La soledad del dios

A petición de Isabel, Levi permaneció en el claro por otro día completo a pesar de que se sentía completamente recuperado. Las últimas noches no había sido capaz de ayudar en nada, por lo que esa mañana, al menos, se había encargado de recorrer los asentamientos de los animales que habían perdido sus hogares a causa del fuego, para asegurarse de que tuvieran lo necesario para subsistir.

—¿Esto es lo que hacías todas las noches? Me refiero a salir con esa forma —preguntó Erwin en el momento en que el tigre blanco aparecía entre la maleza.

Levi no sabía cómo había llegado a esa conclusión con tanta tranquilidad, pero no tenía ninguna razón para negarlo. —Sí. En realidad, acostumbro pasar más tiempo con esta forma, pero no podía atender tus heridas así.

Erwin desvió la mirada en cuanto notó que estaba a punto de transformarse, mirando hacia el suelo durante todo el tiempo que le tomó vestirse una vez convertido en hombre, como si hubiera descubierto algún secreto oculto entre las rocas y el pasto. A Levi no le importaba si su cuerpo desnudo incomodaba a su ahora invitado, pero odiaba hablar con alguien que parecía estar prestándole más atención al suelo.

—¿Duele? —Preguntó el rubio, curioso, devolviendo la mirada hacia el otro hombre. Levi le indicó que se acercará; pronto, estuvieron sentados lado a lado sobre algunas pieles.

—Ahora ya no —respondió—. Pasé tanto tiempo siendo un tigre, que cuando al fin pude cambiar de forma ni siquiera podía mantenerme en pie. Al principio era agotador, pero aprendí a sacarle provecho. El cuerpo humano es útil, pero es demasiado frágil.

—Antes no había podido decírtelo, Levi, pero quiero disculparme contigo. —El dios lo miró en silencio, sin entender por qué era que quería disculparse, pero Erwin continuó sin darle oportunidad de preguntar. —Antes, llegué a pensar que estabas inventando todo... ya sabes, todo esto de hablar con los animales, ser un dios, pero ahora... nunca pensé ver nada semejante.

—Hay cosas que deberían ser desconocidas para los mortales —respondió restándole importancia, aunque en cierta forma le tranquilizaba el que Erwin por fin lo hubiera aceptado.

El rubio quiso responder a eso pidiéndole que le hablara más sobre él y esa realidad en la que ahora estaba viviendo, pero un repentino golpe en una de sus piernas reclamó toda su atención. Los dos hombres dirigieron su mirada hasta detrás de la pierna derecha de Erwin, donde dos cachorros se levantaban tambaleantes tras haberse estrellado contra él a toda velocidad.

—Armin, Eren, ¡vuelvan aquí!

Isabel y Farlan atravesaron de un salto los arbustos por donde, suponían, habían llegado los cachorros, deteniéndose ante la inusual escena. Aunque no era raro ver a su padre y al americano juntos, verlos charlando cómodamente, lado a lado, sí era un suceso inesperado.

Los cachorros retomaron el juego tan pronto como dejaron de tambalearse, obviando el hecho de que sus "perseguidores" seguían pasmados junto a los arbustos, mirándose el uno al otro sin saber qué debían hacer o decir.

—Eligieron lindos nombres para ellos —comentó Erwin dirigiéndose a Levi como si nunca hubieran sido interrumpidos.

—No fue ella quien los eligió, su madre lo hizo. Aunque son muy pequeños, recuerdan que ella los llamaba así.

—No recuerdo haberlo escuchado antes —respondió, pero se retractó de inmediato—. No, es verdad, fui yo quien pensó que todos los tigres hablaban la lengua de los humanos. Es asombroso, Levi, que puedas entenderlos a todos.

El dios dejó escapar una sonrisa tan pequeña que casi pasó desapercibida para el comandante. —Es el deber de un padre entender a sus hijos.

Los cachorros, entre empujones y saltos, volvieron a tropezar con ellos, aunque, esta vez, se detuvieron de inmediato al notar que habían chocado contra Levi. Los dos pequeños felinos se apartaron un poco y se inclinaron torpemente ante su padre, provocando que Isabel volviera a la realidad y se acercara a ellos con la intención de disculparse por la interrupción.

Pero, con un gesto de su mano, Levi les indicó que se acercaran a él. Los cachorros obedecieron dudosos, pero en cuanto sintieron las caricias de su padre en sus cabecitas, se relajaron hasta el punto de subirse a su regazo y recostarse allí.

—Lo sentimos mucho, padre, estaban jugando con nosotros, pero salieron corriendo hacia el bosque —se disculpó Isabel finalmente, acercándose para coger a los pequeños con su hocico, pero se detuvo al notar que su padre retomaba las caricias hasta hacerlos caer dormidos.

—Está bien mientras no se acerquen demasiado al rio.

Farlan, seguido por el resto de los pequeños, se acercó a los otros, moviendo la cabeza hacia ellos a modo de saludo. Los otros tres cachorros se unieron a sus hermanos ante la avergonzada mirada de los mayores. Isabel, convencida de que a su padre no le molestaría tenerlos consigo por un rato, se dejó caer a la sombra de un roble, agotada por la labor de cuidar de los pequeños a tiempo completo.

—Mira eso, debe ser lindo ser tan pequeño —se quejó el tigre, recostándose junto a su hermana sin perder de vista a las cinco bolas de pelo que dormían plácidamente.

—No tienes por qué estar celoso —se burló Isabel—, nosotros ya somos demasiado grandes para dormir así. Además, no queremos aplastar a nuestro padre.

Levi, que había escuchado toda la conversación, envió una suave brisa hacia ellos, tal como lo hacía cuando eran pequeños y regresaban cansados tras otro intento por aprender a cazar. Farlan y su hermana cerraron los ojos para disfrutar esa "caricia" de su padre, que había sido suficiente para que se olvidaran por un momento de la difícil situación que estaban viviendo.

—¿Cómo se llaman los otros? —Preguntó Erwin con genuino interés, tomándose el atrevimiento de imitar al dios para acariciar a los cachorros que dormían en su regazo.

—Este es Jean —respondió señalando a uno de los cachorros más grandes, para luego señalar a los dos que dormían más pegados a su cuerpo—, estas son Mikasa y Sasha. A Eren y Armin ya los conoces.

Erwin rio avergonzado, pues aun si ahora sabía el nombre de los cachorros estaba seguro de que no sería capaz de distinguir quién era quién.

—Por cierto, padre, hay algo de lo que quiero hablarte —comentó Farlan, lamentando tener que arruinar el ambiente—. Estoy preocupado por lo que pasó antes, con los invasores.

Farlan le habló sobre las antorchas y la lluvia de fuego que les había tomado por sorpresa, clavando su intensa mirada en Erwin como si buscara algún signo en él que pudiera delatarlo. Algo que le dijera que él había sido parte de aquel ataque. Levi, por otro lado, le habló sobre las extrañas armas que habían usado en su contra, recordando el intenso dolor que había experimentado antes de perder la consciencia.

—Son armas de pólvora —los interrumpió Erwin, ganándose un gruñido por parte del tigre, aunque no esperó su permiso para continuar—. Se usan para cazar animales, pero son aún más mortales si se usan contra otras personas. Los llamamos rifles.

Ambos, Levi y Farlan, compartieron una mirada cómplice. Eran conscientes de que podría estar mintiendo para favorecer a su gente, pero también sabían que no tenía ninguna razón para hacerlo.

—Háblame de esos rifles —ordenó Levi—. También de sus otras armas, incluso si no te parecen importantes. Quiero saberlo todo.

Erwin, a sabiendas de que les daría la ventaja, les explicó con detalle el funcionamiento de todas las armas que había usado en el ejército, desde las flechas bañadas en alcohol hasta los cañones que seguían a prueba. Les explicó de cuáles deberían cuidarse y la forma en que eran entrenados para atacar. Les habló también del tiempo que les tomaba volver a cargar pólvora para disparar otra vez y de cómo mojada dejaba de servir. Hasta los detalles más simples, que para él eran nimiedades, podrían darle la victoria a Levi, y eso era lo que más deseaba.

Juntos, planearon una forma de acercarse a ellos sin ser descubiertos y de inmovilizarlos con la menor cantidad de bajas posibles. Erwin les explicó la formación que solían usar durante sus ataques y Farlan confirmó sus palabras según lo que había visto esos últimos años. Para sorpresa de Erwin, Levi había resultado ser un excelente estratega; no tardó en notar las fallas en la formación de los americanos y fue todavía más rápido encontrando puntos ciegos desde donde podrían efectuar un ataque sorpresa, anticipándose incluso a un posible contraataque de su parte.

El rubio se dio cuenta entonces de algo que había estado ignorando, tal vez deliberadamente: Levi era superior a él en todos los sentidos. De pronto, esa cercanía que habían tenido antes se sintió incorrecta y, a medida que avanzaba la conversación, se dirigía de forma cada vez más formal a él. El súbito cambio no pasó desapercibido para Levi, quien, aunque no dijo nada para no distraer la atención de lo que estaban haciendo, no tardó en hacérselo notar una vez que Farlan se retiró para su última guardia del día.

—Si sigues con esto, voy a dejar que te conviertan en la cena. No hace falta que te comportes como los aldeanos, estoy cansado de las alabanzas.

—Lo lamento, no me di cuenta —se excusó el comandante, aunque lejos de sentirse apenado, una sonrisa se formó en sus labios al saber que se había equivocado.

Erwin sabía que Levi estaba solo en aquella montaña y, por primera vez, deseo poder preguntarle si esa soledad había cedido, aunque fuera un poco, desde su llegada a ese bosque. Ser un dios debía ser solitario, no era un tigre por completo, pero tampoco encajaba entre los humanos. Pero, tal vez, él podría ofrecerle también su amistad. Tal vez un simple humano como él no era digno, pero si a Levi no le molestaba, quería tratarlo como su igual; quería serle útil, pelear a su lado, compartir sus ideales... Erwin se sorprendió a sí mismo deseando entregarle su vida para que hiciera en ella su voluntad.

El silencio entre ambos se prolongó por unos minutos, pero aun cuando estaban cómodos en aquel momento, un suspiro llenó el ambiente al mismo tiempo que Erwin sentía un repentino peso posarse sobre sus piernas.

—No puedo seguir perdiendo el tiempo aquí —se quejó el dios, levantándose y entregándole los cachorros que aun descansaban en su regazo.

Erwin los sostuvo como pudo para evitar que se cayeran, pero el repentino movimiento había sido suficiente para despertarlos y no tardaron en saltar hacia el suelo, corriendo lejos de ellos hasta perderse entre los arbustos.

—Deberíamos ir a buscarlos.

El rubio se puso de pie, listo para salir corriendo tras ellos antes de que se alejaran demasiado, pero Levi lo detuvo posando una de sus manos en su hombro.

—No hace falta, al menos por ahora, no hay peligro.

Levi pudo sentir su cuerpo relajarse, pero también podía ver en sus ojos que no estaba del todo seguro de sus palabras. Era de esperarse, después de todo, el americano no podía oler que no había humanos en la montaña, ni sentir las tranquilas vibraciones del suelo que producían al jugar, justo al otro lado de las hojas por donde los había visto alejarse.

—Hay algunas panteras ahí, cuidarán bien de ellos —agregó, intentando convencerlo de que todo estaba bien y logrando que sus facciones se relajan, aunque aquello sólo duró un instante.

—¿Qué piensas hacer?

A pesar de su pregunta, Erwin sabía perfectamente que Levi estaba planeando salir a vigilar como de costumbre; pudo comprobarlo cuando, ante sus ojos, sin haberse molestado en responder, Levi se convirtió en aquel enorme tigre que a Erwin seguía pareciéndole majestuoso.

—Volveré en un par de horas, hay algo que tengo que ver —anunció, pero, obedeciendo a un impulso, el tigre le indicó que lo siguiera—. Ven conmigo, pero no te atrases.

Erwin, entonces, caminó detrás de él en la oscuridad. Había sido complicado seguirle el paso, sobre todo porque ni sus ojos ni sus pies estaban adecuados al entorno, sin embargo, a medida que avanzaban, podía notar que la oscuridad se volvía menos intensa. Pronto, la luz de la luna se colaba lo suficiente para permitirle ver el lugar donde pisaba.

Caminaron poco más de cinco kilómetros en silencio, el camino volviéndose cada vez más inclinado, hasta que los árboles que los rodeaban desaparecieron casi por completo, permitiendo que Erwin admirara el firmamento lleno de estrellas por primera vez en días. Levi continuó caminando unos cuantos metros más, hacia lo que bien podría haber sido el fin del mundo, pues ante ellos el paisaje desaparecía en la ladera de la montaña.

El tigre blanco se detuvo justo en el borde. Erwin, por otro lado, se quedó unos pasos más atrás, seguro de que aquel paisaje atraparía tanto su atención que, si se acercaba al borde, indudablemente terminaría cayendo.

Levi, aún convertido en tigre, se echó en aquel lugar, concediéndole un momento para admirar la belleza del singular paisaje antes de indicarle que se sentara a su lado. Erwin obedeció, pero, entonces, su vista se desplazó desde el infinito horizonte plagado de estrellas hasta las faldas de la montaña, allí, donde lo árido del paisaje hacía imposible creer que se trataba del mismo bosque de árboles gigantes.

— ¿Cómo podría alguien querer deshacerse de esto? —preguntó el tigre a la nada, su dolor impreso en cada palabra.

Erwin calló, porque él mismo no había sido capaz de comprender la magnitud del daño que sus antiguos compañeros habían causado hasta que pudo ver la extensión de terreno que había sido calcinada.

Decenas de hectáreas de oscura devastación. Allí, donde otrora abundara la vida y el verde follaje cubriera cada centímetro de suelo, ya no quedaba nada más que tierra estéril. Sin árboles interponiéndose, Erwin podía percibir un leve aroma a madera ardiendo que prevalecía en el ambiente. Todavía podía ver algunos destellos anaranjados donde las llamas continuaban encendidas. Si prestaba atención, al menos en las zonas más cercanas, todavía podía ver algunos animales alejándose del que fuera su hogar.

—Aún no termina —susurró más para sí mismo, pero la enorme cabeza del animal se movió arriba y abajo dándole la razón.

—El fuego no tardará en extinguirse en el bosque, pero se quedará por siempre en los recuerdos de los supervivientes —respondió Levi, pero, antes de que pudiera suspirar aliviado, sus palabras le mostraron otra realidad en la que no había pensado—. No solo hace falta reubicar a los que perdieron su hogar; hay que atender a los heridos; reunir a las familias que fueron separadas durante la evacuación, al menos los afortunados que aun tengan a alguien con quién reunirse, muchos, tendrán que llorar a sus muertos.

—Lo entiendo a la perfección.

Erwin, quien conocía los horrores de la guerra, jamás pensó que podría comparar los enfrentamientos en el campo de batalla con el resultado de un incendio; aquello, sin embargo, había sido un ataque directo. Tampoco esperaba sentirse tan frustrado por no haber sido de ayuda.

Como si la mezcla de sentimientos que amenazaban con asfixiarlo no fuera suficiente, Erwin tuvo que sumar una fuerte admiración hacia Levi a su creciente lista de emociones; no solo eso, también descubrió con sorpresa que aquella admiración había crecido tanto esos últimos días que ya no sabía cómo llamarle. Levi, sin embargo, debía conocer el nombre de aquellos sentimientos que crecían en su interior, y esa parecía una buena oportunidad para preguntarle.

Pero entonces, antes de que pudiera abrir la boca para hablar, el animal se levantó tan rápido que, de haber sido alguien más, hubiera caído por el precipicio. Su cuerpo estaba tenso, sus zarpas, listas para el ataque, mas Erwin no era capaz de encontrar el origen de su estado. Se puso de pie imitando a su acompañante, prestando atención al lugar donde Levi dirigía su mirada, pero lo único que podía ver era arbustos y árboles de poca altura.

Aun con los ojos de un depredador, Levi tampoco veía más que él. Había escuchado pasos acercándose con tal sigilo que, de haber estado distraído, los hubiera obviado, incluso había notado el característico aroma de los humanos un poco antes; pero a pesar de saber que se trataba de tres hombres, armados y asustados, no podía adivinar cuáles eran sus intenciones ni por dónde atacarían primero. Tan pronto como se incorporó pudo sentir sus miradas; el dios provocó una suave brisa para agitar un poco las ramas y descubrir su ubicación, pero aquello no fue de mucha ayuda.

El enorme felino se agazapó, adoptando una pose de acecho, mientras internamente se debatía entre convocar un viento más intenso y esperar a que los humanos hicieran el primer movimiento. Se decidió por la segunda opción, pues, aunque una fuerte ráfaga sería una excelente distracción, estaban tan cerca del borde que podría hacer caer a Erwin en el proceso.

No pasó mucho tiempo antes de que el comandante fuera capaz de escucharlos también, aunque no podía identificar de cuántos se trataba. Erwin dio un paso adelante, buscando con la mirada cualquier cosa que pudiera servirle para defenderse, aunque a su alrededor no había más que ramas delgadas y frágiles. En el preciso instante en que los hombres salieron de entre los arbustos, Levi se colocó frente a Erwin de forma instintiva, cubriéndolo con su enorme cuerpo.

Un segundo después, tres rifles apuntaban directamente a la cabeza del tigre blanco, que avanzaba con lentitud hacia ellos. Estaban nerviosos, podía olerlo desde su posición; en el momento en que los ojos de aquellos hombres se cruzaron con los de Erwin, Levi supo que los había reconocido.

—¡Comandante! ¡Está vivo! —Gritó uno de ellos, provocando un gruñido amenazador de parte del felino.

Erwin estaba perplejo, seguro de que al fin había perdido la razón. Ante él, Mike, Nile y Moblit no sólo estaban con vida, sino que lucían completamente recuperados. Cuando Levi dijo que no había nadie más con él cuando lo encontró, nunca pensó que pudiera significar que habían logrado salir de allí con vida. Por desgracia, aquel no era el momento adecuado para averiguar cómo había sido posible.

—Erwin —le llamó Nile, afianzando el agarre sobre su arma—, aléjate lentamente, nosotros te cubriremos. Y tú —añadió dirigiéndose a Levi—, sabemos quién eres en realidad, quédate quieto o voy a volarte la cabeza.

Aunque no podía evitar sentirse feliz por verlos con vida, Erwin tuvo que contener su emoción mientras trataba de calmar las cosas, pues podía ver que tanto Levi como sus compañeros estaban dispuestos a atacar en cualquier momento.

—Bajen sus armas —ordenó Erwin, tan firme como le era posible en tan inesperada situación, mas ninguno se atrevió a obedecer.

—Está bien, no tienes que proteger a ese monstruo. No importa lo que hagas o lo que te haya dicho, te matará en el momento en que dejes de serle útil.

Erwin estaba confundido. Aunque parecían conocer la identidad del dios, estaban convencidos de que Levi planeaba matarlo; debía aclarar esa confusión cuanto antes. Alrededor de ellos, de todas direcciones, decenas de pares de ojos brillaban entre la oscuridad del follaje como si se tratara de estrellas. Lentamente, un gran número de tigres emergieron del bosque rodeando a los humanos, quienes, al verse superados en número, tuvieron que dejar de apuntar sus armas hacia el tigre de mayor tamaño para, en su lugar, apuntar a los que se encontraban más cerca. Un feroz gruñido abandonó las fauces de Levi y Erwin supo que todo acabaría en un instante.

Levi podía ver el miedo oculto detrás de sus armas, disfrazado de determinación. No necesitaba esforzarse mucho para notar que incluso el aroma de su sudor delataba el temor que sentían, tampoco para notar el casi imperceptible temblor de sus manos o la velocidad con que su sangre corría por sus venas. Aun si él no les ordenaba atacar, aun si volvía a gruñir para detenerlos, pronto sería imposible para los depredadores resistirse a semejantes presas. Estaban rogando por su propia muerte y ni siquiera él mismo sería capaz de evitarla.

—Tienen que detenerse, ¡esto es un error! —Gritó el comandante, dirigiéndose a ambos bandos por igual.

Las dilatadas pupilas de los felinos y sus zarpas curvadas eran el mejor augurio de la masacre que se acercaba, pero aun si sus compañeros habían provocado aquello, no estaba dispuesto a verlos morir ante sus ojos una vez más. En un súbito ataque de valentía, se interpuso entre Levi y las armas que de nuevo habían vuelto a tomarlo por objetivo, como si esperaran que aquello hiciera desistir a los animales.

—¿Qué haces, Erwin? —Fue el turno de Mike de cuestionarse la salud mental del comandante.

Harto de esa situación, Levi decidió que debía detenerlos rápido si no quería cargar con el peso de más muertes innecesarias, aun si eso significaba revelar su identidad que, por lo visto, no era del todo desconocida para ellos. Sabía que su cuerpo animal era más fuerte y ágil, sin embargo, delante de ellos, Levi se transformó.

Sabían que aquello podía suceder. Estaban preparados para ver a un animal convertirse en humano. Pero estar preparado y vivirlo de verdad eran cosas muy diferentes. El hombre que avanzaba hacia ellos, desnudo y aparentemente indefenso, se movía con tal elegancia que era difícil creer que estuviera planeando atacarlos.

—Les ordené que se detuvieran —dijo, aunque sus palabras no estaban dirigidas a los hombres. El largo cabello oscuro del dios se agitó suavemente con el viento, había provocado una corriente tan suave y cálida, que incluso Erwin y sus compañeros podían sentirla como una caricia en el rostro. Los felinos se relajaron de inmediato, echándose uno a uno ante la atónita mirada de los humanos como si se tratara de simples gatos gigantes.

—Ustedes también —agregó Erwin con autoridad, pues sus armas aun apuntaban hacia Levi—. No volveré a repetirlo, podrían ser degradados por desobedecer las órdenes de su superior.

Aun en contra de su voluntad, en medio de la confusión, los soldados obedecieron y Erwin finalmente se permitió relajarse, al menos por un instante, pues sabía que aquello no había terminado.

—No sé cómo lo supieron, pero no puedo dejarlos vivir ahora que conocen mi secreto.

Los ojos grises del dios brillaban de un modo que en cualquier otro momento le hubiera parecido mágico, pero que en ese preciso instante le provocaba escalofríos. Erwin quería confiar en que Levi no los mataría sin una buena razón, pero también tenía que admitir que el hecho de ser soldados norteamericanos, los mismos que habían causado tanto daño a la montaña, debía ser razón suficiente.

—Todos debemos calmarnos, esto es un malentendido.

El comandante no estaba seguro de que aquello fuera una buena idea, pero al menos tenía que intentarlo. Levi parecía estar dispuesto a esperar; sus hombres, aunque algo reacios, aflojaron el agarre que mantenían en sus armas, cosa que los tigres aprovecharon para quitárselas ignorando sus quejas. El dios miró a Erwin por un segundo y asintió, otorgándole su consentimiento para acercarse a ellos ahora que estaban desarmados.

—Es bueno verlos de nuevo —confesó, atrayendo a cada uno de ellos a un emotivo abrazo, sin molestarse en ocultar la emoción de verlos con vida.

—Francamente, creímos que estabas muerto —respondió Nile, compartiendo su emoción.

Isabel, que había estado observando todo desde una distancia segura, se aproximó a su padre para entregarle una túnica dorada y que pudiera cubrir su cuerpo. Fue hasta ese momento, mientras Levi se vestía con quizás demasiada calma, que Erwin y sus hombres fueron conscientes de su desnudez, que, aunque no era algo que los escandalizara, no dejaba de incomodarlos. Mientras los humanos bajaban la mirada al suelo, la tigresa reía internamente por aquella escena.

«Ha pasado tanto tiempo con los tigres, que ya olvidó lo conservadores que son los humanos», bromeó al llegar al lado de su hermano. «Aunque, con un aspecto tan magnífico sería una pena no presumirlo con dignidad.»

«Tonta, no es momento para bromas.»

—Tráiganlos —ordenó Levi una vez que estuvo vestido y tras haber recogido su cabello.

Custodiados cada uno por un par de tigres, los soldados fueron guiados hacia el interior del bosque. Caminaron en total oscuridad por cerca de un kilómetro, en un pesado silencio, compartiendo algunas miradas mientras intentaban entender el comportamiento de su superior, quien caminaba lado a lado con el dios como si se conocieran desde siempre. Además, la silenciosa oscuridad les había dado tiempo suficiente para pensar, llenándose de más preguntas qué respuestas. Acababan de ver a un tigre convertirse en humano, un humano que vestía el color reservado para el emperador. Aquello por si solo era suficiente para mantener sus nervios a flor de piel.

Una vez que los animales los hicieron detenerse, bastante lejos del río que habían usado como guía para entrar al bosque, los americanos se agruparon por instinto, buscando protegerse de cualquier ataque que pudieran estar planeando en su contra. Su comandante aun acompañaba al líder de las bestias y, juntos, se aproximaban sin prisa hacia ellos. Levi se detuvo varios metros lejos de ellos, observándolos en silencio con una expresión indescifrable, antes de desviar su atención hacia uno de los tigres de mayor tamaño. Erwin, por el contrario, avanzó hasta estar frente a ellos sin molestarse en reprimir el entusiasmo que le provocaba verlos una vez más.

—¿Cómo fue que sobrevivieron? ¿Cómo me encontraron? —preguntó el comandante, con demasiadas dudas que ansiaba resolver.

—Una anciana nos ayudó —respondió Mike.

—Una anciana y su nieta que pasaban por ahí en una carreta. Nos llevó a su casa en la aldea que acabábamos de visitar, atendió nuestras heridas y nos habló sobre... él —agregó Moblit, mirando a Levi con temor.

—Ya veo… no recuerdo mucho de ese momento, pero estaba seguro de que los había visto morir.

—La nieta de la mujer nos dijo que intentaron soltarte también —mencionó Nile—, pero escucharon a esos sujetos disparando cerca de allí y no tuvieron más opción que dejarte atrás. También nos dijo que regresó esa misma noche, pero no pudo encontrarte.

Erwin estuvo satisfecho con aquella respuesta, después de todo, sabía que no todos los aldeanos estaban en su contra. Sin embargo, había algo en esa historia que le llamaba la atención mucho más que el cómo habían sido rescatados de la que parecía una muerte segura.

—Esa mujer, ¿fue ella quién les habló de Levi? —preguntó a sus compañeros, obteniendo una mirada llena de confusión por parte de ellos.

—Ella lo llamaba Bái Hǔ —respondió Nile tras comprender a quién se refería.

—El dios de las tempestades —agregó Mike con una clara mezcla de miedo y respeto—. Ella le dio muchos nombres al tigre blanco que ayudaste aquel día, incluso dijo que se convertiría en hombre, pero era imposible.

—Dijo que había un dios en esta montaña —volvió a hablar Nile, con una amarga sonrisa—, que era un tigre tan antiguo como el tiempo, que protegía a los tigres y a los otros animales que viven en ella y que había provocado la tormenta de hace algunas noches... pero claro, todo sonaba como una de esas leyendas locales que tanto te gustan. Jamás pensé que pudiera estar diciendo la verdad, mucho menos llegar a verlo con mis propios ojos.

—También estaba muy impresionado cuando supe que todo esto era real —respondió Erwin con calma—. Vengan, hablemos junto al fuego, las noches son muy frías en este lugar.

Sin esperar una respuesta ni darles tiempo de preguntar nada, Erwin se encaminó hacia una pila de madera seca, tomó un par de ramas y algunas hojas y encendió un fuego que no tardó en convertirse en una pequeña pero acogedora fogata. Isabel se aproximó al fuego arrastrando algunas pieles, seguida de cerca por los cachorros, provocando que los soldados detuvieran sus pasos en cuando la vieron. Erwin le agradeció con una caricia en la parte superior de su cabeza. Aunque ella no dijo nada, pudo notar en sus ojos que aquella situación estaba resultando bastante entretenida para la tigresa. El comandante extendió las pieles en torno al fuego y se sentó en una de ellas. Pronto, los cachorros se echaron a su alrededor, cosa que Isabel aprovechó para alejarse y salir a buscar algo de comida junto a otros tigres.

—¿Qué están esperando? —les preguntó a sus compañeros, acariciando con cuidado a los animalitos que ahora dormían. —Son demasiado pequeños para hacerles daños, si es lo que les preocupa.

Con quizá demasiada precaución, los americanos se sentaron sobre las pieles uno a uno, imitando a su superior. No podían ver a Levi por ningún lado y el resto de los tigres parecían estar demasiado lejos como para intentar algo en su contra, mas no fue suficiente para que lograran relajarse.

—Entonces —habló Nile, aclarándose la garganta para atraer la atención de Erwin—, ¿cómo fue que lograste sobrevivir? Pensamos que habías sido devorado por los animales.

—Levi me salvó —respondió, consciente de que esa simple oración englobaba mucho más que el simple hecho de haber salvado su vida y sanado su cuerpo.

La expresión del comandante se suavizó mientras les hablaba de lo que había vivido esas últimas semanas, de cómo Levi había atendido sus heridas y le había enseñado a sobrevivir por su cuenta a la intemperie, de cómo había comenzado a llevarse bien con Isabel, de los cachorros... Les habló también del ataque que habían sufrido y del daño que habían causado a la montaña, aunque mantuvo para sí mismo todo lo relacionado con el tiempo en que atendió a Levi cuando estuvo herido de gravedad.

—No puedo creer que ese tipo sea tan amable como dices —susurró Nile en cuanto terminó con su relato, incapaz de pensar en Levi de la forma en que Erwin lo describía.

—Una vez que lo conoces, es mucho más amigable de lo que parece.

Aunque nadie se atrevió a decir nada al respecto, el brillo en los ojos de Erwin no había pasado desapercibido para ellos, aun si intentaban convencerse de que se debía al reflejo de las llamas. Podían notar su admiración impresa en sus palabras, pero el brillo en sus ojos decía mucho más.

—Ya tuvieron tiempo para descansar, ahora quiero saber con qué intenciones cruzaron el río.

Levi, que había aparecido entre los arbustos detrás de Erwin, los miraba con aparente desinterés, pero la intensidad de su mirada había logrado provocar un escalofrío a los soldados.

—Vinimos a buscar al comandante —respondió Moblit, intentando que su voz sonara firme y siendo sincero—. La mujer que nos ayudó dijo que podía estar perdido en el bosque, pero por la cantidad de heridas que recibió no sabíamos si seguía con vida... en cuanto pudimos movernos de nuevo salimos a buscarlo.

—Además, dijo que había alguien en la montaña que podía ayudarnos, que tenía un ejército capaz de vencer a cualquier enemigo. Es cierto que vinimos aquí buscando a Erwin, pero también venimos a pedir tu ayuda.

Nile se puso de pie frente Levi para enfatizar su petición, pero se arrepintió de inmediato al notar que era más alto que él, temiendo que pudiera tomar aquello como un desafío o una falta de respeto; aunque no podía culparlo, nunca antes había estado ante un dios. En un intento por arreglar las cosas, el americano se arrodilló delante de él. Pero Levi, que estaba harto de ese falso respeto y que conocía sus intenciones, solo lo miró en silencio por lo que pareció una eternidad.

—¿Por qué debería ayudarlos?

—Están planeando matar al emperador —soltó Nile con seriedad, poniéndose de pie una vez más—. Parece ser que el plan de conquistar el imperio no estaba resultando tan rápido como esperaban, así que decidieron ir directamente por la cabeza del emperador para doblegar al pueblo. Lo harán en dos noches, están planeando quedarse con sus riquezas, pero más allá de eso, quieren explotar las montañas vírgenes en busca de metales y piedras preciosas, pues se rumora que todas las joyas del palacio salieron de estas montañas, de ésta principalmente. Por eso, si es verdad que tienes un ejército tan poderoso, nos sería de mucha ayuda.

Levi había estado escuchándolo con atención, pero la realidad era que nada de lo que había dicho era nuevo para él. Sabía cuáles eran sus intenciones y sus verdaderos motivos desde antes mucho antes y sabía también que debía actuar rápido si quería proteger esas tierras, pero eso no significaba que pudiera confiar en esos hombres, que hasta donde sabía pertenecían al mismo ejército que les había atacado por tanto tiempo.

—Lo siento, pero no estoy interesado en unirme al enemigo. Ofrézcanles comida y déjenlos descansar esta noche, se marcharán al amanecer.

Luego de dar aquella orden a los tigres que lo acompañaban, Levi dirigió una rápida mirada a Erwin, quien se había mantenido en silencio todo ese tiempo, como si por dentro estuviera ponderando sus opciones antes de tomar alguna decisión crucial. El dios se dio vuelta para alejarse, dando por terminada aquella conversación antes de que pudieran responder, pero en cuanto Erwin se puso de pie para seguirlo, lo detuvo de inmediato.

—Quédate con ellos, hablaremos por la mañana.

—Está bien —respondió el rubio, contrariado por el repentino cambio en su actitud hacia él—. Levi... ten cuidado

El hombre no volvió a mirarlo mientras se marchaba, pero Erwin tuvo la sensación de que se había equivocado, que quizás debería haberlo seguido de cualquier forma. Los cachorros, que habían sido despertados por el movimiento, fueron detrás de su padre dando pequeños saltos y jugando. Por un momento, deseó poder hacer lo mismo, olvidarse de todo e ir tras él, pero había cosas que no le habían dicho, podía verlo en sus rostros, y necesitaba escuchar toda la verdad.

—Que miedo —susurró Moblit, dejando escapar un pesado suspiro que rompió el incómodo silencio que se había creado tras la partida de Levi.

—Parece difícil de tratar —agregó Mike, que había permanecido callado hasta entonces.

Erwin se mantuvo en silencio, porque no tenía ánimo para bromear con ellos y porque no sabía cómo abordar la conversación sin que pensaran que estaba desconfiando de ellos, después de todo, los conocía desde sus tiempos en la academia, mientras que a Levi lo conocía desde hacía tan poco tiempo que a él mismo le sorprendía lo rápido que se había ganado su lealtad.

—Aunque —respondió Nile—, no entiendo cómo puede haber un ejército en este lugar. Aquí solo hay bestias —agregó con tono despectivo—. Tal vez estén ocultos más alto, en la cima de la montaña... tal vez si los buscamos directamente podamos convencerlos de ayudarnos.

Los otros asintieron dándole la razón, pero Erwin sabía que estaban subestimando a Levi del mismo modo en que él lo había hecho. Una pantera y un leopardo se acercaron arrastrando un cervatillo, lo depositaron a los pies de Erwin y se sentaron a un lado. El rubio pudo notar la cara llena de repulsión de sus compañeros mientras el animal se desangraba hasta la muerte. Fueron largos minutos de incómodo silencio hasta que dejó de moverse; en ese momento, Erwin tomó una piedra afilada y cortó varios trozos del animal como Levi hacía cuando comían juntos. Colocó la carne en el fuego y entregó el resto del animal a los felinos, que no tardaron en marcharse con su presa.

—Tenemos que hacer algo pronto, no podremos detenerlos si nos quedamos aquí perdiendo el tiempo —volvió a hablar Nike, conteniendo las náuseas que le había provocado aquella escena.

—No hay tal ejército —dijo Erwin, aunque se corrigió de inmediato al notar el miedo en sus rostros—, al menos no como lo imaginan.

—No van a ayudarnos —susurró Moblit, el pánico apoderándose de él.

—Si no van a ayudarnos, entonces sólo nos queda una opción. —Mike los miró con seriedad, seguro de que todos comprendían a qué se refería. El ejército planeaba atacar en dos noches, primero caería el palacio, luego irían por la montaña, y ellos cuatro no serían suficientes para combatir el ataque, ni siquiera con la ayuda de los aldeanos. Sería mejor estar de su lado, pues incluso si el ejército del emperador los enfrentaban, no serían rivales para los norteamericanos.

—Ven con nosotros, Erwin —pidió Nile—, aún estamos a tiempo. Si les demostramos que estamos de su lado podremos salir de esta guerra sin sentido. Podemos salvar más vidas desde adentro.

—Nada nos garantiza que no seamos acusados por traición —respondió el comandante—, ya nos mandaron a asesinar una vez, podrían hacerlo de nuevo.

Sabía que no querían atacar a esas personas. Habían convivido tanto con las personas de aquella nación que no había forma en que pudieran considerarlos enemigos, pero también entendía las razones por las que estaban tomando una decisión tan radical. Odiaba admitirlo, pero ellos tenían razón.

Farlan, que había estado escuchando la conversación en secreto a pesar de que su padre le había indicado que los dejara en paz, quiso convencerse de que Erwin no se iría, pues le había jurado lealtad a su padre. Podría tratarse de un humano, un invasor, pero desde su llegada había pensado en él como una buena compañía para su padre. Aun si el hombre no terminaba de agradarle, sabía que Levi estaba cómodo a su lado; lo había visto relajarse cuando estaban a solas e incluso lo notaba de mejor humor. Un poco de compañía humana debía ser buena para él.

—Tienes toda la noche para tomar una decisión, nos iremos al amanecer.

Erwin buscó a Levi con la mirada, encontrándolo demasiado lejos para su gusto. Se había acostumbrado tanto a su cercanía que no podía evitar sentirse solo pese a estar acompañado por sus compañeros, a quienes consideraba sus amigos.

—No lo sé —dijo, evitando el contacto visual y concentrándose en retirar la carne del fuego para pasar un trozo a cada uno—, no puedo irme sin decirle nada.

Farlan no se sorprendió por su respuesta como lo hicieron sus compañeros, que sin decir nada más, se dedicaron a comer en un incómodo silencio; el tigre estaba satisfecho con esa respuesta, tanto, que incluso se sintió mal por haber dudado de él y espiarlos todo ese tiempo. Tan sigiloso como si estuviera de cacería, se alejó del lugar y fue a descansar junto a su hermana y los cachorros, que ya dormían profundamente. Estaba seguro de que se marcharían antes de que el sol saliera y todo volvería a la normalidad.

Por la mañana, sin embargo, Erwin también se había ido.

Más que molestarse por la traición, o alegrarse por haber estado en lo correcto al dudar de él, Farlan estaba decepcionado. Siempre había pensado que era sincero cuando decía que entregaría su vida por su padre, mas junto al fuego no quedaba sino el lugar vacío que antes hubiera ocupado el comandante del ejército norteamericano.

—No le des importancia —susurró Levi, que recién había llegado a su lado, aunque Farlan no podía decir con certeza si se lo decía a él o estaba hablando consigo mismo; tal vez un poco de ambos—. Aun si ahora somos enemigos, no tengo nada en su contra, no tomaremos su vida si no es necesario.

Farlan asintió, pero se prometió que, cuando lo tuviera en frente, se aseguraría de hacer que se arrepintiera por haberse ido de esa forma.