Capítulo Cuatro
Dando explicaciones
—¿Por qué hueles tan bien? ¿Y por qué me siento así cuando te miro o cuando... cuando me tocas? —preguntó Syaoran en voz baja, algo avergonzado.
Todavía notaba un cosquilleo en su mano de cuando ella se la había sujetado al salir del ascensor.
—Ya te he dicho que no soy del todo humana. Los que son como yo están destinados a encontrar un compañero, un mate. De esa persona es de la única que podrán enamorarse, y si la encuentran, estarán juntos para siempre.
—Y yo... ¿soy tu compañero? —preguntó, nervioso.
Sakura asintió.
—Sí, lo eres. Te llevo buscando tres años, ahora entiendo por qué no te encontraba... estabas en otro país. Siempre he sospechado que no eras de Japón.
—¿Estás segura de que soy yo? ¿Cómo lo sabes?
Sakura le dedico una pequeña sonrisa.
—Por tu olor. Nadie más huele como tú.
Syaoran asintió, intentando asimilar toda esa información.
—Y qué es esto que siento? —murmuró, removiéndose con incomodidad sobre el borde de la cama.
—Aunque seas humano, yo también soy tu compañera, Syaoran. Es normal que sientas algo por mí. Ahora que nos conocemos, esos sentimientos se irán haciendo más fuertes cada minuto que pase.
Syaoran tragó saliva.
—Pero, yo... estoy con Meiling.
Sakura entrecerró los ojos, apretando los dientes.
—¿La quieres? —preguntó, conteniendo la rabia.
Syaoran suspiró.
—Estar con ella no fue mi elección.
Sakura volvió a sonreír.
—Tú también me estabas buscando inconscientemente. Seguro que por dentro te sentías extraño, incompleto... hasta hoy.
Syaoran sabía que ella tenía razón. Nunca había sabido por qué, pero desde su mayoría de edad se había sentido vacío.
Su madre lo había forzado a comprometerse con Meiling un año atrás, y él había intentado enamorarse de ella... pero no lo había conseguido.
Y ahora, cuando miraba a Sakura, sentía cosas que nunca había sentido al mirar a Meiling ni a ninguna otra chica.
—Todo esto es muy extraño —respondió,muy confundido.
—Lo sé. Para mí también es difícil de comprender, nada más verte sentí muchas cosas.
El corazón de Syaoran iba cada vez más rápido y la seguía mirando fijamente.
Sin pensarlo, se levantó y se acercó a ella, sentándose a su lado. Alargó una mano para acariciar su rostro, frunciendo el ceño. Necesitaba tocarla, para asegurarse de que no estaba soñando.
Ella no dijo nada y cerró los ojos ante el contacto, estremeciéndose levemente.
Sin darse cuenta, Syaoran cada vez estaba más cerca de ella. Cuando Sakura abrió los ojos, vio su rostro a solo unos centímetros del suyo, con la mirada recorriendo cada rincón de su cara.
Sakura se mordió el labio inferior con nerviosismo. No podía soportar su aroma, ni lo cerca que tenía sus labios.
Ella también alargó la mano y acarició el cabello de Syaoran, escuchando el jadeo que salió de su garganta al notar sus dedos entrelazándose entre sus mechones oscuros.
—Yo... yo... — tartamudeó él, muy nervioso.
—¿Puedo besarte? —preguntó Sakura en voz baja.
Syaoran abrió mucho los ojos, sorprendido. Miró a su alrededor y después bajó la vista hasta los labios de Sakura, y su corazón se aceleró todavía más. Suspiró y asintió lentamente.
Ella se acercó más, provocando que a él casi se le saliera el corazón del pecho al tenerla a menos de un centímetro.
La puerta de la habitación se abrió justo cuando sus labios se rozaron, sobresaltándolos a ambos.
—¡Ya estoy aquí! Traigo refrescos —dijo Tomoyo, entrando muy sonriente.
Se quedó helada bajo el marco de la puerta al ver lo que había interrumpido.
—Ay, no... ¡lo siento mucho!
Les lanzó un refresco a cada uno y volvió a salir de la habitación a toda prisa. Sakura empezó a reírse y Syaoran resopló, uniéndose a su risa.
—Me alegro de que nos haya interrumpido.
Sakura lo miró a los ojos, algo dolida.
—¿Y eso por qué?
Él suspiró, pasándose una mano por el pelo con frustración.
—Primero creo que debería hablar con Meiling... Necesito anular el compromiso. Ahora tengo muy claro que no puedo estar con ella.
Sakura asintió algo pensativa y Syaoran volvió a mirarla con curiosidad.
—¿No me vas a decir lo que eres?
Ella sonrió.
—Mejor otro día. Hoy ya tienes mucho que asimilar... ¿no crees?
Syaoran soltó un bufido.
—Esto parece un sueño muy raro.
—Te aseguro que no lo es —respondió ella, rozando una de sus manos con el dedo índice.
Syaoran volvió a sentir una sensación eléctrica recorriendo su piel.
—Eres... eres japonesa, ¿no? —preguntó, intentando disimular sus nervios.
—Sí, y no sabes cómo me he alegrado al ver que sabes hablar Japonés. Yo no sé decir ni una palabra en Cantonés —contestó Sakura, riendo suavemente.
—En mi familia todos sabemos hablarlo. Vivimos en Japón unos años, hasta que mi padre murió.
Sakura jadeó, sorprendida por ese dato. Levantó una mano y recorrió con ella el rostro de Syaoran unos segundos, desde la sien hasta la mandíbula.
—Siento oír eso... mi madre también murió cuando yo tenía tres años.
Syaoran la miró fijamente, pero no fue capaz de decir nada.
Sakura se levantó y cogió su teléfono, que estaba en la mesita de noche.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó él, observándola.
—Intento cancelar mi vuelo de vuelta. Quiero quedarme unos días más aquí contigo, hasta que decidas lo que vas a hacer —murmuró ella mientras tecleaba en la pantalla.
—Y... ¿qué es lo que tú quieres que haga?
Ella lo miró a los ojos, arqueando una ceja.
—Quiero que vengas conmigo a Japón.
Syaoran palideció.
—¿Irme... a Japón? ¿Contigo?
—Es la única forma de que estemos juntos. Yo no puedo abandonar a los míos... pronto entenderás a lo que me refiero.
Syaoran resopló, pero no hizo más preguntas.
—Esto es una jodida locura.
Sakura le dedicó una gran sonrisa.
—Una locura jodidamente maravillosa, ¿no crees?
Cuando Tomoyo volvió a la habitación, ayudó a Sakura a explicar lo que significaba ser mates y le contó a Syaoran todo lo que ella sintió al cumplir dieciocho años y ver a Eriol otra vez.
Después de pasar tanto tiempo juntos, lo que Syaoran sentía por Sakura se había hecho más fuerte y él no podía evitar querer estar cerca de ella. Estuvieron sentados en la misma cama todo el rato, hasta que los tres decidieron marcharse de allí.
Unas horas más tarde, iban caminando por las calles de Hong Kong en dirección a la casa donde vivía Syaoran.
—Oye, Sakura. ¿Cuántos años tienes? —preguntó él, sospechando que era unos años más joven.
—En abril cumplí veintiuno —respondió ella, sonriendo.
—¿Y tú, Tomoyo? —añadió Syaoran, mirando a la que hacía un rato había descubierto que, además de su amiga, era su prima.
—Los mismos que Sakura. Yo llevo tres años con mi compañero... creo que cuando os conozcais os llevareis bien —dijo ella, alzando una ceja.
—¿Él es humano o es como vosotras?
Tomoyo sonrió.
—Es como nosotras, pero en nuestra comunidad también hay algunos humanos como tú.
Unos minutos después, Sakura y Tomoyo se asombraron al ver que estaban ante una gran mansión rodeada por una verja de hierro, con un jardín enorme lleno de árboles de diferentes especies y varias fuentes.
—Eres rico —susurró Tomoyo.
Syaoran resopló.
—Yo no, mi madre lo es.
—¿Estás seguro de que es buena idea que vengamos contigo? —preguntó Sakura, algo indecisa.
Dudaba mucho que a su madre le gustara descubrir que Syaoran iba a romper el compromiso por su culpa.
—Sí, será más fácil explicar todo si tú estás ahí —respondió él, mirándola a los ojos.
—Y yo no me lo quiero perder por nada del mundo —añadió Tomoyo, riendo entre dientes.
Sakura puso los ojos en blanco y Tomoyo se rio más fuerte.
Un minuto después, uno de los mayordomos les abrió la puerta principal dejándolos pasar. Vieron a una mujer alta y muy bella acercarse a ellos con rostro serio.
—Madre, te presento a Sakura y a Tomoyo —murmuró Syaoran, acercándose a ella y señalando a las dos chicas.
Su madre las observó un momento antes de extender su mano.
—Encantada de conoceros, yo soy Yelan Li —dijo mientras estrechaba sus manos.
Después volvió a mirar a su hijo.
—¿Son compañeras de trabajo? Por cierto, me tienes que explicar por qué has cancelado tu cita con Meiling. Me ha llamado muy dolida hace unas horas.
Syaoran negó con la cabeza.
—No son del trabajo. De hecho tengo que contarte algo, yo...
—¡Syaoran! —gritó una voz femenina a lo lejos.
