Capítulo Cinco

Los Li


Una chica de ojos carmesí y pelo negro se abalanzó sobre Syaoran, haciendo que los dos cayeran al suelo.

—¡Llevo horas esperándote! —gritó, rodeando su cuello y besándolo.

Sakura sintió que la sangre le empezaba a arder en las venas y cerró los puños, apretando los dientes. Notó un apretón en su mano derecha de Tomoyo, recordándole que se relajara.

—¡Meiling! ¿Qué haces aquí? —preguntó Syaoran, intentando apartarla para levantarse.

La chica aflojó su agarre y los dos se incorporaron, poniéndose de pie.

—Llegué hace un rato. Quería verte y vine a esperar a que volvieras de esa reunión que te ha surgido esta tarde tan de repente.

Meiling se giró, mirando fijamente a Sakura y a Tomoyo con el ceño fruncido.

—¿Quiénes son ellas? —preguntó, señalándolas.

Sakura le dedicó una sonrisa malvada, retándola con la mirada.

—Bueno, es mejor que estés aquí, así puedo explicártelo a ti también... creo que es buena idea que nos sentemos —dijo Syaoran, mirando de reojo a Sakura.


—¿Quieres romper tu compromiso con Meiling? ¿Se puede saber por qué? —preguntó Yelan, furiosa.

—Lo siento, madre... no puedo casarme con ella, no la quiero.

Meiling lloraba en silencio.

—¡Yo sí te quiero, Syaoran! —gritó, entre sollozos.

—Sabes que yo a ti no. Nuestro matrimonio habría sido una farsa y estoy seguro de que habría terminado mal —contestó él en voz baja.

Meiling bajó la mirada y no dijo nada más.

—Esto va a ser un escándalo. Lo acordamos hace un año... ¡y no se puede romper un compromiso tan importante! —chilló Yelan.

Sakura resopló con molestia y Yelan giró la cabeza, mirándola con mala cara.

—¿Se puede saber qué pintan ellas dos en esta conversación? —preguntó, volviendo a mirar a su hijo.

—Verás... me he dado cuenta que siento algo por Sakura. Por eso estoy haciendo esto.

Yelan y Meiling lo miraron fijamente, sorprendidas.

—¿Me has engañado con ella? —chilló Meiling, levantándose y corriendo hacia Sakura.

Ella también se puso de pie, echando chispas por los ojos. Aunque no entendía ni una palabra de lo que estaban diciendo, se lo podía imaginar, y estaba deseando tener una excusa para patearle el culo a esa idiota.

Syaoran se interpuso entre las dos.

—¡No te he engañado! Entre ella y yo no ha pasado nada, antes quería hablar contigo —aclaró, mirando a Meiling a los ojos.

—Me da igual lo que digas, hijo. Si no cumples el compromiso y deshonras a la familia, perderás tu herencia y te puedes olvidar de conseguir un puesto fijo en la universidad. Es mi última palabra —sentenció Yelan, cruzándose de brazos.

Syaoran se encogió de hombros.

—Eso ya no me importa, madre. Esto me ha abierto los ojos y me he dado cuenta de que quiero ser feliz.

Se giró hacia Meiling, suspirando.

—De verdad que lo siento, pero es lo mejor para los dos. Así podrás encontrar a alguien que te quiera como te mereces.

Meiling gritó algo en cantonés que ni Sakura ni Tomoyo entendieron y salió de la habitación, dando un portazo.

Yelan miró a Sakura con desprecio.

—No pienso aceptarla, Syaoran.

Él arrugó la nariz.

—Entonces me lo estás poniendo todo más fácil. Llevo tiempo dándole vueltas a la idea de buscar un trabajo de verdad, estoy cansado de ser solo un becario al que explotan y lo único que me ataba a seguir aquí era Meiling y la promesa de un puesto mejor después de la boda. Primero arreglaré unos asuntos y después lo dejaré, y me iré a vivir a Japón.

Al escuchar el nombre de su país, Sakura se acercó a él muy sonriente y cogió una de sus manos entre las suyas.

—¿Lo dices en serio? ¿Te vas a venir conmigo?

Syaoran correspondió a su sonrisa.

—No me veo capaz de estar lejos de ti. Pero necesito al menos una semana para solucionar algunas cosas antes de marcharme. Aunque mi trabajo no sea muy importante, no puedo dejarlo todo sin más.

Sakura asintió.

—Me quedaré contigo hasta entonces.

Yelan había vuelto a quedarse sin palabras y los miraba fijamente con los labios apretados.

—Creo que es mejor que nos vayamos y los dejemos hablar, Sakura —sugirió Tomoyo en voz baja.

Sakura asintió, le dio un apretón cariñoso a Syaoran en la mano y lo soltó, caminando hacia la puerta sin mirar atrás.

Las dos salieron de la habitación, dejando a madre e hijo solos.


Al día siguiente, Sakura acompañó a Tomoyo al aeropuerto para despedirse de ella.

—Nos vemos en unos días —dijo Tomoyo, abrazándola.

—Sí, estoy deseando volver y que mi padre conozca a Syaoran- respondió Sakura con una gran sonrisa.

—Un compañero que es mago... creo que es la primera vez que pasa en la manada —murmuró Tomoyo, emocionada.

Sakura se encogió de hombros.

—Me gustaría muchísimo fuera lo que fuera, eso no me importa.

Su prima le dio un codazo.

—Lo sé, recuerda que yo también sé lo que se siente cuando encuentras a tu mate.

—Es un sentimiento muy fuerte, desde que lo vi tengo que controlarme para no lanzarme sobre él y devorarlo entero —susurró Sakura, entre risas.

—Eriol me marcó y me comió enterita al segundo día —comentó Tomoyo con una sonrisa traviesa en sus labios.

Sakura puso los ojos en blanco.

—No necesito saber esas cosas, Tomoyo.

—Yo lo marqué a él al día siguiente —añadió ella sin dejar de sonreír.

—¡En serio, no me digas nada más! Vete o perderás el avión —gruñó Sakura, empujándola.

Tomoyo soltó una carcajada y, tras un último abrazo, se dio la vuelta caminando hacia su terminal.


Esa misma tarde, Sakura escuchó a alguien tocar en la puerta de su habitación del hotel. Al abrirla, se encontró con Syaoran. Estaba en el umbral con mala cara, traía una maleta enorme y una mochila.

—Mi madre me ha echado de casa —explicó, contestando a la pregunta que Sakura no había hecho.

Ella se rio y se apartó para que pudiera pasar.

—Por suerte para ti, sigo en la misma habitación. Como Tomoyo se ha ido, te puedes quedar con su cama —comentó tras cerrar la puerta.

Las mejillas de Syaoran se encendieron y él asintió, carraspeando.

—Aunque, bueno... también puedes dormir conmigo en mi cama si lo prefieres —añadió Sakura, alzando las dos cejas.

Él se sonrojó más todavía y ella se rio entre dientes.

—¡Estoy bromeando! Aunque no me importaría que durmiéramos juntos, pero por ahora me conformo con tenerte en la cama de al lado.

Syaoran se cruzó de brazos, lanzándole una mirada de odio, y Sakura se rio más fuerte.

—¿Por qué tú no te pones nerviosa cuando estamos cerca?

Ella dejó de reírse, sentandose en su cama y apoyando la espalda en el cabecero.

—Sí que me pongo nerviosa, pero como no soy totalmente humana no se me nota tanto como a ti.

—¿Cuándo me vas a decir lo que eres?

Sakura se quedó en silencio un momento, pensando.

—Tal vez esta noche... podríamos ir a pasear por el bosque y te lo enseño.

Syaoran se acercó a ella, sentándose a su lado.

—Siento mucha curiosidad... ¿Es algo malo? No serás un demonio, ¿verdad? —preguntó, bromeando.

Sakura sonrió, sacudiendo la cabeza, y lo miró a los ojos.

—¿Y tú? ¿Eres un mago bueno o malo? —preguntó, levantando una ceja.

—Toda mi familia tiene magia desde hace siglos, y la usamos para el bien.

Ella resopló, dejando que su cuerpo resbalara hasta quedar tumbada en la cama.

—Te está resultando muy fácil dejarlo todo para venir conmigo, a tus amigos, tu familia... —murmuró, frunciendo el ceño.

—No tengo amigos, y mi familia es una madre que me obliga a hacer cosas que no quiero y un tío al que veo una vez al año —respondió Syaoran, encogiéndose de hombros.

—¿Por qué no tienes amigos? —preguntó Sakura, sorprendida.

—Nunca tuve tiempo para esas cosas. Me dedicaba a estudiar, entrenar o practicar con mi magia.

—Eso suena muy aburrido.

—Lo fue —susurró Syaoran, suspirando y haciendo una mueca.

Se apoyó en uno de sus brazos, quedando medio tumbado a su lado, y la miró fijamente.

—¿Qué miras tanto? —dijo Sakura, sonriendo.

Syaoran no dijo nada y se acercó más a ella, hasta estar tumbado a su lado. Acarició su pelo con una mano, sintiendo que Sakura se estremecía. Al bajar la mirada, vio que sus mejillas tenían un leve sonrojo y estaba aguantando la respiración.

—Ahora sí noto que tú también te pones nerviosa —susurró, sin dejar de mirarla a los ojos y sonriendo.