Capítulo Tres

El chico mago


—Y tú, además de una acosadora... ¿Qué eres? Pareces demasiado fuerte y rápida para ser una chica normal —respondió él con la respiración agitada, sin soltar su espada.

Sakura se enfureció y sintió la mano de Tomoyo rodeando su brazo.

—Sakura, tranquila. Piensa que él no entiende nada y todavía no ha podido olerte —susurró su amiga cerca de su oído.

Ella respiró profundamente, intentando relajarse. Volvió a mirar al chico, que las observaba con mala cara.

—No soy ninguna acosadora. Si me dejas, te lo puedo explicar —propuso Sakura en voz baja, tratando de no volver a asustarlo.

Él levantó la espada de forma amenazadora, apuntándola hacia ella.

—Si te vuelves a acercar, te atacaré... y esta vez no fallaré.

Sakura cerró los puños con rabia. ¿Por qué él no la aceptaba? Cualquier licántropo ya estaría cubriéndola de besos.

—¿Cuántos años tienes? —preguntó Tomoyo con curiosidad, intentando calmar el ambiente.

Esa pregunta lo descolocó bastante y el chico vaciló.

—Tengo veinticuatro. ¿Y eso qué importa? ¿Vais por ahí abrazando a desconocidos y diciéndoles que os pertenecen? Estáis locas.

Las dos intercambiaron una mirada cómplice. Una sonrisa traviesa apareció en el rostro de Sakura y dio unos pasos hacia él muy despacio, intentando no asustarlo otra vez.

—Si me hueles, lo entenderás —murmuró, sin dejar de mirarlo a los ojos.

—¿Olerte? —repitió él, confundido.

Sakura dio otro paso más, pero él giró su espada hacia ella.

—Te he dicho que no te acerques —gruñó, enfadado.

—Huéleme —insistió Sakura. —Si lo haces, nos iremos y no volveremos a molestarte. Te lo prometo.

Él dudó, pero se acercó unos pasos, manteniendo su espada entre ellos.

—Tienes que acercarte más, si no tu olfato humano no lo notará —añadió Sakura.

—¿Es que tú no eres humana? —preguntó él, un poco asustado.

Ella se encogió de hombros.

—Una parte de mí lo es, pero eso no te interesa por ahora. Acércate un poco más.

—No te muevas —le advirtió el chico, frunciendo el ceño.

Sakura se cruzó de brazos y se quedó totalmente quieta, levantando una ceja.

Él dio dos pasos más e inspiró profundamente. Tras eso, sus ojos ámbar se abrieron mucho y dejó caer la espada de la impresión.

—¿Qué es ese olor? Es maravilloso —murmuró, mucho más confundido que antes.

—Soy yo. Huelo así porque estamos destinados a estar juntos —contestó Sakura, sonriendo.

En tres pasos cruzó la distancia que los separaba. Él intentó retroceder, pero estaba demasiado sorprendido como para reaccionar.

Sakura lo rodeó con sus brazos, notando que estaba algo tembloroso.

—No tengas miedo —susurró, mirándolo a los ojos.

Él se había quedado mudo. Pestañeó varias veces, incapaz de apartar los ojos de ella.

—¿Me dices tu nombre? —pidió Sakura con una sonrisa.

—S.. Sy... Syaoran —tartamudeó él, tragando saliva.

—Por fin te he encontrado, Syaoran. Llevo tiempo buscándote.

Muy despacio, Syaoran dio unos pasos atrás y se separó de ella, sacudiendo la cabeza.

—Yo... no entiendo nada, esto es muy raro —respondió en voz baja, mirando a su alrededor.

Sakura se agachó un momento y se volvió a incorporar con la espada en su mano.

Se la entregó a Syaoran mientras escuchaba a Tomoyo acercarse a ellos con cautela.

—Ten, ya te he dicho que no soy una acosadora. No tienes que defenderte de mí.

Syaoran agarró su espada y la puso entre sus manos, juntándolas lentamente hasta que desapareció por completo.

Los dos se miraron un momento a los ojos, sin decir nada.

—¿Y si vamos a otro sitio y lo hablamos tranquilamente? —sugirió Tomoyo, que ya estaba al lado de Sakura y observaba a Syaoran con curiosidad.

—Yo... he quedado con alguien ahora —respondió él, desviando la mirada.

Sakura frunció el ceño.

—¿Con quién?

—Con... con mi prometida.

Sakura cerró los puños, sintiendo que la rabia la invadía.

—¿Prometida? —gruñó entre dientes, enfadada.

¿Qué demonios estaba diciendo ese humano?

—Sakura, relájate o te transformarás y le podrías hacer daño —murmuró Tomoyo, inclinándose para hablarle en el oído.

—¿Transformarse? —preguntó Syaoran, dando unos pasos hacia atrás y frunciendo el ceño.

Sakura cerró los ojos un momento para intentar tranquilizarse y suspiró. Al volver a abrirlos, se fijó mejor en el chico que tenía delante. Sus ojos eran de un color parecido al ámbar y sentía que se perdería en ellos si los miraba mucho tiempo. Y tenía un buen corazón, su olor se lo decía. Era perfecto para ella, no podía echar a perder su oportunidad. Tendría que ser comprensiva y tragarse todos los insultos que quería gritar.

—Debemos hablar, tengo mucho que explicarte.

Syaoran suspiró.

—No lo entiendo... ¿por qué siento esto? ¿Qué me has hecho?

Sakura y Tomoyo se rieron suavemente.

—Yo no te he hecho nada, ha sido la diosa Luna.

Ella volvió a acercarse a él, sujetando su mano. Un impulso eléctrico recorrió sus cuerpos cuando sus pieles se tocaron, haciendo que los dos se estremecieran.

—Tengo... tengo que hacer una llamada, y después podemos ir a hablar —aceptó Syaoran con voz temblorosa.

—De acuerdo —respondió Sakura, soltando su mano.

Syaoran se alejó unos metros y sacó su teléfono. Marcó y se lo acercó a la oreja, sin dejar de mirar a Sakura mientras hablaba.

Ella pudo oír toda la conversación gracias a su oído de loba, aunque no consiguió entender ni una palabra de lo que decían.

Apretó los dientes al escuchar la voz de una chica al otro lado de la línea. Seguro que era ella.

—Es muy guapo, Sakura —comentó Tomoyo, dándole un codazo.

—Sí, y está con alguien —gruñó ella con voz molesta.

—Bueno, tú has estado con Yukito hasta hace unos días. No pasa nada —contestó su prima, encogiéndose de hombros.

Sakura le lanzó una mirada de odio.

—¡No es lo mismo! ¡Lo mío no era nada serio, y él está comprometido! —chilló, enfadada.

—No puedes ponerte celosa, habla de todo esto con él. Estoy segura de que romperá su compromiso para estar contigo —susurró Tomoyo.

—¿Qué pasa? ¿Por qué chillas? —preguntó Syaoran, que ya había terminado la llamada y estaba caminando hacia ellas.

Tomoyo los observó un momento a ambos con gesto pensativo.

—¿Por qué no vamos a nuestro hotel? Allí podremos hablar tranquilamente —propuso con una sonrisa traviesa curvando sus labios.

Syaoran miró a Sakura, sintiendo cómo su pulso se aceleraba sin control. ¿Qué significaba eso? ¿Por qué se ponía así? Necesitaba respuestas.

—Está bien. No sé si es buena idea, pero iré con la condición de que no vuelvas a abrazarme —dijo, apartando sus ojos de ella.

Sakura resopló.

—De acuerdo, no volveré a acercarme tanto hasta que tú me lo pidas.

Los tres comenzaron a caminar en dirección al centro de la ciudad.


Fueron casi todo el camino en silencio, aunque Sakura y Syaoran no dejaban de mirarse de reojo.

Una vez en la puerta del hotel, Tomoyo carraspeó.

—Voy a ir un momento a comprar unas bebidas. Id subiendo vosotros —dijo antes de marcharse por la calle de al lado.

Los dos entraron en el hotel y se dirigieron al ascensor.

Una vez dentro, cuando las puertas se cerraron, Syaoran empezó a ponerse muy nervioso al estar tan cerca de Sakura. Ella lo notó y empezó a sonreír.

—¿Qué es lo que te hace gracia? —preguntó él, ofendido.

—Ver como tu cuerpo humano reacciona a mi presencia... es realmente fascinante —respondió ella, mirándolo a los ojos.

Syaoran tragó saliva, notando que se le aceleraba la respiración. Las puertas se abrieron y Sakura cogió su mano.

—Vamos, nuestra habitación está allí —dijo, sacándolo del ascensor y señalando el final del pasillo.

Caminaron hasta una puerta. Ella la abrió con una tarjeta y los dos entraron.

Sakura dio unos pasos hacia a su cama y se sentó en el borde. Syaoran, sin dejar de mirarla, caminó lentamente hasta la cama de Tomoyo y se sentó, quedando justo enfrente de Sakura.

—¿Por dónde quieres que empiece? —preguntó ella, arqueando las cejas.