Mi destino siempre estuvo ligado a unos ojos color carmesí.

Desde muy temprana edad mi propia madre me contó que ya estaba comprometido con la oscuridad, y que no importaba si me resistía pues, tarde o temprano, ÉL me alcanzaría.

Mi madre, de nombre Kushina Uzumaki, me narraba que todo inició hace 16 años, cuando la vida de ambos cambió drásticamente, ya que yo en ese entonces estaba en el vientre materno en aquellos ayeres.

Ese fatídico día, el viento jugaba con el largo y rojo cabello de mi progenitora, los mechones iban de un lado a otro, mientras ella intentaba recoger las manzanas que habían caído al suelo. La ráfagas de aire eran la advertencia de lo inevitable, de un momento a otro hizo acto de presencia su amiga de la infancia, Mikoto Uchiha, quien llevaba años desaparecida.

Volver a verla le causó una gran dicha a Kushina, dejando caer las manzanas debido a la sorpresa, inmediatamente corrió a su encuentro dándose cuenta que tenía el vientre abultado, estaba esperando un bebé como ella. Apenas la iba a felicitar cuando notó que todo esté tiempo había mantenido los ojos cerrados, por alguna razón no los había abierto.

—Mikoto, ¿qué tienes?—preguntó mi madre con una voz mortificada, sacudiéndola un poco al recibir un silencio como respuesta—¡Contéstame por favor!

Ahí fue que mi madre supo que

aquella niña que fue su amiga, tan noble y dulce ya no existía, ojos carmesí lo demostraron, ahora ella era una vampireza.

Mikoto no le dio tiempo de retroceder a su adorada amiga de cabellos rojos, y sin tregua la atrapó con sus fuertes brazos, podrían verse delgados, pero debido a la sangre de demonio su fuerza se sentía alrededor doble.

Mi madre relató que era cómo estar en las fauces de un animal salvaje o en una trampa de osos, pero lo que más le dolió fue la mordida que le propinó sin previo aviso y las palabras que le dedicó después de sacar sus largos colmillos de su cuello.

"Perdóname por no haber estado ahí..."

Enseguida de eso, hubo un alboroto por parte de algunos aldeanos que regresaban de sus campos y que fueron testigos de la escena. Sin otro camino, el ser de la noche soltó completamente a Kushina y huyó volando con sus siniestras alas de murciélago.

Fue la primera y última vez que contempló a una vampira sollozar de arrepentimiento después de atacar a una víctima. Y también fue que durante unos minutos la personalidad original de Mikoto Uchiha emergió de entre las sombras.

Hasta su lecho de muerte, mi madre me comentó el motivo detrás de mi cabellera oscura y mis fuerzas sobrenaturales, ella creía que como Mikoto la mordió mientras yo estaba en su vientre, me afectó su poder demoníaco, convirtiéndome en un híbrido, mitad vampiro, mitad humano.

Fue irónico, la Uchiha técnicamente también era mi madre.

Después de la muerte de mi madre, fue cuando se presentó en el cementerio, Charasasuke Uchiha, el hijo menor de Mikoto. Yo lo reconocí en el acto, tal vez fue por que compartíamos la misma de sangre de vampiro.

Esos ojos rojos escarlata me observaron con contemplación, como si me estudiara de pies a cabeza.

—Hueles a híbrido—fue su primer comentario.—Eres mi hermano y me perteneces—fue la segunda frase que soltó.

Conforme a lo que me narró Chara, él efectivamente era el hijo menor de Mikoto Uchiha, y que se manifestó a mí por que yo era su pareja por derecho, ya que su madre compartió sangre con la mía, eso nos hacía medios hermanos, y como la sociedad vampirica se regia por el incesto, nuestra unión era pura.

Yo confieso que al principio estaba preparado para matarlo como fuera, no iba a aceptar estar con el hijo de demonio que atacó a mi madre y condenó mi existencia. Entonces el Uchiha me reveló la noticia más estremecedora, resulta ser que Mikoto y Kushina eran novias a escondidas, pero fue descubierta por su propio padre por lo para evitar esta abominación, vendió a su propia hija a un forastero que resultó ser un vampiro a cambio de riquezas.

Por tristeza, mi madre cayó en lo brazos del primer hombre que le ofreció unos brazos para consolarla, pero que desapareció en el momento en que descubrió que sería papá.

De manera que Mikoto vino a reclamar a la criatura que se gestaba en el vientre de Kushina, como signo de dominio y melancolía por la triste canción de amor que fue interrumpida. Apenas se liberó de su captor que la preño dos veces, la Uchiha fue a buscar a su amada.

La verdad no creí esa historia, sin embargo no tenía otra opción pues mi cuerpo se movío solo tan pronto como Chara le ofreció su mano para llevárselo a un lugar a vivir juntos.

Posteriormente me enteré que un híbrido como yo podría volver loco a un vampiro, mi sangre mezcla entre presa y hermano representaba un deleite lleno de éxtasis.

Menma se encontraba sentado en el tronco de un árbol viejo, reflexionando la historia de su vida, fue entonces que unas manos repentinamente taparon sus ojos azules.

—Adivina quién soy—preguntó la voz del responsable de privarle del sentido de la vista, juzgando por el tono burlón que empleó le divertía esta situación.

—Charasasuke—musitó con seriedad, era lógico conocer la identidad de esa melodiosa voz, después de todo, eran los únicos inquilinos en aquella cabaña dentro de ese inmenso bosque.

Esa noche, en aquella solitaria y aislada cabaña, en una de las habitaciones de su interior, rodeado de pétalos de rosa roja Menma respiraba con dificultad, tener a otro "ser humano" encima de su cuerpo era desgastante y más cuando estaba siendo practicamente follado y le drenaban la sangre al mismo tiempo.

—¿Por qué pones esa cara de angustia? ¿No te gusta lo que te hago?—cuestionó curioso al vislumbra que su compañero de lecho parecía no disfrutar del acto, podría ser un demonio pero no un desalmado.

—Soy tu presa, no puedo resistirme a ti aunque quisiera—respondió con una actitud conformista, nunca le sirvió luchar contra sus sentimientos conflictivos en donde le gustaba el Uchiha pero a la par odiaba que su lazo fuera simple instinto vampirico—En cuanto a si me gusta o no, no tiene importancia.

—No eres una presa, para mí es importante como te sientes—expuso dando un beso en el área del cuello, específicamente donde lo mordió minutos antes, se incorporó luego a mirar a su amado—Desde que supe de tu existencia, mi madre ya ansiaba que te conociera, incluso te llamaba "El Prometido de la Rosa".

El mitad vampiro abrió los ojos azules muy grande debido a la declaración, esa galantería propia de los hijos de la noche tenía su toque.

—No sirve de nada disfrazar esto que tenemos con nombres bonitos lo que soy—objetó, desviando la mirada, no deseaba caer en la esperanza de que hubiera algo más profundo detrás del comportamiento de ese vampiro Uchiha.

—No lo hago, ¿por que crees que en esta casa hay todo tipo de rosas rojas?—cuestionó abriendo los brazos para que su amante observara a su alrededor, todos los jarrones con el tipo de flores frescas que mencionó, enseguida tomó un pétalo que reposaba en la cama y la rozó contra los labios del Uzumaki—Por ti, tú eres la mas preciosa y rara rosa que me he topado y la siempre amaré y cuidaré.

Dicho esto, el Uchiha volvió a atacar a su compañero mordiéndolo de nuevo en el cuello, pero esta vez era para depositar una sustancia somnifera en el cuerpo. Le había succionado bastante sangre y lo mejor para un mitad vampiro era dormir por algunas semanas con el objetivo de recuperarse.

—¿Yo...una rosa?—fue lo último que murmuró antes de caer en un profundo sueño reparador.

El vampiro de ojos rojos sonrió complacido acunando en sus brazos a ese cabeza hueca, podría ser un príncipe de la oscuridades pero eso no implicaba no experimentar o comprender correctamente una sentimiento humano.

Menma Uzumaki representaba a aquella rosa roja mágica de aquel cuento popular, encerrada en una capsula de cristal brillando al compás del corazón de su dueño, solo que en este caso para Chara la "Rosa" era más importante que cualquier "Bella", siendo capaz de asesinarla si se atrevía a perturbar su sueño.