Y bueno, obviamente no sé nada de guiones en diálogos. Intento 2. Las disculpas acostumbradas, yadda yadda.
Capítulo 12
Abro la puerta y me encuentro con Celine directamente en mi camino, envuelta en otro de sus vestidos blancos y vaporosos. Sin embargo, hoy noto algo diferente en ella. Parece estar más animada, más presente
―Buenos días, Clarissa, ¿puedo entrar? ―me pregunta.
Levanto la mano para tocar los rizos alrededor de mi cara, que sin duda deben haber quedado desacomodados al levantarme de un golpe cuando escuché la puerta. Sin duda es mejor que olvide los sueños confusos que ya comienzan a desvanecerse.
―Espero no haberte despertado ―me dice mientras tuerce sus manos como una niña que ha hecho algo muy malo.
―Para nada ―le miento con una sonrisa―. Por favor, entre.
Noto que, al pasar a mi lado, deja un aroma a talcos en polvo.
―Siento mucho si lo hice. Despertarla, quiero decir. No duermo mucho, así que a menudo olvido que otros lo hacen.
―Usted... ¿no duerme? ―le pregunto tan cortésmente como puedo, luego de cerrar la puerta detrás mío y pasar a la sala de estar con ella.
Camina directamente a la ventana para asomarse a mirar el sol naciente. La luz tenue ilumina ligeramente la pálida cara de Celine.
―No, soy insomníaca y llevo años de dormir. Al menos de no dormir bien.
―Suena espantoso―. No sé qué más decir. La noche agitada que he tenido comienza a alcanzarme y me quita la habilidad de conversar de manera inteligente.
―Bueno, no es tan malo como suena ―murmulla Celine silenciosamente, sus ojos entrecerrados mirando a la distancia.
Se acerca a mí, su aliento empañando el vidrio de la ventana en lo que parece enfocarse en algo con gran curiosidad. Sin embargo, pestañea de repente y clava sus enormes ojos en mí e inclina la cabeza.
―A veces es agradable, estar despierto cuando todo el mundo está dormido. Es muy tranquilo.
No se me ocurre qué más hacer, salvo lanzarle una sonrisa. Celine no parece notar mi titubeo, tan solo cambia el tema rápidamente al sentarse en un sillón por la ventana.
―¿Has visto a Jace?
En mi mente se dispara un vistazo de sus manos y me sonrojo, así que le quito la mirada a Celine súbitamente y la dirijo al carrito del té que los sirvientes traen a mi habitación cada mañana.
―Lo vi apenas unos minutos anoche; estaba de pésimo humor.
Celine guarda silencio un minuto antes de suspirar.
―Así que no estaba de muy buen humor.
Por mi mente pasan las imágenes de su enojo y sus sonrisas irónicas; sus ojos adormecidos llenos de furia. Siento mi estómago apretarse, pero me ocupo sirviendo el té.
―Realmente parecía estar molesto, aunque, como le dije, hablé con él tan solo un momento.
―Tuvo una discusión con su padre ―murmulla Celine―. Siempre está peleando con su padre.
Me asomo por encima del hombro para mirarla, pero de nuevo tiene la vista pegada en la ventana, perdida en la distancia.
―Eso he notado ―le digo, intentando mantener el tono casual de mi voz.
Celine cae en mi trampa.
―No era mi intención comenzar una discusión. Simplemente, pues, bueno, me entra una terrible curiosidad .
―Tan solo, bueno,es que soy terriblemente curiosa a veces ―me dice con un risa nerviosa, aglo tímidamente.
―Deseaba saber si tú y Jace ya han tenido relaciones. Me pareció que eras demasiado joven, y no me parecía que qusieras hacerlo aún. Jace es muy honesto conmigo, y me dijo que pensaba esperar hasta que estuvieras preparada, lo que naturalmente me complació. A veces creo que le he fallado como madre, que no le fomenté valores. Me temo que algun día termine como... como otros hombres de por aquí. Pero no noté nada de eso en él, y debo admitir que eso me tranquiliza muchísimo.
Miro de nuevo a Celine, quien se frota los nudillos rápidamente contra la boca.
―No sabía que Valentine estaba justo afuera y nos escucharía. Por supuesto que no le agradó la idea de que Jace esperara. Lo sobrecoge la paranoia de que Jace muera antes de que pueda continuar la línea sanguínea
Una sonrisa algo irónica se pinta en su cara y rueda los ojos.
―El hombre más poderoso de los Guardianes, tan aterrorizado por algo como eso.
Le sirvo a Celine una taza de té, la cual le traigo cuidadosamente en un plato.
―El poder a veces te hace comportarte de manera ilógica ―le respondo.
―¿Así es, no te parece? ―asevera Celine, luego de tomar la taza de té de mis manos mientras yo me siento en el sofá a la par de su silla
―En todo caso, pensé que Jace iría a verte luego de su discusión. No le gusta hablar conmigo sobre su padre. Creo que guarda mucho resentimiento y eso es malo para el alma. Espero que con el tiempo, aprenda a confiar en tí para discutir cosas como esas.
Celine lanza una tímida sonrisa hacia la taza de té antes de tomar un sorbo.
―Algo en tus ojos me dice que eres una persona gentil. Y tu aura es hermosa, pura y al mismo tiempo precavida. Creo que le harás bien a Jace, aunque tú también tengas tus secretos.
Siento mi cara empalidecer y mis ojos alzarse furtivamente de mi taza de té para clavarse en os de ella. Nada en su mirada denota una acusación, pero siento mi corazón latir como si me lanzara acusaciones a gritos.
―¿Disculpe?
―Todos guardamos secretos, Clarissa, ―me murmulla al oído luego de inclinarse hacia mí―. Incluso yo misma. Créeme, no miento, pero... lo hice alguna vez. He rezado para pedir perdón desde entonces, y creo que es suficiente. Todos tenemos derecho a una gran mentira. Eso creo, ¿qué piensas tú?
Tan solo la miro, sin saber qué responderle.
―En todo caso, sé que serás excelente para mi Jace. Y tal vez él sea bueno para tí también, Clarissa.
Coloca su taza de té en el plato y se levanta cuidadosamente, su vestido revoloteando alrededor de su figura como humo.
―Es tu aura, Clarissa, me dice todo lo que necesito saber ―me dice sonriendo, antes de partir de la habitación.
Veo a Jace y sus rizos dorados desde el otro lado de la habitación. No iba a venir a cenar con él. De hecho, planeaba evitarlo el resto de la semana. Sé que sospecha de mí y, después de lo acontecido ayer en la noche, me siento algo humillada, cosa a la que no estoy acostumbrada, No deseo enfrentarlo.
Pero decido hacerlo, luego de la conversación con Celine, y de pensar que si no aparezco tan solo le dará a entender a Jace lo avergonzada que estoy.
Está con un grupo de Guardianes, conversando con una ligera sonrisa en la cara. Noto que una mujer mucho mayor, colgando del brazo de su marido, presumo, le sonríe a Jace, con una mirada que no oculta su claro interés en él. Noto que se esfuerza por conseguir su atención.
Esta gente debe estar loca.
Camino hacia él luego de una ligera pausa. Llevo puesto un vestido de seda lila sin tirantes que abraza mis caderas y piernas y se acampana ligeramente en mis tobillos. Recupero un poco de mi confianza con las miradas que recibo de hombres al entrar al salón. Me permite acercarme al grupo de Guardianes sin que titubee por un segundo. Paso mi mano delicadamente por debajo de la de Jace y descanso mi mano en su antebrazo. La mujer que se dirige al grupo pierde su interés de inmediato cuando el baja la mirada y una sonrisa burlona se pinta en sus labios.
―Señora Wayland ―me dice al agacharse un poco para plantarme un beso apasionado en la mejilla. La form en que alarga el eso difícilmente es una manifestación de afecto aceptada en el círculo de los Guardianes, pero una rápida mirada a mi alrededor me da a entender que esas reglas no aplican a los que están en este grupo. Ninguno de ellos parece alarmarse con las muestras de afecto de Jace, salvo por la mujer mayor, quien antes coqueteaba con él.
―Buenas noches, respondo fríamente.
―¿Puedo hablar contigo en privado, Clary? ―me dice sensualmente al rozar sus labios sobre mi oído.
Trato de no delatar las corrientes de electricidad que recorren mi piel cuando lo siento cerca de mí. Me perturba la forma en que su presencia logra estremecerme cada vez más; como si me tocara de alguna forma sensual, aunque no lo haga.
―Por supuesto ―le digo, luego de tragar en seco.
Siento sus labios formar una sonrisa contra mi quijada antes de mirar al grupo y excusarnos. Coloca una mano en mi espalda baja y me guía hacia la salida del salón y hacia el balcón que se halla justo fuera del comedor.
El aire frío golpea mi cara en lo que salimos del salón abarrotado, desde donde aún se cuela música por las puertas. El ruido del tráfico de la ciudad nos alcanza en la terraza, como si intentara competir con el sonido ensordecedor del viento.
Giro para mirar a Jace, quien me alcanza y se detiene a mi lado, algo cerca, de manera que tengo que levantar la mirada para mirarlo.
―¿Sí? ―le pregunto.
Jace arquea la ceja en clara sorpresa.
―Quisiera aclarar la situación de la otra noche ―me responde, al notar que no tengo intención de retractarme de mi inocente comentario.
―¿Acaso hay algo que debamos aclarar? ―le respondo sin quitarle la mirada
―Bueno, me parece que sus repentinos cambios de humor, que pasan de "no me toque" a "enséñeme todas las formas en que me puede complacer", son algo dramáticos, además de altamente sospechosos.
―¿Tiene un cigarrillo? ―le pregunto.
Me lanza una sonrisa burlona, sus ojos fijos en mí mientras se palpa el saco para encontrar un paquete de cigarrillos, del cual extrae uno para colocarlo en mis labios lentamente.
―¿Busca comprarse unos minutos para inventarse una historia creible? ―me pregunta mientras enciende mi cigarrillo.
―Para nada ―le respondo, luego de soplar una nube de humo delicadamente―, mi respuesta es muy sencilla. Almorcé con mi madre ayer y salió a relucir el tema de que aún no hemos tenido relaciones. Al enterarse, mi madre sugirió que debía arreglar el error que cometí al dejarlo abandonar mi lecho sin consumar nuestra relación
Tomo otro jalón del cigarrillo sin quitar la mirada de los ojos ardientes y entretenidos de Jace.
Asiente unas cuantas veces antes de arquear sus cejas.
―¿Y usted suele seguir ciegamente los mandatos de su madre? ¿Incluso cuando de su virginidad se trata?
―Le soy leal a mi madre, Jace. Estoy segura de que usted comprende.
Sus ojos se entrecierran, lo que sin duda revela que el tema de su madre es tan delicado como el de su padre, aunque al parecer de una forma muy distinta. Guardo esta pequeña pieza de información para el futuro.
―Me adquirieron para obsequiarme a usted como su esposa. Es mi deber comportarme de manera que complazca a mi madre, a usted y a su familia, así como a la tradición de las Citas, naturalmente.
Jace exhala suavemente y recuesta su cadera contra el balaustre del balcón.
―¿Realmente espera que le crea? Usted no parece ser el tipo de chica que se comporta de manera que honre la tradición de las Citas.
―Me comporto de la forma que lo hago por mi madre ―le digo con seriedad, mientras tomo otro jalón del cigarrillo, sin quitarle la mirada a Jace―. Hago lo que ella desea, dentro de lo razonable.
―¿Y ella desea que yo tenga sexo?
Soplo otra nube de humo y ruedo los ojos.
―Ella desea que yo lo complazca.
―Usted me complace muchísimo, señora Wayland, no hace falta que ella se preocupe por eso ―indica Jace con una ligera sonrisa.
Tan solo le quito la mirada; vuelvo a ver el balcón y la ciudad en frente de nosotros.
Jace se recuesta a mi lado y agacha sus labios a mis oídos.
―Tan solo no confío en usted, no puedo descifrarla ―me susurra al oído.
―El sentimiento es mutuo, cariño ―le respondo, girando la cabeza para que nuestros labios se encuentren cuando hablo.
Jace exhala, su suave y cálido aliento rozando mi boca.
―¿Ah, sí? ―responde.
―Sí.
―Vaya, ¿y por qué tendría usted razón de sospechar de mí?
―Usted tiene todas las cartas bajo la manga ―le digo.
―Si tan solo eso fuera cierto ―me responde, su cuerpo cerca del mío.
Espero un beso, pero a cambio recibo algo mucho mejor y peor a la vez. Toma mi labio inferior entre los suyos, apenas lo suficiente como para hacerme inhalar de la sorpresa. Siento el deseo asentarse en mi estómago de nuevo, pero se aleja de mí.
Resisto la tentación de tocar mis labios con el dedo, ahí donde aún siento escalofríos, y en su lugar le quito la mirada a su arrogante sonrisa.
―Su madre me visitó hoy.
Lo veo de reojo y noto inmediatamente el cambio, su humor juguetón y sensual se desvanece inmediatamente
―Interesante. Casi nunca se siente lo suficientemente bien como para abandonar su cama ―me responde cortamente
―Me dijo que es insomniaca, entre otras cosas ―agrego, en un intento de conseguir más información.
Jace no me responde.
Lo miro brevemente antes de dirigir mi mirada al cigarrillo que aún sostengo entre mis dedos.
―Tu madre indicó que desea que usted confíe más en mí. Cree que usted carga con mucho resentimiento hacia su padre y espera que algún día me confiese sus pesares.
―Bueno, siempre fue una soñadora, de las peores ―me responde Jace bruscamente. Su tono es completamente frío, sus ojos han perdido ese aire sensual y cálido.
Me empuja lejos del balaustro y se recuesta contra mí de nuevo, sus ojos llenos de furia, sin un rasgo de pasión.
―Buenas noches, señora Wayland. Como siempre, ha sido un placer ―me dice antes de cruzar el umbral que lo lleva de vuelta al hotel.
Sin embargo, yo tan solo sonrío, porque las piezas comienzan a caer en su lugar. Poco a poco, comienzo a comprender la situación. Sin haber tenido que abrirle las piernas a Jace.
