Capítulo Siete

Vínculo lobuno


Syaoran resopló, tocando los troncos de los árboles mientras intentaba seguir el rastro de Sakura. Había tanta oscuridad que no podía ver nada.

Juntó las manos, haciendo aparecer su espada, y murmuró unas palabras. Unas pequeñas llamas envolvieron la hoja, creando un poco de luz a su alrededor. Syaoran intentó correr más rápido con la espada llameante en su mano, aunque sabía que nunca sería capaz de alcanzarla si ella no quería.

No muy lejos de allí, Sakura se detuvo al oír un golpe y un pequeño gruñido.

Suspiró y volvió sobre sus pasos. Encontró a Syaoran sentado en el suelo, con la espalda apoyada en el tronco de un árbol y un corte bastante grande en la frente.

Ni con la luz de su espada veía tan bien como ella en la oscuridad del bosque, y se había tropezado con las raíces de un árbol.

Ella no pudo evitar reírse al verlo así.

—Te lo mereces —murmuró, dando unos pasos más hacia él.

—Supongo que es un buen castigo —admitió Syaoran, presionando la herida con la manga de su camisa para intentar detener el sangrado.

Sakura suspiró y sujetó el borde de su propia camiseta, arrancando un trozo con sus uñas. Se agachó delante de él, usándolo para tapar y presionar el corte. Él hizo una mueca de dolor y la miró a los ojos.

—Lo siento, Sakura. Perdóname... no debí juzgaros a todos por lo que hicieron unos pocos.

—No, no debiste hacerlo —respondió ella, tajante.

—Intenta comprenderme... no esperaba descubrir que eres una loba, al verte me has recordado tanto a ellos... me he asustado.

Sakura puso los ojos en blanco, volviendo a suspirar.

—Sigue presionando tú. Ya casi se ha cortado la hemorragia —dijo, sentándose a su lado.

Syaoran sujetó el trozo de camiseta ensangrentado y la miró, pero ella tenía la vista fija en el bosque.

—¿En qué parte de Japón vivías cuando eras pequeño?

—En el sur, en Okayama.

Sakura entrecerró los ojos sin decir nada, muy pensativa.

—¿Qué pasa? —preguntó Syaoran, frunciendo el ceño.

Ella resopló, retorciendo un mechón de su pelo entre los dedos de forma ausente.

—Cerca de allí vive la manada que te he dicho que nos da muchos problemas.

Syaoran apretó la mandíbula.

—Entonces seguro que fueron ellos.

—Es probable... lo averiguaré.

Se quedaron unos minutos en silencio, escuchando el sonido que hacían los animales.

—En fin... supongo que tendré que perdonarte.

Syaoran la miró de reojo y vio que Sakura estaba sonriendo.

—¿De verdad?

—Vas a dejarlo todo por venir conmigo, te has ganado mi perdón. Pero no puedes volver a hacer algo así, Syaoran. Los licántropos somos muy temperamentales y nos cuesta mucho perdonar y pedir perdón, te lo advierto desde ya.

—¿Debería tenerte miedo? —dijo él, levantando una ceja.

La sonrisa de Sakura se amplió, mostrando todos sus dientes.

—Deberías... —susurró, inclinándose sobre él muy rápido.

El corazón de Syaoran se aceleró violentamente al sentir los labios de Sakura sobre los suyos. Se estremeció, dejando caer el trozo de camiseta lleno de sangre al suelo, y la rodeó con sus brazos.

El beso se volvió más profundo con rapidez y los dos temblaron, sintiendo esa sensación extraña recorriendo sus cuerpos sin control.

Tras unos minutos, se separaron muy alterados y se miraron a los ojos, jadeando.

—Sakura, creo que me estoy enamorando de ti —confesó Syaoran en voz baja.

Ella sonrió y volvió a besarlo.

—Yo siento lo mismo, Syaoran. Cuanto más tiempo pasemos juntos, más fuertes serán nuestros sentimientos... y los besos ayudan a que el vínculo entre nosotros se fortalezca más rápido.

—Todavía me cuesta creer que esto sea real —murmuró él, trazando con sus dedos una de sus mejillas.

—¿Quieres probar algo genial? —preguntó ella de repente, arqueando una ceja.

Syaoran frunció el ceño.

—¿Será peligroso?

Sakura negó con la cabeza.

—Si confías en mí, no tienes nada que temer.

—Confío en ti... en teoría —dijo él, haciendo una mueca graciosa.

Ella volvió a sonreír y se puso de pie, desapareciendo tras uno de los árboles cercanos.

Syaoran alargó una mano, cogiendo su espada que seguía en el suelo, y la hizo desaparecer.

Unos segundos después, volvió a ver a la enorme loba de pelaje caoba caminando hacia él. Cuando la tuvo delante, la miró a los ojos y sintió lo mismo que al mirar a Sakura. Acarició el pelaje de su lomo, sorprendiéndose al notar lo suave que era.

Sakura cerró los ojos para disfrutar de la caricia y se inclinó, tumbándose en el suelo justo delante de Syaoran.

—¿Quieres... que me suba encima de ti? —preguntó él, extrañado.

La loba asintió.

Syaoran se levantó y, con cuidado, se subió sobre su lomo, dejando una pierna a cada lado. Sakura aulló y él sintió que toda su piel se erizaba al oírla.

Empezó a correr entre los árboles y Syaoran tuvo que sujetarse con fuerza a su pelaje para no caerse. La loba corría cada vez más deprisa, esquivando los troncos con facilidad, y el viento les revolvía el pelo a los dos.

Sakura escuchó la risa de Syaoran y volvió a aullar, acelerando todavía más.


A la mañana siguiente, Syaoran se despertó sin saber bien dónde estaba.

Pestañeó varias veces, hasta enfocar la vista. Había tenido un sueño muy raro, en el que corría subido encima de un lobo. Al mirar a su izquierda, vio a Sakura tumbada en la cama de al lado. Ella también lo estaba mirando a los ojos.

—Buenos días, dormilón.

Él correspondió a su sonrisa. No, no había sido un sueño.

—Después de la noche que pasamos corriendo por el bosque, es normal que estuviera cansado —murmuró, bostezando.

Sakura se rio, asintiendo.

—Tienes que reconocer que fue muy divertido.

—Lo fue... fue increíble. Sabes, al principio pensé que te ibas a chocar con los árboles al ir tan rápido —admitió él, apoyándose en sus codos para incorporarse un poco.

Ella puso los ojos en blanco y resopló.

—Veo perfectamente en la oscuridad, tanto cuando soy humana como cuando soy una loba.

Syaoran torció los labios.

—Ahora entiendo por qué no te asusta ir al bosque de noche... eres más fuerte que un humano y puedes ver en la oscuridad, es normal que no le tengas miedo a nada.

—Sí le tengo miedo a cosas, Syaoran. Hay muchas formas de hacerme daño.

Él la observó con curiosidad.

—¿Le tienes miedo a la magia?

—Los magos en general no me hacen gracia, aunque intento no juzgarlos antes de conocerlos —murmuró ella, entrecerrando los ojos.

Syaoran recordó su discusión de la noche anterior y desvió la mirada, avergonzado.

—Pero también temo otras cosas. Por ejemplo, ahora podrían hacerme daño hiriéndote a ti —añadió ella en un susurro.

Syaoran volvió a mirarla con los ojos muy abiertos.

—¿A qué te refieres? —exclamó, sorprendido.

—Si ahora te pasara algo, me afectaría mucho... y, cuando nuestro vínculo esté completo, si tú mueres yo también lo haré. Es una estrategia que usan algunas manadas en la guerra, matar a los compañerosj de los lobos más fuertes para acabar con ellos.

—¿Qué significa eso de completar el vínculo?

—Cuando estemos unidos en cuerpo y alma, yo sentiré lo que sientas tú... y sufriré lo que tú sufras.

Aquello no sonaba nada bien. Sakura estaría en peligro constante por su culpa.

—¿Y cuándo ocurrirá eso?

—Cuando te haga la marca —contestó ella en voz baja.

Syaoran sintió un escalofrío bajando por su espalda.

—¿Qué es eso de la marca?

—Debo morderte para marcarte como mi compañero. Así estaremos unidos para siempre y todos sabrán que me perteneces.

—Sois un poco posesivos, ¿no?

Sakura frunció el ceño.

—Todos deben saber que eres mío y que no pueden acercarse a ti. Si se atreven, tendrán muchos problemas —gruñó entre dientes.

Syaoran decidió ignorar su posesividad por el momento.

—¿Y... eso duele? —preguntó con voz nerviosa.

—Tomoyo y Eriol dicen que apenas lo notaron, pero tú eres humano... seguramente te duela un poco.

Él tragó saliva.

—¿Cuándo me la harás?

Sakura se levantó, cruzando los pocos metros que lo separaban y sentándose en el borde de su cama. Bajó la cabeza y lo besó en los labios lentamente, dejándolo atontado.

—Mis instintos de loba saldrán la primera vez que estemos juntos, y no podré evitar hacértela. Intentaré que sea rápido y lo menos doloroso que pueda, te lo prometo —susurró, alejándose lo suficiente para mirarlo a los ojos.

—Te refieres a...

—Sí, Syaoran. Me refiero a la primera vez que nos acostemos —añadió ella, sonriendo.

Syaoran se estremeció y Sakura se rio entre dientes.

—¿Tanto miedo te da estar así conmigo?

—No, no me da miedo. Ya he estado con otras chicas, sé lo que es.

La sonrisa de Sakura desapareció y sus ojos verdes se oscurecieron.