Traducción de Half Truths, de Purrina57, con su autorización.
Me han preguntado si hay Malec en este fic. Lo siento, no lo hay, ni Sizzy :( A los que postean como visitantes, lo siento, solo les puedo responder por acá.
Ugh, me acabo de dar cuenta de que en el Capítulo 5 mezclé "usted" y "tú" cuando habla el mismo personaje. Perdón, es algo que tengo que corregir conscientemente. Sabía que iba a equivocarme en algo.
Ay, aquí comienza lo difícil. No sé traducir smut. Es poco, para comenzar, pero va en crescendo :S Tengo poca retroalimentación, ejem, ejem. ¿Sugerencias?
Capítulo Seis
―Es muy guapo ―me dice mi madre mientras esperamos que llegue el auto para llevarla de regreso a casa. La que ahora es solo su casa.
Cómo quisiera poder devolverme con ella.
―Sí, lo es ―lre despondo, porque no tiene sentido negar que Jace es bello. Sin embargo, la belleza no significa nada para mí cuando algo tan espantoso se oculta detrás de ella.
En cuanto el auto se aproxima a nosotros, mi madre se voltea y noto una mirada triste en sus ojos. La de costumbre. Toca mi mejilla, me besa la frente y agacha la cabeza para entrar al vehículo.
―Te quiero mucho, Clary ―me dice. El chofer cierra la puerta antes de que pueda responderle, luego se sienta detrás del volante y parte.
Tan solo me despido con la mano. Me digo a mí misma que no le dije que la quería porque no tuve tiempo, pero estoy consciente de que no lo he dicho desde que era niña.
Creo que pasarán años antes de que se lo diga de nuevo.
No logro conciliar el sueño, así que me pongo mi bata y tomo el elevador hasta la azoeta del Wonderer. El señor Lamb me dijo que el nivel superior está desocupado, salvo por una escalera que lleva al techo.
Tiene razón.
Tomo las escaleras hasta llegar a la azotea ventosa. La fría noche me hace temblar y escucho de lejos el bullicio de la ciudad. Parece estar a kilómetros de distancia, apenas un tenue murmullo. Mis pies descalzos hacen crujir las piedrecillas en el piso y mis manos comienzan a buscar la baranda de acero en la oscuridad. Me sobresalto al hacer contacto con el metal frío y me asomo hacia abajo, hacia la caída de 60 pisos.
La ciudad parece un mercado persa, llena de gente y autos, a diferencia de las montañas en el fondo, silenciosas y solitarias. Tal vez no sean tan solitarias como parecen. Tal vez tampoco estén tan muertas.
Debe haber miles de demonios en ellas, esperando atacar, planeando su ataque. Preparándose para invadir lo que queda de este espantoso mundo.
Siento como el viento seca una lágrima solitaria en mi mejilla y vuelvo a asomarme por encima de la baranda.
Es tan tentador. Tan tentador pensar en pasar mis piernas por encima de ella y saltar. Sería espectacular, creo yo, poder sentirme liviana como una pluma, ser libre por tan solo un momento, un estimulante momento en que sea solo yo quien manda. Tomar mi vida en mis propias manos.
Al carajo con el bien común.
Las palabras de Jace regresan a mí en un momento de egoísmo. Lo llamé inmaduro y estrecho de mente, y lo es. Es una pésima forma de ver la realidad, pero en este momento, desde aquí arriba, entiendo lo que quiere decir. El bien común rara vez es lo que quisiéramos. No es lo que quiero para mí.
Me recuesto aún más en la baranda e inhalo el frío aire, tan frío que parece quemar mis pulmones. Surge una corriente de adrenalina en mi cuerpo que siento correr por mis venas, siento como me electrifica.
Sería tan sencillo. Tan solo debo inclinarme un poco más.
Entonces saldría volando.
Libre.
―¿Está pensando en brincar?
Una voz perezosa me saca de mi ensueño y pierdo el impulso. Brinco hacia atrás, aterrorizada de ver que la misma caída que parecía tan tentadora hace un minuto es mortal. Volteo a mirar a Jace, quien se aproxima hacia mí.
―No ―le miento.
―Entiendo si lo estuviera considerando ―me dice pausadamente. Se recuesta a la par mía, toma la baranda con las manos y echa una mirada hacia abajo.
―Yo lo pienso todo el tiempo ―confiesa Jace en tono bajo.
Me traiciona una pequeña exclamación silenciosa, pero Jace logra escucharme a pesar del ensordecedor viento que nos estremece.
―¿La sorprende? ―me pregunta, sus rizos volando en el viento.
―Pues sí, me sorprende ―le respondo.
―No debería.
―Usted tiene todo a sus pies, ¿por qué querría saltar? ―lo increpo en voz alta para que me escuche por encima del ensordecedor viento.
―No tengo nada, señorita Fray ―me dice simplemente, su vista perdida en la caída hasta el fondo del precipio del Wonderer―, nada excepto la habilidad de quitarme la vida.
―¿Qué lo previene de hacerlo?
Sus ojos encuentran los míos, brillantes, ardientes a pesar de no reflejar ninguna luz externa. Aquí en la azotea lo único que nos ilumina es la luz de las estrellas.
―Si muero aquí, de esa manera, mi vida no habrá valido la pena. Si voy a morir, más vale que valga algo. Tal vez lo mejor es que muera en el campo de batalla.
―¿Para que erijan una estatua a su imagen en la ciudad? ¿Para que se conmemore su muerte en un día patrio? ―le reclamo.
―Aunque todo eso suena atractivo, es mi madre la que me previene de saltar.
El comentario es tan atípico de él que no consigo responderle. No puedo evitar que se me vea la sorpresa en la cara.
Jace me mira desde el rabo del ojo y me lanza una sonrisa burlona. Sin duda se siente satisfecho de haber generado una reacción en mí.
―No se sorprenda tanto, señorita Fray, me hiere los sentimientos.
―Vaya, pensé que no había manera de herirle los sentimientos ―le respondo.
La sonrisa desaparece, y pareciera que se hubiera apagado el rostro.
―Todo el mundo tiene sentimientos, Clary ―me dice mientras se dirige hacia las escaleras y desaparece de la azotea.
Me pregunto la mañana siguiente si ese rato que pasé con Jace en la azotea fue un sueño.
Sin embargo, cuando veo los pequeños rastros de piedras en mi alfombra, sé que no fue todo un sueño.
―No va a venir.
Doy un salto de sorpresa y noto que Isabelle se ha echado en una silla al otro lado de la mesa. La misma silla que Jace debería ocupar en este momento.
Nos han sugerido almorzar y cenar juntos todos los días hasta el día de la boda, lo que el señor Lamb alegremente llama "preparación". Dice que nos ayudará a conocernos mejor.
No creo que jamás lleguemos a conocernos. No quiero conocer a Jace. No parece que haya mucho qué conocer, salvo que es un desgraciado. Por supuesto que no digo nada de esto al señor Lamb.
Echo una mirada aburrida hacia Isabelle.
―¿Disculpa?
―Jace no vendrá ―repite, para luego tomar un panecillo que despedaza con poca gracia.
―Está con Kaelie.
―¿Kaelie? ―pregunto sin mucho ánimo, aunque siento brotar un sabor amargo en mi boca.
―Tiene historia con ella, es otra Guardiana ―responde Isabelle con la boca llena. No puedo evitar ver los trozos de comida y saliva que pasan de un lado al otro en su boca.
―¿Por qué no casarse con ella entonces?
―¿Con Kaelie? ―dice Isabelle entre risotadas, soltando algo parecido a un grasnido que ya no encuentro tan ameno―. ¡Qué va, jamás se casaría con ella, es demasiado irritante! Solo se ven para coger.
―Pues no me parece que a Jace le importe con quién se case. Se va a casar conmigo y no me conoce. ¿Por qué no escoger alguien que ya conoce?
―Valentine jamás lo permitiría. Kaelie lo saca de quicio ―explica Isabelle rodando los ojos―. A mí también me saca de quicio, ¡es tan irritante!
Pienso a mis adentros que no es la única en hacerlo.
―En todo caso, pensé que podría acompañarte, ya que Jace te dejó plantada.
―¿Te dijo que no vendrá? ―le pregunto.
―No, le dijo a mi hermano, Max, quien me contó a mí. Yo decidí contarte, como ves.
Le echo un vistazo antes de tomar un sorbo de agua. Hago cualquier cosa para tranquilizarme. Isabelle agota mi ya precaria paciencia.
―¿Cree que Jace se vsiga viendo con Kaelie cuando estemos casados? ―le pregunto pausadamente, girando el pesado tenedor en la mesa.
―Probablemente ―dice Isabelle encogiendo los hombros―. ¿Qué sé yo? Si yo fuera él no lo haría. Eres mucho más bonita que ella y también más... buena onda. No logro comprenderte, pero creo que le caes bien a Jace. A él le gusta un buen misterio.
―Vaya manera de demostrarlo ―le digo en un tono acérbico, sin dejar que escape el enojo que siento.
―Noooo, eso es su papá. Su papá hace que se comporte como un idiota con las mujeres, pero te juro que es un buen chico. No lo culpes.
―¿Que no lo culpe? ―repito sarcásticamente, sin que haya un rastro de humor en mi voz―. Discúlpeme si me molesta la idea de que un hombre no pueda controlarse delante de una mujer. Nunca he aceptado eso de que a los hombres debe excusárseles su mal comportamiento por el mero hecho de ser hombres, que no puedan evitar querer tener sexo con cualquier cosa que se mueva.
―Vaya, eres una fiera, a Jace le gustará eso. A mí me gusta que seas así. No hay muchas chicas rudas por aquí y las que lo son, pues, rápidamente las ponen en su lugar, o las ocultan, como hicieron conmigo. Sebastian se averguenza de mí, aunque es demasiado gallina para admitirlo. Ah, ¡hablando del rey de Roma!
Poso la mirada en un hombre alto y delgado, ligeramente encorvado, quien camina hacia nosotros con un paso apurado, algo nervioso.
―¿Por qué, pensaste que te había abandonado? ―dice en un tono burlón.
―Ay, cielo, ¡las cosas que dices! ―responde Sebastian con una pequeña risa nerviosa―. Vamos, ¿qué tal si nos retiramos?
―Ah, ¿ya es hora de la cogida del día? ―dice Isabelle resignadamente mientras asiente con la cabeza. Sebastian tan solo logra balbucear incoherencias y enrojecer de la vergüenza, sus ojos pasando rápidamente de Isabelle hacia mí.
―Bueno, vamos. Como te dije , Clary, es un buen polvo.
Empalidezco de la sorpresa, pero tan solo me limito a ofrecerle una sonrisa a medias.
Sebastian parece querer que se lo trague la tierra.
―Me... me disculpo por los comentarios indiscretos de Isabelle.
―Descuide ―le respondo.
―Vamos ―dice Isabelle antes de pegarle una nalgada que lo hace dar un salto de sorpresa. Lo toma del brazo con fuerza y salen del salon, sin percatarse de que varios la miran con desagrado y sorpresa
Tan solo suspiro y regreso a mi plato de comida, aún sin tocar.
Estoy de nuevo en el techo, mirando hacia abajo, pero ya no siento ese delicioso sentimiento de posibilidad que experimenté la noche anterior
No queda nada, nada excepto un ligero cosquilleo en los dedos de los pies, una especie de vértigo por la altura.
―Señorita Fray.
Hago caso omiso de la voz que me llama, lamentándome a mis adentros por no haberme quedado en mi habitación esta noche, en caso de que Jace decidiera venir de nuevo a la azotea.
―Me disculpo por no haber cenado con usted ―murmulla Jace, quien luego se recuesta en la baranda conmigo. Siento sus ojos examinar mi rostro, recorrer mi camisón de seda apenas cubierto por mi bata.
Me envuelvo en la delgada bata en un intento por cubrir mi cuerpo, aunque no hace nada para ocultar mis pezones endurecidos por el frío. Me avergüenza la situación, lo vulnerable que soy a él, pero mi voz no delata mis sentimientos.
―No es necesario que se disculpe, señor Wayland, comprendo que la necesidad de encontrarse con su puta sea más importante que respetar nuestra sobria cita para cenar juntos ―le profiero, mi voz fuerte e impávida.
―Vaya, es usted una criatura insolente, ¿no? Tal y como dijo Isabelle ―responde Jace con una risa en los labios.
―¿Habló con Isabelle?
―Sí, me dijo que por accidente le mencionó que estaba con Kaelie, así que decidí venir con la esperanza de poder aclararle la situación.
De un pronto a otro siento a Jace cerca de mí, tan cerca que nuestros brazos casi tocan.
―Le dije a Kaelie que lo nuestro se acabó.
Lo que me dice es tan absurdo que suelto una carcajada, aunque para nada sueno alegre.
―¿Realmente cree que soy tan estúpida? Preferiría que fuera sincero conmigo, señor Wayland. Creo que es más honorable ser un desgraciado sincero que un dsgraciado mentiroso.
Jace me toma de los brazos, pero esta vez no me lastima. Me sujeta con fuerza, justo donde es incómodo pero donde aún no deja marcas. Sospecho que es justamente lo que desea lograr. Me toma de ambos brazos, me acerca a su cuerpo y agacha su cabeza hacia la mía, sus ojos enardecidos de la ira. Siento su aliento caliente sobre mi boca.
―Señorita Fray ―me susurra lentamente, con una furia apenas contenida, sus labios casi tocando los míos― su boca se antecede a su cerebro.
Siento su mano entremeterse en mi bata y rozar la tela de mi camisón entre mis senos. Intento alejarme de él, pero me sostiene con tanta firmeza que no puedo escapar.
―Este no es el mejor lugar si busca libertad de expresión ―murmulla contra mis labios, cada palabra un asomo de beso. Siento su mano moverse dentro de mi bata, su pulgar roza mi pezón a través de la delgada tela de mi camisón,
Se entrecorta mi respiración, aspiro fuertemente y siento un extraño cosquilleo recorrer mi cuerpo como un rayo.
―Más vale que camine con cuidado, señorita Fray ―me dice Jace antes de darme un beso, apenas un ligero rozar de labios y dejarme estremeciéndome en el fuerte viento.
No estoy para nada contenta con este capítulo. Ahora entiendo tan bien a los autores y sus A/N tan prolíferas. Entiendo por qué quieren saber de la gente. No sé si deba seguir (y no lo digo para que me digan que siga) porque no sé traducir lemons, especialmente los de purrina57 que son tan sutiles y elegantes pero al mismo tiempo super sexy. Si alguien tiene sugerencias, de este u otro fandom, lo acepto porque estoy perdida. Gracias.
