Durante los siguientes ocho minutos David mantuvo la vista fija sobre la mesa con una mano cubriendo su boca, una dramatización planeada para preparar mentalmente a las personas que ocupaban el asiento al otro lado del escritorio. Luego suspiró, llevando una mano bajo los lentes para frotarse los ojos.

—De acuerdo. —Inició por fin, enderezándose y abriendo el manuscrito en las primeras páginas—. Terminé de leerlo y... ¿Chuck, cierto? —Chuck asintió con una sonrisa confiada, aguardando—. Claro, claro, Chuck. A ver, ¿por dónde empiezo? —Volvió a pausar intentando encontrar las palabras adecuadas—. Tu historia... no funciona.

Chuck alzó las cejas con sorpresa.

—¿Disculpa?

—Mira, me gusta la idea y se nota algo de talento entre frases pero, ¿esto?, no va a funcionar.

—¿Por qué lo dices?

—Para empezar, tu firma es solo "Chuck", no hay segundo nombre ni apellido, y no tiene chispa, ¿entiendes? No es un nombre que atraiga al público. Y en cuanto a la historia... —Soltó una risa despectiva—, quitando de lado todas las fallas que hay en el trasfondo de esta familia de cazadores de monstruos y demás..., ¿una marca roja imposible de leer? Entiendo que te tomes tus... libertades artísticas, pero eso es ridículo, la gente no va a comprender el concepto.

Chuck movió la pierna en un vaivén ansioso.

—Y la verdadera cuestión, —prosiguió David—: ¿un romance entre hermanos? —Se hizo hacia atrás con un suspiro que delataba más que cualquier palabra un fuerte «de verdad no puedo creer que haya tenido que leer eso»—. Eso no va a funcionar jamás.

Chuck tuvo suficiente.

—Por supuesto que funcionará. Sam y Dean son mi historia favorita. Tú solo... no lo entiendes...

—Sí, sí, seguro que este... —Levantó el manuscrito para leer el título—, "Supernatural", debe ser tu obra maestra y todo eso —dijo burlón—, pero sé de ventas, Chuck, y el público no quiere una historia como esta. Además, luego de veinte capítulos tenías el momento perfecto para cerrar la historia con una declaración pero no la aprovechaste...

—Porque aún hay mucho que contar sobre los Winchester.

—Sí, sí, lo supuse, ese final me dice que pretendes convertir esto en una saga...

—Quince libros, para ser exactos —ofreció Chuck volviendo a sonreír.

—Claro... lo lamento, eso no va a funcionar nunca.

Dejó caer el manuscrito sobre la mesa con un movimiento despectivo, demostrando que lo consideraba una pérdida de tiempo. La sonrisa de Chuck se tensó. Volvió a mover la pierna con prisa.

—De nuevo, solo lo de la marca es confuso...

—Se descubrirá más adelante, es parte de la trama...

—... y el incesto es un gran NO. No somos esa clase de editorial y la gente no quiere esta clase de historias. La gente quiere lo que ya conoce, su zona de confort: protagonista se debate entre dos intereses amorosos, uno que es su alma gemela con el que tiene su final feliz y el otro el amigo con el que tiene roces y besos ocasionales; ya sabes, esa clase de cosas. Esto, —señaló las hojas—, jamás va a funcionar.

Abrió la boca para rebatir pero se abstuvo. Podría mirar adelante y encontrar el camino correcto para enfrentar esa conversación, incluso podría chasquear los dedos y tener toda aquella editorial a su disposición, pero se había prometido hacer aquello a la manera humana. Claro que no contó con lo frustrante que la manera humana iba a resultar.

—Sí va a funcionar, David, lo sé. Mira, si quieres cambio lo de la marca, ¿eso te gustaría más? Le doy a Sam el nombre de Dean y se soluciona todo.

—Ojalá fuera tan sencillo, —David alzó las cejas como quien se prepara para dar una mala noticia que en el fondo le alegra informar—, pero la verdad es que Sam y Dean no tienen química.

Aquello fue demasiado. Su cuerpo se tensó con enojo y en un segundo David había desaparecido. Al segundo siguiente Chuck se aferró la cabeza con un gruñido de fastidio y lo trajo de regreso. No podía desaparecer a la gente cada vez que algo le molestaba, esa era la clase de control absoluto del que estaba escapando, ahora era el simple y humilde Chuck, ¡Chuck el escritor! No debía olvidarse, pero era difícil controlarse cuando esa criatura se atrevía a hacer comentarios como aquel.

¡Qué Sam y Dean no tenían química! Vaya ignorante.

—¿Sabes, David? Te traje mi historia porque pensé que tú lo entenderías, teniendo en cuenta que terminas todas las Navidades con el rostro en la entrepierna de tu hermano. Asumo que mi historia te pone nervioso, ¿no es así?

David abrió mucho los ojos y se puso pálido. Su expresión quedó congelada, literalmente. Chuck se llevó las manos al rostro.

—No, no, tampoco puedo decir eso. Veamos... —Respiró profundo repetidas veces hasta que sintió su enojo aplacarse. Sin duda, recordaría las palabras de David durante mucho tiempo y se enojaría cada vez que lo hiciera (¿¡cómo se atrevía a decir que Sam y Dean no tenían química!? ¡Ese era el motivo por el cual se sentía tan atraído hacia su historia en primer lugar! El hecho de que sus hijos fueran a volverlo más interesante en unos años a causa de su ausencia en el cielo era un extra que le hacía frotarse las manos con ansias), pero de momento pudo contenerse—. Olvida lo que dije —murmuró reactivando el tiempo. La expresión de David se relajó de nuevo en una de falsa empatía sin recordar los últimos segundos de conversación—. ¿Sabes qué? Lo entiendo, efectivamente este no es el lugar para mi trabajo. No perderé más tiempo aquí.

Recogió su manuscrito mientras David levantaba las manos en un gesto de «cómo gustes» pese a que se le notaba aliviado de no tener que continuar discutiendo con lo que para él era un intento de escritor frustrado.

J. K. Rowling había sido rechazada muchas veces antes de que el mundo se enamorara de su obra, y Chuck sabía que eso era todo lo que necesitaba: que el mundo descubriera a Sam y Dean, sabía que una vez que lo hicieran iban a adorarlos. Solo debía seguir insistiendo, como un humano haría, hasta lograrlo. Esa era la parte emocionante del viaje. Además: tenía tiempo para conseguirlo.

—Procura saludar a tu hermano en estos días —dijo como despedida antes de cerrar la puerta a la imagen de un muy confundido editor.

Si David falleció dos días después en un accidente automovilístico fue por obra del destino que ya estaba trazado y nada más, y si Chuck sabía que eso sucedería fue porque era su naturaleza saberlo todo, nada más.