Día 2: Vino

La primera vez que había tomado vino, había sido cuando tenía 15 años, estaban en una fiesta y Alya lo había conseguido junto con otras tantas botellas de alcohol que, por supuesto, le insistió en probar. Recordaba con un poco de desagrado la impresión que tuvo de la mayoría de las bebidas, que, por alguna razón, todos se morían por tomar: el ron y el brandy le habían resultado indiferentes, el sabor de la cerveza; demasiado amarga para su gusto, el ardor en la garganta que le dejó el tequila, el repentino mareo que le causó el vodka, y finalmente, recordaba la sorpresa que había tenido al probar el vino.

Era un vino dulce y espumoso, el aroma afrutado había invadido sus sentidos desde el momento en que le sirvieron y el sabor se había quedado impregnado en su boca toda la noche. Era la única bebida que le había gustado y de la que realmente se había quedado con ganas de más, pero ella no podía darse el lujo de beber cómo el resto de sus compañeros, después de todo ¿cómo podría una Ladybug alcoholizada defender a la ciudad de los akumas?

A partir de ese entonces, el alcohol se había vuelto una constante en las fiestas de sus amigos, y aunque de entrada siempre le insistían en que tomará mas, ella se libraba de las insistencias con las excusa de que ya era lo suficientemente torpe sin alcohol en su sistema.


La primera vez que había tenido resaca, ella tenía 17 años, y había sido la mañana siguiente a una fiesta en casa de Luka. El muchacho por aquel entonces vivía en un departamento cercano a la universidad, y por supuesto, había habido mucho vino.

Se había despertado a causa del dolor de cabeza, con la boca seca y muerta de sed, y el insistente timbrido de su celular, que le indicaba que Alya no dejaría de marcar hasta que le contestara. La llamada le había recordado que su amiga también había bebido de más la noche anterior, y que se suponía que las dos iban a pasar la noche en casa de la morena. Se suponía porque Nino se había llevado a su novia, principalmente para evitar que siguiera tomando, y Marinette había despertado en la cama de Luka.

Los recuerdos de la noche anterior la habían asaltado repentinamente al percatarse de dónde se encontraba: Ella y Alya tomando demasiado, Nino insistiendo en llevarlas a la casa de su mejor amiga, ella negándose a abandonar la fiesta, Luka intercediendo por ella, asegurándole a la pareja que él mismo la llevaría sana y salvo a su casa.

Todos los recuerdos le parecían medio borrosos, y que habían pasado demasiado rápido. Hasta que un par de toquidos la sacaron de su esfuerzo por recordarlos más nitidamente. Luka entró en la habitación para saber como se encontraba, y decirle que estaba listo el desayuno.

Sólo fueron unos segundos, el chico deteniéndose en la puerta mientras la evaluaba con la mirada, una media sonrisa de lado y se había retirado nuevamente.

Pero había sido suficiente para que Marinette recordará con lujo de detalles, lo que había sucedido cuando los demás se habían ido.

Ellos dos bailando mientras hacían un vano intento por recoger, ella lanzando sus brazos al rededor el cuello del chico, impulsándose tan repentinamente que casi pierde el equilibrio, las manos de Luka aferrándose a su cintura, de manera instintiva para no dejarla caer, sus bocas a escasos centímetros, permitiéndose respirar el aliento del otro. Y entonces ella cerró la distancia y lo besó de manera urgente, apasionada, el chico afirmo aún más el abrazo, permitiéndole a ella levantar las piernas y rodearle la cintura con ellas, al tiempo que suspiraba su nombre. Marinette había aprovechado el suspiro para invadir la boca de Luka con su lengua, degustando el sabor del vino a través de la saliva del chico, embriagándose con su aroma, con su sabor y las sensaciones que le provocaba, al tiempo que él colaba sus manos bajo su blusa, delineando sus espalda y acercándose delicadamente hasta su busto, hasta rozar uno de los pezones de la chica, por encima del encaje de su sujetador.

Marinette había gemido ante la caricia, pero Luka la había bajado y se había alejado como si el contacto con ella lo quemara (y de cierto modo así era).

Lo demás era un recuerdo borroso para la chica (al igual que el principio de la fiesta), Luka balbuseando algo sobre lo ebria que ella estaba y lo mal que había estado besarse en ese momento, él mismo cediéndole su habitación y preparándose para dormir en su sillón, el leve recuerdo de Tikki preguntándole desde su bolso si se encontraba bien.

Después de un desayuno silenciosamente incómodo el chico la había llevado en su moto hasta su casa, insistiendo en que el había prometido a sus padres, y Alya y a Nino que la llevaría personalmente hasta la puerta. La despedida había sido igualmente incómoda, con ambos disculpándose y un risa nerviosa.

Marinette se aseguraría de nunca más volver a tomar así, y menos enfrente de Luka, por que pasaría semanas recordando en los momentos más inoportunos aquel beso que habían compartido y la sensación de embriaguez que le había producido estar en los brazos del chico