Seis meses habían pasado desde destierro de Katarina Claes.

Y no había sido nada fácil para Keith Claes, su hermanastro. ¿La extrañaba? Claro que no, ni en un millón de años desarrollaría alguna clase de apego por la castaña, de hecho, la falta de interacción entre ellos a través de toda su adolescencia había logrado que no le afectase para nada la ausencia de la joven noble.

Aun así, eso no era lo que estaba en su mente.

….

El día del destierro, él fue un testigo y no se atrevió a defender a la chica Claes, claro que realmente no tomo en cuenta la seriedad de las palabras del príncipe y cuando arrastraron a su atónita hermana fuera de la academia él estaba igual de confundido que la mayoría de nobles. Inmediatamente choco miradas con María, la dulce manzana de la discordia que había logrado interesarlo a lo largo de ese año.

Aparentemente, él no era el único tras la chica.

Pero teniendo tantas de donde elegir, prefería no quejarse en ese momento, no con el favor del príncipe Gerald hacia ella. Aun así, no pudo evitar notar el claro ademan de María de acercársele, su mirada denotaba clara pena y desconcierto y Keith supo que la tierna rubia no estaba consciente de lo que sería de su despiadada hermana. Porque la dulce María , a pesar de no entender el peso social que un exilio como castigo podría representar, nunca pensaría en un castigo para alguien, las únicas palabras que podría imaginarla decir era el perdón y redención.

Suspiro cansado, al saber que era su deber informarle al duque Claes sobre esto y busco con la mirada a la criada de Katarina. Clara fue su sorpresa al verla gritando de lo más exaltada hacia al carruaje que partía.

Siempre había visto en el rostro de Anne una frialdad excesiva para con él o con cualquier persona que no fuese su ama, Katarina. Recuerda haberle tenido un gran temor en general a todos los criados de la mansión Claes, pero había algo en Anne que lo aterraba profundamente. La mirada que le dedicaba era diferente a la pena oculta bajo indiferencia que normalmente le dedicaron toda su infancia, Anne siempre había sido arisca con él. Sus ojos eran una advertencia constante para el chico.

Por ende, encontrarla tan trasparente en ese instante lo hizo pensar la repercusión de todo seriamente. Quiso alcanzarla, pero la vio cruzando unas cuantas palabras con la duquesa Sienna e inmediatamente tomo un carruaje.

Se sintió insignificante, un fastidio creció en su ocho al verse ignorado y una vez que la criada partió, observo el desastre que se formaba en la fiesta. Aparentemente ambos príncipes se encontraban discutiendo, por más que la indiferente sonrisa de Gerald quisiese ocultar este hecho, y María parecía completamente pérdida, Lady Mary, aunque algo fría hacia la rubia, se dio la tarea de estar a su lado e intentar aliviar el ambiente. Más en su rostro se apreciaba un claro desconcierto y posiblemente estuviese simpatizando con su hermana, pues no era secreto para nadie que si alguien podría competir con el desbordante amor de Katarina hacia el príncipe Gerald seria Lady Mary, aunque su prometido no pueda apreciar aquello.

Inmediatamente se vio rodeado del sequito de su hermana, con quienes había llegado a tener una relación bastante….efímera, al menos con la mayoría de aquellas jóvenes nobles. Aunque gran parte de ellas preferían mantenerlo en secreto, pues de lo contrario su hermanastra las hubiese arrastrado por los pelos y e insultado gravemente, o al menos eso imaginaba Keith que haría.

Todas las chicas lo veían esperanzadas, como esperando que el hiciese algo. Pero, ¿que podría hacer el joven duque contra la palabra de un príncipe? Por más que quisiese disfrutar de su nueva tranquilidad, conocía del amor eterno del duque hacia su hija y un juicio pronto se llevaría a cabo.

Como siempre, este era un asunto de la familia Claes, y aunque el fuese el heredero, estaba excluido de todo esto.

Se retiró del lugar, prefiriendo ir hacia el ducado en persona e intentando ignorar en sus momentos a la cantidad de nobles que susurraban entre ellos y lo miraban con pena, subió al carruaje. La última persona que observo fue la joven Sienna, quien, aun con lágrimas en los ojos, le dirigió la misma mirada de fastidio que Katarina le hubiese dedicado.

No por algo eran buenas amigas.

Keith había sido tratado como un monstro gran parte de su vida, constantemente molestado e ignoraba por sus primera familia aquello resulto en un desborde de su magia que casi termino en la muerte de un infante. Por ende tuvo miedo, cuando el duque Claes le adopto, le explico que el seria su próximo heredero y que a partir de ese momento vivirían en su mansión.

No quería hacerse expectativas, pero con la actitud afable del duque fue algo bastante difícil.

Así que cuando fue presentado ante Katarina no supo realmente que esperar.

¿Hermano? – fue lo único que recibió como respuesta ante su presentación de parte de la niña, tenía unos ojos afilados de color turquesa que lo analizaron con el ceño fruncido y su nariz de movió de manera graciosa, como un conejo, pero en aquel momento decido no decir nada al respecto.

Si, Katarina, el será tu hermano. ¿No habías dicho que deseabas tener a alguien con quien jugar? – Dijo nervioso el duque.

UN PONY… - Exclamo la niña. – Me refería a una mascota, escuche que el príncipe Gerald estaba tomando clases de equitación y te dije que YO también quería hacerlo. – El tono aniñado y molesto cohibió a Keith, más aun cuando le dirigió su mirada llorosa. - ¿Qué se supone que voy a hacer con este niño? Ni siquiera se ve bien alimentado, no podría cargarme aunque quisiera. –

Keith se sintió nervioso de repente, y el duque Claes comenzó a sudar, odiando ver a su hija llorar, cuando ella comendo a exigir que devolviese al niño, solo mando a Keith con un criado hacia su nueva habitación, mientras Luigi intententaba calmar a su hija, prometiendo que tendría su caballo para la siguiente semana.

En camino, se encontró observando la mansión Claes, tan ensimismado que choco con la falda de la criada cuando esta se detuvo para inclinarse.

Buenas noches, duquesa Claes. –

El, más curioso que nada, se asomó levemente para ver a la mujer. Ojos afilados y muy parecida a la niña que acaba de encontrar. Cuando sus miradas cruzaron, aquel porte elegante cambio inmediatamente a una extremadamente frio. Incluso la temperatura de la habitación decreció, haciéndolo temblar e inclinarse al no poder soportar el contacto visual.

¿Y este mocoso? – pregunto, con voz gélida y arrastrando las palabras.

E-el duque lo trajo hoy, dijo que el seria el próximo heredero de la casa, duquesa, debido al compromiso de Lady Katharina…. – Con cada palabra, los ojos zafiro de la mujer parecía penetrar en el cuero del niño cada vez más, sintiendo como la tensión podría cortarse con un cuchillo y su cuerpo le pesaba cada vez más.

….Vete. – Fue lo último que escucho de aquella mujer, antes de que siga su camino y no le dirija palabra a él.

Mientras la duquesa llegaba al final del pasillo, vio sus hombros temblar, pero prefirió no decir nada más.

….

La relación con la menor de Claes no comenzó de la mejor manera, pero luego de que la niña recibiese el animal y comenzase con sus clases de equitación, esta misma lo comenzó a observar a lo lejos. Si bien las actividades del pequeño Keith consistían en vagar por la mansión o leer uno que otro libro en su habitación, noto la mirada de Katharina sobre él, y aquello solo lo aterraba ¿Habría hecho algo malo? ¿Planeaba molestarlo como en su primer hogar?

Papa, ¿Por qué mama no baja a desayunar hoy tampoco? – El silencio sepulcral de aquella mañana fue roto por la señorita. No recibió respuesta hasta luego de unos momentos.

Estoy seguro de que tu madre se ha encontrado cansada estos días, no he tenido la oportunidad de hablar con ella, pero no debe ser nada grave.- El mismo duque le restó importancia al asunto. Y dándole una rápida mirada a Keith, agrego. - ¿Por qué mejor no le enseñas a tu hermano tu nuevo caballo, dulzura? –

La niña pareció caer en aquella distracción y desvió su mirada hacia el jovencito. Miro el plato, sin haber sido tocado aun y le dijo.

Necesitas comer más si vas a acompañarme, no necesito que seas una carga. – Se llevó un pedazo de carne a su boca y su hermanastro la imito inmediatamente. – Aunque eres demasiado adorable, podría hacerte un cambio de imagen. Tengo unos vestidos viejos que se verían bien en ti. – Señalo con una sonrisa, inconsciente de la risita nerviosa de su padre o del como el mismo niño se sonrojo fuertemente ante el alago.

T-tu también eres muy adorable, L-lady Katarina. – El pequeño oji-violeta murmuro, inseguro de la respuesta que recibiría.

Ante todo pronóstico, la chica parpadeo algo aturdida, pero inmediatamente sonrió con superioridad.

Obviamente, no hay niña más linda y adorable que yo, Keith. No por nada, estoy comprometida con el príncipe Gerald. – Katarina termino de comer y saltó de la silla, para preocupación de Anne. - Termina tú comida rápido, te espero en el jardín. Te presentare a Rosalyne, la más tierna pony de todo el reino. – Rio con gesto infantil, y el niño logro relajarse finalmente cuando ella se retiró del salón.

El duque suspiro aliviado, e incitándolo a comer le dijo lo siguiente, dejándolo confundido y demasiado esperanzado para lo que su pequeño corazón podría aguantar.

Le caes bien a Katarina, gracias al cielo. -

Alimentar a Rosalyne, pasear por los jardines, escabullirse por la mansión e incluso escuchar a la mimada niña llorar cada vez que hacia un berrinche. No veía casi nunca al duque, debido a que comenzó a viajar como el comerciante que era y ni un solo día compartió comida con la duquesa. Cosa que, finalmente, pareció afectar a su hermanastra. Aunque parecía ocultarlo, fue un día en que se encontraban leyendo un libro ilustrado en el jardín, los pasteles y él te dispuestos sobre un manto en el césped. Cuando escucho a la niña gimotear en medio se la lectura.

¿Katarina? – Pregunto el, tímido, sin sentirse lo suficientemente en confianza como para llamarla de otra manera, pero con el permiso de la chica de obviar el lady.

Mama solía leerme este libro…. – El ceño se mantenía fruncido, aun cuando las lagrimar caían por sus mejillas. – Ahora se niega a salir de su habitación o de verme. Todo desde el día en que tú llegaste. – Lo último lo dijo inconscientemente, demasiado inmersa en sí misma como para pretender que aquello podría ser una acusación. – No entiendo que está mal con ella. – Keith, quien sintió repentinamente el peso de la culpa, seco las lágrimas de la Claes y la incito a romper la dieta a la que se había puesto la chiquilla debido a aquel príncipe suyo.

Comieron, olvidando aquel desliz bajo la insistente mirada de Anne, unos metros atrás suyo. E intentando cambiar de tema, terminaron hablando sobre la magia y del como ella no estaba realmente interesada en mejorar sus propias capacidades, pero que si le encantaría que el hiciese uso las suyas para su mero entretenimiento.

Papa dijo que tú tienes habilidades mágicas, ¿verdad? – Keith asintió, tímido al respecto. – Entonces, yo no tengo que preocuparme por aquello. Tú me protegerás si algo me pasa – Nunca fue una pregunta, era una declaración lanzada al aire, que fue llevada por el viento veraniego y reforzada por las siguientes palabras. – Después de todo, somos hermanos. –

Algo dentro de Keith se sintió cálido, una pequeña chispa de esperanza que surgió de repente e intento aferrarse a la niña. Dispuesto a hacerla sonreír otra vez y que olvidara la ignorancia de su madre para con ella.

Cuando la idea de mostrarle una parte de sus habilidades la mañana del día siguiente, como una sorpresa, en un encuentro clandestino mientras alimentaban a Rosalina, surco su mente. Ignoro la voz del duque que le repetía mentalmente no hacer uso de ellos hasta tener un tutor, ignoro su poca fuerza de voluntad ante cualquier pedido que Katarina le fuera a hacer. E ignoro la propia magnitud de sus golems de tierra.

Y cuando la mocosa corrió hacia ellos, completamente maravillada, su risa fue sofocada abruptamente. No escucho las advertencias de Keith y el, en pánico, fue incapaz de detener aquello que lo dejo hecho piedra. Lo siguiente que escucho fueron los gritos de Anne y de otros varios criados que habían ido a buscarlos.

Esa mañana, Keith pudo ver el manto naranja del alba reflejados, no en los ojos turquesa de la peculiar niña, sino en el resplandor de su sangre. Que se extendía bajo sus pies rápidamente, manchándolos en el proceso. La herida en su frente abierta nuevamente y su frágil cuerpo desfallecido.

El golem se convirtió en cenizas y él se desmayó.

Cabe resaltar que nadie lo sujeto.

Luego de una semana de su regreso de la academia, dándole al duque su testimonio y encerrándose en aquella habitación oscura donde había crecido. Le pidieron que bajase a cenar. Palabras que se habían vueltos ajenas a él, resonaron en su cabeza. Pasivo, hizo caso a estas y se encontró con ambos Claes lanzándose miradas significativas hasta que el finalmente tomo asiento lo más lejos de ellos.

No eres su hijo. – Había soltado Miridinane, temblando y sin despegar la vista de su comida. – Esos ojos tuyos son idénticos a los de mi marido y la primera vez que te vi yo pensé que…..no pensé, no pensé lo suficiente como para empujar mi orgullo a enfrentarme a mi marido. Te maltrate, hice que os sirvientes te ignoraran y te culpo de mi miseria siendo solo un niño – En este punto la voz de la mujer no eran más que lamentos lastimeros, apenados de sí misma, avergonzados.

Keith estaba atónito, con el miedo causado por las sombras de su infancia amarrándolo a aquella silla de comedor, no podía siquiera procesar lo que escuchaba. Aquellos ojos afilados que una vez lo miraron con odio puro y desprecio, lo evitaban con miedo a través de las gruesas lágrimas.

Inclusive ignore a mi propia hija y la puse en tu contra. –

Algo en la mente del heredero hizo clic, desbocando recuerdos que le encantaría olvidar. Incapaz de ver el cuerpo en mal estado de su hermanastra se ocultó durante mucho tiempo en su habitación. Luego de unas semanas lo sirvientes dejaron de llamar a su puerta y después de dos meses, parecían ignorarlo e incluso dejaban solo una comida ante la habitación. Hundido en su miseria, dispuesto aceptar cualquier castigo y reprimenda por la atrocidad que había hecho.

Cuando Katarina despertó, una inocente parte del pensó que las cosas podrían volver a cómo eran antes, pero su cuerpo se sentía demasiado pesado como para salir del cuarto, el miedo era más fuerte que él. No quería hacerle daño, no de nuevo, por eso ignoro las noches en que la niña grito a su puerto, desgarrando su propia garganta, llorando por una explicación, llamándolo cobrar porque quería verlo, solo cuando esta se cansaba, era arrastrada nuevamente al reposo por Anne.

Él era un cobarde.

Y Catarina tenía un límite, no toco su puerta otra vez y cuando volvieron a cruzar miradas, quizá cinco meses o más sin haberlo hecho, lo que encontró fueron unos ojos afilados y acusadores.

Parece que la rata bastarda ha salido de su agujero. – Fue lo que dijo ella, Sin dirigirle mirada alguna. Así comenzó el ciclo de humillación y abuso en la familia Claes, sin que nadie lo defendiese y sin que el mismo tuviese la fuerza de hacerlo.

Porque se lo merecía.

Era un monstro.

Así que cuando la mujer suplico por su perdón, al igual que el duque. Algo dentro suyo pareció cosquillearle, más el miedo de que en algún momento fuese a despertar seguía ahí.

Se sentía en un limbo, pues la noticio no quito ningún peso de encimas, más si pareció arrancar sus pies del suelo y dejarlo a la deriva.

Por ahora, había algo más importante para aquella disfuncional familia, ¿Qué sería de Katarina?

….

El trascurso de los meses fue doloroso para ambos progenitores. Keith estaba seguro de que la duquesa nunca antes había realizado tanto papeleo en su vida, mandándoles cartas a sus hermanas para tener el apoyo de aquellos ducados y recopilando simpatizantes, su tez se volvió pálida y de no ser por su esposo, seguro se olvidaría de comer. Al mes de vacaciones sin abandonar la mansión, había desarrollado una relación cordial con la duquesa, no cruzaban más palabras que meros saludos y formalidades. Ella aún era incapaz de verlo a los ojos, y no nunca había estado en situación similar.

Se vio obligado a ayudar al duque durante todo el verano, pues la noticia del secuestro de Katarina se esparció como polvero en los cuchicheos nobles. Inicialmente, perjudicaron tanto a la corona como al mayor implicado, el príncipe Gerald. Y si bien quisieron abrir la asamblea real inmediatamente para traer a Katarina, el historial de los guardias que la escoltaron y su voto de lealtad hacia su ducado fueron expuestos. Esta vez, siendo Gerald quien acusaba al mismo Ducado Cales de deslealtad hacia la corona. Puesto que, de haber sido el quien haya manipulado el falso secuestro de la joven y también la dispersión de rumores, podría ser acusado de difamación contra la reputación real.

Aunque para ojos de varios nobles y del mismo Keith, esto solo fue un movimiento para hacer tiempo, encontrar el paradero de Katarina y lograr encontrar pruebas suficientes para su acción. Lamentablemente, su jugada resulto exitosa, teniendo el apoyo de la corona, que no podría verse más en ridículo si tuviesen un juicio en ese momento sobre la joven Claes, la asamblea sobre el exilio de Katarina se retrasó hasta que el caso de los guardias fuera cerrado.

Aquello tomo unos cuatro meses de procesar, inspeccionar varias veces el camino que estos tomaron e interrogar más de tres veces a cada uno por sus versiones de lo que paso al día del supuesto secuestro.

El duque Claes, en ningún momento estuvo tras aquel plan, pero tampoco podría limpiarse las manos y como agradecimiento, se encargó de defender a aquellos que evitaron que su hija fuera llevada lejos de él.

….

El juicio resulto bastante intrincado, pero nada pudo probar que el duque estuvo detrás de eso y el secuestro finalmente fue dejado como un descuido de parte de los guardias, quienes solo recibirían un castigo medio como servicio al reino durante el resto del año.

Era un buen desenlace a decir verdad.

Aquello abrí el caso de Katarina, unos meses luego del empezase su segundo año en la academia. La gente murmuraba sobre él, y cada vez que el príncipe Gerald y el heredero Claes se encontraban en la misma habitación, el ambiente era gélido e incómodo.

Debido al estrés, su reciente intercambio de cartas con Miridinane Claes y sus estudios, no pudo seguir dedicándose a su fama de playboy por gran parte del año estudiantil. Varias mujeres habían acudido a su dormitorio para consolarlo por la pérdida de su hermana, más él nunca pudo aceptar a ninguna.

Encontrándose en periodo de investigación, el duque le contaba que aparentemente, queriendo limpiar la reputación el príncipe Gerald, la corona había estado buscando gente que estuviese en contra del ducado Claes para que testifiquen en contra de Katarina. Agravias su crimen y, según la escritura de Miridinane, entre ellas se encontraban varias jóvenes que, sospechosamente deliraban haber sido espichadas por el heredero y posteriormente acosadas por su hermana.

El dolor de cabeza de Keith solo incremento y, aunque no quisiese, se vio envuelto en la investigación a favor de su hermana.

….

Sabía que Lady Siena era cercana a su hermana, pero en ningún momento pensó en buscar su ayuda. Más cuando esa e presento frente a la puerta de su dormitorio invitándolo a una fiesta de té con varias señoritas, sintiendo la mirada pesada de a joven sobre el abanico que sostenía, no se pudo negar.

¿Se encuentra bien? – No se sorprendió que esa fuese la primeras palabras que la doncella le diriges, ni que la fiesta fuese únicamente entre ellos dos. No menciono nombre, por si las dudas. Aquella chica era lista. Keith tomo galante del té que le ofrecían, y su cabeza hizo una ligera y casi imperceptible inclinación.

Lady siena también tomo su taza como respuesta, mas vio como sus hombros se relajaban y el cómo sus ojos se llenaban de alivio.

Hasta donde sabia, el duque Claes había logrado intercambiar una sola carta durante el trascurso de esos seis meses, pues no pudo enterarse del paradero de su hija hasta estar seguros de que el juicio de las caballeros terminasen y , según la carta de la duquesa, recibió un respuesta corta, ambigua y precisa.

Katarina seguía viva.

Cosa que honestamente lo sorprendió, esperaba una respuesta extensa, llena de regaños y pedidos extravagantes de su hermana mas no, nada de eso recibieron. Citando la carta.

Estoy bien. No cometan ningún error.

Y seguido de una escritura igual de elegante pero más apresurada, había un pequeño

Cuidado.

Que podría ser identificado de tantas maneras, que prefiero no comerse la cabeza con lo que sea que Katarina quisiese decir.

Mi padre me explico la situación, sobre los falsos testimonios….- La chica se llevó una magdalena a los labios. El duque rebajaba en la corte real, así que no era raro que ella sepa de toda pequeño avance con respecto al caso de su amiga. – Y mi madre intercambio cartas con la duquesa Claes…. – Hizo un pequeña pausa, para mirarlo a los ojos, en una señal de desconfianza completa. – Me dijo que tú eras confiable. –

Lady Siena deposito un gran libro frente suyo, sin aclarar nada, Keith entendió a indirecta y lo tomo.

-Entiendo, no tiene de que preocuparse. – Dijo, no es como si tuviese planes de sabotear el retorno de su hermana.

Mucha gente pensó en un principio que el estaba del lado de la coreano, pues era clara la enemistad entre ambos jóvenes y, de regresar Catarina, el titulo de heredero serio o repartido o discutido entre ambos. Mas nada de eso le importa realmente, no era alguien codicioso y no se paró a pensar en la herencia ni un solo momento, no se esforzó nunca por él ni lo acepto completamente y no planeaba hacerlo ahora. Si fuese el que fuera exiliado y tuviese que comenzar una vida desde cero en otro país, aceptaría el destino amablemente.

Ninguna cruzo alguna palabra luego de eso Y una vez sus tazas estuvieron vacías, se despidieron con una reverencia.

El libro aquel, era solo una fachada, dentro de encontraban reportes, un horario minucioso y complot de todo aquello que la joven Clase realizo durante el año escolar pasado. Entrenamientos, testimonios, horas específicas, salidas, boletos de pago de restaurantes y óperas y demás. Inclusive los verdaderos acosos hacia la joven María.

No dejaba escapar un solo detalle de sus acciones y estaba seguro de que servirían para contraatacar las falso acusaciones que le harina. Tenían una coartada perfecta gracias a Siena y el solo admiro la gran amistad que su hermana había logrado forjar con la señorita. Aunque también podía apreciar el esfuerzo de varias jóvenes nobles, quienes dejaban notas, testimonios e incluso admitían sus propios deslices con tal de contar la verdad y buscar justicia para su hermanastra.

Antes de que el primer semestre terminase ya se había planteado un fecha para el juicio de la chica y era la comidilla de los chismes nobles. Una última carta del duque Claes le llego, y una vez la abrió, su cuerpo se puso rígido por completo.

Debido al trabajo del duque y el intenso estado de nervios de la duquesa el sería el encargado de acompañar a Ane hacia el pueblito donde aparentemente se encontraba su hermana. Y de paso, explicarle la situación, hasta q el veredicto final sea dado.

Sintió un hueco en el estómago y se paró a pensar. ¿En qué clase de ruinas se encontraría aquel lugar donde residía su hermana?

Pobre de aquellos desafortunados….lamentablemente, ahora el seria uno de ellos.