Nota de la autora: Estoy segura de que no esperaban que actualizara tan rápido. Originalmente esta iba a ser una historia mucho más corta, y más como una situación cotidiana, en la que por azares del destino Luka y Marinette terminaban compartiendo la custodia de un perro, y al pasearlo las personas asumían que eran pareja. Pero de alguna manera terminó en esto, en fn, tal vez este capítulo también tenga una continuación.
Advertencia: Universo alterno dónde Emily Agreste nunca murió, por lo tanto Gabriel Agreste no es HawkMoth. LadyBug y ChatNoir finalmente derrotaron a HawkMoth con la ayuda del resto de portadores, por lo que todos saben sus identidades, todos regresaron sus prodigios, y siguieron con sus vidas normales.
Día 14: Sabueso
No estaba muy seguro de cómo había terminado en esa situación. Lo había repasado una y mil veces dentro de su cabeza y aún así no lograba hallarle sentido. Por qué, para empezar a él realmente no le gustaban los perros. Es decir, le gustaban los animales, como a cualquiera, y por supuesto que ese sabueso era adorable, pero él no era alguien de perros
Y estaba seguro de que Marinette tampoco era alguien de perros, ella era más del tipo de gatos. O de hámsteres, se recordó aquello con amargura. Por qué claramente Marinette había preferido a Chat Noir, y claramente prefería tener hámsteres con Adrien. Aun así, ahí estaba él, camino a casa del matrimonio Agreste, para recoger al sabueso cuya custodia compartía con Marinette.
Compartía un perro con Marinette. Un perro. Con Marinette. Específicamente un sabueso. Con la esposa de Adrien Agreste: y el amor no correspondido de su vida.
¿Cómo había terminado en esa situación?
Bueno, si se tenía que ir a los hechos, sabía perfectamente que había iniciado exactamente hace un año. Marinette se había encontrado un sabueso malherido al que habían abandonado en la calle, lo había rescatado, y aunque trató de buscarle hogar acabó por encariñarse con él. No es que tuviera un particular problema para quedarse con el animal, pero, el sabueso parecía odiar a muerte a Adrien. Macaroon, cómo lo había nombrado Marinette, simplemente le gruñía cuando estaban en la misma habitación, e incluso trataba de atacar al rubio cada que éste se acercaba a la franco-china.
Marinette había tratado de buscarle un hogar, pero por supuesto encontraba peros en cada persona que se ofrecía para adoptarlo. Y entonces había llegado él (Para salvar el día, en palabras de Marinette). Nunca lo admitiría en voz alta, pero desde la boda de, había estado tratando de evitar a su amiga. Saber que la chica se iba a casar le había roto el corazón de una forma tan dolorosa, que no comprendía cómo había conseguido la entereza para asistir a la ceremonia.
Y desde entonces había sabido guardar la distancia, procuraba no tener contacto con ella, para no romper -más- su corazón al tener que presenciar la feliz vida de pareja que ahora llevaban. Eso hasta que cierto sabueso decidió meterse en su vida.
Había salido a correr, como todas las mañanas, cuando un perro (evidentemente perdido, por que aún arrastraba la correa) decidió sin más ponerse a correr con él. Era un sabueso hermoso, y sinceramente el aura del animal le había agradado, por lo que decidió conservar al perro hasta poder encontrar a su despistado dueño. ¿Cómo iba a saber que ese sabueso era precisamente de Marinette?
Macaroon parecía muy cómodo con él, (y la verdad es que la idea de quedarse con el perro había cruzado por su cabeza justo antes de marcar el número de la placa) y Marinette parecía encaprichada en darle el perro solamente a alguien cercano para que así pudiera mantenerlo en su vida. Y claro, él nunca había sabido decirle que no a la chica, por lo que terminó adoptándolo sin pensar.
Aunque más bien habían terminado compartiendo la custodia. Ahora la veía prácticamente a diario cada mañana, cuando los tres salían a correr, y después iban a desayunar, siempre que ninguno tuviera actividades o compromisos.
Al principio creyó que sería incómodo y doloroso, y sí le había resultado un poco doloroso (y ahora sospechaba seriamente que era masoquista por que de otra forma no podía explicar el hecho de que siguiera con esa tortura), pero para nada era incómodo. Las conversaciones fluían entre los dos de manera tan natural como siempre habían sido.
Y tenía que admitir, que a una oscura parte dentro de sí le satisfacía que constantemente los confundieran con una pareja, en vez de solo un par de amigos, y, aunque se sentía terriblemente culpable al respecto, también tenía que admitir que le satisfacía saber que el matrimonio de sus amigos no estaba resultando ni siquiera remotamente perfecto.
Era horrible de su parte, lo sabía, pero de alguna manera irónica resultaba que Marinette pasaba más tiempo con él que con su propio esposo, aunque en retrospectiva, no debía sorprenderle que fuera así, Adrien siempre se había caracterizado por su ausencia. Si se detenía a pensarlo, sabía que estaba haciendo mal las cosas; para empezar, estaba muy, muy mal el hecho de que alegrara por la infelicidad de sus amigos, segundo, debía dejar de hacerse ilusiones, por mucho que Marinette le hubiera confesado que sentía que se habían casado demasiado jóvenes, tercero, estaba seguro, de que tendría que apegarse a su plan original, sobre evitar a Marinette.
Pero claro, a diario se hacia esas cavilaciones, a diario se preguntaba como había llegado a esa situación, y a diario llegaba a la misma conclusión de siempre: Qué debía parar de lastimarse a sí mismo de esa manera, que debía decirle a Marinette que ya no podía verla, y que debía dar en adopción a Macaroon (bueno, bueno, tal vez esa última no). Pero cada vez, solo le bastaba ver la sonrisa en el rostro de Marinette para olvidarse por completo de sus meditaciones.
Porque, por un par de horas, y gracias a su sabueso, podía vivir en su propia fantasía y su propio lugar feliz.
