PERDÓN POR TARDAR estas semanas fueron de locos.
Disfruten c:
Por cierto, ahora estoy empezando a publicar en Wattpad, por si les interese leerme allí mejor. También publico en Ao3.
¡Saludos!
CAPÍTULO IX
また 生きてゆく君と
Todo es nuevo.
Es nueva la presión gentil pero constante de las manos que evitan que aparte su rostro, es nueva la textura del rostro masculino que siente tan cerca.
Es nueva la calidez de los labios ajenos contra su boca y es nuevo el frenético latir de su corazón.
(No, tal vez esto último no sea nuevo, mas es la primera vez que es consciente de que su corazón no late por una situación ridícula en la que se ha visto envuelto).
Cuando Victor se separa, sus ojos parecen implorar algo que Yuuri no comprende.
Es entonces que su vista se desliza hasta sus labios, y entiende la petición.
Oh.
Por supuesto, siendo quien es, no ha sabido reaccionar.
―Lo… Lo siento, yo…
Pero Victor no espera a oírlo, sino que lleva una mano a enredarse en su cabello y vuelve a besarlo.
Esta vez, Yuuri cierra los ojos.
Y responde el beso.
―Ven conmigo hoy.
Son las únicas tres palabras que Victor alcanza a susurrar entre beso y beso. A Yuuri le gustaría decir que piensa, que considera su respuesta.
Pero sería una mentira.
―Sí.
Espera ver una sonrisa o algo que le diga que Victor está feliz con su contestación, mas solo siente que se aparta y que tira de una de sus manos.
Mano en mano, caminan hasta su hotel.
Y aunque no debería tomarles mucho tiempo, con cada beso que Victor le roba, se demoran bastante.
La habitación de Victor está en el piso número diez: ignoran al portero (para vergüenza de Yuuri), y el viaje en ascensor transcurre en un santiamén con las manos que exploran debajo de su camisa y las leves mordidas a su labio inferior.
Yuuri siente que se asfixia y Victor no luce mucho mejor.
Hay una necesidad en sus actos que Yuuri no comprende: no es la calidez habitual de Victor, no es su amabilidad y su bondadoso cariño.
Es un lado terrible y feroz que delata signos de encierro.
Y, por primera vez, Yuuri siente miedo.
No es el miedo de que le hagan daño, no.
Es algo parecido a la incertidumbre: del no saber qué hace, del no saber qué está ocurriendo.
No del todo.
En líneas generales, lo comprende: quiere que este momento dure para siempre. Los besos de Víctor y sus brazos, su apurado andar hasta que lo empuja hasta la cama, la cama de la habitación a la que no recuerda haber llegado.
Es un momento tan atemporal que parece suspendido fuera del universo.
Pero Yuuri pronto olvida todo, y acepta el calor. Acepta las caricias y los roces, y la mirada triste de Victor.
Lo observa desde abajo, y no puede detenerse: lleva una mano a acariciar su mejilla. Esto parece hacer mella en el astrofísico, quien detiene sus avances.
―¿Quieres… detenerte?
La voz de Victor suena rota, quebrada. Temblorosa. Yuuri piensa en el significado de esto, en el misterio cuya existencia acaba de advertir, el universo que Victor le está ocultando.
―Podemos parar ―Yuuri distingue el tinte en la voz de Victor: renuencia, desesperación. No suena como él.
Empero, es él, y Yuuri lo sabe.
―No ―Siente como si no se tratara de él quien pronuncia la contestación, sino una persona ajena a la situación―. No, está bien… Solo… ah… no estoy acostumbrado a…
Su admitida inexperiencia parece calar en Victor, quien se las arregla para sonreírle.
―Gracias por esto.
Yuuri no está seguro de que sea normal o apropiado agradecer a alguien con quien uno está a punto de mantener relaciones sexuales, mas supone que podría haberse encontrado con algo peor al sentir que su boca vuelve a hallar la suya.
De cualquier manera, todo pensamiento de duda desaparece de su mente cuando Victor se deshace de su propia camiseta y la arroja a un costado.
Desde el ventanal de la habitación, las estrellas descubren la espalda de Victor.
Y las manos de Yuuri sobre su elegante curva blanca.
EN FIN WHOOPS.
¿Reviews? ¿Amor?
¿Estrellas?
-Pekea
