Para la actividad de San Valentín del topic Mimato del foro Proyecto 1-8, palabra: corazón
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Imagen: 140. Fonógrafo de un corazón. Propuesta por Scripturiens.
Personajes: Mimi, Yamato
Summary: En el Barranco Susurrante muchos tenían dones, el de Mimi era escuchar a los corazones. Y encontró uno que, en vez de hablar, cantaba.
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Espejismo
24. En el Barranco Susurrante
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En las paredes del Barranco Susurrante, más allá de la Cascada Dormida y del Bosque de los Dragones, se erigió una pequeña ciudad excavada en la roca.
La ciudad fue creciendo y creciendo. Durante siglos, sus habitantes recibieron a todos los viajeros que buscaban aventuras más allá del mundo conocido. Algunos de ellos se quedaban a vivir allí, temerosos de continuar sus andadas, deseosos de un poco de tranquilidad, contagiados por la vitalidad del lugar.
Con el tiempo, algunos de los niños de la ciudad del Barranco Susurrante comenzaron a nacer con dones. Como percibir las emociones de todo ser viviente o ver los sueños. El de Mimi era muy especial, porque era capaz de escuchar a los corazones.
Para ella, todos hablaban, tenían una voz propia. Un timbre, un latido, una entonación diferente. Y le susurraban cosas que las personas a veces callaban.
La vida de Mimi transcurrió normal, se dedicaba a ayudar a sus padres en la panadería (su madre tenía el don de saber qué sabor era el favorito de cada persona). Hasta que un día sucedió algo que cambió las cosas.
Llegaron a la ciudad tres viajeros. Dos chicos rubios, uno más mayor que el otro, y una chica de ojos brillantes. No habría nada extraño en ello, si no fuera por los susurros que escuchó. Entre las voces conocidas y las nuevas, había algo raro. Tardó en darse cuenta de qué era.
Uno de esos corazones no hablaba, solo cantaba o guardaba el más absoluto silencio.
Cada una de las canciones que escuchó, contaba cosas extraordinarias. Hablaba de una triste soledad, de ansia de ser comprendido, de miedo a la pérdida, de ganas de ser mejor.
Además, los forasteros deleitaron a la ciudad con narraciones de sus aventuras y de muchas historias llenas de fantasía y colores.
Tan cautivada quedó, que por primera vez pensó que el Barranco Susurrante era demasiado pequeño para pasar toda su vida allí. Y, cuando los viajeros decidieron que debían marcharse, les pidió que la llevaran con ellos.
El rubio mayor, Yamato, la miró fijamente, sin responder. Sus dos acompañantes dijeron que lo pensase bien. Sus padres casi se volvieron locos y lloraron, pero Mimi había tomado una decisión.
—Tengo que hacerlo —les dijo, apenada—. Siento que es lo que debo hacer.
Yamato seguía sin apartar los ojos de ella. Al final asintió y se echó al hombro la bolsa de viaje que la chica se había preparado.
Al principio, le fue duro. No estaba acostumbrada a caminar tanto, a pasar a veces hambre o a veces frío. Pero pronto se amoldó, deseando demostrarse a sí misma que podía hacer aquello. Sus compañeros no tardaron en transformarse en amigos.
Incluso Yamato, que había guardado las distancias desde el principio.
Una noche, bastante tiempo después, él la miró fijamente. Igual que aquel día en el que aceptó que viajara con ellos.
—¿Por qué? —le preguntó. Y ella sabía qué quería decir, sus latidos se lo susurraban en una canción.
—Porque tu corazón es diferente a los demás. Y me hizo pensar… que hay muchas cosas que no conoceré si no salgo a buscarlas. Muchos corazones que no escucharé.
—¿Por qué el mío es diferente?
—Porque a veces está callado. Porque no habla, solo canta. —Yamato pareció contrariado, Mimi sonrió—. Tranquilo, nunca le cuento a nadie nada de lo que escucho.
—¿Y qué has escuchado de mí?
—Muchas cosas.
Sus gargantas guardaron silencio, pero sus latidos no.
La noche en la que llegaron al fin a lo alto de la Montaña del Eco, donde un viejo sabio les habló de su siguiente aventura, Yamato besó a Mimi. Y ella no se sorprendió, porque el corazón del chico llevaba ya tiempo susurrándole canciones de amor.
Pero mejor que él no se enterase.
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No estaba pensado como tal, y no tiene demasiada relación, pero se puede tomar como que es del mismo universo de mi fic Las cuerdas rotas de los violines.
