El hechizo que los Omega poseían para encantar a Alfa se resumía en feromonas y el delicioso e irresistible aroma que desprendían, muchos lo comparaban con el olor de un suculento platillo al cual no podías ignorar.
Desafortunadamente para los Betas ese hechizo no funcionaba ya que su nariz no contaba con la misma cantidad de receptores de olor que los Alfa, por lo tanto no detectaba los aromas delicados y atrayentes, por lo que eran dejados de lado por los Omega, algunos de ellos le daban mucha importancia a la reacción de su compañero de vida ante las feromonas.
No obstante, siempre existía una excepción a la regla, Omegas que no les importaba que su pareja no pudiera enloquecer por un simple cóctel de olor. Por lo tanto no eran extrañas las parejas de Betas y Omegas.
Para Charasasuke Uchiha, un Beta coqueto y popular le importaba un comino esas reglas, él creaba las suyas propias, era por ese motivo que era envidiado y maldecido por los Alfa que trabajan junto a él en Akatsuki Corp.
Cada vez que llegaba la hora de descanso en la oficina se le veía rodeado de múltiples chicas de diferentes géneros, las cuales acudían a escuchar sus halagos, palabras de ánimo y consejos, además de esperar una rosa como regalo. Los Alfa sentían su orgullo herido pues un alto número de mujeres Omega acudía a charlar con el "Beta bonito", apodo que le pusieron con saña pues por su atractivo físico y melodiosa que endulzaba el oído se convirtió en el centro de atención.
El Uchiha, estaba al tanto de los sentimientos negativos que despertaba en los Alfa, pero les restaba importancia, no era su culpa que ellos no supieran tratar a sus congéneres femeninos y que los Omega masculinos no les hicieran caso tampoco.
Era ridículo la cantidad de mujeres Alfa que empezaron a seguir al "Beta bonito", según ellas era el tipo de hombre que les gustaría cuidar, proteger y pervertir. En cuanto a las Omega, lo preferían por su alto sentido de sensibilidad y el apoyo moral que les proporcionaba en sus problemas personales y laborales. Por último las Beta lo consideraban un buen candidato para casarse, pues pensaban que estaba dispuesto a sentar cabeza por su persona amada.
Sin embargo, de un momento a otro Chara abandonó su rutina de rodearse de féminas, diciéndoles que había encontrado a una persona de la cual se enamoró. La decepción de las Omega y Beta no se hizo esperar, además de la exigencia de las Alfa en saber la identidad de la ladrona o ladrón que conquistó el corazón de su amado. Todos estos detalles nunca fueron revelados, muy amablemente el "Beta bonito" enfrió los ánimos con su encanto y disuadió cualquier intento de investigación.
Ese día en que el harem se disolvió, el Uchiha estaba muy molesto consigo mismo, maldecía cada momento en que se enamoró de ese Omega engreído llamado Menma Uzumaki, ese maldito rubio ojiazul le había quitado su libertad de conquistador.
Menma era un compañero de trabajo, un Omega recesivo, que todos en la empresa pensaban que era un Alfa debido a porte de mando, frialdad y atractivo y como el género no era un dato que se compartía entre los empleados, fue fácil que esta creencia siguiera vigente. De hecho si no hubiera sido por que le llegó el celo en el mismo bar en que estaba Chara, éste hubiera seguido pensando que su género era otro.
Desde ese incidente se volvieron "amigos" por así decirlo, Menma coaccionó a Chara para que mantuviera el secreto sino le haría la vida de cuadritos, así el Uzumaki aseguró su reputación y el respeto que había forjado con tanto esfuerzo, y es que actualmente se subestimaba a los líderes Omega.
De ese suceso habían transcurrido un año, y curiosamente de esa extraña anécdota donde se vieron envueltos, una cosa llevó a la otra y por ello estaban en la situación actual.
Para el Uchiha representaba un suceso insólito que hubiera sido atrapado así, si fuera un Alfa comprendía que las feromonas y el instinto lo arrastraran simplente, pero él era un Beta, no existía ningún vínculo especial más que ese gran amor que se profesaban.
—Oe Charasasuke ¿Qué estas haciendo, idiota?—llamó Menma entrando a la habitación donde el Uchiha estaba cambiándose de ropa.
—Nada, mi estimado Kitsune estreñido—contraatacó con astucia, moldeando una sonrisa pícara en la cara, recibiendo una mirada de reproche de parte de su amante—Por cierto, ¿Cómo te sientes?
—A lo mejor por la noche arribe mi celo, ya sabes que es irregular en cuanto a horario—anunció, rascando su nuca, hablar de su condición de Omega le era incómodo, se percibía a sí mismo como un ser humano tan inferior al estar a merced de su naturaleza
—Menos mal que no fue en la oficina o cuando veníamos en el tren—expuso aliviado, hubiera sido desastroso.
—Me dope con múltiples inhibidores, no iba a correr ese riesgo—reveló preparando su ropa limpia que usaría luego de darse una ducha.
—No abuses de las sustancias, mientras te bañas iré a preparar la cena—comentó saliendo de la pieza
Más tarde, estaban acomodando los platos que habían utilizado en la cena, cuando un calor infernal se apoderó de Menma, era esa la señal, el ciclo de calor le había llegado. Sin perder el tiempo, el Beta cargó en sus brazos a un débil Omega, cuando este padecía su celo simplente se quedaba desplomaba al punto de caer de rodillas al suelo.
Ya en la cama empezó a desvestir a Menma a fin de que estuviera fresco, además acercó los condones, la posibilidad de embarazo de un Beta y Omega eran la mismas que las de un Alfa y Omega.
Menma se aferró con brazos y piernas a Chara, atrayéndolo de inmediato en cuanto esté se puso un condón. El Beta no se hizo del rogar y empezó a llenarlo de besos y caricias, derretir su dura coraza de hielo que mostraba a los demás era su placer culposo.
—Oe Menma me pusiste un hechizo ¿no es así?—dijo después de atender lo pezones de su pareja—Digo tus feromonas no me afectan, pero tu cuerpo me enloquece igual, así que seguro me hiciste un muñeco vudú. ¡Confiesa!
El Uzumaki sonrió por ese comentario, tenía los sentimientos a flor de piel y además el celo lo ayudaba a ser deshibido, era con estar ebrio, pero acá era el líbido quien mandaba no el alcohol etílico.
—Si te hice un amarre—contestó con una sonrisa aún bailando en sus labios—¿Recuerdas ese par de muñecos que le mandé hacer a mano a Tsunade?—preguntó, recibiendo un movimiento de cabeza afirmativo de parte de su pareja —Pues están tomados de las manos a propósito para que nunca nos separemos.
—Pillín—acusó divertido.
—Necesitaba atraparte a como diera lugar, quién necesita a un asqueroso Alfa cuando tengo al Beta más atractivo de todo el clan Uchiha—reveló confiado y muy orgulloso de que el "Beta bonito" fuera todo suyo.
—Definitivamente te transformas en otra persona cuando las feromonas se te suben a la cabeza—observó, besando el abdomen de Menma.
—¿Te molesta?—inquirió revolviendo los cabellos del Uchiha, mientras trataba de contener los gemidos, tarea difícil pues su amante ya estaba ubicado en su zona pelvica.
—No, me gusta que seas honesto—opinó despegándose por un instante de la piel morena que degustaba.
—Entonces...¡Ven aquí y satisface mis deseos!—ordenó incitando a Chara a que le practicara sexo oral en su ya despierto miembro viril que ansiaba ser atendido.
—Con que actitud honesta y mandona vino en este ciclo de calor, interesante combinación—expresó sonriendo con prepotencia, para después engullir la hombría de un desesperado Uzumaki.
El Omega soltó un sonoro gemido que sólo podía describirse como un sonido de intenso placer, ese Beta lo excitaba demasiado, y el hecho de que no necesitará de un olor estimulante, como los que producían los Alfa, le agregaba un plus a su relación, no estaba atada al instinto todo lo contrario era simplemente amor y lujuria y eso era muy valioso.
Esa noche los dos se amaron como nunca.
