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Imagen: 46
Personajes: Sora, niños elegidos
Summary: Siempre duele decir adiós. [Para SkuAg por su cumpleaños, ¡felicidades!]
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Espejismo
22. Juntos de nuevo
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Sora lo sabía. Lo supo desde el primer día en que Piyomon le dio un abrazo. Desde que vio a Taichi bromeando con Agumon, a Takeru durmiendo con Patamon o a Yamato tocando la armónica para Gabumon. Sabía que el día de la despedida llegaría. Y que dolería.
Siempre duele decir adiós. Tenía experiencia.
Pero también sabía otra cosa: por muy lejos que se esté, no se deja de querer ni de ser querido. Sus padres le habían enseñado esa lección, en sus aventuras lo había entendido del todo.
Se sentó junto a Mimi en ese tranvía que volaba hacia el Mundo Real. La abrazó y ella lloró contra su hombro. Takeru y Hikari también lloraban, sin importar las palabras de consuelo de sus hermanos. Incluso Koushiro y Jou tenían los ojos vidriosos.
—Chicos —los llamó—, aunque no podamos estar con ellos físicamente… siempre recordaremos lo que vivimos. Y nuestros digimons nos recordarán.
Taichi asintió con la cabeza. Yamato suspiró. Sora se mordió el labio sin saber qué más decir para que la despedida no doliera tanto.
—Sora, ¿crees que volveremos? —preguntó Mimi, entre sollozos.
—No lo sé…
—¡Claro que volveremos! —la interrumpió Takeru—. ¿Verdad?
Hikari sonrió y dejó de llorar. Sora quería creer tanto como ellos, pero no estaba segura.
El tranvía llegó al oscuro eclipse que cerraba la puerta entre los mundos y se los llevó. Sintieron que daban vueltas y vueltas, de una forma que conocían bien, y cayeron en el mismo lugar del que se habían marchado. Sus padres los recibieron con abrazos y lágrimas. Y, para sorpresa de Sora, Haruhiko también estaba allí.
Dentro de un apretado abrazo familiar, Sora miró a sus amigos.
Tristes, esperanzados y satisfechos. Había de todo en esas caras. Sabía que las cosas iban a cambiar entre ellos, que Takeru vivía lejos y seguiría sin poder estar con Yamato, que quizá sería doloroso reunirse porque recordarían todo el tiempo a los que dejaron atrás, que algunos se centrarían en sus vidas y se alejarían de los demás.
Pero no importaba. Hubiera la distancia que hubiera, ella siempre los querría y nunca olvidaría a Piyomon. Esperaba que los pequeños tuvieran razón. A veces un adiós podía ser un hasta luego.
Supo que era cierto cuando, muchos años después, volvieron a estar en aquel tranvía. Juntos de nuevo.
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Casi podría ser una precuela de la anterior. Un pequeño detalle para SkuAg, espero que tengas un día fantástico, ¡felicidades!
