Traducción de Half Truths, de Purrina57, con su autorización.

Lo siento, Guest, no hay Malec :(

Lo siento, Teen Wolf se metió en el camino. Y Lost in Austen. Y la vida.


Capítulo 10

Tengo muchos trajes de baño, pero escojo el más discreto esta noche: un traje de una sola pieza con una faldita y un escote marcado que enfatiza mis curvas al extremo. No es el más apropiado, pero es el único que cubre la mayoría de mi cuerpo, por lo que lo escogí.

Hago a Jace esperar treinta minutos antes de subir al piso 24. Por un momento considero no ir del todo, pero concluyo que de no hacerlo, me hubiera venido a buscar y llevado arrastrada a¿a la piscina de todos modos.

Camino por el pasillo hasta encontrar la habitación correcta. Esta piscina no es una de las que me enseñó el señor Lamb el primer día que me dio el recorrido del hotel. Apenas cruzo el umbral, me doy cuenta del por qué.

Es increíble, simplemente increíble.

La piscina es gigantezca, tan grande que cruza a la habitación contigua. La recorro lentamente, la dejo conducirme hasta la segunda habitación, lamás grande de todas. Una de las paredes está hecha principalmente de ventanas, lo que da una vista sin obstáculos de la noche estrellada y las montañas en el fondo. La cálida y suave luz dorada de las lámparas a lo largo de la orilla de la piscina se refleja en la la superficie estática del agua y las estatuas romanas de alabastro en las paredes. Me acerco a la orilla de la piscina y me asomo por encima de los azulejos dorados bajo la superficie, simplemente atónita.

―Clary.

Doy un salto de sorpresa y se me entrecorta la respiración. Giro para ver a Jace acercarse lentamente, vestido únicamente en un traje de baño que cuelga de sus caderas.

Su cuerpo es perfecto, tal y como lo imaginaba. Su cuerpo esbelto pero musculoso sin duda se ha beneficiado de tanto entrenamiento. Las líneas casi blancas de texto religioso se contonean en sus brazos y torso como si intentaran camuflarse en las pocas cicatrices que tiene.

―Perdone, me atrasé ―dice Jace mientras deposita una pila de toallas en las sillas que bordean la piscina.

―No hace falta que se disculpe. Yo misma acabo de llegar.

Aprieto mi sobrebaño un poco más. Jace comienza a caminar hacia la ventana, en dirección al lado profundo de la piscina, solo para deternerse y voltearme a ver. La luz tenue hace que su piel y cabello dorado destelle, dándole un aire sobrenatural. Supongo que lo es.

―Me alegra que haya venido ―me dice algo misteriosamente, antes de sonreir y saltar al agua. El salpique de agua hace un eco a todo lo largo de la habitación.

Mientras aún está sumergido, suelto mi sobrebaño y avanzo lentamente hacias las escaleras. Meto un dedo en el agua y me percato de que es la temperatura correcta, ni muy caliente ni muy fría, así que sumerjo mis tobillos, luego sigo hasta mis rodillas y finalmente vadeo al agua cuidadosamnte para no mojar mi cabello.

Jace emerge y sacude sus rizos, sacudiendo agua por todo lado. Sus ojos me encuentran, sus labios aún sumidos en el agua. Espero que lance algún comentario indecente, pero no lo hace. Simplemente me observa silencioso con una mirada de curiosidad en sus ojos que no logro descifrar.

Pienso rápidamente en un tema de conversación para romper ese silencio que consume la habitación.

―¿He de asumir que su misión marchó bien?

―Así es, nuestro plan funcionó a la perfección. Hemos hecho a los demonios retroceder, como de costumbre.

Asiento, mi brazo cortando el agua mientras siento el líquido rozar mi piel como seda. De nuevo nos encontramos envueltos en un silencio absoluto, hasta que de nuevo se me ocurre otro tema de conversación.

―Su madre parece estar muy débil. ¿Qué la aqueja?

Jace me quita la mirada y la clava en una de las estatuas romanas, su quijada ligeramente proyectada en lo que retira un poco de agua de su boca con el antebrazo

―Tiene un pésimo marido, eso es lo que la aqueja.

Inclino mi cabeza ligeramente al lado.

―¿Realmente odia tanto a su padre?

―No ―responde, sus ojos enardecidos y entrecerrados como si se esforzara por pensar, para luego encontrar los míos.

―En muchas maneras lo respeto, por la forma en que mantiene el orden y maneja a los Guardianes, pero lo odio en otras formas también.

―¿Porque engaña a su madre? ―pregunto en voz baja.

―Sí ―responde Jace, su voz distante y ecuánime. Sin embargo puedo detectar un tono de odio en sus palabras.

―Y sin embargo, parece que la opinión generalizada es que usted me será infiel también, si es que no lo ha sido ya.

Los ojos de Jace se levantan súbitamente hacia los míos, mirándome con furia.

―No le he sido infiel, ni tengo intenciones de hacerlo. No crea todo lo que escucha.

Encrespo los labios con curiosidad y paso una mano por el agua. Observo como se forma una onda lentamente.

―Vaya, ¿me sería fiel? ¿Sería fiel a una chica que ni siquiera conoce? Me parece algo difícil de creer, especialmente con su historial.

―Mi historial ―dice entre dientes― tan solo le dice que no he sido capaz de estar con una chica por un largo tiempo. No dice nada acerca de engañarlas. No la engañaré porque me rehuso a ser como mi padre. He visto de primera mano lo que le ha hecho a mi madre. Es repulsivo, un mal hábito del que no seré partícipe.

―A usted le parece repulsivo porque hiere a su madre, porque tiene un vínculo con ella. Sin embargo, no comparte ningún vínculo conmigo. ¿Por qué iba a preocuparle mi salud mental? ―pregunto suavemente.

Jace aprieta la quijada unas cuantas veces antes de hablar.

―Lo encuentro repulsivo porque es un acto cobarde y nefasto, no solamente porque lastima a mi madre. Un hombre que engaña a su esposa es un desgraciado.

―Vaya, son estándares morales muy altos para un hombre que no solamente ha llamado a mi madre una puta, sino que también ha usado sus servicios ―le digo, con un tono ligeramente irónico.

Veo la furia en su cara, lo noto más enfurecido que nunca, pero de alguna manera logra traquilizarse hasta alcanzar tan solo una sombra de enojo.

―Parecer que busca usted hacerme enojar al punto de hacerme perder la cordura.

―Usted dijo que nunca me haría daño ―le digo, sonriendo ligeramente.

―No planeo hacerlo, pero usted actúa como si eso es lo que deseara ―pronuncia en tono amenazante, sin dignarse a mirarme.

―No, no se trata de eso. Simplemente me gusta ver cómo reacciona a algunas cosas. Es mi manera de llegar a conocerlo.

―A usted no le interesa llegar a conocerme ―me espeta, sacudiendo la cabeza. Sus ojos ardientes ecuentran los míos―, usted tan solo desea provocarme para sentirse poderosa.

―Lo dice como si usted no buscara hacer lo mismo conmigo cuando me toma con fuerza y se burla de mí ―le replico, rodando los ojos delicadamente―. Esa es su forma de sentir que tiene el control.

―Lo estoy, señora Wayland ―me indica, pero lo traiciona una sonrisa casi jocosa. Se burla de mí.

Sus cambios de humor me confunden.

―Lo que quieras, con tal de que puedas dormir de noche ―le respondo con una sonrisa distante.

―¿Realmente desea saber qué me ayudaría a dormir?

―No, en realidad no deseo saberlo ―le digo, y río suavemente.

―¿Por qué no? ―me pregunta inocentemente.

―Porque sé que lo que usted diga será sumamente grosero ―le respondo.

Tan solo me lanza una media sonrisa juvenil y conquistadora ―si tan solo no lo conociera, caería en su trampa.

Sin embargo, conforme nadamos en la piscina, no nos aceramos uno a otro, lo que me hace preguntarme si realmente lo conozco del todo.

Tal vez él tiene sus secretos, como los tengo yo.

Jace me acompaña hasta la puerta de mi habitación, guardando una distancia prudente. Tal y como lo prometió, se ha comportado como un caballero toda la noche.

Sin embargo, ahora que nos detenemos frente a mi puerta, me pregunto si no se ha acabado mi suerte.

Me sorprende al tomar simplemente mi mano y rozar sus labios en mis nudillos lentamente. Lo veo levantar su mirada, veo sus ojos ocultos detrás de sus pestañas.

―Gracias por su compañía.

―No me dio oportunidad de hacer lo contrario ―le digo, retirando mi mano con un gesto de indignación.

―Hago lo que es necesario ―me dice con una sonrisa torcida, encogiendo los hombros.

Inclino mi cabeza a un lado en lo que alcanzo el pomo de la puerta y pauso para mirarlo.

―¿A qué se debe ese cambio de actitud, de repente todo cortés y caballeroso? ―le pregunto mientras lo miro con ojos entrecerrados―. ¿Qué está tramando?

―Nada ―responde, sus ojos en sorpresa―. Simplemente he aceptado que estoy casado con usted, aunque sea contra mi voluntad. Así que ahora intentaré robarle el corazón.

―Buena suerte ―le lanzo, con una risa burlona y un rodar de ojos.

―Parece que la voy a necesitar. Es usted una chica muy difícil, Clary ―indica Jace con una ligera sonrisa.

―Lo voy a tomar como un cumplido ―le respondo con una sonrisa dulce.

―Esa fue mi intención ―responde Jace, tomando uno de los mechones de cabello desarreglado para colocarlo detrás de mi oreja, no sin luego dejar sus dedos callosos rozar mi cuello en su camino.

―Es usted una chica muy interesante. No es a menudo que me encuentro con alguien tan enigmático. Va a ser un cambio muy bienvenido intentar descifrarla.

Mi sangre se vuelve hielo, aunque mi cuerpo arde donde me ha tocado Jace.

―Bueno, me alegra haberle sido de servicio para aliviar su aburrimiento ―después de lo cual cierro la puerta detrás mío.


―No me ha tocado aún ―le digo a mi madre mientras tomamos café en una mesa esquinera del salón, gente desperdigada por aquí y allá.

Es temprano en la tarde, por lo que la banda aún no ha llegado, ni tampoco el grupo de gente que suele estar en horas de la noche. Es el momento perfecto para que mi madre y yo hablemos.

―¿No te ha tocado? ―me pregunta con las cejas arqueadas, su mirada fija en mi desde su puesto al otro lado de la mesa.

―No ―le respondo, tratando de olvidar la noche en la terraza del edificio, cuando me tocó de forma tan íntima. Tampoco pienso en la noche en que me besó por primera vez frente al espejo. Esas cosas no cuentan, no en términos reales. Eso no es lo que está preguntando mi madre.

Sin embargo, siento un ligero temblor comenzar entre mis piernas, y me veo obligada a moverme para aliviar esa sensación tan exasperante.

―Ah. ¿No será que lo ha intentado y tú lo has rechazado?

―No, madre. Esperaba que me tomara en nuestra noche de bodas, incluso me puse el negligée que me diste, pero nada. Simplemente está esperando. Quiere que ceda a ante él primero, necesita que le levanten el ego.

Ruedo los ojos cuando pienso en su estupidez, como si yo fuera a ceder.

―Entonces debes hacerlo ―anuncia mi madre.

―¿Disculpa? ―le digo, mis ojos abiertos de la sorpresa, casi dejando caer el tenedor de mi mano.

―Debes ceder, tal y como él quiere. El objeto de nuestro plan es que logres acercarte a él, Clary. Debes dejarlo que entre en confianza contigo ―indica mi madre sin mirarme mientras mezcla el aderezo en su ensalada.

―¿En dónde está escrito que debo abrirle las piernas para que me tenga confianza? ―le digo entre dientes para asegurarme de que nadie pueda escucharme.

Madre levanta la mirada, ligeramente molesta.

―Tienes un papel que jugar, eres su esposa, su media naranja, su confidente. No te imaginas los secretos que un hombre te puede susurrar cuando les has dado placer. Es asqueroso, pero es como funcionan las cosas.

Sigue empujando unas cuantas hojas de lechuga en su plato, su cara impávida.

―No voy a acostarme con él, a menos que me obligue.

―¡Clary!

―¡No lo haré! El plan era que me casaría con él, y eso hice. Luego, me dijiste que debía acostarme con él porque era m deber, porque él lo exigiría. ¡Pero no lo hizo! Y ahora, me rehuso a darle lo que desea. No lo haré.

―Clary ―me advierte mi madre con una mirada fría―, debes hacerlo. Este plan no va a ocurrir de la noche a la mañana. Va a llevar meses, quizás años, dependiendo de qué tan dispuesto esté Jonathan. No puedes pretender que pase años sin tocarte y aún así pretender que te tenga confianza. Imposible.

―Madre... ―comienzo a decirle, pero ella me interrumpe.

―Clary ―me replica sin dejarme terminar, sus ojos colo esmeralda clavados en los míos―, ¿temes que te lastime? ¿O es que no te gusta ir a lo desconocido, sin saber qué hacer? Te puedo pasar algunos secretos, aunque sé que nunca quisiste escucharlos antes...

―¡No tiene nada que ver con eso! ―la interrumpo con suavidad―. Siempre me ha desagradado todo eso del sexo, y yo...

Madre exhala y baja la mirada hacia su plato de comida.

―Es mi culpa, esporque sabes lo que hago para ganarme la vida. Lo siento, Clary, siento haberte arruinado de esa forma. Siento tener que usarte para hacer esta cosa tan horrible que no puedo hacer yo misma. Es espantosa y no pasa un día que no me sienta totalmente asqueada por ello ―me dice, algo sin aire, solo para tomar inhalar lenta y suavemente.

―Sin embargo, a veces hacemos cosas que no queremos hacer, por el bienestar común― murmulla mi madre, las palabras brotando lentamente de su boca, sus ojos clavados en los míos.

La miro un largo rato, mi corazón palpitando rápidamente, mi estómago revuelto. Alejo la mirada y la fijo en las ventanas y el paisaje afuera. Miro como el atardecer se acelera, cada vez más cerca de las montañas y colinas a la distancia.

Trago el nudo en mi garganta y obligo la mirada de nuevo a la suya. Estoy de acuerdo, aunque a regañadientes, y asiento.

―Por el bien común.