Capítulo 15

—Así que no sabe nada sobre el incendio Milhouse. Al menos no ha hablado al respecto. Y tampoco sabe por qué los Wayland están a cargo —repite mi madre, asintiendo con la cabeza, como si meditara lo que le he dicho.

—Sí, así es —le digo—. Ah, y la información sobre Celine, sus visiones... me parece que eso es algún tipo de problema psicológico, pero dado su linaje angelical, no podemos descartar que esté loca.

Madre asiente de nuevo. —Sí, tienes toda la razón. Aunque Valentine nunca antes mencionó que Celine haya tenido visiones.

—¿Te lo hubiera dicho si las tuviera?

—Le gusta alardear de su familia —murmura mamá con la mirada clavada en su almuerzo. Siempre me contaba lo inteligente que es Jace, como es el mejor de su clase en lucha y en materias académicas cuando aún asistía la Academia de Guardianes. Creo que hubiera mencionado el don de Celine, pero no puedo estar segura.

Simplemente asiento y echo una mirada alrededor del pequeño y fino restaurante en el que nos encontramos. Es la primera vez que salgo del Wonderer y me alegra estarlo. Es agradable estar cerca del suelo de nuevo, rodeada de otros humanos. Quisiera poder desaparecer entre la multitud de personas afuera. No quiero volver.

Pero sé que debo hacerlo.

Reviso el reloj en la pared y suspiro.

—Necesito regresar. Sospecharán de mí si me demoro mucho.

Madre inclina su cabeza, pero su mirada está perdida, elaborando planes y cálculos.

—Clary, trata de tomar licor con Jace pronto, pero no demasiado pronto o puede parecer sospechoso. Trata de lograr que confíe en tí de nuevo y te hable.

—Por supuesto —le digo asintiendo con la cabeza mientras recojo mi bolso.

—Has hecho una excelente labor hasta ahora —me dice mi madre con una sonrisa.

Sonrío de vuelta poco sinceramente. —Gracias —es todo lo que respondo.


Jace aún yace inconsciente en el sofá cuando regreso a mi habitación.

Tuerzo los ojos en dirección a su figura adormecida. Sus brazos cuelgan sobre la cabeza a un lado del sofá, sus piernas desparramadas. Un movimiento en falso y terminará en el suelo, lo que es mucho más apetecedor de lo que debería ser.

Sin embargo, no espero que caiga, sino que me dirijo al baño para cambiar el vestido modesto que llevo puesto por algo más atrevido. Un vestido café castaño con destellos que abraza mis curvas perfectamente.

Justo cuando me he soltado el cabello para dejarlo caer sobre mis hombros escucho a Jace despertar en la habitación. Tan solo un instante luego está reclinado a la puerta del baño, acomodándose sus rizos dorados con la mano, su mirada somnolienta.

Le lanzo una sonrisa burlona y regreso mis ojos al espejo frente a mí.

—Luces terrible —le digo.

—Nunca podría verme mal. Simplemente me veo un poco más forajido —responde Jace, restregando su cara un par de veces con sus manos.

—Bueno, no sé si te ves más forajido, pero definitivamente tienes cara de resaca —le respondo mientras peino el final de mis rizos.

Jace camina lentamente hacia mí hasta llegar a mi lado. Sus manos me rozan las caderas suavemente y su mirada conecta con la mía en el espejo.

—¿Cómo terminé acá anoche? —me pregunta con curiosidad antes de doblar la cabeza y besarme el cuello.

Tomo el tocador para evitar recostarme contra él.

—Parece que padeces de ansiedad de separación cuando estás ebrio. No podía deshacerme de tí.

Jace ríe suavemente contra mi piel. Sus ojos vuelven a encontrar los míos y tira de mi manga para bajarla un poco y besarme el hombro.

No dice nada más. No necesita hacerlo. Tan solo la forma en que me mira hace que me excite incómodamente,

Su mano se mueve hacia mi estómago y me tira súbitamente hacia él, presionando su cuerpo contra el mío. Sus labios continúan besándome el cuello, pero se detiene cuando siente mi pulso alocado y comienza a succionar lentamente, aplicando justo la presión adecuada para hacerme estremecer.

Mis ojos ven como sus manos se deslizan lentamente hasta alcanzar el ruedo de mi vestido. Mete la mano debajo y comienza a deslizarla lentamente entre mis piernas.

No puedo permitir que esto pase, así que le digo algo en pánico: —Jace, ¡por favor!

Succiona aún más fuertemente mi cuello y me siento reclinar hacia atrás contra mi voluntad y mi cabeza se inclina para darle mejor acceso.

Se siente bien, esto que hace, pero al mismo tiempo me comienza a doler. Doler de forma placentera. Me muerdo el labio para no darle el gusto de escucharme jadear. Suelta mi piel con un suave beso antes de pasar su lengua por el área suavemente, lo que tan solo hace que me muerda el labio con más fuerza.

—¿Nadas conmigo esta noche? —pregunta Jace de repente, haciendo contacto visual en el espejo. Sonríe pícaramente cuando nota mis pupilas dilatadas y mi obvia expresión de placer, así que en seguida cambio mi expresión por una de seriedad.

—Solo si prometes portarte bien —le digo mientras alejo sus manos bruscamente de mi cuerpo. Encuentro un cepillo y comienzo a acomodarme el cabello, tocando con cuidado esa parte de la piel que siento hinchada.

—Lo prometo —dice Jace, quien lanza una risa y sacude su cabeza un poco.

—Bien, entonces supongo que iré —le murmullo.

—Bien —responde Jace, —Encuéntrame en la piscina romana.

Asiento sin querer mirarlo y continó inspeccionando la marca pronunciada que ha dejado en mi cuello.

Comienza a marcharse, pero se devuelve y se recuesta contra mí para decirme, sus labios a mi oído y sus ojos fijos sobre los míos: —Me gusta cuando llevas el cabello suelto, Clary.

Levanta una mano y pasa sus dedos entre mis rizos antes de tomar un mechón y tirar de él para inclinar mi cabeza hacia atrás. Jadeo silenciosamente y él me besa la quijada antes de rozar sus labios sobre el chupetón y salir del baño. Me deja sola, mirando el mordisco cambiar de color en mi cuello.


—¡Tienes un chupetón!

Tiro del pañuelo decorativo alrededor de mi cuello y le lanzo una mirada sucia a Isabelle. —No sé de qué hablas.

—Jace te hizo un chupetón, ¿no es así? —dice Isabelle suspirando y meciendo su cabeza, como si no tuviera idea de las motivaciones de su primo—. Es el típico chico. ¿Por qué sienten los hombres que es necesario marcarnos como si fuésemos su propiedad? Bueno, es bastante sexy, para ser sincera.

Tuerzo los ojos con ese último comentario. —Exijo un cambio de tema.

—No seas tan pesada, Clary. Somos amigas, ¿no?

—Sí —le digo a pesar de posición mientras nos sirvo una taza de té—. Pero eso no significa que podamos hablar de ese tipo de cosas. No es de damas.

—No estoy acá para que me des lecciones, Clary. Solo estoy de visita y tú me llamaste. —Cambia de posición en el sofá, levantando sus piernas y cruzándolas frente a ella de manera que muestra su ropa interior.

Le echo una mirada fría pero parece no tomar nota de mi sutil recordatoro de sentarse como dama. Tan solo toma el té que le extiendo y engulle un trago.

—Entonces, ¿por qué llamaste? Digo, me alegra que lo hicieras. He estado tan aburrida estos días. Sebastian no pasa mucho tiempo en casa y no le gusta que entrene, así que paso mucho tiempo sin hacer nada.

—¿Por qué le molesta que entrenes? —pregunto al sentarme se manera elegante y femenina en la silla diagonal a la suya.

—Quiere un bebé —suspira Isabelle, recostándose en el sofá y torciendo los ojos. —Cree que si logra embarazarme no querría que siga entrenando y lastimar el bebé antes de que ocurra.

—¿Y tú quieres un bebé?

—No necesariamente, pero los Guardianes deben tener al menos un hijo. Somos un grupo tan pequeño y tantos morimos, que no queremos reducir el grupo aún más, o que haya aún menos de los que ya somos.

No, por supuesto que no queremos eso.

Frunzo el ceño pero lo oculto detrás de mi taza de té,

—Bueno, de regreso a tu chupetón —sonríe Isabelle maliciosamente—. ¿Ya se sacaron las ganas?

—Isabelle... —le advierto.

—¿Qué? Tan solo tenía curiosidad.

—Isabelle, no voy a hablar contigo al respecto. Sabes que de nada te vale preguntar.

—Ah, entonces es no— me mira decepcionada al beber lo último del té de un solo trago—. ¿Vas a esperar hasta que estés decrépita para dejarlo tocarte?

La miro con furia por encima de mi taza de té.

—No es un hombre paciente, Clary. ¿Qué pasa si decide ir a buscar otra chica que sí le de lo que necesita?

—Eso es asunto suyo— le digo luego de pensarlo un poco. Sería mejor si rompiera su propia regla sobre engañar a su pareja y decidiera satisfacer sus necesidades con otra mujer. No tendría que hacerlo yo misma.

—No puedes hablar en serio. No puedo creer que tú, tú de todas las personas que conozco, no tuvieras un problema con que te engañara con otra mujer. Eres demasiado orgullosa.

—No me importa lo que Jace hace, Isabelle. No estoy enamorada de él y él no me ama. Nuestro marimonio es un acuerdo de negocios y nada más. Si desea contraer alguna enfermedad de otra mujer, pues creo que tiene todo el derecho de hacerlo.

Isabelle sonríe maliciosamente. —¡Ajá! ?Así que ahí está el fuego!

Aclar mi voz y tuerzo los ojos, pero intento cambiar el tema.

—¿Cómo está Sebastian estos días?

—Ah, pues, bien, creo. Está más lamebotas que nunca. Me prepara la bañera y té... es extraño— me dice encogiendo los hombros—. Y está fuera mucho. Me imagino que intenta compensar por todo el tiempo que está fuera.

Asiento con la cabeza lentamente, procesando lo que dice.

—¿Te prepara la bañera y té? Eso no suena espantoso.

—No sé, me imagino que no lo es. Pero es extraño, nunca lo había hecho antes.

—Bueno, ¿al menos lo hace bien? —le pregunto con una sonrisa, pero en realidad quiero profundizar en el tema.

Isabelle hace exactamente lo que quiero.

—Sí. Y pone un montón de aceites aromáticos en el agua. Y su té es delicioso. No sé cómo lo prepara, pero sabe a gloria.

—¿A qué sabe? —le pregunto casualmente, tomando un sorbo de mi propio té. Cuelgo de cada palabra que sale de su boca.

—No sé, es difícil de explicar. Pues... pues en realidad sabe como a miel.

Es exactamente lo que quiero escuchar.