Los dioses de la montaña
Erwin estaba aturdido. Aunque sentía que no había nada malo, saber que estaba solo le estaba provocando una creciente ansiedad que no podía explicar. Nunca antes se había sentido tan asustado por despertar solo en un lugar desconocido. Rápidamente, Erwin se levantó del suelo y miró a su alrededor en un intento por descubrir dónde estaba. La pequeña habitación estaba hecha por completo de madera. Había un par de ventanas a cada lado con hermosas vistas del bosque y una puerta entreabierta que se veía ya bastante gastada. Al frente, una mesa pequeña llena de polvo donde no quedaba nada más que algunos viejos recipientes de barro, que no habían estado llenos en mucho tiempo. Todo en realidad tenía un aspecto bastante antiguo y descuidado, aunque conservaba cierto encanto difícil de explicar.
Lo más llamativo de todo el sencillo lugar, eran las grandes estatuas que se encontraban en cada punto cardinal: una serpiente al norte, un fénix al sur, un dragón al este y, al oeste… un tigre. Sus pies lo llevaron hasta esa última estatua. Una vez que estuvo a tan sólo un paso de distancia, su mano derecha se movió por su cuenta hasta rozar la cabeza del tigre de piedra. De algún modo, sentía que no era la primera vez que lo veía, aunque podía jurar que nunca antes había estado en ese lugar. Sin embargo, mientras intentaba recordar en dónde lo había visto, el recuerdo de una conversación lejana llegó a su mente y resonó en sus oídos.
—¿Quién… quién eres tú?
—¿Yo? Esa es una pregunta difícil de responder. Yo mismo no estoy seguro de quién soy para ti y los tuyos, aunque sí sé quién soy para las personas de este imperio. Bai Hû, Byakko, Guardián del oeste y el otoño, Dios de las tempestades... Los humanos me han dado muchos nombres, pero me reverencian de igual forma sin importar cómo me llamen. Ellos, por el contrario, me llaman Padre. Pero tú… tú puedes llamarme…
—Levi —susurró Erwin ahogando un jadeo mientras gruesas lágrimas corrían por sus mejillas y, como si una barrera acabara de romperse, sus recuerdos volvieron uno tras otro a su mente, tan rápido que casi podía sentir la información desbordándose. Su cabeza dolía por el repentino flujo de información, pero el dolor en su pecho era mucho más insoportable. Levi había estado en el templo con él, pero ahora no había rastros de él o de que alguna vez hubiera estado allí.
Otra cosa que recordó, fue haber estado herido de gravedad, pero cuando revisó su abdomen, donde se suponía que había recibido un disparo, no había nada más que un agujero en su ropa. Su piel estaba en perfecto estado, al igual que el resto de su cuerpo, donde no quedaban ni siquiera cicatrices de su última batalla. Tras una revisión rápida, Erwin descubrió que incluso la cicatriz de su hombro, donde Levi lo había mordido en su forma de tigre cuando se conocieron, había desaparecido.
De pronto, Erwin tuvo miedo de que todo hubiera sido un sueño y Levi fuera producto de su imaginación. Sin embargo, pronto descartó la idea, pues estaba seguro de que había una explicación mucho más compleja detrás de su repentina amnesia y de su inexplicable recuperación. ¿Cuánto tiempo había estado dormido? ¿Quién había sanado sus heridas? Aunque estaba lleno de preguntas y seguía confundido, solo había una cosa que de verdad le importaba averiguar de inmediato: ¿en dónde estaba Levi?
Dejándose guiar por su instinto, Erwin salió del templo, corriendo aparentemente sin rumbo entre arbustos y ramas que arañaban su piel al pasar. Aunque no sabía hacia dónde estaba yendo, no tardó en escuchar el sonido del río, que se volvía más fuerte a medida que se acercaba, como si estuviera llamándolo. Una insoportable ansiedad se apoderó de él, formando un nudo en la boca de su estómago. Podía sentir que estaba cerca, así que corrió todavía más rápido, temiendo que, si llegara un solo segundo tarde, no volvería a ver a Levi nunca más.
Cuando Erwin atravesó una última pared de ramas y arbustos, se encontró en el nacimiento del río que atravesaba la montaña. Una impresionante cascada de unos diez metros de alto le dio la bienvenida. El agua golpeaba las rocas al caer, con tal fuerza que el sonido era ensordecedor, pero Erwin no pudo seguir admirando el paisaje por mucho tiempo, pues sus ojos se movieron de forma natural hacia la base de la cascada y se clavaron en la silueta que se encontraba allí.
Un dios descansaba bajo la caída del agua.
Sus ojos estaban cerrados. Algunas gotas de agua resbalaban lentamente por su rostro, mientras que otras permanecían en sus largas pestañas, haciéndolas brillar con el reflejo de la luz del sol. Su pecho subía y bajaba lentamente, respirando con tranquilidad, pero lo más importante era que tampoco había un solo rasguño en su pálida piel. Ante tal escena, Erwin se quedó sin aliento.
Sin pensar en si su ropa se mojaría o si Levi se molestaría por su presencia, Erwin entró al agua a prisa y avanzó hasta estar frente a él. Obedeciendo a un impulso, se atrevió a abrazar a Levi con las emociones a flor de piel, pero de inmediato pudo sentir al dios tensarse en sus brazos, así que lo soltó.
—Lo lamento, me dejé llevar —se disculpó y, pensando en que la repentina cercanía lo había incomodado, se alejó un par de pasos.
Levi abrió los ojos y lo miró en silencio por un instante que para Erwin pareció eterno. En ese momento recordó cómo, un momento antes, él mismo no recordaba nada sobre Levi y temió que fuera lo mismo para él, pues en sus ojos pudo ver un rastro de confusión, pero este desapareció tan rápido como había llegado. Cuando Levi frunció el ceño al verlo, Erwin sonrió, soltando el aliento que había estado conteniendo.
—Está bien, es sólo que el dolor no ha desaparecido por completo —dijo Levi, permitiéndose suspirar delante de él—. Además, me llevó mucho tiempo quitarme toda la suciedad de encima como para volver a llenarme de sangre y barro.
En realidad, Levi estaba física y mentalmente agotado. Había liberado todo su poder en un momento de debilidad y luego había tenido que contenerlo de nuevo. Había pensado que Erwin había muerto por su culpa, y había canalizado su ira de la peor forma posible. Lo único que deseaba era abrazar la inconsciencia en ese instante, pero había sido llamado al templo por los otros dioses, por lo que había tenido que atravesar toda la montaña mientras era apenas consciente de lo que pasaba a su alrededor. Cuando al fin estuvo en el templo, no pudo resistirlo más y se desmayó, mas eso no hizo que se librara de ser castigado por haber amenazado lo que se suponía debía proteger.
El castigo había sido simple pero doloroso. Levi sería olvidado por aquel para quien era lo más valioso. En ese momento, aunque pudo haber pensado en Isabel o Farlan, que eran los más cercanos a él de entre todos sus hijos, el único que llegó a su mente fue Erwin y, aún cuando era consciente de que merecía el castigo, saber que lo olvidaría lo llenó de pesar. Cuando recobró la consciencia, Erwin estaba en el templo, recostado a su lado en el suelo. Las manos de ambos entrelazadas entre sus cuerpos. Odiaba la idea de tener que alejarse de esa sencilla felicidad, pero sabía que, en cuanto Erwin abriera los ojos, sería mejor que él ya no estuviera.
Aunque, si Erwin estaba allí en ese momento, hablando con él de forma tan natural, sólo podía significar una cosa: había sido perdonado. Sin embargo, no tenía ánimos para alegrarse incluso si su corazón latía emocionado. Erwin no lo había olvidado.
—Es bueno verte de nuevo —susurró Erwin, incapaz de borrar la sonrisa de sus labios. Había estado muy asustado de no volver a ver al hombre del que se había enamorado.
Entonces, Erwin se dio cuenta de que Levi tenía razón. Aunque sus heridas habían desaparecido por completo, su ropa estaba llena de barro, sangre seca y hojas. Sin pensarlo demasiado, se quitó lo que quedaba de su chaqueta y su camisa para poder lavar su torso. Sus brazos, su rostro y su cabello fueron más complicados, pero estaba limpiándose tan rápido como podía. En cuanto le pareció que era suficiente, ante la mirada curiosa del dios, Erwin se acercó una vez más para volver a rodearlo con sus brazos, esta vez, con cuidado de no apretar su cuerpo tan fuerte.
A diferencia de la primera vez, pudo sentir como Levi se relajaba entre sus brazos. El cálido aliento del dios, que contrastaba con el agua fría que caía sobre ellos, chocaba contra la piel de su hombro haciéndolo estremecer. Nunca antes se había sentido tan tranquilo como en ese momento, mientras el hombre que amaba estaba seguro entre sus brazos.
Dejando que sus deseos tomaran el control de su cuerpo, Erwin buscó los labios de Levi para besarlo una vez más. En esta ocasión, pudo disfrutar de la incomparable felicidad de ser correspondido. Se besaron por varios minutos, separándose apenas lo necesario para respirar y cambiando el ángulo para profundizar el beso. Cuando se separaron, Erwin sonreía ampliamente, lleno de una felicidad que nunca antes había experimentado, mientras que Levi sólo podía mirarlo como si fuera un extraño tesoro que acababa de descubrir. Lo que estaba sucediendo entre ellos era una agradable novedad.
—Fue mejor que antes —dijo Levi adivinando lo que estaba pensando.
Erwin se ruborizó al instante. Tenía la esperanza de que Levi no hubiera estado consciente en ese momento. —¿Lo recuerdas?
El dios asintió. Su rostro era serio, pero sus ojos brillaban con diversión. Aunque no estuviera riendo abiertamente, Erwin no pudo evitar sentirse emocionado por poder causar tal efecto en él. Era en verdad afortunado.
—Lo recuerdo. No podía reconocer lo que estaba sucediendo pero, de algún modo, sentí que eras tú.
—Pensé que te había perdido —dijo Erwin, pero antes de que pudiera continuar con esa idea, un par de suaves y delgados dedos se posaron sobre sus labios, haciéndolo callar por la sorpresa.
—También pensé muchas cosas —dijo Levi, pensando en que no se suponía que estuvieran en esa situación pero no estando dispuesto a renunciar a lo que estaba sintiendo—, pero nada de eso importa ya. No tiene sentido perder el tiempo en tonterías.
Erwin sonrió, dándole la razón, pero antes de que pudiera volver a rodearlo con sus brazos, Levi se alejó.
—Lávate primero, no soporto tu aroma —se quejó.
Erwin, quien debería haberse sentido avergonzado por su honesta declaración, no pudo evitar reír con ganas mientras se alejaba obedientemente para limpiarse. El tiempo transcurrió en silencio para ambos. Erwin limpió su cuerpo y su ropa a consciencia mientras Levi lavaba los restos de sangre que aún quedaban en su cabello.
—Todavía puedes cortarlo, volverá a crecer —dijo Erwin al notar cómo, tras haber conseguido limpiarlo por completo, su largo cabello estaba totalmente enredado.
Sin embargo, lo único que consiguió fue que Levi lo mirara con indignación, sin poder creer lo que acababa de escuchar. ¿Cómo iba a cortar su cabello sólo por eso? Jamás se atrevería a mostrar semejante vergüenza. Por supuesto, no podía esperar que Erwin entendiera lo que le estaba pidiendo, así que se limitó a suspirar y continuar desenredando su cabello con los dedos de forma cuidadosa.
—Vamos, los demás deben estar preocupados —dijo Levi luego de un rato. Aún no estaba del todo satisfecho con su apariencia, pero tanto él como Erwin habían descansado un poco y estaban limpios, por lo que no había razón para seguir postergando su regreso.
— Espero que todos estén bien —dijo Erwin, Levi asintió dándole la razón. Aunque la guerra había terminado, todavía tenían demasiadas cosas que hacer, no era momento de distraerse en asuntos sentimentales.
Cuando regresaron al claro, algunos tigres se encontraban descansando a la sombra mientras que otros regresaban con algunas presas. Un grupo de ciervos paseaba tranquilamente entre los árboles y algunos cachorros de varias especies se encontraban jugando un poco más lejos. Tanta paz era algo que Levi no había visto en demasiados años, pero que le recordaba que todo el tiempo que pasaron peleando había valido la pena. Tantas vidas perdidas por fin veían honrado su sacrificio.
—¡Padre, regresaste! —anunció Isabel con entusiasmo al notar a los recién llegados, provocando que todas las miradas se posaran sobre ambos.
Levi se separó de Erwin por primera vez desde que se reencontraron para reunirse con sus hijos, quienes ya se habían agrupado a su alrededor tratando de averiguar cómo se encontraba. Levi respondió algunas de sus preguntas y los observó también, prestando especial atención a aquellos que estaban heridos para poder tratarlos tan pronto como fuera posible.
Farlan, tras asegurarse de que su padre estaba sano y salvo, fue el primero en alejarse del grupo para ir a recibir a Erwin. El comandante se había quedado en silencio a unos metros del grupo de animales, observando la escena con una brillante sonrisa. Cuando Farlan vio esa expresión tranquila en su rostro, se preguntó qué era lo que estaba pensando, pero más que eso, lo que de verdad le daba curiosidad era por qué estaba allí. Si lo que habían escuchado era cierto, Erwin debería haberse ido del bosque sin siquiera recordar la guerra que acababan de librar.
—Los otros humanos siguen aquí —dijo el tigre, mirándolo atentamente por si notaba algo extraño en él, pero lo único que había cambiado era que ahora parecía estar desbordando felicidad.
—Gracias, me reuniré con ellos —dijo Erwin, miró a Farlan por un momento y asintió, pero su mirada rápidamente regresó hacia Levi.
Aunque había dicho aquello, Farlan no vio en él ni la más mínima intención de moverse. Por el contrario, se había recargado contra el árbol más cercano para seguir observando cómo el dios sanaba a algunos animales y saludaba a otros. En algún momento, la mirada de Levi se cruzó con la de Erwin y, sólo por un segundo, Farlan pudo ver lo que podría haber sido una pequeña sonrisa en los labios de su padre.
El tigre estaba impactado. Jamás había visto semejante expresión en su padre, pero ahora tenía la sensación de que era algo que no debería haber visto nunca. Sus ojos se movieron hacia el hombre que estaba a su lado y una horrible sensación de confusión se apoderó de él al notar la expresión tan estúpida que tenía. Por un momento, deseó que la anciana Tao todavía estuviera allí para explicarle qué estaba sucediendo, pero, de momento, lo único que pudo hacer fue alejarse de allí en silencio.
—¿Erwin? —preguntó una voz detrás de él, sacándolo de su ensoñación. Erwin dio la vuelta para averiguar de quién se trataba y, de inmediato, se acercó a Mike, quien lo miraba lleno de incredulidad.
—Mike, es bueno verte de nuevo —dijo. A pesar de que claramente estaba herido, parecía que su recuperación sería bastante rápida y pronto podría volver a casa.
—Lo mismo digo, pensé que pasaría mucho tiempo antes de que volviéramos a verte —respondió Mike, y Erwin no pudo evitar sentir que se estaba perdiendo de algo importante, aunque no tuvo oportunidad de preguntar nada pues, de inmediato, otro hombre se unió a ellos, rodeando a cada uno con uno de sus brazos.
—No puedo creer que estés aquí —dijo Nile, tomándose un momento antes de liberarlos de su apretado abrazo.
—Nile, que gusto que estés aquí —saludó Erwin, pero no pudo seguir conteniendo su curiosidad ni un segundo más—. ¿Hay algo que deba saber?
Mike y Nile compartieron una mirada cargada de preocupación, sin saber si estaría bien responderle o si acaso él mismo era consciente de lo que había pasado. Por un momento, incluso se preguntaron si lo que aquella mujer había dicho era verdad, pero no se atrevieron a dudar de su palabra.
—No deberías estar aquí —dijo Nile con seriedad—, la señora Tao… es decir, la Diosa del sur, nos aseguró que al despertar no recordarías nada sobre lo que sucedió en esta montaña.
Erwin lo miró con asombro. Aunque ya sabía que la mujer no era mortal, nunca imaginó que se trataba de una diosa. Pero no era eso lo que había causado mayor impacto en él sino el hecho de que se suponía que olvidara todo lo que había vivido los últimos meses. Pensando en eso, descubrió con horror que en realidad sí había un gran hueco en su memoria cuando despertó en el templo esa misma mañana. En realidad se había olvidado de Levi, de los tigres y de la batalla que habían librado. En ese momento, no pudo evitar sentir una profunda molestia hacia sí mismo por haberse permitido olvidar, aunque fuera por un instante, a quien era la persona más importante en su vida.
—Sí lo olvidé —admitió, y de forma instintiva su mirada buscó a Levi en los alrededores con impaciencia, incapaz de relajarse antes de localizarlo a algunos metros de distancia—. Lo que no puedo entender es, ¿por qué tuve que olvidarlo? ¿Acaso fue mi castigo por irrumpir en el templo sin permiso?
Mike, al notarlo intranquilo, se acercó a él y colocó suavemente una mano sobre su hombro antes de intentar explicarle lo mismo que la diosa les había dicho a ellos luego de que Erwin se fuera persiguiendo a Levi hacia el bosque.
—Fue un castigo, pero no para ti. Bai Hû perdió el control y cobró venganza en exceso, por lo tanto debía ser castigado y, al parecer, su castigo sería ser eliminado de la vida de quien más apreciara.
Erwin estaba confundido. Si habían eliminado a Levi de sus recuerdos como un castigo para el dios, ¿cómo era que él, siendo un simple humano, había logrado recordarlo por su cuenta? No entendía nada, tampoco podía evitar sentirse incómodo, como si tuviera la certeza de que en cualquier momento algún otro dios aparecería para terminar el trabajo de una vez por todas. Estaba tan confundido como los otros dos soldados que lo miraban en silencio, aguardando una explicación que no sabía cómo darles.
—Entonces, ¿qué fue lo que sucedió en ese templo? —preguntó Nile en su intento por tranquilizar el ambiente.
Erwin los miró a ambos en silencio por un momento, sin estar seguro sobre qué debería responder a eso. Finalmente, optó por relatar tanto como podía recordar, pues había estado tan mareado a causa de la pérdida de sangre que gran parte de lo sucedido permanecía borroso en su mente.
—Levi debió haber sanado mis heridas —supuso Erwin al recordar lo bien que se había sentido al despertar—. Cuando desperté estaba solo, acostado en el suelo de un extraño templo sin saber cómo fue que llegué allí, aunque me sentía inexplicablemente tranquilo.
—¿Y cómo fue que lo recordaste todo? —preguntó Mike, curioso sobre lo que había hecho su amigo para librarse del castigo impuesto por los dioses.
—No lo sé —admitió Erwin—, tenía la sensación de haber perdido algo importante y algo dentro de mí me dijo que debía recuperarlo.
Aunque ni Mike ni Nile habían podido entender de qué estaba hablando, estaban impresionados. Aparentemente, sus sentimientos hacia el dios eran mucho más profundos y complejos de lo que habían pensado. Por otro lado, Erwin se encontraba sonriendo una vez más. A pesar de todo, estaba feliz de saber que, aunque lo habían borrado de su mente, ni siquiera los dioses de la montaña habían sido capaces de borrar a Levi de su corazón.
—A propósito —dijo Erwin cambiando el tema—, ¿cómo está Moblit?
Aunque ya había notado la ausencia de su otro compañero, tenía miedo de preguntar y descubrir que no había corrido con la misma suerte que ellos. No quería perder la esperanza pero, siendo honesto, era muy poco probable que hubiera sobrevivido con las heridas que recibió. Sin embargo, como respuesta obtuvo la sonrisa tranquilizadora de Mike.
—Está descansando. Su cuerpo estaba muy débil cuando recibió ayuda, por lo que le tomará un tiempo recuperarse por completo.
—En realidad, tuvimos suerte de que aún estuviera con vida cuando todo terminó —agregó Nile.
—Ya veo, qué alivio —dijo Erwin, genuinamente agradecido de que todos hubieran salido con vida del último enfrentamiento.
Dado que todos se encontraban heridos, deberían permanecer en el bosque por un tiempo hasta que estuvieran en condiciones de volver a casa. Hasta entonces, Erwin decidió que no quería pensar en lo que sucedería en el futuro.
Algunas semanas después, un hombre y un dios caminaban por el bosque tomados de la mano. Levi todavía no lograba acostumbrarse al contacto físico tan íntimo, pero tenía que admitir que disfrutaba de esos momentos en que podían escapar del resto para estar a solas de esa forma. Aún si no hacían nada más que recorrer los senderos que ya ambos conocían de memoria, la sensación de sus dedos entrelazados hacía de aquello un momento memorable.
Para Erwin, era como estar viviendo un sueño del que no quisiera despertar. Entre besos robados y suaves roces cuando pensaban que nadie podía verlos, su relación había ido desarrollándose un poco más cada día hasta el punto en que el simple hecho de estar juntos, caminando en silencio, llenaba su pecho de dicha. Pero todos los sueños tarde o temprano llegan a su fin, y el de Erwin no era la excepción. El momento de despertar estaba llegando.
—Escuché que piensan irse mañana —dijo Levi de pronto, tratando de ocultar que había estado pensando en la mejor forma de tocar el tema durante mucho tiempo.
—Así es —respondió Erwin—. Mike y Nile se han recuperado por completo y, aunque Moblit sigue estando un poco débil, sus heridas ya han sanado lo suficiente para soportar el viaje de regreso a América.
Levi asintió, como si hubiera esperado escuchar aquello, pero aunque era consciente de que Erwin no había dicho nada sobre sí mismo, no quiso obligarlo a hablar al respecto, después de todo, no era un tema fácil de tratar ahora que se habían convertido en amantes. El dios ahogó un suspiro y siguió caminando, pensando en que era precisamente por cosas como esa que había pasado tanto tiempo evitando acercarse a los humanos.
Para Erwin, el cambio en su estado de ánimo no pasó desapercibido. Luego de conocerlo por tanto tiempo, había aprendido a reconocer hasta el más sutil cambio en su expresión y, aún si Levi se negaba a compartir sus pensamientos con él, sabía con certeza lo que pasaba por su mente en momentos como ese. Ambos habían evitado hablar del tema durante todas las semanas que permanecieron en la montaña, pero ahora que el momento de regresar a su país de origen se encontraba a la vuelta de la esquina, Erwin se convenció de que no podía perder más tiempo.
Así, apretando el agarre de su mano sobre la de Levi, Erwin se detuvo y giró para estar de frente a él. Los brillantes ojos grises de su dios lo interrogaban en silencio, pero Erwin se permitió el atrevimiento de hacerlo esperar en pos de acariciar una de sus mejillas de forma suave y tranquila.
—Ven conmigo a América —soltó sin previo aviso, seguro de que no tendría sentido darle vueltas al asunto. Levi parpadeó un par de veces sin saber qué decir, pero antes de que pudiera responder cualquier cosa, Erwin se le adelantó—. Vuelve a ser mortal, o no lo hagas si no quieres, pero permíteme pasar el resto de mi vida adorándote, porque, Levi, ya no puedo imaginar mi vida sin ti.
Levi lo miró a los ojos por un segundo más antes de bajar la mirada, soltando un pesado suspiro. Honestamente, le preocupaba que las cosas entre ellos hubieran avanzado hasta ese punto solo para que terminaran separándose en malos términos, lo último que quería era pasar los próximos años sabiendo que Erwin se había ido estando molesto con él, preguntándose si algún día llegaría a perdonarlo aún si eso no servía de nada, pues nunca lo sabría. En verdad no deseaba tener esta conversación, pero ya no la podían aplazar por más tiempo.
— Yo tampoco quiero imaginar mi vida sin ti. La eternidad es demasiado larga y, sin embargo, desde que nos conocimos tengo la sensación de estar quedándome sin tiempo. Admito que me hizo feliz escucharte decir que quieres que vaya contigo, pero con las cosas como están, no podría abandonar a todos por perseguir un deseo egoísta. Espero que puedas entenderlo.
Erwin no deseaba hacerlo escoger entre su hogar y él, pero Levi le había explicado algunos días antes que los dioses, si bien no se oponían a su relación, tampoco deseaban que un extranjero permaneciera en sus tierras, pues temían que la historia se repitiera. Aunque habían recibido permiso de quedarse en el bosque hasta que se recuperaran, una vez que salieran de allí no podrían regresar. Además, siendo él quien tenía el mayor rango militar entre los sobrevivientes, debía presentarse en el cuartel para explicar la situación a sus superiores.
Los ojos de Levi continuaron evitando los suyos, pero Erwin no quería que sus últimos momentos juntos se convirtieran en un recuerdo amargo o, peor aún, se convirtieran en una discusión, por lo que no dudó en tomarlo por la barbilla para girar su rostro hacia él y unir sus labios en un beso lento, lleno de anhelo.
—Lo entiendo —susurró Erwin aún rozando sus labios junto a los de Levi y acunando su rostro entre sus manos, reacio a separarse de él—. Te aseguro que si no estuviera obligado a regresar, nunca te hubiera pedido que abandonaras todo por seguirme. Nada me haría más feliz que poder quedarme aquí contigo.
—Ambos tenemos obligaciones qué cumplir —respondió Levi y Erwin le dio la razón antes de besarlo una vez más. Si era su última tarde juntos, deseaba llenarse de su esencia para soportar el tiempo que estarían separados.
En realidad, por mucho que Erwin deseara prometerle que regresaría, tenía muchas cosas de las que ocuparse en su país. Tenía que denunciar la traición del general, explicar lo sucedido y encargarse de informar a las familias de los soldados fallecidos sobre sus muertes. También debía hacerse cargo de reacomodar a los soldados restantes en otras bases militares y, aunque no eran cosas demasiado complicadas, sin duda tomarían tiempo, sin mencionar que, al exponer las intenciones del general de conquistar el imperio chino, seguramente pasaría mucho tiempo antes de que los viajes a esa nación se restauraran. En cuanto se fuera, no había garantías de que alguna vez pudiera regresar.
Ocultos entre los arbustos, Farlan e Isabel también habían escuchado aquella conversación. En realidad, se habían topado con ellos por accidente, pero al escuchar que estaban hablando sobre la partida de los americanos no pudieron alejarse. Ambos tigres compartieron una mirada llena de tristeza. Incluso si conocían las razones de ambos para separarse, odiaban la idea de que su padre volviera a quedarse solo, en especial ahora que parecía estar tan feliz al lado de Erwin. Tan solo deseaban que aquella separación no fuera definitiva, que sin importar el tiempo que tomara, pudieran volver a estar juntos.
—Volvamos, tienen que alistarse para el viaje —dijo Levi tras romper el contacto y se alejó algunos pasos de vuelta al improvisado campamento que los soldados habían construido.
Levi había pensado que sería buena idea comenzar a poner distancia entre ellos, de modo que no resintiera tanto su ausencia cuando se marchara, pero Erwin, como siempre, no había fallado en sorprenderlo y, antes de que se alejara, lo tomó del brazo y lo empujó hacia los arbustos más cercanos. Erwin también creía que sería mejor comenzar a separarse poco a poco, pero de inmediato arrojó lejos esa idea y decidió que no quería pasar el resto de su vida lamentándose por no haber experimentado, aunque fuera una sola vez, el placer de unirse físicamente al hombre que había robado su corazón.
Varias horas después, los dos hombres regresaron al claro. Erwin portaba una sonrisa tan brillante, que los demás tuvieron que desviar la mirada para evitar ser cegados por su notoria felicidad. Levi, por otro lado, se mantenía tan serio como de costumbre, pero Isabel y Farlan no tardaron en notar un sonrojo casi imperceptible que se extendía desde sus orejas hasta su cuello, donde incluso su largo cabello había fallado en ocultar las pruebas de su apasionado encuentro.
—¿Sucedió algo? —preguntó Moblit al ver a su comandante tan animado cuando solo unas horas antes lucía sumamente deprimido, pero Nile se adelantó a lo que sin duda sería un momento incómodo.
—Erwin, qué bueno que volviste, nos preguntábamos si estabas de acuerdo en partir al amanecer.
Sin poder evitarlo, Erwin miró a Levi por un momento antes de responder, como si aún esperara que el dios lo detuviera o decidiera acompañarlo. Aquello, por supuesto, no sucedió. — Claro, el camino es largo, será mejor zarpar con los primeros rayos del sol.
—Muy bien, aprovechemos para descansar un poco hasta entonces, ya hemos reunido suficientes provisiones para el trayecto.
Entonces, como si hubiera estado esperando el momento adecuado para acercarse, Farlan se aproximó a ellos cargando un bulto envuelto en hojas frescas. El animal le entregó el paquete a un muy confundido Erwin y explicó: —Es carne seca, suficiente para una o dos semanas si la racionan con cuidado.
—Gracias, Farlan —respondió Erwin, bastante sorprendido. Detrás de él, los otros tres hombres parecían al borde del llanto, conmovidos por el regalo que acababan de recibir.
En realidad, pese a que todo parecía haber vuelto a la normalidad en el bosque y los tigres habían vuelto a cazar como de costumbre, ellos mismos no se habían atrevido a tomar un solo trozo de carne de ninguna de sus presas. De cierto modo, se sentía como si no tuvieran derecho a tomar nada más de ellos que lo que ya les habían arrebatado durante tanto tiempo. Por lo tanto, habían pasado las últimas semanas alimentándose de los frutos, hongos y raíces que lograban recolectar. Sus provisiones también estaban conformadas por estos mismos alimentos, pero contar con un poco de carne definitivamente ayudaría a mantener sus energías durante el viaje. Era imposible para ellos no estar agradecidos.
Luego de una cena ligera, todos se retiraron a dormir. O, al menos, fingieron hacerlo, pues nadie fue capaz de conciliar el sueño sabiendo que sería su última noche en ese bosque, que ahora se sentía como un segundo hogar. Aunque morían por volver a casa y reencontrarse con sus familias, no podían evitar sentirse mal por abandonar esa nación sabiendo que nunca más regresarían.
Cuando el sol anunció el final de esa aventura, los cuatro se dispusieron a marcharse. La despedida fue rápida y emotiva, pero aunque tres de ellos ya se habían puesto en marcha, Erwin aún no se atrevía a cruzar el río.
—Harás que se retrasen —dijo Levi, quien no se había apartado de su lado ni un solo segundo hasta ese último momento—. Lamento no poder acompañarte hasta la costa, pero no tiene caso que te quedes aquí perdiendo el tiempo.
—Lo sé, es sólo que no puedo creer que todo haya terminado.
Erwin sabía que tenían que despedirse allí, antes de cruzar el río. No era que Levi no quisiera acompañarlo sino que no podía hacerlo. Luego de que su castigo por destruir el bosque perdiera valor cuando Erwin logró recordarlo, los dioses de la montaña tuvieron que imponer un castigo diferente, pues, a su parecer, Levi necesitaba aprender de sus errores para no repetirlos. Por lo tanto, el Dios del Oeste había recibido una única condición: no podía abandonar el bosque, de lo contrario, en el momento en que pusiera un solo pie fuera de él, no podría regresar. Aún si Erwin deseaba estar con él hasta el último segundo, sabía que era imposible y, por otro lado, pensaba en que era mejor así, de otro modo, si veía a Levi de pie a la orilla del mar no sería capaz de irse.
—Tarde o temprano, todo llega a su fin —dijo Levi, aunque él tampoco deseaba ver como su historia con Erwin terminaba.
—Sabes, Levi —dijo el rubio, parándose frente a él para verlo a los ojos mientras tomaba sus manos entre las suyas con ternura—, desde la primera vez que te vi, supe que quería entregarte mi vida entera. Mi vida te pertenece, Levi, desde entonces y hasta que mi corazón deje de latir.
Sin darle oportunidad de responder, Erwin reclamó sus labios para el que sería su beso de despedida. Levi correspondió con entusiasmo, pero aunque hubieran deseado no tener que separarse nunca, ese beso también se terminó.
—Cuídate —pidió Erwin al separarse, dejando un cariñoso beso en su frente.
—También tú —respondió Levi—, y aléjate del ejército en cuanto termines tus asuntos con ellos.
Erwin asintió con una amplia sonrisa en el rostro, enternecido por la preocupación de Levi. Finalmente, fue tiempo de soltar sus manos para irse. Detrás de ellos, Isabel, Farlan y los cinco cachorros observaban la escena en silencio, lamentando que ese día hubiera llegado tan pronto.
—Gracias por todo —dijo Erwin dirigiéndose a ellos.
—Buen viaje. Te echaremos de menos —admitió Farlan.
—Pero no tanto como nuestro padre —agregó Isabel, ganándose una mirada llena de amenaza por parte del dios y una suave risa por parte de Erwin.
Con esto, Erwin finalmente terminó de despedirse y no tuvo más remedio que cruzar el río, evitando en todo momento mirar lo que estaba dejando atrás. Tras caminar por cerca de una hora intentando no pensar en nada, finalmente abordó el barco que los llevaría de regreso a su país. Mike, Nile y Moblit, así como el resto de los soldados, ya se encontraban listos para partir y únicamente esperaban por su llegada para emprender el viaje.
—Vamos a casa —dijo Moblit en cuanto estuvieron todos a bordo pero, mientras todos parecían entusiasmados por la idea de regresar, Erwin sentía que, en su caso, era su hogar el que estaba abandonando.
Cuando el barco comenzó a prepararse para partir, Erwin creyó haber visto de reojo la conocida silueta de la señora Tao, la diosa Zhū Què del Sur, No habían tenido oportunidad de agradecer por toda su ayuda, pero tenía la sensación de que ella había ido a despedirse de ellos. Mientras buscaba a la mujer con la mirada a lo largo de la costa, sus ojos se detuvieron en la montaña de la que acababa de salir. La nostalgia sería imposible de superar.
—¿Estás seguro de esto? Todavía puedes regresar —dijo Mike al notar la expresión abatida en el rostro de su amigo. Incluso si Erwin era el hombre con mayor rango entre todos los sobrevivientes, estaba seguro de que se las arreglarían sin él si decidía quedarse. Erwin lo miró sin saber qué decir, sus ojos llenos de dolorosa resignación.
A varios kilómetros de allí, Isabel y Farlan observaban a su padre en silencio, mientras este mantenía su atención fija en el barco que estaba a punto de zarpar, con una expresión indescifrable.
—¿Estás seguro de esto? —preguntó Farlan, acercándose a su padre para frotar su enorme cabeza en su costado.
—Nosotros entenderíamos si decidieras ir con él —agregó Isabel.
—Podemos encargarnos de todo aquí. No tan bien como tú, claro, pero siempre haremos hasta lo imposible por proteger a todos los habitantes de esta montaña. Por eso…
—Ya tomé una decisión, uno no debe arrepentirse de sus decisiones —lo interrumpió Levi. Sabía que estaban siendo sinceros y que sin duda podría confiar en que ellos, siendo los tigres más viejos de la montaña, podrían proteger a los demás, sin embargo, su lugar estaba allí, con su familia.
Los pequeños cachorros, que ya habían crecido un poco desde que los encontraron, se acercaron a su padre y tomaron turnos para dar saltitos a su alrededor antes de estrellarse contra sus piernas, buscando llamar su atención. Al notar el juego de los pequeños, Levi se agachó a su altura para acariciar sus cabecitas. Eran esos momentos los que le recordaban que había tomado la decisión correcta. Cualquier sacrificio valdría la pena para que todos sus hijos pudieran vivir con esa misma tranquilidad.
El sonido del barco al zarpar llegó hasta la montaña como un doloroso anuncio. Desde su posición, tanto Levi como los dos tigres fueron capaces de ver cómo el barco comenzaba a alejarse de la costa poco a poco, llevando a sus ocupantes de vuelta a donde pertenecían. Con el rostro de Erwin en su mente, Levi convocó una suave brisa para que los acompañara en su camino y que no hubiera contratiempos durante el viaje. Era su último regalo para él.
Mientras se adentraban cada vez más en el mar, Erwin no conseguía dejar de pensar en Levi. En su mente revivía cada uno de los momentos que habían compartido desde que se conocieron, como si de esa forma pudiera evitar que la nostalgia se apoderara de él. De pronto, un recuerdo en particular le hizo volver a la realidad. Aquella noche, antes de la batalla, la señora Tao le había contado una historia sobre su padre. Incluso si Erwin ya no estaba seguro de que el hombre del que hablaba fuera realmente su padre, quería creer que el resto de sus palabras eran sinceras. Si lo que había dicho la mujer era cierto y era posible pedir a los dioses que Levi volviera a ser humano, también debería poder pedirles que le permitieran quedarse a su lado. Aún si antes de ese viaje Erwin no creía en cosas como los dioses y poco o nada sabía sobre los otros dioses de aquella montaña, estaba seguro de que, si les explicaba su situación, le permitirían quedarse con Levi, quien durante siglos había desempeñado una excelente labor protegiendo la montaña y, sin duda, merecía ser feliz.
—Mike —lo llamó Erwin con urgencia, casi corriendo hasta donde él y sus otros compañeros se encontraban descansando.
—¿Sucedió algo? —preguntó Mike al verlo tan agitado, pero Erwin no tenía tiempo de dar explicaciones.
—¿De verdad pueden encargarse de todo? —preguntó y, aunque tardaron un momento en comprender a qué se refería, tanto Mike como Nile asintieron. —Excelente. Entonces, vayan al cuartel y expliquen todo lo sucedido, pero omitan todo el asunto de los dioses o la guerra contra los animales o nadie los tomará en serio.
—Ya lo sabemos —se quejó Nile rodando los ojos, pero no pudo evitar sonreír por el renovado ánimo de su amigo.
—¿Por qué no se los dices tú mismo? Tenemos algunos días antes de llegar para planear lo que diremos —dijo Mike, aún sin entender lo que pasaba por su mente.
—¿Está todo bien? —preguntó Moblit, también confundido por las palabras de su superior.
—Él no vendrá —dijo Nile con certeza, provocando una expresión llena de asombro en sus amigos.
Luego de ver cómo aquel barco se alejaba por varios minutos, Levi suspiró y se dio la vuelta para volver al claro. El resto de los tigres que lo acompañaban ya se habían retirado y sólo unos pocos seguían observando con alegría a los extranjeros abandonar sus tierras. Era hora de que todo volviera a la normalidad.
—¿Cómo estás, Bai Hû? —preguntó una voz a sus espaldas, y Levi se detuvo aunque no giró de inmediato para encarar a la recién llegada. Cuando al fin la vio, la mujer le ofreció un puñado de cerezas. —Toma, a veces un poco de dulce es suficiente para sentirse mejor.
Levi aceptó las frutas y, evitando su pregunta, respondió: —Todo estará bien ahora
—El comandante es un buen hombre, muy diferente a cualquiera que hubiera conocido antes —dijo la diosa con una sonrisa que la hacía ver como si estuviera guardando un secreto—. Un hombre como ese es difícil de encontrar, digno de un dios.
Levi arqueó una ceja, confundido por sus palabras. No podía decir con certeza si estaba tratando de convencerlo de irse con Erwin o si lo estaba poniendo a prueba para saber si elegiría quedarse en la montaña. Sin embargo, antes de que pudiera decir cualquier cosa, la mujer se dio vuelta y se marchó, dejándolo solo con sus pensamientos. Al menos en una cosa, Levi tenía que darle la razón, Erwin era un hombre sin igual.
Mientras tanto, Erwin había tomado una decisión y nada podría detenerlo. Mientras desataba una de las barcas de emergencia con ayuda de Nile, quien había evitado que saltara directamente al mar para volver nadando, el ahora ex-comandante se convencía a sí mismo de que estaba haciendo lo mejor y que todo estaría bien, incluso si él no regresaba. Además, siempre podían decir que había muerto en la batalla.
—Buen viaje, espero que todo salga bien —dijo una vez que estuvo listo para irse. Incluso si lamentaba que esa sería la última vez que los viera, Erwin confiaba en que los tres tendrían un brillante futuro por delante sin importar si decidían abandonar el ejército o no.
—Lo mismo para ti, no dejes que esos tigres te conviertan en su cena —respondió Nile, e inmediatamente después los cuatro se abrazaron como despedida.
—Buena suerte —dijeron Moblit y Mike justo antes de ayudarle a bajar la barca al mar.
Mientras lo veían alejarse remando con entusiasmo, los tres rieron con ganas. Jamás pensaron que llegaría el día en que tendrían que despedirse para siempre de él, mucho menos después de todo lo que habían vivido los últimos meses, pero, por otro lado, estaban sinceramente felices por él, porque nunca antes lo habían visto tan feliz como cuando estaba con Levi. Sin importar lo que pasara ahora, tan solo esperaban que pudieran ser felices juntos.
Erwin remó tan rápido como le era posible. Aunque no se habían alejado demasiado todavía, le tomó varios minutos llegar a la orilla. Apenas puso un pie de vuelta en tierra firme, saltó de la barca y salió corriendo hacia la montaña, teniendo en mente tan solo la idea de volver a ver a Levi, de decirle que lo elegía a él por sobre todas las cosas.
En el bosque, Isabel y Farlan seguían a su padre en silencio de vuelta al claro cuando notaron un aroma familiar que parecía estar aproximándose hacia ellos. Al principio pensaron que el aroma de Erwin había quedado impregnado en el lugar por el tiempo que pasó allí, pues no creían que fuera posible que estuviera de vuelta cuando acababan de ver su barco zarpar, mas cuando escucharon el sonido de pasos apresurados acercándose, ambos se detuvieron de inmediato. Un momento después, Erwin pasó corriendo a pocos metros de ellos, dirigiéndose directamente hacia Levi.
—Increíble —dijo Farlan, mientras que Isabel estaba demasiado sorprendida como para responder. Acababan de verlo partir, pero él estaba allí, de regreso. De vuelta en casa.
Levi también se había detenido en cuanto lo escuchó correr hacia ellos, pero antes de que pudiera procesar lo que estaba pasando, Erwin corrió hacia él y, sin previo aviso, lo tomó de la mano y tiró de él para que se uniera a su alocada carrera.
—De prisa, Levi —dijo Erwin simplemente, y tiró de su mano de forma que Levi no tuvo más opción que empezar a correr con él si no quería terminar en el suelo.
—¿Pasó algo malo? —Preguntó el dios, pues no podía pensar en ninguna otra razón por la que Erwin haría algo tan precipitado como bajarse de un barco que ya había partido, tan solo para arrastrarlo montaña arriba. Sin embargo, Erwin no parecía tener intenciones de responder y no tuvo más remedio que dejarse guiar por él.
Luego de correr aparentemente sin rumbo por un par de kilómetros, Levi se dio cuenta de cuáles eran sus intenciones. Al parecer, Erwin no estaba corriendo sin razón y tampoco había ocurrido nada malo, pero si no lo detenía pronto, tenía miedo de lo que pudiera pasar.
—Detente, Erwin —pidió Levi a pesar de que, si quisiera, podría liberarse de su agarre con facilidad para encararlo. Pero, para sorpresa suya, Levi descubrió que en realidad no deseaba detenerlo hasta averiguar cuáles eran sus intenciones.
Pocos kilómetros después, Erwin finalmente obedeció y se detuvo. Por supuesto, aquello sucedió tan sólo porque habían llegado a su destino. Aún tomados de la mano, con Erwin respirando de forma agitada por el esfuerzo, los dos entraron al templo en la cima de la montaña. Antes de que Levi pudiera volver a preguntar qué estaba pasando, Erwin se dejó caer de rodillas frente al altar, sin atreverse a soltar la mano de Levi un solo instante por miedo a que se fuera.
—Honorables dioses de la montaña —comenzó Erwin, sin tener idea de lo que se suponía que hiciera o dijera, dejándose guiar por los sentimientos que guardaba en su corazón—. No puedo irme lejos luego de haber conocido a Levi.
»Él es más de lo que alguna vez pude imaginar. Es alguien a quien puedo admirar y a quien le confiaría mi vida sin dudarlo. Cuando estoy con él, el mundo toma una perspectiva diferente. A su lado aprendí a ver las cosas de una forma distinta, a apreciar los regalos que la naturaleza nos ofrece y a luchar por las causas correctas. A su lado puedo ser mejor de lo que nunca había sido, y de verdad deseo que siga siendo de ese modo por el resto de mi vida. A cambio, aunque no tengo nada que ofrecer, me comprometo a hacerlo feliz, a adorarlo como mi único Dios.
Leví, quien temía que Erwin pidiera que volviera a ser humano en contra de su voluntad, estaba abrumado y confundido. Aunque sus palabras llenaban de calidez su corazón, no podía simplemente aceptar que decidiera algo tan importante por su cuenta.
—Detente, Erwin —pidió, cada vez más ansioso por lo que pudiera suceder, pero Erwin sólo lo ignoró y continuó con sus plegarias.
—Por eso, quiero implorar su misericordia para que me permitan estar a su lado por el resto de mi vida.
—Por favor, Erwin, no hagas esto —insistió, preparándose para liberarse de él antes de que fuera demasiado tarde. Pero lo que vino después lo tomó por sorpresa de tal forma que su plan de soltarse murió tan rápido como había sido concebido.
—Permítanme entregar mi vida a él. Conviértanme en un tigre, o en un árbol, incluso una flor estaría bien. Cualquier cosa está bien siempre y cuando pueda quedarme a su lado.
La certeza en su voz, la convicción en su mirada, fueron más que suficiente para demostrar que no había dicho esas palabras por un simple impulso. Levi estaba impactado. Nunca, en los cientos de años que había vivido, pudo siquiera imaginar que alguien estaría dispuesto a hacer semejante sacrificio por él. Pero no por eso podía aceptarlo, pues no deseaba que Erwin hiciera algo de lo que después pudiera arrepentirse.
—No seas tonto, vamos a hablarlo con calma —pidió, pero lo único que consiguió fue que Erwin llevara la mano que estaba sosteniendo hacia sus labios para besarla con reverencia.
—Lo único que deseo, Levi, es quedarme a tu lado tanto como los dioses lo permitan y tú me aceptes —respondió, mirándolo con intensidad.
Tras ponerse de pie, Erwin abrazó a Levi por la cintura y lo besó con ansias, aferrándose a sus labios como si de ellos brotara el néctar de la vida eterna. Levi, por supuesto, le correspondió con la misma intensidad. Los otros dioses, al ver que sus sentimientos eran mutuos y genuinos, bendijeron su unión.
El tiempo en la montaña parecía pasar mucho más lento que en el resto del mundo. Los cachorros que hasta hace poco eran nada más que diminutas bolas de pelo, ya habían crecido lo suficiente para comenzar a cazar por su cuenta. Isabel y Farlan, como sus padres adoptivos, los habían acompañado para enseñarles la forma correcta de vigilar a sus presas, esperando el momento justo para atacar. Sin embargo, sus cachorros parecían más interesados en jugar entre ellos que en conseguir algo de comer. Cuando por fin parecía que iban a tomar en serio aquella cacería, dos de ellos terminaron chocando contra las piernas de un hombre.
—Ustedes dos no cambian, siempre terminan golpeándose —se lamentó Levi, soltando un suspiro exagerado.
Los tigres más pequeños, al notar la presencia de su padre, de inmediato se tranquilizaron y mostraron sus respetos hacia el dios. Farlan rió internamente por lo exageradas que habían sido sus reverencias, pero no se contuvo de felicitarlos, pues estaban aprendiendo bien.
—Bien hecho, siempre deben honrar a nuestro padre.
—Ellos siempre han respetado a nuestro padre —se quejó Isabel, pero no tardó en reír por lo graciosos que lucían haciendo reverencias sin parar.
Levi no dijo nada más y, de inmediato, tomó su forma de tigre para unirse a ellos. Entre juegos y sabios consejos, Levi aprovechó toda la mañana para ayudarles a atrapar un par de conejos y un ciervo pequeño. Los cachorros estaban extasiados por lo que habían logrado, sobre todo, porque habían tenido oportunidad de jugar con su padre.
—Míralos, más que sus hijos, parece que fueran sus nietos —se quejó Farlan. Isabel rió con ganas ante esa declaración, claramente llena de celos, pero Levi, que ya había vuelto a su forma humana, lo miró indignado.
—Soy demasiado joven para ser su abuelo —se quejó el dios haciendo una mueca.
—Yo también pensaba que era demasiado joven para ser padre cuando decidí adoptar a todos tus hijos, pero aquí estoy, con mis nietos y mi esposo —dijo Erwin medio en broma, apareciendo detrás de ellos.
Erwin vestía un hanfu de seda en color azul con detalles plateados, y aquello no sería relevante de no ser porque, aunque llevaba ya más de un mes viviendo en la montaña, todavía se negaba a usar esa clase de atuendo tan elegante, lo cual era una pena, pues Levi lo encontraba especialmente atractivo cuando vestía de esa forma, justo como en se momento, en que era incapaz de apartar la mirada de su imponente figura.
En el momento en que lo vieron, los cachorros corrieron hacia él y comenzaron a correr a su alrededor para llamar su atención. Erwin, encantado con sus atenciones, hizo brotar un poco de agua fresca para ellos. Levi se acercó a él y, tras agradecerle por ese gesto, le dio un descarado pellizco en la cadera con el pretexto de acomodar su ropa.
Todavía no podía creer que aquello fuera verdad. Algunas veces, cuando se permitía dormir un poco, Levi despertaba con miedo de que todo hubiera sido un sueño, tan solo para encontrarse con que Erwin dormía profundamente a su lado, pues aún no se acostumbraba a la idea de que no necesitaba dormir cada noche. Pero todo estaba bien, después de todo, tenía todo el tiempo del mundo para acostumbrarse y, de cualquier forma, no le molestaba descansar sobre su pecho mientras él dormía.
Aquella vez en el templo, sus rezos habían sido escuchados por los dioses. Erwin, tal como había pedido, recibió su permiso para quedarse en la montaña, mas aquello no fue todo lo que obtuvo. Mientras que él no esperaba nada más que poder estar junto a Levi, su valentía y humildad fueron suficientes para que los dioses decidieran que era digno de ascender.
Así, Erwin se convirtió en la deidad que protegería la montaña junto al Dios del Oeste, el nuevo Dios del Río. Desde entonces, gracias a su dedicación, Erwin había conseguido una nada despreciable cantidad de devotos en poco tiempo, lo que ayudó a que su poder creciera y, luego de tantos años, el río que había estado a punto de secarse volvió a ser tan frondoso como antes gracias a él.
FIN
Muchas gracias a todos los que leyeron esta historia hasta el final, en especial a los que tuvieron que soportar todos los meses de espera. Después de tres años, al fin pude escribir esa última escena, que fue la primera idea que tuve para este fic.
Aunque admito que en algún momento perdí el interés en continuar, disfruté mucho escribiendo los últimos capítulos, espero que al leerlos también les hayan gustado y que el final haya sido satisfactorio.
Cualquier crítica constructiva o comentario es bien recibido. También quiero decir que ya tengo mi próximo fanfic escrito hasta la mitad, pero ya aprendí la lección y no publicaré hasta tenerlo terminado, así que espero pronto poder subirlo. Por último, estoy subiendo mis primeras historias a AO3, así que me disculpo por el spam a quienes me siguen ahí.
Nuevamente, gracias por leer.
