¡Volví! Siempre tardo un poco porque quiero corregir de vuelta y así, así.
Gracias por leerme, a los que me leen.
Acá se responde una pregunta...
... y surgen otras miles.
CAPÍTULO X
You're inside my nights
Lo que recuerda de esa noche es el calor abrasador y una leve incomodidad intrusa. Recuerda los suspiros y los dientes, las mordidas en su hombro y su cuello, la lengua ávida de explorar.
La gotita de sudor que cae de la punta de la nariz de Victor sobre su mejilla. Sus dedos clavándose a los costados de sus hombros, y luego la mano ajena en su miembro.
Recuerda ―aunque lo mortifique admitirlo― el rubor honesto de sus mejillas cálidas cuando Victor retira sus lentes y besa sus párpados, como si hubiera presionado un botón desconocido.
No pasa por alto el temblor ajeno ni el propio, ni la confusión entre un cuerpo y otro; no olvida, tampoco, la intrusión y el movimiento isócrono de dos amantes que se conocen por primera vez.
Las piernas de Victor entre las suyas, sus propias piernas anudadas a la espalda ajena. Las hebras de color platino haciéndole cosquillas en la cara, los besos en el pecho y el temblor ya convulso, evolucionado, hasta que le arrebata la conciencia por segundos que se asemejan a una eternidad.
Y, por sobre todo, el murmullo que es su nombre en la boca ajena.
Cuando despierta son las tres y cuarenta y siete minutos de la madrugada.
Y Victor no está a su lado.
Sin embargo, no está lejos: con la vista nublada y un adormecimiento corporal que va más allá del simple letargo, Yuuri distingue la silueta del astrofísico de pie, frente a la ventana.
Viste apenas unos pantalones, y sus ojos se pierden en la inmensidad de la ciudad a oscuras (o lo más oscura que puede estar una ciudad como Hasetsu), analizando patrones desconocidos.
Iluminado por la luz de la luna, es la imagen más bella que Yuuri ha visto jamás.
Y es una ―está seguro de ello― que llevará consigo durante el resto de su vida, a rastras y a cuestas, o como sea necesario.
Y aunque odia ―detesta― arruinar esto, debe hacerlo:
―Victor.
Cuando el astrofísico repara en él y voltea a verlo, Yuuri cae en la cuenta de que luce… raro. No necesariamente en un mal sentido, pero en una forma en la que nunca lo ha visto.
Desprotegido.
Vulnerable, incluso.
―Yuuri…
El tono lastimero de la voz de Victor no hace más que confirmárselo. Y pese a esto, Yuuri entiende a qué se debe esa tristeza: la noche está por terminar. Mañana, Victor estará de vuelta en su país, y nunca volverán a cruzar palabra.
Es de esperarse que no hables con personas con las que te acuestas solo para acallar algo dentro de ti.
Así que Yuuri asiente, consciente de que esto duele más de lo que pensó que dolería ―inimaginablemente más―, y se inclina hacia un costado de la cama en busca de su ropa interior.
―Ya me voy ―promete―. Solo busco mi ropa y…
―No entiendes.
El artista detiene sus movimientos ante el reproche de Victor. Confundido, se decide mejor por buscar sus gafas para saber qué ocurre.
Cuando las encuentra, distingue algo que en la oscuridad irreal de la escena que lo deja sin saber qué hacer.
Victor está llorando.
Y no son lágrimas orgullosas que se niegan a salir, sino aquellas que hacen su aparición contra la voluntad de quien sea, sin importarles ocasión ni propiedad.
Yuuri no sabe si cubrirse o no con la sábana, si salir corriendo, si pedir disculpas o preguntar qué ocurre, cuando Victor explica:
―No pertenezco aquí.
Sí, piensa Yuuri. Sé que no.
Es obvio: Victor es brillante, una existencia más allá de toda lógica, un paso radiante y efímero en un planeta que no termina de merecérselo.
Es natural e irreversible en su ser entero, como la puntual constancia de las constelaciones.
Es natural e irreversible que lo ame desde que tiene memoria.
Aunque no haya sido consciente de ello sino hasta ahora.
Yuuri sonríe: pretender odiar a Victor por su rechazo es como reclamar a un cometa su ausencia; un sinsentido que solo arruina el lapso que existe entre el comienzo y el final de algo hermoso.
Y es esta misma sonrisa la que parece deshacer a Victor. Sus labios tiemblan ―Yuuri distingue lo errático de esto incluso en la oscuridad― y sus pasos son torpes y agresivos al recorrer la distancia entre ambos y arrodillarse sobre la cama, ante él, sus piernas a los costados de su cuerpo.
Sus manos acuden a las mejillas del artista como si buscaran comunicar un mensaje que su mente no logra decodificar.
―Oh, Dios, tú, pequeño artista tonto… No hablo solo de ti. No hablo solo de Hasetsu, ni de la Agencia Espacial Federal Rusa, ni de Rusia en sí…
Pero ¿entonces…?
La luna sabe lo que va a pasar: lo sabe tanto como su ir y venir y la forma en que rompe el corazón del mar cada mes.
―Este no es mi hogar ―masculla Victor con la voz rota.
Es entonces cuando, finalmente, se quiebra. Y la luna no puede evitar pensar en el mar y en su eterno afecto al ver la sonrisa, también rota, de Victor.
―No pertenezco a este universo, Yuuri.
Observando atentamente la escena desde la ventana, la pequeña luna irremediable ―irremediable como siempre― aguarda la reacción del artista.
JAJA ¿ES UN BUEN MOMENTO PARA MENCIONAR QUE AMO LA CIENCIA FICCIÓN PERO NO PUSE EL TAG PORQUE QUERÍA QUE FUERA UNA SORPRESA? JAJAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
EJEM.
En fin
Ahora:
Hay dos pequeños guiños que no puedo dejar de mencionar (o sería plagio (?)).
La "puntual constancia de las constelaciones" y la "pequeña luna irremediable" son dos minúsculos homenajes que hice a uno de mis poetas favoritos: su nombre es Hérib Campos Cervera, se trata de un poeta paraguayo que murió en el exilio debido a la dictadura de Alfredo Stroessner. Pueden encontrar lo que dije en su poema Un puñado de tierra.
Transcribo las dos estrofas donde se encuentra lo que dije a continuación:
"Estás en mí con todas tus banderas;
con tus honestas manos labradoras
y tu pequeña luna irremediable.
Inevitablemente
―con la puntual constancia de las constelaciones―,
vienen a mí, presentes y telúricas:
tu cabellera torrencial de lluvias;
tu nostalgia marítima y tu inmensa
pesadumbre de llanuras sedientas."
En fin, apuesto a que Hérib jamás pensó que sería homenajeado en un fanfiction (?) -apuesto a que no supo nunca ni qué es-, pero tqm Heribcito (estoy un poquito enamorada de vos, tal vez).
¿Reviews? ¿Amor?
¿Estrellas?
-Pekea
