su comodidad, de lo bien que era estar simplemente así, pero hoy me sentía codicioso y buscaría más. Mientras inhalaba su esencia a vainilla y fresas, volví a preguntar.
-¿y bien?
-¿uh?- ella abrió los ojos y me miro a través del espejo.
-¿Para quien es el conjunto?- dije casualmente. Hasta ese momento, solo cuando le señale lo obvio, ella pareció ser más consciente de la poca ropa que tenía en estos momentos y un ligero tono rosado invadió sus mejillas.
-yo... bien...este...es - con mi nariz moví ligeramente su cabello para tener acceso a su cuello, un movimiento que sabía la hacia perder todo hilo de coherencia en su conversación.
-Sigue, princesa, te escuchó. - dije entre un beso y otro en su piel, apenas un toque que prendía todas mis terminaciones nerviosas y esperaba también las suyas.
-Era...un...previo...- apenas si pudo decirlo mientras comencé a besar lentamente desde su hombro hasta la clavícula y más arriba.
-Aja, ¿Para quien?- sus manos apretaron las mías, en un intento por aferrarse a algo y tratar de volver al control total de su cuerpo, como si cada roce, cada aliento contenido y expulsado ligeramente sobre su piel supusiera un barrera entre su cuerpo y su mente.
-Para...para ti...- esas palabras me detuvieron por completo ¿Acaso había escuchado mal? . Marinette también sintió el cambio en mi, porque abrió los ojos y me miró, esperando que dijera algo.
-¿Para mi?- No quería cambiar mi posición, por lo que nuestras miradas se encontraban a través del espejo. Ella trato de esquivarla, pero tome ligeramente su rostro con mi mano para que no tuviera oportunidad de desviarlo. -Marinette, dime, por favor- . No era una orden, sino una petición. Ella nunca había hecho este tipo de cosas, y de entre todas las respuesta que pude haber esperado, que dijera que el diseño de ropa interior era para mi me dejo unos segundos sin poder reaccionar, incluso casi pierdo el control sobre mi caza de aquel día.
-Yo... sé que con el trabajo, los estudios y las patrullas no tenemos mucho tiempo para nosotros y quería darte una sorpresa... en nuestro aniversario, yo...pensé que te gustaría pero ahora...- su voz se fue apagando conforme avanzaba en su confesión ¿Ella pensaba que no me había gustado? Estaba completamente equivocada.
-Dios, eres increíble- escondí mi rostro en su cuello, mientras evitaba que viera mi sonrisa y la malinterpretará, pero al parecer no funcionó, porque de inmediato se puso a la defensiva.
-De acuerdo, no esta terminado, pero deberías tener un poco más de consideración, es la primera vez que hago esto y me guíe por las tendencias, yo pensé que los colores...- su reclamó murió a medio camino cuando pegué mis caderas a su trasero, mi erección ya estaba más que dura, palpitando, deseando ser liberada para poder enterrarme en ese dulce cuerpo, anhelando aquel hueco húmedo por el que rogaría estar siempre, el sitio donde me permitía unirme a su cuerpo y solidificar ese lazo entre nuestras almas. A través del espejo, permití que Marinette viera mi rostro, mis ojos, brillantes y traviesos, disfrutando de la imagen que era ver su cuerpo en aquel conjunto.
-Jamás dije que no me gustará-mis manos comenzaron a acariciar la piel de su vientre, de sus muslos, sin tocar la zonas que sabía que la volvían loca, quería que su placer se fuera construyendo a fuego lento,- Eres demasiado tentadora para tu propio bien y si piensas que esto no me ha complacido, porque no lo piensas otra vez.- empuje mi cadera ligeramente, un movimiento provocativo que la hizo exhalar un gemido tenue, una promesa de lo que pronto estarían haciendo nuestros cuerpos. Su cuerpo temblaba, pero no de frío, sino de impaciencia, de reconocimiento por el mío, la memoria del tacto cobrando fuerza y gritando por más, pidiendo por otro toque, por cualquier ligero roce, por cualquier acción que permitiera esa descarga placentera en nuestros cuerpos, ese preludio de algo mejor, que acelera el corazón y deja noqueado los sentidos, lo conocía bien, desde que estuvimos juntos por primera vez, y luego todas las que le siguieron, siempre había sido de esa manera.
-Adrien...- un suspiro entrecortado. Una frase que estaba en medio de un anhelo y un leve gemido, un recordatorio de quien estaba con ella, de quien era la única persona que podía acceder a cada rincón de su cuerpo, era momento de iniciar con mi misión: darle el placer más sublime.
-¿Por qué creíste que no me gustaría algo así, siquiera?, eres tan inocente que no puedes ver tu sensualidad, lo provocativa que puedes llegar a ser a ojos de otros- moví la cabeza de manera negativa, un plan en mi mente que tenía como objetivo uno solo:hacerla disfrutar al máximo. - déjame enseñarte que tan hermosa eres. Permite que te haga sentir que tanto puedes provocar en mi- no espere ninguna respuesta de su parte, no la necesitaba para saber que ella confiaba en mi y en cualquier cosa que tuviera en mente. Moví una de mis manos a su rostro y la gire para buscar sus labios, un beso que estaba lejos de ser casto. En cuanto sentí el contacto de su boca con la mía, tuve claro lo que necesitaba. Mi lengua se adentró en su ella, dominando y marcando un compás, el inicio de algo que iba a ser más pasional que romántico.
No había permisos, pequeñas invitaciones o espacios de descanso. No pare hasta que sentí que su cuerpo sucumbía. Mi boca devoró la suya y a ella no parecía importarle. La posición era un poco diferente a la usual cuando nos besábamos, pero eso le confería cierta candencia y lujuria a la situación. En algún momento, una de las manos de Marinette fue hacia mi nuca, sus dedos masajeando mi cuello y recorriendo cabello. Mi lengua no dejó de probar su boca, arremetí una y otra vez, deleitándome de lo bien que respondía a cada movimiento, dejándose llevar. En un momento, su mano se aferró con fuerza para evitar que me separará de ella, como si pudiera pensarlo.
No me conformé con disfrutar solo de sus labios. Mis manos fueron codiciosas y comenzaron a recorrer su vientre, la piel expuesta se erizaba y temblaba cada vez que mis dedos la rozaban. Sin embargo, no me acerque a ninguna parte del conjunto que había comenzado todo esto. Este era el inicio de un manjar y estaba guardando lo mejor para el final. Me separe de sus labios cuando sentí un ligero temblor en sus piernas. Esto era solo el inicio y a pesar de que amaba hacerla gritar de placer y escuchar mi nombre de sus labios, hoy no debía de desviarme de la misión principal.
-Mira- le dije, acomodando su rostro para que quedarán sus ojos posados en el reflejo que nos daba el espejo- mira tu rostro, tus labios hinchados, tus mejillas sonrojadas, tus ojos brillantes y ansiosos, llenos de expectación, disfrutando y anhelando por más de todo: sensaciones, placer, unión. Quieres cerrarlos, abandonarte a todo lo que estas experimentando en cada encuentro, pero una parte de ti, curiosa y voyerista, no te lo permite. Te incita a ver, a contemplar quien es el autor de que tu cuerpo no responda a tu razón, solo a tus instintos más carnales. Necesitas grabar cada imagen en tu mente, necesitas recordar con precisión en esa dulce cabeza tuya cada caricia, cada beso, cada momento para poderlo revivir una y otra vez cuando estamos lejos. - deseaba que mis palabras se grabaran a fuego en su memoria. Cada una era sincera, nacida de mi amor y devoción a aquella mujer que se encontraba en este momento entre mis brazos.
-Adrien...espera... por favor- Su voz era un hilo que apenas escuchaba.
-¿Por qué, mi princesa?- Mi mirada se encontró con la suya a través del reflejo, así que podía ver claramente mis ojos, brillantes y deseosos de seguir con todo.
-No... no puedo.. es...- sabía lo que quería decir "es demasiado". Ella siempre creía que las cosas que decía a veces eran demasiado intensas, demasiado directas, demasiado sinceras. Lo cierto es que podía tener razón, pero no comprendía que en realidad era como me sentía. Era la pura verdad. Trato de desviar el rostro, de desconectar su mirada de la mía, pero no lo iba a permitir, hoy no le daría tregua bajo ninguna circunstancia.
-No te atrevas a desviar la mirada- fui contundente, incluso yo me sorprendí del tono de voz que emplee, una demanda fuerte, sin permisos, no era una petición, sino una orden - esto es por ti, solo por ti amor mío.
-Adrien...- ahora fue ella quien comenzó una segunda sesión de besos y caricias, diciéndome lo que no podía expresar con sus palabras. Disfrute de su entrega, de esa confianza que era imposible de corromper. Ella era mía, solo mía. Y yo era completamente suyo, en cuerpo y alma. Para toda al eternidad. Corté el beso antes de perder el hilo de mis acciones y tomarla sin más.
-Ahora, necesito que no apartes tu mirada del reflejo, dime ¿Qué ves?- Sabía que esto podría costarle, pero estaba dispuesto a esperar su respuesta una pequeña eternidad.
-Yo... te veo... y a mi...- ella no daría muchos detalles, claro a menos que yo lo solicitará, aunque en este momento no lo necesitaba tanto.
-¿Quieres saber lo que yo veo?-susurré ligeramente en su oído, ella asintió, mientras veía como tragaba saliva, tratando de controlar sus nervios y el latido acelerado de su corazón- Bien, yo veo una mujer perfecta para mi. -Deje mis manos en sus caderas, subiendo lentamente para tocar cada curva femenina- Veo un ser dulce y sensual que puede hacerme perder el control sin siquiera saberlo, capaz de entregarse y disfrutar de la pasión y el romance. Veo unas piernas que me incitan a recorrerlas hasta encontrar un sitio para hundirme por completo.- Puse mis manos sobre sus senos, apenas el brallette nos separaba del contacto directo- Veo un cuerpo que incita a fantasear con él. A pensar en como reaccionaría al tacto. Sentí como sus pezones se endurecían por debajo del encaje.
-La lencería nunca fue de mi interés especialmente, pero verla sobre tu cuerpo...me quita el aliento- apreté sobre sus montes mientras ella daba un respingo de excitación, mirando en todo momento el reflejo de todo lo que hacía sobre su cuerpo, encontrando mis ojos y sonrojándose más- No dejas nada a la imaginación y sin embargo, aquellas partes que pueden hacerte gritar de placer siguen ocultas de mis ojos, tentándome a que las descubra.
Seguí torturando un poco sus tiernos pezones, acariciándolos con mis pulgares, mientras se endurecían más y más por las atenciones. Veía con precisión la batalla que en sus ojos se libraba, su instinto diciéndole que se dejara llevar y cerrará los ojos para disfrutar mejor de cada atención, pero estaba la otra parte, aquella que no admitiría jamás que ver todo aquello era un deseo oculto, escondido que estaba alimentando una llama en su interior que solo ambos podríamos apagar. Colé una de mis manos por debajo del bralette y mi ángel no pudo darme mejor regalo que un hermoso canto de gemidos ahogados mientras su rosado botón era torturado por mis dedos, incluso mi lado travieso fue más allá y di un pequeño tirón, creando como respuesta que su espalda se arqueara ante la sensación.
Ataque su cuello con besos húmedos, disfrutando del sabor dulce y natural de su piel. Mis ojos vigilaron que cumpliera la orden a través del espejo y ella, como siempre, no me decepcionaba. A pesar de todo, seguía viendo detenidamente que pasaba con su cuerpo, como este se entregaba al placer en mis manos. Sin restricciones, sin ningún tipo de tapujos. Baje hasta su clavícula y de vuelta hacía su oído, donde no pude resistir la necesidad de exhalar un poco y susurrarle la pregunta que había en mi mente:
-¿Esta lista para mi, princesa? - Me gustaba decir algunas palabras durante nuestros encuentros, aunque no sabía si para ella era lo mismo- ¿Esta húmedo tu dulce centro? ¿Puedo hundirme en ti?
-yo...- no sabía que decirme, sus palabras le costaban tanto, pero yo quería respuestas y si no las obtenía de su boca, quizás su cuerpo sería un mejor comunicador.
-Bien, necesito algo más de honestidad de tu parte- sin más, eché atrás ambas manos y para la sorpresa de Marinette, moví ambas manos lejos de sus senos para un nuevo propósito, acomodando su cuerpo y el mío para soportar lo que venía. Su gritito ante el movimiento a penas si fue perceptible para mi.
Apoyando el peso de su cuerpo sobre mi torso, subí una de sus piernas, apoyada sobre uno de mis antebrazos, mientras que la otra se apoyaba apenas en el piso. La imagen que vi en aquel maldito espejo fue directa a mi libido y por supuesto también a mi entrepierna.
Su piel blanca ahora estaba sonrojada en muchos puntos: sus mejillas, su vientre, su cuello y la parte alta de sus senos. La posición había movido ligeramente la tanga que estaba sobre su intimidad, seguía cubriendo parte de la zona, pero me mostraba que el suave y corto vello que estaba siempre hoy no se encontraba presente.
-¡Demonios! - No pude contener la exclamación salir de mis labios. Allí estaba yo, con planes e ideas que se iban al traste en cuanto la veía y cada cosa que hacía que me dejaba sin aliento. Realmente a mi no me importaba el vello, pero verlo sin él me despertaba un hambre voraz, una anhelante ansía que solo crecía y crecía sin que yo pudiera contenerlo. Con la mano que tenía libre, moví aquel delicado encaje de su intimidad, maravillado de lo húmeda que ya se encontraba. Su cuerpo manaba una miel a la que me había vuelto adicto hace mucho tiempo, pero no debía esperar, de momento. Con mis dedos, recorrí aquellos sus labios, hinchados y protectores del más tierno y erótico capullo que pudiera conocer. Un botón que, con los movimientos adecuados, podía hacerle ver estrellas y vivir una experiencia sublime.
-Marinette...- fue un suspiro dulce, un llamado a su atención, a su conciencia. Su nombre en mis labios sonaba a música, a experiencias dulces y diferentes. Era el momento previo a un nuevo momento intimo entre nosotros y quería que lo recordará conmigo siempre presente, sosteniendo su cuerpo, alterando sus sensaciones, anhelando su placer y contemplando con deleite cuando cada parte de ella se rompía para volverse a unir en un momento perfecto de éxtasis y deseo, para encontrarse a si misma entre mis brazos, en el único lugar que pertenecía por siempre.
-Ad...Adrien- la manera sugerente en que sus labios se curvaban al pronunciar mi nombre... siempre amaría esa manera que tenía de llamarme, con un suspiro al final, como si dejará ir un beso al alma cuando lo pronunciaba... e incluso en una situación donde el romance podía quedar fuera de la ecuación, ella a su manera lo sumaba, sin esfuerzo, un simple gesto que encajaba.
-Quiero verte llegar- Mis dedos se deslizaron arriba y abajo entre sus piernas, deslizándose entre sus dulces pliegues, aprovechando aquel torrente que manaba de ellos. Su piel lisa me permitía moverme con total libertad, encontrando pronto el botón de su placer. Apoye ligeramente mis dedos sobre él, haciendo movimientos circulares una y otra vez, encontrando un ritmo ligeramente lento y constante, el justo para sentir como sus caderas buscaban más de aquel contacto. - Mira ahora, mira en el espejo como tu cuerpo busca su placer, lo bien que acepta mis caricias y pide por más- ella miraba, su mirada se perdía entre lo que pasaba en la parte inferior de su cuerpo y mis ojos, que no dejaban de vigilar cada reacción de su rostro a través de aquel vidrio.
Los suspiros y pequeños jadeos estaban retenidos en sus labios, los cuales apretaba más fuerte conforme estimulaba más su cuerpo. Bese todo lo que estuvo a mi alcance, su hombro, su fino y dulce cuello, la nuca e incluso mordí un poco su lóbulo, pero ella jamás soltó un solo gritó, y yo sabía perfectamente el porqué.
-No tienes que contenerte por nada - No sabía que solo estábamos nosotros en casa y realmente, habían sido contadas las ocasiones en que nos habíamos sentido tan atrevidos como para pasar de besos apasionados dentro de la mansión Agreste, pero... simplemente no quería esperar, quería estar con ella y tomarla ahora, sin importar el lugar- Mi bella princesa, déjame oírte gritar mi nombre, no contengas nada.
Mientras mi mano arremetía contra su intimidad, mis caderas encontraron un vaivén dulce lento, buscando un roce que me aliviará de momento y le diera a ella una gran pista de aquello que haría con ella después. Su rostro era de placer puro, sus mejillas sonrojadas, sus labios entreabiertos emitiendo en sonidos entrecortados, esos grititos que trataba de reprimir elevaban mi deseo de hacerla perder el control y que dejará salir cada palabra y gemido de sus carnosos labios. Ella era mía para excitarla, para complacerla y yo sería un ser adorando a una diosa. Cada día de mi vida.
Su cuerpo se estremecía con cada roce de mis dedos en su clítoris, sentí como se tensó ligeramente cuando sintió mis dedos buscando su centro y adentrándose de golpe en él. Bombeé con calma, disfrutando de cada expresión, leyendo en su rostro si me necesitaba más rápido o más lento. Sentía como a cada caricia y embestida su interior se contraía, apretando mis dedos.
-Tu vagina se siente deliciosa- no podía dejar de hablarle, de alguna manera, decirle cada cosa de lo que pasaba cuando nuestros cuerpos estaban en contacto me daba un placer diferente, intensificaba todas nuestras acciones- aprietas tanto mis dedos, dime cherrie ¿Así vas a apretarme cuando entre en ti?- las palabras dieron en el blanco, porque en cuanto las pronuncie sentí como ella se cerraba más sobre mi mano.
-Adrien... más...- ni siquiera debía pedir lo que yo estaba dispuesto a darle con todo gusto. sus caderas me mostraron el ritmo que necesitaba, impulse una y otra vez, el ruido de nuestros cuerpos era un toda una melodía erótica que me estaba excitando hasta un nuevo límite que ni yo creía posible...-Adrien...yo...yo- verla romperse en mil pedazos, su rostro sonrojado y transformado por el placer, su cuerpo decidido a encontrar lo que sus palabras no eran capaces de formular. Saber que yo, de entre todas las personas, era el único que conocía esa faceta de ella, solo yo y nadie más podía llevarla a esos extremos. Me volvía codicioso con ella, dispuesto a hacer cualquier cosa por ser siempre yo quien estuviera en esa posición, y con la capacidad de usar mi poder con aquel que se atreviera siquiera a tocarla.
Sentí su liberación cuando su cuerpo sucumbió a una serie de espasmos y su interior succionó mis dedos. El gritó que liberaron sus labios fue tan fuerte que estaba seguro que había resonado por toda la casa. Su nirvana duró apenas unos segundos y me bebí la imagen que el espejo me otorgaba. Sus ojos cerrados, sus labios entreabiertos, su cuerpo sudoroso y rojizo en las mejilas, los hombros y el pecho. Su cuerpo se volvió demasiado flojo y me asegure a sostenerlo con fuerza y conducirla al sofá de la habitación. Ella recargó su cabeza en mi pecho y se dejo conducir, una actitud dócil y relajada.
Con cuidado la acomodé y me coloqué de cerca de su cabeza, acariciando su rostro y cabello con la yema de mis dedos. Su respiración apenas si volvía al ritmo normal, sus ojos cerrados y su rostro inexpresivo me hicieron sentir inseguro..¿Quizás me había pasado de la raya?
-¿Estás bien?- de inmediato detuve mi caricia y espere expectante su respuesta. Algo con lo que no podía era pensar siquiera en lastimarla, en dañar su cuerpo o corazón de algún modo. Un ángel como ella solo merecía ser cuidada y querida. Eso y mucho más. Sus ojos azules me vieron con una intensidad tal que me hicieron perder por completo el hilo de mis pensamientos. Luego de nuestra reciente actividad se veía ligeramente más oscurecidos, pero en ellos la chispa de su alma estaba presente. Su sonrisa fue todo o que necesite para saber que mi Marinette estaba bien.
-Mejor que nunca- atrapó con sus delgados dedos mi mano indecisa sobre su mejilla y con un ligero movimiento, los llevó a sus labios y plantó un beso en ellos, ligero, dulce y cálido- Adrien, te amo.
-No más que yo, mi lady- estaba dispuesto a más cosas solo si ella me lo permitía, me acerque a sus labios, deseando besarla más que nunca, cuando abruptamente, ella desapareció del sillón. Algo no estaba bien...algo.
Los golpes en la puerta me hicieron levantarme de golpe... sentí el vacío de mis manos, el anhelo de un cuerpo que ni siquiera conocía a tal grado de intimidad. Por un momento desee volver a cerrar los ojos y centrarme en ella, en esa vida de ensueño donde podía estar a su lado cuando me placiera... pero no era realmente Marinette, solo una imagen que construía mi mente una y otra.
Si, probablemente es solo una imagen, pero mejor que nada ¿no crees?
Ni siquiera tuve tiempo de responder a mi maldita voz interna, porque unos golpes en la puerta llamaron mi atención.
-Adrien- la voz amortiguada de Natalie, clara e imperturbable estaba del otro lado- hora del desayuno. Cinco minutos- ni siquiera espero una respuesta, como parte de las rutinas, esta pequeña llamada era más una manera de que tuviera todo preparado, porque, en teoría, hace rato ya debía de estar despierto. Estire la espalda, sintiendo de inmediato la protesta del cuerpo por la forma en la que había sucumbido al sueño. Sobre mi escritorio, el diario a medio terminar reposaba, con la pluma a un lado, esperando por mi trabajo. Lo cerré y con prisa lo devolví a su sitio.
Cuando me levanté de la silla, solo escuche un ligero crujir de mi espalda y no pude reprimir el gemido de molestia que escapó de mis labios.
-Vaya, chico, si que has tenido una mala noche- Plagg volaba balanceando un poco de su apestoso queso en la cabeza, probablemente la última porción de alguna lata, su primer alimento de los muchos que tenía al día- dime...¿qué caso tiene tener esa cómoda y gran cama si te vas a quedar dormido en esa dura silla?
-Solo fue un descuido Plagg- dije en mi defensa mientras tomaba una muda de ropa limpia y caminaba al baño. Dado el tiempo que tenía para bajar, me sería imposible ducharme, por lo que me limite a limpiar mi rostro con agua fresca y el cambio de ropa. Supuse que por una vez que no me duchará, no pasaría nada.
-Bueno... solo espero que ese descuido no se convierta en un hábito...-tomó una pausa para lanzar su queso en el aire y terminarlo de un bocado, cuando tragó, continuó-porque estoy seguro de que tu diario no se escribe solo.
¿Soy el único que tiene un presentimiento no del todo agradable?
-¿De que estás hablando?-trate de desviar la atención del diario y sobre todo, de lo que yo escribía en el.
-Oh...por favor, no parezcas tan sorprendido- se puso delante de mi con su habitual actitud desentendida y relajada.- Es bastante obvio que has seguido mi recomendación de escribir esa libreta y me preguntó que es tan importante de poner en ella que lo haces cuando parece que nadie te puede ver.
-Plagg, donde sigas por ese camino, voy a racionar tus porciones de Camembert. era un gato acorralado, y ante ello lo único que podía hacer era mostrar las garras.. aunque contra un ser milenario no sabía que tan bueno o malo podría ser.
-¡NI se te ocurra poner un dedo en mi reserva!-Salió volando de hacía donde guardaba y dejaba reposar todo ese queso que tanto le gustaba, lo cual me dio al menos un momento de respiro.
No estoy seguro de si es bueno o malo, pero al menos lo alejamos del tema... por ahora.
Ni siquiera presté atención a ese pensamiento. Me cambie lo más rápido que pude, aunque no tenía demasiadas ganas de bajar al comedor, donde seguramente ya estaba preparado el plato en la mesa para tomar mis alimentos.
Como si se tratara de una pequeña tortura, en mi mente revivían los recuerdos de la tarde anterior, todo había sido perfecto de alguna manera, Marinette y yo en una sesión de fotos era algo que jamás me hubiera imaginado, pero lo había hecho, una experiencia que me dejo estar un poco más cerca de ella. Sin embargo, en los últimos momentos mis impulsos y anhelos me traicionaron y con ello, todo se fue al trate. Luego del beso la vi alejarse, sin explicaciones, sin ninguna señal adecuada que me diera la pista que necesitaba para saber si había ido demasiado lejos.
Baje escalón por escalón, inmerso en mis reflexiones, que cuando llegue al comedor, tarde más de tres segundos en darme cuenta que no estaba solo...en la otra esquina, platicando con Natalie, estaba mi padre, con esa expresión sería y su ropa impecable.
¿Por qué esta aquí?
La misma pregunta me hacia yo, pero no sería tan descarado como para hacerla directamente. Me conformé con sentarme a mi lado y destapar la bandeja de plata que cubría mis alimentos. Comencé a comer, sin una palabra o alguna reacción de bienvenida. Era extraña esta situación, sobre todo porque desde que mi madre ya no estaba con nosotros, en contadas ocasiones habíamos vuelto a compartir la mesa de esta manera.
-¿Como has dormido?- me sorprendió que, en vez de su habitual forma de hablar, directa y sin filtros, usará una pregunta para iniciar una conversación matutina.
-Bastante bien- me tome la libertad de tomar un bocado de mi platillo mientras esperaba una replica.
-Natalie, por favor, danos unos minutos- Ella asintió y con el resonar de sus tacones, nos dejo solos en aquella habitación tan inmensa...no pude evitar mirar hacia el cuadro de mamá, y él tampoco pudo evitar notarlo.
-Yo también la extraño- de inmediato regresé mi vista a él- seguramente ella sabría que decirte.
-¿Sobre qué, padre?-este comportamiento no era habitual en él...parecía tan humano y vulnerable, la máscara de hielo se caía y recordaba mejor como era mi padre antes de nuestra perdida.
-yo...vi la interacción que tuviste el día de ayer con la señorita Dupain...-trague saliva audiblemente, si él lo habia notado ¿era así de evidente?- quizás ayer no supe que decir porque tu forma de ser me recordó un poco a... bien- una pequeña tos le ayudó a aclararse la garganta- a mi... cuando conocí a tu madre.
Eso no lo vimos venir-
Sabía un poco de su historia de amor, pero más por mi mamá que por él, por lo que fue demasiado inesperado escucharlo siquiera mencionarlo, el mismo Gabriel Agreste lucía un poco incómodo al darle voz a todo aquello.
-Solo... bien... podrías tomarlo como un consejo...siempre intenta, incluso cuando puedas equivocarte, fallar y sentir que lo echas a perder, si en verdad quieres que algo se haga realidad, trabaja por ello cada día y no desperdicies ningún momento, recuerda que un Agreste siempre obtiene lo que quiere ¿Has entendido?
-si- no supe que otra cosa decir o hacer ¿Quien era él y que había echo con mi padre?
-bien, debo trabajar en el estudio, me retiro antes- dejo la servilleta en la mesa y salió de manera rápida por la puerta, sin esperar nada más de mi.
-intentar- repetí la palabra, tratando de pensar. Ciertamente había intentado y había metido la pata, pero no debía darme por vencido. Naomi había dicho que debía darle tiempo y espacio, como Adrien podría hacerlo, pero nunca había dicho nada de Chat noir, con una idea corriendo a toda prisa por mi mente, devoré mi desayuno y subí corriendo a mi habitación. Coloque la música que usaba para hacer parecer que estaba en mi ensayo de piano, listo para mi siguiente paso, me transforme y escape por la ventana de la habitación.
Miau, me gustan tus ideas gatito.
Una princesa tendría la visita de héroe masculino más aclamado de todo París.
