¡Buenas! Les traigo este one-shot de una pareja hermosa pero poco convencional, me encantan juntos, pienso que deberían haber más fics sobre ellos :3
Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, sólo los uso para hacer volar la imaginación y sin ningún fin de lucro.
¡Espero que lo disfruten!
Kiba estaba en esa fiesta totalmente aburrido y con deseos enormes de encontrar cualquier excusa para salir huyendo.
Había sido idea de sus amigos ir a ese fastidioso club lleno de personas ricas, quienes eran en su mayoría mocosos borrachos y malolientes que abusaban del alcohol, escabiando como si no hubiese un mañana. Los miraba desde la barra, asqueado.
No que no le gustaran las fiestas, las adoraba, pero cuando éstas incluían señoritas de su edad conscientes de sus actos, con vidas que debían continuar al día siguiente con quienes no compartía nada más allá de unos tragos, unos sugerentes pasos de baile y algún que otro beso cuando la situación lo meritara.
Sus días como buscador de relaciones casuales habían terminado el día en que se graduó de la universidad hacía ya unos tres años.
Entonces fijó su mirada en una mujer que bailaba de manera sugerente en medio de la pista, llevaba un vestido plateado que se anudaba en el cuello, con la espalda totalmente descubierta, ceñido a las caderas y cubría solo la mitad de sus muslos.
La miraba moverse dominando sus pasos y exudando sensualidad por cada poro de su piel mientras su cuerpo se movía al ritmo de la música, sus manos posadas sutilmente sobre sus muslos, sus caderas meciéndose al compás, sus piernas torneadas ligeramente flexionadas con la espalda arqueada y los ojos entrecerrados.
Sintió un ligero toque en el hombro, giró y se encontró con una bella señorita de cabello y ojos castaños alegres, iba vestida con una falda dorada y un top negro. Ella le sonreía sosteniendo una copa en su mano y posando la otra sobre su brazo.
-¡Hola! ¿Te gustaría bailar? – lo invitó acercándose provocativamente.
-Hola, lo siento pero no me gusta bailar – mintió, la mujer le parecía bonita pero no se sentía cómodo con su presencia.
Podría verse muy bien pero no le gustaba la forma en que lo tocaba sin descaro, paseando sus manos por sus hombros y mirándolo como si fuera un trozo de carne. Kiba tenía una mueca en su rostro y sus hombros estabas rígidos.
-¡Es una pena! – le dijo ella suspirando pero sin irse - ¿te molesta si te acompaño? – insistió por quedarse junto a él. Al instante su mandíbula se tensó, no quería ser grosero.
-¡Lo siento, cariño! La fila para entrar al baño era enorme – le dijo alguien a su derecha, volteó y se sorprendió de ver a la mujer con vestido plateado a su lado, sonriendo como si lo conociera, ella le guiñó un ojo y miró a la otra joven aún sonriendo.
-¡No puede ser! – Dijo Tamaki torciendo la boca – Lo he estado mirando desde hace un rato y ha estado solo todo el tiempo – le dijo a la mujer alzando una ceja.
-Es porque he estado esperando a mi novia – le dijo Kiba extendiendo un brazo hacia la mujer de plateado quien se acercó apoyando su espalda baja en la mano del hombre - ¿Nos vamos?
-¡Claro! – contestó ella guiándolo hacia la salida del club.
Caminaron muy cerca, con la mano de él en su cadera todo el tiempo hasta la salida, ese simple toque hacía que sus cuerpos ardieran y sus corazones latieran a un ritmo frenético.
Kiba la miró con detención bajo las tenues luces del lugar, era realmente hermosa, sus labios pintados perfectamente con un labial rojo hacía que resaltaran y se vieran realmente apetitosos, sus mejillas sonrojadas con esos pómulos elevados le daban una elegancia que combinada perfecto con su respingada nariz. Sus ojos de un peculiar color perla eran preciosos, enmarcados por tupidas pestañas, bajo aquellas lucen parecían brillar como plata pura.
Salieron del local aún sin pronunciar palabra.
-Gracias… -
-Hanabi – completó la joven sonriendo una vez más, su sonrisa era divina – Y no te preocupes, no hay nada que agradecer, Kiba – dijo ella ensanchando su sonrisa ante la confusión del hombre – Mi hermana Hinata es novia de tu amigo Naruto – aclaró ella.
-Ahora entiendo porqué tenía la sensación de haberte visto antes – rió él – Pero eres claramente más joven – inquirió él al verla bien bajo las luces de la ciudad.
-Lo soy – contestó ella, riendo también.
-¿Te acompaño a algún lado? Como agradecimiento – se ofreció él.
-¡Claro! Me acompañas a mi apartamento, subimos y me haces el amor ¿vale? – Dijo ella, sonrojándose hasta las orejas al darse cuenta de sus palabras – Yo… ¿el alcohol? – sugirió bajando la cabeza.
-No me acuesto con menores – dijo Kiba sin inmutarse, pero riendo ante el color carmín que adornaba el rostro de Hanabi.
-¿A que sí? – preguntó ella volviendo a su actitud bromista.
Caminaron muy de cerca, aspirando el aroma del otro, ambos sumidos en sus pensamientos,
Hanabi pensaba en lo agradecida que estaba con su hermana y sus amigos por haberla llevado a aquél club, por hablarle de Kiba y por señalarle una oportunidad para acercarse a él, desde que lo descubrió viéndola bailar, algo en él le había atraído poderosamente y ahora, gracias al alcohol se había puesto en vergüenza frente a él.
Los pensamientos de Kiba eran mucho más sencillos.
Consideraba la posibilidad de romper algunas reglas esa noche.
El apartamento de Hanabi no estaba lejos del club, hablaron de las cosas en común que tenían, como su gusto por los animales, las películas de acción y el vino tinto en cenas, pero la cerveza en clubes.
No se dieron cuenta en qué momento comenzaron a tocarse de forma natural, empujándose y riendo, pero tremendamente excitados por aquellos simples toques que se sentían como descargas eléctricas.
Entonces llegaron al edificio y subieron hasta el departamento de Hanabi, se miraron sonrojados sin saber cómo despedirse.
-Gracias por esta noche – le dijo Kiba mirándola con un destello de deseo en los ojos, había conectado con ella.
Se giró como para marcharse pero lo que sucedió a continuación fue demasiado rápido.
Ella lo tomó del rostro y lo besó desesperada y ardientemente, sus labios se sentían suaves y calientes mientras sus manos tomaban a Kiba del cuello, él la tomó por la cintura, recargándola en la puerta aun cerrada, poniendo una mano en su nuca, profundizó aquel beso que se sentía como el cielo nublando sus pensamientos.
-No puedo hacerlo – dijo él separándose apenas de la mujer que se veía aun más deseable con los labios hinchados por los besos y la frente perlada de sudor por el calor del momento.
-¿A que sí? – dijo ella volviendo a atraerlo hacia sus labios.
-No – contestó él – eres menor que yo, apenas nos conocimos, no es correcto – dijo él suspirando.
-Sí lo es – contestó ella besando su cuello y mordisqueando su barbilla.
-Tengo veintiocho años – dijo Kiba haciendo uso de la última gota de cordura que le quedaba.
Ella lo miró jadeando entrecortadamente, lo empujó y abrió la puerta del departamento, todo bajo la atenta mirada del hombre quien ya pensaba que ella se había arrepentido. Pero al contrario, ella sólo tiró de él y los encerró en aquél lugar. Se recargó en la puerta mirándolo fijamente.
-Vivo sola, me gradué hace un año de la universidad y soy perfectamente consciente de lo que quiero, si tú no lo eres o esto no es lo que quieres entonces puedes irte – le dijo acomodando su largo cabello.
Él puso una mano en su cintura y otra en su nuca besándola sin reparaciones, ella correspondió hundiendo sus dedos en su abundante cabello.
-Kiba – jadeó – tengo veintitrés – dijo.
Él solo gruñó y la tomó de los muslos, elevándola en el aire.
Llegaron a trompicones a la habitación, tirando de su ropa y esparciéndola por toda la estancia.
Entonces Hanabi sonrió, nunca le diría, ni después de comenzar a salir oficialmente ni después de que él le haya propuesto matrimonio, ni después de vivir juntos, que ella ya lo había visto antes de esa noche en el club, que también tenía miedo porque ella apenas estaba comenzando la universidad y él ya la terminaba, no le diría que no había dejado de pensar en él y en lo feliz que se puso al saber que Hinata era novia de uno de sus amigos. Jamás confesaría que antes de esa noche se había preparado en extremo, eligiendo cuidadosamente su ropa y su maquillaje. No tenía que hacerlo, Kiba ya era suyo.
Kiba tampoco le confesaría a Hanabi que aquella mujer en el bar era una exnovia suya que siempre lo rondaba pero se dio por vencida desde que Hanabi se mostró con él. Nunca le diría que se enamoró de ella desde el momento en que caminaron hasta su departamento ni tampoco que su perro Akamaru la prefería a ella muchas veces para salir a pasear. No tenía que hacerlo, Hanabi era suya y él constantemente le decía y le demostraba lo mucho que la amaba.
¿Review?
Kana ~
