Ay, mil disculpas (de nuevo). Pensé que la traducción iba a ser mas fácil y el semestre también. Ya, acabado el semestre, me pongo al día con esto.


Capítulo 11

Levanto la mano, pero queda suspendida en el aire antes de que logre conectar con la puerta.

No creo que pueda hacerlo.

Aún tengo oportunidad de escapar, de retirarme a mi habitación y quitarme este ridículo negligée rojo de encaje que llevo puesto por debajo de mi bata. Aún hay tiempo.

Pero madre tiene razón, debo hacerlo.

―Por el bien común ―murmullo al dejar caer mis nudillos en la puerta con delicadeza.

Pasa un minuto, pero de repente veo la puerta abrirse y a Jace frente a mí, un gesto de molestia apenas notorio en su cara. Su cabello se ve desordenado y noto que tiene un cigarrillo entre los dedos. No lleva camisa, tan solo un par de pantalones de pijama que cuelgan de sus angostas caderas.

Parece estar molesto, casi iracundo, pero al verme, su furia parece desvancerse de la sorpresa. Tal vez por la sospecha.

―¿Qué hace usted acá? ―me espeta, su acostumbrado tono sensual de voz totalmente ausente.

―Yo... ¿Puedo pasar? ―le pregunto, en medio de un esfuerzo descomunal por controlar el latido galopante de mi corazón. La monumentalidad de lo que planeo hacer comienza a calar en mí. Me percato que estoy temblando.

―No es un buen momento ―responde Jace entre dientes.

Tengo que hacerlo y debe ser esta noche. No puedo esperar más o me volveré loca esperando, pensando en lo que pasará. Así que le lanzo una sonrisa agradable y oculto los ojos detrás de mis pestañas con timidez.

―¿Por favor?

Jace me mira con enojo, como si viera a través de mi charada, pero abre la puerta de todos modos, apenas lo suficiente para que pueda colarme por debajo de su brazo para entrar a la habitación.

No puedo evitar notar que huele bien, a sudor y especies. Y calor.

Intento no enfocarme en sus rasgos positivos, como la manera en que su cabello cae sobre sus ojos y le da ese aire de juventud, o su quijada angular, la manera en que cada músculo en su pecho y estómago se marcan o la forma de sus labios. Nada de eso me sacará de estas.

Echo una mirada alrededor de la habitación. Es idéntico al mío en cuanto a distribución, pero el suyo está decorado en varios tonos de blanco; alfombra blanca, muebles blancos y cortinas blancas. Todo está impecable. No hay pinturas en las paredes, ni estatuas. No hay absolutamente nada que sugiera que tiene un interés o pasatiempo.

Aprieto mis labios ligeramente antes de voltear a verlo.

Cierra la puerta de una patada, un cigarrillo colgando de sus labios en lo que pasa a la par.

―Le advierto, no estoy de muy buen humor.

Siento que me aprieta el corazón y mis manos tiemblan en lo que alcanzo el nudo de mi bata. La retiro lentamente, dejándola deslizarse de mis brazos hasta que cae a mis pies.

Jace me echa una mirada ligera, sus ojos parecen registrar mi atuendo con poca emoción. Su agacha para apagar su cigarrillo en un cenicero en la mesa de la sala.

―¿Qué crees que haces, Clary? ―me dice en tono bajo, sus ojos buscando los míos.

Camino hacia él deliberadamente, contoneando mis caderas de lado a lado en el trayecto hasta que llego a él. Poso mi mano en su pecho robusto y cálido. Mis ojos encuentran los suyos y lo miro tímidamente.

―Lo que quiera.

Jace sonríe, sacude su cabeza y levanta la mano para rozar mi labio inferior lentamente con su pulgar y con ello retira parte de mi lápiz de labios.

―No te hagas pasar por chica mala, Clary. Sabes que no te luce para nada.

Me dificulta la tarea. No sé lo que estoy haciendo y me siento incómoda con mi nivel de inexperiencia.

Estoy horrorizada por lo que viene. Esperaba que echara una mirada a mi neligée y que con un pequeño empujón de mi parte él asumiera el control de la situación.

Pero él no parece estar cediendo tan fácilmente.

Me hace dudar de que los hombres sean adictos al sexo, como siempre he creído. O tal vez esté haciendo algo mal.

Pienso rápidamente en cualquier otra cosa que pueda hacer para retomar el control y acabar con esta locura.

Muevo mis manos lánguidamente de arriba hacia abajo en su pecho y levanto mi cara para acercarla a la suya.

―Puedo ser la chica bueno, si es lo que quieres ―le respondo, conforme me paro de puntillas para rozar mi labio inferior con el suyo―, inocente y pura. Lista para que me enseñen como un hombre puede complacer a una mujer.

―Tu ya eres la chica buena, Clary ―me dice Jace. Siento su mano posarse en la base de mi cuello y tomar de repente mi cabello para levantar mi cara hacia él―. Aunque parece que en este momento quieres jugar el papel de perra mentirosa.

Lo miro con furia, mi cuerpo entero sobrecogido por la ira. El enojo es tal que no logro pensar claramente, pero sé que me ofende a propósito para que olvide mi propósito. Me está probandoe.

No pienso darle gusto.

Por el bien común.

En su lugar, me trago mi enojo y le lanzo una mirada forzada pero cuidadosa. Rozo mis manos en su pecho, en su estómago macizo, y sigo el camino hasta el elástico de sus pantalones de pijama.

Soy inocente, sí, pero en las últimas horas me he dedicado a leer todos los libros sucios que mi madre me ha dado en el último año de entrenamiento para este día. Nunca me interesaron antes. Podría decir que recurrí a ellos por necesidad y no por interés.

Pero ahora sé qué busco, y sé que lo he encontrado.

Mis dedos rozan ligeramente su erección, que me parece descomunalmente dura, y veo su cuerpo temblar ligeramente, sus ojos fuer a de foco por un momento. De alguna manera extraña y ajena, me parece fascinante que un gesto tan ligero pueda causar una reacción tan fuerte.

―Pues parece que le excitan las perras mentirosas ―le respondo en lo que trato de tomarlo con la mano a como puedo.

No puedo evitarlo, así como tampoco pude evitar murmullar esas palabras.

Sin embargo, no pasan dos minutos antes de que me arrepienta cuando Jace toma mi mano y la reitra con fuerza. Toma mi cara con fuerza y de repente siento miedo, me horroriza que me vaya a hacer daño, pero no lo hace. Aunque veo furia en sus ojos, también veo una sombra de deseo.

Mira como bajan sus propias manos sobre mis mejillas, por mis hombros hasta deslizar las tiras de mi negligée para dejarlas caer. Sus manos siguen su recorrido, rozando apenas mi pecho confome se inclina hacia mí.

―Por más irresistible que me parezcas cuando intentas seducirme ―me dice en tono bajo mientras su manos encuentra mis senos y los aprietan suavemente. Inhalo profundamente y siento una sensación aguda punzarme directamente en el estómago.

―No estoy de humor.

Jace me aleja gentil pero enfáticamente de él, sin lastimatrme pero al mismo tiempo dejando clara su intención. Camina hacia el sofá y se desparrama en él, mientras yo quedo parada en media habitación con el pecho agitado.

―Ve de vuelta a tu habitación, Clary ―me indica Jace, despachándome con un aire de desinterés.

Sin embargo, yo no lo escucho.

Me digo a mí misma que es porque tengo una orden que seguir, pero en realidad no deseo que él gane. No le puedo permitir que decida cuando puedo y no puedo irme, o cuando puede o no puede tomarme. Esas decisiones son mías, no suyas.

Así que camino con una gracia sutil hasta donde se encuentra y me siento en su regazo, una pierna a cada lado de la suya. Levanta los ojos y noto una mirada depredadora, a pesar de la diferencia de altura. Lentamente se pinta una sonrisa retadora en sus labios, y sus ojos se prenden con una chispa de curiosidad y algo de irritación por haber violado abiertamente su orden.

―Tócame, Jace ―le ruego―, quiero que lo hagas.

Su mano se levanta y siento su dedo índice rozar mi labio inferior, para luego bajar por mi barbilla y seguir a mi cuello. Lo veo arquear una ceja en señal de reto.

Resisto las ganas de rugir de la furia y tomo su mano entre las mías. Paso su mano sobre mi pecho, entre mmis senos y sobre mi estómago nervioso. La dejo bajar aún más, hasta llegar entre mis piernas. Lo dejo sentir la humedad que se ha acumulado entre ellas, a pesar de mis mejores esfuerzos.

Noto que ha respondido a mis caricias y. Me imagino que tan solo es natural, es lo que se espera. Estoy construída para reproducirme en términos instinctivos.

Pero no deja de decepcionarme, pes sin duda he perdido el control, pero al mismo tiempo me alegro de poder reaccionar de esa manera. Esta reacción es lo que necesito para provocar en Jace una reacción también.

Y Jace reacciona, aunque muy lentamente.

Siento sus ojos arder cuando caen en los míos, tan resplandecientes que casi me cegan. Noto una sonrisa ligera pintada en sus labios. Siento su mano moverse lentamente, cubrirme y apretar un área tan íntima de mi cuerpo, sus ojos aún clavados en mí.

No estoy preparada para las olas de placer que de repente me sobrecogen, ni tampoco para el ligero gemido que brota de mis labios.

Su mano se siente tan bien ahí, deliciosamente bien. Sorprendentemente bien. Luego comienza a mover sus dedos de adelante hacia atrás por encima de mi ropa interior y siento el placer aumentar. Y empeorar al mismo tiempo.

Es una sensación tan extraña, como si no pudiera tener suficiente, como si no me bastara. Me percato de que mis caderas giran contra su mano, aprietan contra ella exigiendo más contacto. Necesito más contacto. Simplemente necesito más, más de todo.

Mis manos repentinamente toman a Jace de los hombros, mis uñas clavadas en el duro músculo debajo de su suave piel. A Jace parece no importarle. Sus ojos arden en los míos, fijado en mi reacción. Observan como comienzo a agitarme ligeramente, horrorizada y sobrecogida por el placer al mismo tiempo.

Muerdo mi labio para evitar gemir de nuevo.

―Apuesto a que eres escandalosa, ¿no es así? Apuesto que eras una de esas que grita. Vas a gritar mi nombre cuando este dentro de tí, tomándote de todas as formas que se me ocurran ―me zuzurra Jace al oído, sus manos moviéndose un poco más rápido al ritmo de sus palabras. Siento el deseo irradiar de su cuerpo y chocar con mi propio deseo. Me siento fuera de mí, como si me hubiera abndonado la razón y solo quedara esta sensación, esta maravillosa sensación de euforia que crece cada vez más y más. Mi respiración se dificulta cada vez más y siento mis interiores retorcerse, casi como si mi cuerpo experimentara dolorMe sobrecoge una extraña sensación, algo que no reconozco.

―No puedo esperar a descubrirlo ―murmulla Jace contra mi cuello. Siento sus manos dejar de moverse, simplemente detenerse en seco.

―Pero no será esta noche.

La sensación que sentía acrecentarse en mí cesa y me escucho bufar de la sorpresa. Mi cuerpo, que hasta hace un momento parecía estar más tenso que nunca, de repente se relaja y cae cansado en el regazo de Jace

Insatisfecho.

Aún siento el área bajo su mano palpitar, pulseante, casi adolorido.

Jace retira su mano para luego levantarme con facilidad de su regazo y lanzarme a un lado del sofá, contra los cojines, donde no logro hacer más que yacer algo exhausta

Se levanta, toma mi bata y pasa a tomarme de los hombros para ponerme de pie. Me pasa los brazos por las mangas del abrigo como si fuera una niña, cierra el frente con fuera y amarra el cinturón de manera que quede bien apretado, para que ninguna parte de mi negligée se pueda ver.

Se agacha y retira algunos mechones de cabello de mis mejillas, sus ojos encontrando los míos.

―Buenas noches, señora Wayland, ―me dice algo ofensivamente luego de besarme suavemente.

Sé que no vale la pena intentarlo de nuevo.

Así que tan solo parto, mis piernas tambaleándose en el camino.