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Imagen: 66: Botellas, lluvia, bicicleta (por Genee). 174: Calcetines divertidos (por BlueSpring-JeagerJaques).

Personajes: Taichi, Sora

Summary: Una carrera en bicicleta, lluvia y comida quemada. Solo con Taichi y Sora podía pasar. [Para Genee por su cumpleaños, ¡felicidades!]

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Espejismo

25. Los calcetines de aquel día

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—Deja de reírte. —La advertencia va en serio, pero las risas no paran—. Como no dejes de reírte…

—¿Qué? ¿Me tirarás un oso de peluche?

La risa de Sora se vuelve más escandalosa. Taichi la fulmina con la mirada antes de acercarse a ella y sacudir la cabeza, como si fuera un perro. La chica chilla, esta vez le toca a él reírse.

El suelo de la casa de los Yagami está empapado, ellos mucho más. La lluvia les ha pillado en medio de una carrera en bicicleta.

Sí… carrera. Un par de comentarios en el momento oportuno y así habían acabado, intentando demostrar quién estaba en mejor forma física. Ninguno ganó, porque empezó a llover. Bueno, a jarrear más bien. La botella vacía de la cesta de Sora salió volando cuando ella derrapó sin querer, la rueda de la bici de Taichi tuvo la mala suerte atascarse con la botella. Ambos cayeron a un charco.

—Te dejaré algo de ropa de Hikari, ¿crees que te valdrá? —pregunta él—. Eres más alta y… bueno, ya sabes.

—¿El qué sé? —Sora, distraída, intenta secarse el pelo con una toalla.

—Que tienes curvas. —Ella se sonroja, no sabiendo cómo tomarse eso. La sonrisa de Taichi es radiante y traviesa a la vez—. Si quieres que sea más específico, tienes…

—¡Ya, vale! ¡Lo he captado! La ropa de Hikari no me va a valer.

—Te daré mía entonces.

Ambos entran en la habitación. El chico revuelve en el armario y le tira una vieja equipación de fútbol. Sora la olisquea a escondidas.

—¿No me vas a explicar lo de los calcetines?

—Casi pensaba que lo dejarías pasar —dice él, en tono melodramático.

—No te lo crees ni tú.

—¿Borrarás la foto?

—Eso tampoco te lo crees ni tú.

—Qué cruel eres. Venga, sé buena…

Pone cara de inocente, pero solo consigue que ella se ría más y niegue con la cabeza.

—Son de mamá, que tiene el pie como yo… ¡Sí, tengo el pie del tamaño de mujer, no me avergüenza reconocerlo! —Parece justo lo contrario—. Como ayer también llovió, mi ropa no se ha secado y no me quedaban calcetines limpios.

—A ver, Tai, tu madre no creo que solo tenga calcetines desparejados, rosas y con caritas sonrientes.

—Me parecieron graciosos, ¿vale? Me recordaron a… Da igual.

—¿A qué? —Por primera vez en todo este rato, están serios.

—No importa. Ve al baño a cambiarte tú primero, calentaré agua para un té.

Sora quiere bromear acerca de si no quemará la cocina en el proceso, pero su cara la persuade. ¿Qué es lo que no le está contando?

Se quita la ropa húmeda, la mete en la secadora y se pone la equipación de fútbol. Le da nostalgia, hacía mucho que no llevaba algo así. Mucho, mucho. Él se lo dice cuando la ve. Después entra a cambiarse y sale con su pijama.

—¡Taichi! ¿Te parece decente estar en pijama?

—¿Qué? Ya te he dicho que mi ropa no se ha secado. Además, ya casi es la hora de cenar. ¿Qué vas a preparar?

—¿Yo?

—Mis padres llegan tarde, Hikari está por ahí con el rubito, y es lo menos que puedes hacer por mi hospitalidad.

—Esto es el colmo —se queja ella, tirándole un cojín a la cabeza.

—Si quieres preparo yo algo…

—¡No! Ya voy.

Recuerda perfectamente la última vez que lo intentó. Todos lo recuerdan. Jou tuvo una indigestión, porque se sacrificó y probó la comida para no herir los sentimientos de Taichi.

Va a la cocina y rebusca en la nevera, no hay gran cosa pero se puede apañar, aunque Yuuko se empeña en comprar cosas cada vez más raras. Escucha de fondo la televisión y se sumerge en la tarea. Un rato después, cuando ya está casi todo listo, siente la nariz de Taichi entre su pelo.

—Qué bien huele.

—Es… la salsa.

—No, eres tú. Siempre has olido así. Y con la lluvia más.

El aliento del chico le da en la nuca y a Sora se le pone la carne de gallina. Intenta fingir que está tranquila, pero las manos no le responden bien y salpica la encimera. Quiere limpiarlo, pero él, que sigue en su espalda, le agarra las manos.

—¿Recuerdas la última vez que jugamos juntos al fútbol? —pregunta Taichi, haciéndole cosquillas en la oreja.

—En la playa hace…

—No, digo en un equipo.

—Ah, sí. —Claro que lo recuerda. Fue un día triste, porque ella ya había decidido dejar el fútbol.

—Nos llenamos de barro, así que fuimos a limpiar nuestro calzado antes de ir a casa. Llevabas unos calcetines naranjas, con dibujos cursis. Me reí de ti y tú me pegaste. Después lloraste y me pediste que no dejáramos de ser amigos. Los calcetines que llevaba hoy me recordaron a esos. A ese día.

Sora se muerde el labio. Siente muchas cosas a la vez. Por su cercanía, porque él recuerde tantos detalles de ese día, porque… porque es Taichi.

Así que, como siempre le pasa con él, deja de ser consciente de lo que hace. La comida se quema, la encimera sigue sucia mucho tiempo y Sora muerde esta vez el labio de Taichi.

Y él, al día siguiente, decide que siempre llevará una botella vacía cuando vaya en bicicleta. Por si acaso.

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No es gran cosa, pero ando sin tiempo y no quería dejar de regalar algo a Genee.

Que cumplas muchos más, que comas cosas ricas y sobre todo que disfrutes de tu día en buena compañía. ¡Feliz cumpleaños, querida Genee!