Holy potato qué mucho amor recibí en estos últimos días. Gracias :D
Por cierto, no se los dije, pero cada tanto actualizo el playlist cuando recuerdo otras cosas que escuché para escribir esta historia (o bien, añado cosas que escucho actualmente, porque sigo escribiendo).
Eso es todo. Gracias por leerme y, ¡adelante!
CAPÍTULO VI
枯れ落ちた偽りの dreaming I'm falling alone
El regalo de Victor es, como el mismo Victor, particular.
Y Yuuri aprende a sacarle provecho al viejo catalejo que le ha sido obsequiado: lo carga consigo en su bolsillo, y a todas horas observa las estrellas con detalles que antaño no alcanzaba a distinguir.
Una noche, en el parque cercano, mientras Yuuri se halla sentado en lo alto de una de las selvas de metal que cautivan a los infantes, las estrellas responden todas sus dudas, aunque él no haga las preguntas más claras.
Solo una dejan sin respuesta, y Yuuri se resigna a las palabras del último mensaje que Victor le ha enviado:
Hoy no puedo acompañarte al parque. Tengo planes. Pero ¡prometo que mañana estaré libre para ti! ヽ(・ω・)ノ
Yuuri acepta que algunas interrogantes deben quedar sin ser contestadas.
Cuando Victor toma asiento en la barra del restaurante, Yuuko ya lo está esperando. Lo saluda con una sonrisa, su expresión casual mientras agita el hielo de su vaso con una pajita. El astrofísico aprovecha el momento para ordenar un plato de tempura y un té de trigo.
Mientras esperan sus pedidos, entablan conversación casual: ¿qué tal Japón? ¿Qué tal Rusia? ¿Es la comida de tu agrado? ¿Hay más noches despejadas aquí?
Al llegar la comida, Yuuko abandona su máscara juguetona y pregunta directamente:
―Señor Nikiforov, iré al grano: no me gusta que me mientan. ¿Qué hace en Japón?
Las palabras acuden a la punta de la lengua de Victor: «vine para una charla, pero surgió trabajo extra en la universidad y me han pedido que me quedara más tiempo para hacer algunas investigaciones concernientes a mi campo de estudio sobre…».
La mano de Yuuko en el aire lo hace cerrar la boca y guardarse las excusas.
―Llamé a la universidad a preguntar por usted aquella vez: quería darle una sorpresa a Yuuri. Qué sorpresa me dieron cuando replicaron que el señor Nikiforov «no se encuentra trabajando en ningún proyecto de nuestra universidad actualmente». Y aun así, como si de hecho hubiera podido contactarlo, usted se apareció en mi práctica de patinaje. Ahora, ¿cuál es su explicación para todo esto?
Victor se siente apenado. Es una sensación extraña: hacía tiempo que no experimentaba vergüenza o sentimientos afines.
Observa a la joven patinadora que lo espera sin rastros de agresividad. La joven patinadora que lo ha descubierto.
―Yuuri mencionó el lugar donde usted trabaja, señorita Nishigori.
No dice más, porque sabe que es nombrar lo obvio, y ha sufrido más humillaciones de las que puede recordar en su tiempo de vida.
Yuuko asiente, aparentemente aplacada con una contestación honesta.
Victor ve morir la esperanza de que olvide su primera pregunta al sentir sus ojos fijos en él.
―En cuanto a qué hago aquí… ―Se encoge de hombros porque, a diferencia de teorías astronómicas, no le es tan fácil poner en palabras espectros de emociones humanas―, creo que usted misma lo sabe.
―Usted asume demasiado sobre lo que sé.
Es un comentario de paso antes de que la joven patinadora empiece a comer el sushi que aguarda en su plato. Victor la imita, feliz de tener una excusa para no hablar.
El resto de la velada transcurre en silencio, mas el astrofísico sabe que la muchacha no se ha rendido: no, este silencio es una espera como la de un tigre antes de abalanzarse sobre su presa.
Ya no hay esperanza alguna en su pecho para cuando abonan por su consumición y se retiran del restaurante Keiko.
Él, como el caballero que es, la acompaña hasta su casa.
Cuando encuentra la llave de la puerta en su bolsillo, la joven voltea a mirarlo.
―No voy a preguntar por qué el ídolo de la infancia de mi amigo parece postergar su marcha del país para pasar más tiempo con él, ni voy a criticar el que le haya mentido.
Su tono es amable, mas su voz tiene un filo que solo Victor detecta.
El filo con que se defiende a las personas amadas.
―Solo me limitaré a hacerle una sugerencia, señor Nikiforov: sea consciente del impacto que tiene en la vida de los demás. No se arrepienta luego.
La puerta se cierra sin miramientos, mas sin exagerar la salida de la muchacha.
Yuuko Nishigori no necesita de portazos para hacerse entender.
Al pasar cerca del parque, por supuesto, Victor lo ve. Ve a Yuuri y a sus inexpertas manos intentado manejar un artefacto que no comprende del todo pero que, como un padre benevolente, le permite acceder a lo que busca.
Da apenas un paso hacia él cuando las palabras de la mejor amiga de Yuuri resuenan en su cabeza.
«Sea consciente del impacto que tiene en la vida de los demás. No se arrepienta luego».
Victor Nikiforov piensa en muchas cosas en ese fugaz momento en que ve a Yuuri sonriendo al mirar el cielo estrellado.
Piensa en sonrisas y en manos cálidas. Piensa en ecuaciones, en pizarras llenas de fórmulas y en sus dedos inquietos repiqueteando sobre el escritorio. Piensa en las estrellas vistas desde una terraza mucho más lejana que la distancia entre Rusia y Japón.
Piensa en Yuuri, y en una nostalgia que no le pertenece.
Es comprensible que no pueda con ello.
Es comprensible que huya.
Y que deje a Yuuri al amparo de las estrellas que tanto ama.
Oh daaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaammmmmmn.
DAAAAAAAAAAAAAAAAAMMMMN.
¿Reviews? ¿Amor?
¿Estrellas?
-Pekea
