Capitulo Seis

Conocer la verdad


Sakura pestañeó varias veces mientras veía que Syaoran se acercaba cada vez más. Sintió su aliento en el rostro y eso le puso los pelos de punta.

—¿Qué... qué haces? —preguntó, algo nerviosa.

Tener a Syaoran tan cerca la obligaba a concentrarse en respirar despacio, intentando controlar las enormes ganas que tenía de saltar sobre él y arrancarle la ropa a mordiscos.

Syaoran la seguía mirando fijamente, con mucha intensidad.

—No lo sé —murmuró, con una mano todavía enredada en su pelo.

Terminó de recorrer los últimos centímetros que los separaban y rozó sus labios, presionando con suavidad. Los dos sintieron algo cálido extendiéndose por dentro de sus cuerpos y todo se volvió más intenso de golpe.

Sakura rodeó el cuello de Syaoran con sus brazos y lo atrajo hacia ella, profundizando el beso al instante. Sus lenguas se encontraron y a ella se le escapó un suspiro.

Syaoran abrió los ojos y vio que los de Sakura se oscurecían.

Él le mordió el labio inferior y la besó con más fuerza, dejándose llevar por la electricidad que recorría todos su ser. Era como si besar a Sakura activara todas las células de su cuerpo.

La escuchó gruñir y, unos segundos después, estaba totalmente tumbado en la cama con ella encima, mientras lo besaba apasionadamente y le desabrochaba la camisa.

Syaoran jadeó y ella abrió los ojos, muy sorprendida. Al ver su cara de sorprendido se apartó de él, incorporándose.

—Lo siento, me cuesta controlarme —dijo ella con la respiración agitada, alejándose un poco más hasta volver a apoyar la espalda en el cabecero.

Era mejor no dejar salir sus instintos tan pronto o tal vez Syaoran saldría huyendo, asustado.

Él se sentó sobre el colchón, intentando recuperar el aliento.

—Nunca había sentido eso con un beso, Sakura.

—Yo tampoco —reconoció ella.

Los dos se quedaron en silencio, observándose mientras sus respiraciones volvían a la normalidad. Syaoran vio que el verde de los ojos de Sakura volvía a ser claro y sonrió.

—Sabes... me he fijado en que tus ojos a veces cambian de color.

Sakura lo miró fijamente.

—¿A qué te refieres?

—Lo noté ayer, cuando te enfadaste, y ahora acaba de volver a pasar. Se te ponen de un verde más oscuro cuando te enfadas y cuando... cuando estamos muy cerca.

Ella le dedicó una sonrisa traviesa y Syaoran tragó saliva, volviendo a ponerse nervioso.

Si lo volvía a besar así, no se veía capaz de detenerse.

—¿Qué te parece si vamos a cenar y después nos acercamos al bosque? —preguntó ella un minuto después, cuando escuchó que el corazón humano de Syaoran volvía a latir a un ritmo normal.

Él asintió y los dos se levantaron.

—Podemos ir a mi restaurante favorito.

—Por mí perfecto —respondió Sakura, sonriendo.


Ya era de noche y ambos caminaban por las afueras de Hong Kong, dirigiéndose a un gran bosque que Syaoran conocía. La cena había sido tranquila y los dos habían evitado mencionar lo ocurrido en la habitación del hotel.

—La mayoría de chicas que conozco no se atreverían a caminar por el bosque de noche —comentó él, levantando una ceja.

—Ya descubrirás que yo no me parezco a las chicas que conoces —contestó Sakura con una risita misteriosa.

Empezaron a caminar entre los árboles y Syaoran hizo la pregunta que tenía en mente desde que la conoció.

—Oye... cuando me viste ayer y me abrazaste, me dijiste "eres mío"... ¿por qué?

—Porque eres mío.

Él puso los ojos en blanco y ella volvió a reírse.

—Necesito un poco más de información, no es muy normal ir diciendo eso a un desconocido.

—No se le dice a cualquiera. Cuando encontramos a nuestro compañero, nos invade una sensación... no sé cómo explicártelo, pero es algo muy fuerte. Lo único que piensas es en que quieres estar con esa persona y que sea tuya para siempre. Por eso te dije que eras mío.

Syaoran no se quedó muy convencido con la respuesta.

—Lo entenderás mejor cuando sepas lo que soy. Creo que ya estamos lo suficiente escondidos, aquí no nos verá nadie —murmuró Sakura, deteniéndose cerca de un pequeño arroyo.

Ya había anochecido y a través de las ramas de los árboles se filtraba la luz de la luna, permitiendo que Syaoran viera la figura de Sakura alejándose de él. Ella se giró un momento para mirar a Syaoran y suspiró.

—Por favor, no te asustes. Yo nunca te haré daño.

Syaoran asintió, un poco nervioso.

Sakura se escondió detrás de un árbol y vio su ropa salir disparada a un lado. Él se sonrojó violentamente al ver salir volando su ropa interior.

Poco después, oyó una especie de crujidos que le pusieron los pelos de punta y, tras unos segundos, un perro enorme salió de detrás del árbol. Cuando el animal se acercó más a él, Syaoran se dio cuenta de que no era un perro, sino una gran loba. Tenía el pelaje del mismo color que el cabello de Sakura y unos ojos verdes que brillaban en la oscuridad.

Syaoran retrocedió unos pasos, palideciendo.

—¡Tú... tú eres una de ellos!

Sakura se quedó mirándolo fijamente, sin entender a qué se refería.

—¡No te acerques a mí! —gritó Syaoran, echando a correr en dirección a la ciudad.

Sakura volvió detrás del árbol y se transformó de nuevo en humana. Se vistió lo más rápido que pudo y corrió detrás de Syaoran.

Consiguió alcanzarlo antes de que saliera del bosque y sujetó uno de sus brazos, obligándolo a detenerse.

—¡Syaoran! ¿Por qué te asustas tanto? Yo jamás te haría daño.

Él se retorció, intentando liberarse de su agarre.

—¡Eres uno de esos asesinos! ¡Suéltame!

Trató de golpearla con varios movimientos de artes marciales, pero ella era mucho más fuerte que él y no le hizo ningún daño. Sakura le cubrió la boca con una mano y lo empujó hasta que su espalda chocó contra el tronco de un árbol. Lo miró fijamente, sujetando sus brazos para que no pudiera moverse.

—Yo no soy ninguna asesina, Syaoran. Mi manada jamás ha matado a un humano. De hecho, tenemos a varios entre nosotros y los consideramos parte de nuestra familia.

Él intentó hablar, pero no pudo.

—Te dejaré hablar si me prometes que no vas a gritar otra vez.

Syaoran asintió y ella apartó la mano, dejando su boca libre.

—Uno de los tuyos mató a mi padre —dijo Syaoran con la voz llena de odio.

Sakura abrió mucho los ojos, sorprendida.

—Imposible, ya te he dicho que mi manada jamás ha matado a un humano.

—¡Pues fue en Japón! Cuando yo tenía doce años, unos hombres lobo vinieron a por nosotros cuando se enteraron de que éramos magos y asesinaron a mi padre delante de mí. Lo vi todo —respondió él, furioso.

Ella se quedó con la boca abierta, sin saber qué decir.

—Por suerte, entre mi madre, mi tío y yo conseguimos herirlos y se marcharon antes de acabar con todos nosotros. Al día siguiente fue cuando nos fuimos de Japón y volvimos aquí —añadió Syaoran con voz grave.

—En Japón existen tres manadas. Una es bastante radical y no nos llevamos bien con ellos, de vez en cuando nos atacan —explicó Sakura en voz baja.

—Eso me da igual, ellos eran de tu especie y no puedo confiar en alguien como tú —murmuró Syaoran, intentando que lo soltara.

Sakura resopló, mirándolo fijamente a los ojos.

—¿Recuerdas que te conté que mi madre murió cuando yo tenía tres años? Pues la mató un mago, Syaoran... y yo no te he juzgado a ti por eso.

Syaoran se quedó totalmente paralizado al oírla.

—¿En serio? ¿Un mago? —repitió, sorprendido.

—Sí, un mago que odiaba a los de mi raza descubrió nuestro escondite y mató a varios licántropos, incluyendo a mi madre y a mi tío, el padre de Tomoyo.

Los dos se quedaron en silencio, con los rostros todavía muy cerca.

—Ahora que lo pienso mejor, sí que hemos matado a un humano... a ese mago no lo dejamos salir con vida de allí —escupió ella con furia, recordando como su padre y su tía destrozaron a ese hombre.

—Yo... no sé qué decir —admitió Syaoran en un susurro.

—Mejor no digas nada —respondió ella, soltándolo.

Sakura se dio media vuelta y volvió a adentrarse en el bosque, sin mirar atrás. Unos segundos después, escuchó los pasos de Syaoran siguiéndola.

—¡Sakura, espera!

—Ahora mismo no quiero ni verte —dijo ella, empezando a correr más deprisa entre los árboles hasta perderlo de vista.