.

Para Sybloominai por su cumpleaños, ¡felicidades!

.

Imagen: 49: Armas rosas (por Scripturiens)

Personajes: Koushiro, Palmon, Mimi

Summary: De perdidos al agujero negro, como se solía decir. El día de Koushiro podría haber ido peor.

.

Espejismo

30. Rompiendo reglas de viajes espaciales

.

Érase una vez, en un planeta muy lejano, un joven pelirrojo pilotaba su nave como podía. Porque eso de pilotar no era lo que mejor se le daba y porque un simpático pirata espacial había reventado algo importante de su nave. Tan importante, que estaba aterrizando en ese planeta desconocido.

Koushiro sabía que había reglas básicas a la hora de viajar por el espacio, como no aterrizar en un planeta desconocido o evitar a los piratas espaciales. Había incumplido muchas, empezando por esos planos secretos que estaba intentando llevarle a Taichi.

De perdidos al agujero negro, como se solía decir.

La nave se estrelló de una manera poco elegante, pero no mortal, así que era su día de suerte. Tuvo que salir de ella porque tenía que encontrar alguna pieza de repuesto, o ayuda, así que se aventuró por un bosque de espinas. Casi le dio un infarto cuando una flor se movió y se le lanzó encima.

—¡¿Eres el príncipe azul?! —le preguntó la flor, que resultaba que tenía boca y una voz chillona.

—No soy ningún príncipe —dijo, como pudo, porque la máscara de oxígeno era incómoda y no se le oía bien.

—¿Qué? Bueno, da igual. Tienes que serlo, ven, ven. Tienes que matar al dragón y despertar a la princesa. O en otro orden, da un poco igual.

—¿Dragón?

La flor lo sacó de ese laberinto de ramas oscuras llenas de espinas y por fin pudo ver una construcción: era un enorme edificio de metal, con torres alargadas y un puente levadizo, parecía un castillo.

Se vio guiado por un pasadizo de un lateral, que al parecer era su día de suerte porque el dragón debía estar dando un paseo (¡¿dragón?!), y escaleras arriba a la torre más alta de todas. Allí, había una chica tumbada en una cama. Tenía largo pelo castaño en gruesos tirabuzones, la piel muy blanca y un elegante vestido. Dormía.

—Bésala —le dijo la flor.

Koushiro no le prestó atención. Viendo que la chica podía respirar, se atrevió a quitarse la mascarilla. Había máquinas por toda la habitación y se dedicó a inspeccionarlas. No tardó en darse cuenta de que la chica debía haber sido criogenizada. Le llevó algunas horas, pero averiguó cómo despertarla, picando código mientras soportaba los lloriqueos de la flor.

Cuando terminó, se acercó a la cama y miró a la chica, a la espera. Tardó un poco en abrir los ojos, y algo más en reaccionar. Después sonrió, le agarró de la nuca para que se agachara, y lo besó.

—¿Qué…? —preguntó, apartándose.

—¡Mi príncipe ha roto la maldición! —dijo la chica.

—No soy ningún príncipe. Soy Koushiro.

—Hola, Koukou, mi amor.

Él frunció el ceño, mientras la flor gritaba «Mimi» entre lágrimas y abrazaba a la chica. No entendía qué estaba pasando, pero tampoco pudo preguntar, porque se escuchó un rugido.

De la enorme puerta que daba a una terraza, se asomó la cabeza de un ser reptiliano, con escamas negras, colmillos afilados y ojos amarillos.

—Pues sí que parece un dragón —comentó Koushiro, llevándose la mano a la barbilla.

El ser pareció decidir que le caía mal. Le pasaba a menudo, a veces se preguntaba si era por ser pelirrojo. Tuvo que esquivar una llamarada y meterse debajo de la cama. No es que fuera el mejor jugando al escondite, la verdad.

Mimi resopló.

—Hombres… tenemos que hacer todo por vosotros.

Se levantó la enorme falda del vestido y sacó un arma rosa. Apuntó a la criatura en el ojo y le dio, con un disparo láser. Se escuchó un golpe sordo cuando el cuerpo del dragón cayó.

—Tranquilo, solo lo he dormido —dijo Mimi, sonriente.

—No entiendo nada de lo…

—Vamos, Koukou, hay otras princesas a las que liberar.

Le tendió la mano y Koushiro se dijo que, bueno, podría haberle ido peor después de romper tantas reglas de los viajes espaciales.