Traigo el cap más reciente para ustedes :D

Por cierto, si no es mucha molestia, ¿puedo pedirles que me envíen un mp si me enviaron reviews por el cap anterior? No tuve un solo review, lo que me parece raro, porque sí tuve bastantes vistas… ¿Tal vez ffnet se comió mis reviews? :c No sé, pero en serio me desanimé cuando no vi niun review. Si es que no me dejaron review, traten de dejar comentarios en las historias que les gustan: a los autores nos hace sumamente felices c:


CAPÍTULO XIV

Lie in bed and dream of sleep

Es algo más fuerte que él: Victor corre como el chico de apenas dieciséis años que es, corre sin importarle nada y da saltos de felicidad cuando asoma la cabeza al borde de la terraza: abajo, unos mil doscientos sesenta y tres metros ―según su prodigiosa habilidad de cálculo― le hace saber que nunca estará a una mayor altura que ahora.

O eso es lo que Victor, en su inocencia, piensa.

―Nunca estuve tan cerca.

El profesor Katsuki no necesita pensar mucho para saber a qué se refiere.

―Pude haber olvidado mencionar que trabajamos en el edificio más alto del mundo.

Es posible: la información que ha sido concedida a Victor es científica, no práctica, y no es extraño que ignore características del lugar donde trabaja.

Ante esto, Victor no puede evitar soltar una risa: por supuesto que el profesor Katsuki ha olvidado decírselo.

El profesor, no obstante, solo sonríe con timidez y le acerca un abrigo: efectivamente, en la planta baja del instituto debe hacer unos treinta grados centígrados, mientras que aquí la temperatura debe rondar los quince.

Victor acepta el saco y se lo coloca: es uno de los primeros que el profesor Katsuki le ha comprado, uno que no tuvo más remedio que aceptar en su situación de perpetua necesidad.

―Hoy es una ocasión especial ―explica el astrofísico como leyendo las interrogantes que el joven científico se plantea a sí mismo―. Tenía que darte alguna sorpresa…

El profesor Katsuki camina hasta una pequeña mesita que Victor no ha advertido.

Allí, en la cumbre del edificio más alto del planeta, a unos pocos metros de una compuerta automática en el suelo por el que el ojo más potente de la humanidad atisba los misterios del cosmos, un solitario pastel con su subsecuente envoltorio de plástico lo espera.

El profesor lo toma entre sus manos, y se lo acerca sin decir palabra alguna, expectante de su reacción.

Victor fija los ojos en el obsequio.

El decorado es de un color azul marino, y un espolvoreado blanco simula un sinfín de pequeños astros.

En el centro de este cielo artificial de fondant, trazado con una mano torpe en letras blancas, se leen las palabras «¡Feliz año, Victor!».

Antes de que el joven pueda procesar lo que ocurre, el astrofísico pronuncia las palabras menos esperadas por Victor.

―Te debo una disculpa. Lo siento.

Y, extendiendo aún más la torta hacia él, el profesor Katsuki hace una reverencia propia de su cultura.


Victor no entiende lo que ocurre, y tan solo escucha el hilo de palabras que le llegan como en un sueño. Es irreal, todo es irreal: el espectáculo, el pastel, su mentor disculpándose…

Pero ¿a qué se refiere?

El profesor Katsuki no tarda en disipar sus dudas volviendo a hablar, sin romper su reverencia y, por lo tanto, sin mirarlo al rostro:

―Me llamaron para formar parte de tu mesa examinadora como tercer miembro, la sección imparcial.

Ah.

Claro, claro que sería sobre eso. Victor frunce el ceño: por un momento se había olvidado de esto, ¡qué oportuno del profesor Katsuki recordárselo…!

―Pero simplemente no pude dejar que te fueras con ellos.

Ante eso, Victor vuelve a sentir un descenso en la temperatura que, esta vez, nada tiene que ver con la altura a la que se encuentran.

―Ibas a malgastar tu vida en un campo que no era el tuyo.

El resto es fácil de comprender: el profesor Katsuki ha violado fácilmente una decena de reglas al hacer lo que hizo; redactar un informe falso sobre la incapacidad de Victor para trabajar en genética, y luego solicitarlo para su propio equipo en investigación astronómica.

Es antiético, un tabú, y posiblemente también un delito en el círculo científico, que fácilmente podría granjearle el escarnio de todos sus colegas.

Pero el profesor Katsuki simplemente no podía.

―Te vi mirando a las estrellas desde el patio.

Simplemente no podía.

―Y supe que tenías que venir conmigo.


Al fin, la mente de Victor hace las conexiones adecuadas: fue un sabotaje, mas no uno definitivo.

Un sabotaje para llevárselo a la rama que le correspondía.

Un sabotaje porque, por una vez en su vida, alguien siguió la dirección de su mirada.


Los siguientes instantes son lentos, tal vez porque, al estar mil doscientos sesenta y tres metros más lejos del centro de la Tierra, el tiempo pasa más despacio.

Tal vez esto sea posible sentirlo, y es solo que Victor aún no lo sabe.

Lo cierto es que Victor toma el pastel de entre los brazos entumecidos del astrónomo que obviamente no tiene la resistencia física para seguir en esa posición arrepentida mucho tiempo más.

El profesor Katsuki, al fin, levanta su vista hacia su pupilo.

La expresión de Victor es neutral, pero no agresiva.

―Disculpas aceptadas, profesor.


La noche pasa lenta y fría, mas al par de científicos que la contemplan en todo su esplendor, esto no parece importarles.

Solo ríen porque, entre su fascinación por todo lo que está más allá del planeta, el profesor Katsuki no ha recordado traer platitos ni cubiertos así fueran de plástico, y Victor no muestra reparos en hundir sus dedos desnudos en el cielo estrellado que tiene más cerca.

Un cielo estrellado extremadamente dulce.


Aaaay mis bbs. ¿Qué les pareció?

¿Reviews? ¿Amor?

¿Estrellas?

-Pekea