Nota:
Decidí que la estructura de los capítulos será intercalada entre el pasado y el presente (la otra opción era rememorar todo el pasado a partir del capítulo 2 hasta llegar a la actualidad, es decir, el capítulo 1). Cuando sea un capítulo en el pasado, no va a haber una referencia de tiempo – exceptuando la que verán en este capítulo al inicio -, pero sepan que siempre nos moveremos siempre hacia adelante. De ser necesario, quedará claro en el relato que algún personaje está recordando algo.
Telo: lunfardo. Hotel alojamiento. Motel. Albergue transitorio. Establecimiento similar a un hotel convencional, pero orientado a facilitar las relaciones sexuales de los clientes. Las habitaciones son pagadas por turnos, en donde cada turno puede ir desde fracciones de horas a noche completa. Suelen contar con servicios adecuados al efecto, tales como espejos, luces atenuadas, y otros elementos. No se requiere registro de los pasajeros, y su ingreso es discreto.
Advertencia: este capítulo contiene algo de sexo heterosexual al inicio.
5 años atrás
La mano masculina se deslizó por las costillas hasta llegar al pecho suave y lleno, lo calloso de los dedos le daba cierto cosquilleo de placer, hasta que lo apretó dolorosamente. Emma hizo una mueca e intentó concentrarse en la boca que le besaba detrás de la oreja y bajaba por el cuello dejando un rastro de saliva en su camino. Inclinó la cabeza hacia atrás mirando al techo, dándole más espacio para recorrer, pero el hombre hizo caso omiso, le rodeó el pecho con la mano y dejó al pezón erecto indefenso contra el avance de la boca que lo chupó con fuerza y los dientes que lo aprisionaron sin misericordia.
"¡Killian!" Se quejó Emma.
Él sonrió, tomando la advertencia como una exclamación de placer y, sin esperar más, le abrió las piernas de forma brusca con las suyas dispuesto a penetrarla, pero Emma le rodeó rápidamente la cadera con las piernas y lo apretó contra ella para evitarlo. "Todavía no estoy lista, bebé." Killian soltó un bufido de impaciencia. Si supieras lo que estás haciendo no te llevaría tanto tiempo, idiota. Se mordió los labios para no decirlo en voz alta y se preguntó por qué había aceptado acostarse con él.
Claro, ya se acordaba, la había perseguido incansablemente por dos meses ignorando sus negativas y pedidos de que la dejara en paz, Ruby la convenció de que era romántico que no se diera por vencido y ella medio que se cansó de escapar. Pero sabía que el motivo principal era que, en el fondo, la parte de ella que tenía muy baja autoestima, se sintió halagada. Así que aceptó salir con él una vez. Y una llevó a otra vez y a otra, hasta que una noche en la que ambos estaban no demasiado sobrios, terminaron en la cama.
Ella atribuyó el mal desempeño sexual de su pareja al alcohol, pero los tres meses siguientes tiraron abajo esa creencia y acá estaba, intentando con todas su fuerzas concentrarse para juntar un poco más de humedad entre sus piernas así Killian podía metérsela de una vez y terminar esta tortura. El hombre empezó a rotar las caderas, deslizándole el pene erecto contra los labios, con cualquier otra persona se habría mojado en cuestión de minutos, pero todos los movimientos de Killian eran protocolares, forzados. Emma estaba segura que si pudiera meterse en la cabeza del hombre, lo escucharía contar los pasos que le faltaban para conseguir su objetivo: besar el cuello de arriba a abajo una vez, tres apretadas de teta, una chupada a cada pezón, cinco refregadas de la pija en la concha y adentro, ¡golazo! Emma cerró los ojos con fuerza e intentó vaciar la mente de cualquier pensamiento para concentrarse en las sensaciones, pero no había caso, no pasaba nada.
Un cosquilleo extraño la hizo abrir los ojos y levantó la cabeza para mirar por sobre el hombro de Killian, quien seguía frotándose contra ella y soltando gruñiditos de placer. Emma contuvo la respiración de golpe y los ojos se le abrieron como platos. En la puerta de la habitación estaba la mujer más hermosa que había visto en su vida, se preguntó si sería de verdad o era un producto de su imaginación para lograr lo que el Neandertal que tenía encima no conseguía. Recorrió con los ojos el cabello castaño ondulado que le llegaba a mitad de cuello, la boca llena con una cicatriz que le atravesaba el labio superior. Se imaginó acariciándola con la lengua y, ¡bum!, se abrieron las compuertas que mantenían seco su canal arrasando con todo a su camino.
Se mojó los labios con la lengua y siguió recorriendo con los ojos el rostro de la aparición hasta encontrar su mirada. Los ojos eran marrones con lava ardiente que los iluminaba desde atrás, casi se le escapa un gemido. Se detuvo a analizar la mirada. Odio. Muerte. Destrucción. Se mordió el labio inferior al no poder evitar imaginarla en medio de una batalla con el viento haciéndole volar el cabello hacia atrás, la vio avanzar a pasos seguros, vestida con calzas de cuero negro y un corsé del mismo color con detalles bordó para enfrentar a los enemigos…
"¿Llego muy temprano?" A pesar de destilar sarcasmo, la pregunta fue hecha con suavidad, pero el efecto que causó fue el mismo que si hubiera disparado un arma.
Killian se despegó de ella de un salto aterrizando a su lado en la cama. "¿Qué estás haciendo acá?" La mujer levantó una ceja. "N-no es…"
"Ahorráte el cliché, no me interesa." Espetó la mujer con frialdad.
El hombre cerró la boca. Emma desvió la mirada de uno a otro, pero decidió dejarla en su compañero. "¿Qué está pasando, Killian? Quién es ella?" Lo observó apretar la mandíbula con la vista clavada en la mujer.
"Ella, es la esposa." Respondió la mujer, señaló hacia ellos. "Esa es mi cama y ése, es mi marido. La pregunta es, ¿quién mierda sos vos?"
¿Marido? ¿Ella es la esposa de Killian? ¿¡Qué clase de idiota se acuesta con otra mujer teniéndola a ella por esposa?! "¿Killian?" Preguntó insegura.
El hombre mantuvo la vista clavada en su ¿esposa? La mujer suspiró y desvió la vista hacia ella, el desprecio y el asco con el que la observó le revolvieron las tripas y la hizo querer llorar desconsoladamente. "Si ya te pagó quiero que salgas de mi casa en este instante, tengo que quemar la cama, andá a saber qué cosa contagiosa habrán dejado en ella." Emma sintió como si le clavaran un cuchillo en el estómago.
Finalmente, Killian decidió abrir la boca. "Esto es tu culpa, Regina, por no ser lo suficientemente mujer como para mantener la atención de un hombre en la cama, si lo fueras, no tendría que salir a buscar en otro lado lo que deberías darme vos." Escupió ofendido.
Regina dejó escapar una carcajada sin humor. "Lo único que sabés hacer bien en la cama es dormir, Killian, ¿para qué perder el tiempo?"
El hombre enrojeció de furia y Emma tuvo que morderse los labios para no soltar una risita, pero las ganas de reír murieron cuando lo vio levantarse como una flecha y dirigirse - completamente desnudo - hacia su esposa con clara intención de violencia. Emma se levantó de un salto sin preocuparse por su desnudez para interponerse en el camino, pero cuando llegó a su lado, Regina bloqueó con su brazo izquierdo la mano extendida del hombre que pretendía tomarla del cuello y le aplicó un uppercut a la mandíbula. Killian retrocedió un paso dio vuelta los ojos y cayó al suelo como una bolsa de papas.
Emma se hizo a un lado para que el bazo del hombre no le golpee las piernas y levantó la vista hacia Regina con absoluta admiración. Como pago recibió desprecio. "Quiero que agarres tus harapos y salgas ya mismo de mi casa." Emma abrió la boca para disculparse, para decirle que no sabía que estaba casado, pero Regina levantó la mano frenándola. "No me interesa. Lo único que quiero es que te vayas y no vuelvas a pisar esta casa nunca más en tu vida."
Emma tragó saliva y comenzó a buscar su ropa para vestirse, cuando terminó, se dirigió a la puerta acompañada a cierta distancia por Regina. "De verdad que no sabía…" La mujer se plantó frente a ella, le puso la mano en el pecho y le dio el empujoncito que faltaba para que saliera a la calle, después, le cerró la puerta en la cara.
Regina se paseaba de un lado al otro del living retorciéndose las manos y repasando mentalmente el discurso con el que iba a explicarle a su hijo el motivo por el cual el padre no iba a vivir más con ellos. Obviamente, no le podía decir que era un hijo de puta que no sólo no sabía mantener el pito dentro del pantalón sino que además, había tenido el descaro de llevar a una de sus putas a casa como si esta fuera un telo de cuarta. No, no le podía decir eso a su hijo de cinco años.
Ella sabía que Killian la engañaba, no era tan idiota. Después de haber tenido a Henry le había dejado muy en claro que no quería saber más nada con él y le había pedido el divorcio, pero Killian se negó de plano, primero adujo que la amaba y quería luchar por ella, pero tras ser descubierto en una infidelidad, admitió que no pensaba darle jamás el divorcio porque el apellido Mills abría muchas puertas y él no era idiota. Para cerrar el tema, le dijo que si llegaba a poner una demanda unilateral, iba a llevarse a Henry y jamás volvería a verlo en su vida. Regina quedó aterrorizada y, si bien sabía que si hablaba con su padre el problema desaparecería en cuestión de días, ella no estaba de acuerdo con el lado más oscuro de su progenitor.
Así que llegaron a una especie de acuerdo tácito. Él podría tener sus cosas fuera de casa mientras fuera discreto y ella accedería a acompañarlo a alguna reunión de negocios en la que necesitara ufanarse de estar casado con la única hija del ex sindicalista y actual diputado Mills. Por las dudas, Regina le dejó muy en claro que jamás iban a volver a compartir una cama, de la puerta de su casa hacia fuera serían el matrimonio "ideal", pero de la puerta hacia adentro cada uno haría su vida o por lo menos él la haría, ella no quería saber nada más con nadie.
Regina meneó la cabeza al recordar que, en esta ocasión, no tuvo ningún reparo en pedirle ayuda a su padre apenas se deshizo de prostituta de su marido.
"Hola papi. Te necesito."
"Regina, ¿estás bien? ¿Qué pasó?" Se escuchó la voz alerta y preocupada del hombre a través del teléfono de línea. Era la primera vez que su hija le pedía ayuda.
"¿Podés venir a casa ya mismo?"
Tras unos segundos de silencio la línea cobró vida. "En diez minutos estoy ahí, pero necesito saber con qué me voy a encontrar para ir preparado, corazón."
Regina se mordió el labio inferior con indecisión. Odiaba tener que darle la razón a su padre. "Encontré a Killian en la cama con una mujer…" A él nunca le gustó su marido y le dijo que se iba a arrepentir de convertirlo en su marido.
"¡Ese infeliz hijo de puta!" La cortó la voz furiosa de su padre. "Está muerto." Afirmó. "No te preocupes, corazón, esa rata desagradecida no va a volver a molestarte."
"¡No quiero que lo mates, ni lo mutiles, ni hagas nada demasiado mafioso, papá!" Regina levantó la voz, ahora sí algo asustada. Estaba dudando de si había hecho bien en pedirle ayuda a su padre. "Sigue siendo el padre de Henry y no quiero tener que explicarle a mi hijo por qué su abuelo lo dejó huérfano. Quiero que me lo prometas."
"Pero Regina…"
"Nada de peros, quiero tu palabra de que sólo le vas a dar un susto para que me dé el divorcio y me deje en paz."
Escuchó un bufido por el tubo seguido de una reticente: "Te lo prometo." Un suspiro. "¿Dónde está ese mal parido?"
"Knoqueado en el suelo de la habitación." Tras un segundo de silenció oyó una risa satisfecha.
"¡Esa es mi hija! Estoy a cinco minutos, corazón."
"Ok, te dejo. Me voy a asegurar que siga fuera de combate." Se despidieron y Regina colgó el tubo, tomó aire y se dirigió a la habitación.
El golpe de la puerta la sacó de los recuerdos de las horas pasadas. Henry apareció como una tromba y se lanzó a sus brazos. "¡Llegué yo!" Anunció con efusividad infantil.
"¡Hola mi amor, te extrañé un montón!" Regina lo alzó y lo apretó contra sí.
"Yo no." Respondió el pequeño con picardía.
Regina abrió la boca con fingida sorpresa y dejó escapar una exclamación. "¿Ah, no? Ahora vas a ver…" Tras la advertencia empezó a darle besos por toda la cara, las orejas y la cabeza mientras Henry se revolvía entre sus brazos y reía sin parar. Este pequeño acto se repetía cada día desde que el chico había comenzado el jardín de infantes el año anterior.
Cuando terminaron, Regina le sacó el guardapolvo, recogió la bolsita que tenía bordado "Henry" en el frente y procedió a guardar todo. "Henry, antes de que vayas a ver la tele tenemos que hablar un ratito, ¿sí?"
El chico frunció el entrecejo pensativamente y asintió. Regina lo tomó de la mano y lo llevó a sentarse con ella en el sofá del living, tomó aire y empezó a contarle que papá y mamá lo querían muchísimo y que él era lo más importante del mundo para ellos, pero que mamá y papá ya no se querían y habían decidido que ya no iban a vivir más juntos. Rápidamente le aclaró que él no tenía la culpa de nada y que eso no afectaba la relación que él tenía y tendría con cada uno de ellos.
Henry la miraba serio, sin interrumpir en ningún momento la explicación de su madre. Regina no sabía qué más decir, así que simplemente le preguntó si entendía lo que le había dicho.
El chico asintió. "Que van a vivir separados tomo los papás de Nito." Dijo, pronunciando las 'c' como 't'.
Regina recordó que los padres del mejor amigo de Henry se habían separado recientemente. "¡Exacto!" Sonrió acariciándole la cabeza. "¿Querés preguntar algo?"
Henry frunció los labios y pensó que su papá no estaba mucho tiempo en casa y que cuando estaba no le hablaba mucho. Miró a su madre y preguntó: "¿Puedo ir a ver la tele?"
Emma había tenido un día terrible en el trabajo, los clientes se quejaban más que nunca y nada parecía funcionar como debía… lo que generaba otra tanda de reclamos de parte de la gente. El único motivo por el cual aún no había renunciado era porque tenía que pagar el alquiler y los impuestos, pero estaba decidida a poner mucho más empeño en buscar algo dentro de su profesión, no había estudiado tres años de periodismo y otros tantos de locución para trabajar toda su vida en un call center.
Achicó los ojos todo lo que pudo al salir del edificio oscuro a la calle, tenía el sol de frente y la luz la dejaba prácticamente ciega. Cuando por fin se le acostumbró la vista y se secó el par de lágrimas que le había inundado los ojos, gruñó por lo bajo al ver la conocida figura que la esperaba apoyada contra un árbol. Evidentemente ése no era su día.
"Estoy cansada y no tengo ganas de discutir, Killian."
El hombre se enderezó brindándole su sonrisa más encantadora. "Entonces no discutas, aceptá que estás loca por mí y dejá de rechazarme." A verla revolear los ojos y pasar delante de él sin detenerse, borró la sonrisa de la cara y la siguió con decisión. "Ya pasó el tiempo de jugar al gato y al ratón, amor. Este gato ya se comió al ratón, así que no entiendo por qué te hacés la difícil."
"¿Me estás cargando, no?" Preguntó incrédula. "¿Acaso te olvidás del pequeño detalle que es tu mujer? ¿O que me mentiste?"
Killian estiró el brazo tomándola del bíceps para frenarla. "Un momento, jamás te mentí." Emma intentó soltarse de un tirón, pero él no la dejó ir. "No te mentí." Repitió completamente seguro de sí mismo. "Jamás me preguntaste si era soltero."
La mujer abrió la boca y la cerró. Era cierto, pero ese no era el punto. "¡Ah, perdón por no pensar que eras casado cuando intentabas llevarme a la cama! Qué idiota que soy, ¿cómo no se me ocurrió que eras un infiel hijo de puta?"
Killian apretó los dientes y un brillo frío le apareció en los ojos. "No me gusta el sarcasmo, así que no lo uses conmigo, querida. Y tampoco me gusta que mis mujeres insulten, no queda femenino."
"No, si me preocupa un montón lo que te gusta o no te gusta, Killian."
Tiró de ella hacia sí y con la otra mano la tomó de la nunca. "No te pases Emma." Le dijo con engañosa suavidad. "A los hombres de verdad no nos gustan las mujeres quejosas y malhumoradas." Acercó su cara a la de ella e inclinó la cabeza para poder rozarle la boca con la suya. "Y esta boquita es demasiado bonita para decir cosas tan feas, se me ocurren un montón de otras cosas que podría hacer con ella para mantenerla ocupada en asuntos más importantes." Le pasó la lengua por el labio inferior y le soltó el brazo para agarrarla del culo y apretarla contra su semi-erección.
Emma le apoyó ambas manos sobre el pecho e intentó alejarse sin mucho éxito. "Basta Killian. Estamos en la calle y además, no me interesa tener nada con un hombre casado." Estaba incómoda y algo asustada. Ya sabía que él no entendía el significado de la palabra 'no', pero había notado algo más en su actitud que hacía que una voz interior le grite que se alejara de él lo más rápido posible, aunque no sabía especificar el motivo. No era el primer machista con el que se hubiera cruzado.
"Tenés razón, amor, no queremos causar una escena y que nos detengan por exhibicionistas." Le sonrió seductoramente y rotó las caderas contra su ingle una vez más antes de soltarla. "Vayamos a hablar a tu departamento así estamos más tranquilos." Emma abrió la boca para negarse, pero Killian la interrumpió. "Vamos amor, no seas tan dura conmigo. ¿Vos creés que quería seguir casado con esa arpía?" Le pasó un brazo por los hombros y la instó a caminar junto a él. "Me cansé de pedirle el divorcio, pero ella siempre se negó." El hombre dejó escapar un suspiro lastimero. "Al principio intenté que las cosas funcionaran entre nosotros, pero ya a los tres meses de casados me rehuía. La última vez que nos acostamos fue hace cinco años y, si conseguí llevarla la la cama, fue sólo porque estaba borracha."
Emma lo miró con el entrecejo algo fruncido, no se sintió nada cómoda con esa confesión, claro que Regina era su esposa, no era como si la hubiera violado, ¿no? '…Si conseguí llevarla la la cama, fue sólo porque estaba borracha.' Ella sabía que había mujeres que decían que, incluso dentro del matrimonio debía haber consentimiento, pero… ¿era así? Todo el mundo daba por hecho que estando casados o incluso en pareja, era obligación de la mujer estar siempre dispuesta. Emma meneó la cabeza y decidió no meterse en un tema con el que tenía sentimientos encontrados. Ella misma había cogido con tipos - Killian incluido - sólo para la dejaran tranquila y no porque quisiera, de hecho, se había negado varias veces antes de terminar cediendo.
Klillian continuó hablando ajeno a sus pensamientos. "La muy hija de puta llegó a amenazarme con no dejarme ver a Henry si me divorciaba."
Emma lo miró confundida. "¿Quién es Henry?"
Killian dejó de caminar y la miró sonriente. "Henry es mi hijo, tiene cinco años." Sonrió con satisfecho orgullo. "Fue producto de nuestra última noche de pasión."
A Emma se le aflojó la mandíbula. "¡¿Tenés un hijo?!"
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