Capítulo Ocho

La universidad de Hong Kong


—Hay otra cosa que debes saber, Syaoran. Soy muy celosa. Prefiero no saber con cuántas chicas has estado ni lo que has hecho con ellas, y no dejaré que ninguna se te acerque a partir de ahora —gruñó ella, apretando los dientes.

Syaoran la miró fijamente, entrecerrando los ojos.

—¿Es que tú eres virgen? —preguntó Syaoran, levantando una ceja.

Sakura negó con la cabeza.

—Entonces no entiendo que te moleste que yo tampoco lo sea —añadió él, cruzándose de brazos.

—Son cosas de lobos, ya sabes que te quiero solo para mí.

—Yo... también te quiero solo para mí —confesó Syaoran en voz baja.

Sakura sonrió, tumbándose a su lado y apoyando la cabeza en su hombro.

—¿Con cuántos chicos has estado tú? —preguntó él con curiosidad.

Ella alzó las cejas antes de responder.

—Cuatro. Con el último estuve hasta que él encontró a su mate, antes de venir aquí. No era nada serio, solo nos lo pasábamos bien. Ya sabes que no puedo enamorarme de nadie, solo de ti.

Syaoran hizo una mueca, resoplando, y Sakura volvió a sonreír.

—¿Te molesta? —preguntó con voz burlona, incorporándose un poco.

—Un poco.

—Ahora solo tengo ojos para ti y eso es lo que importa —respondió ella, dejando otro beso en sus labios.

Syaoran sonrió, mirándola a los ojos.

—¿De verdad no quieres saberlo?

Sakura puso los ojos en blanco, dejándose caer de nuevo en el colchón.

—Está bien, pero no me des muchos detalles —dijo, resoplando.

—Antes de Meiling, estuve con dos chicas. Nada serio, como tú dices. Y con Meiling, bueno... ella insistió tanto que nos acostamos una vez no hace mucho. Fue un desastre porque me di cuenta de que no la quería, y acordamos no volver a hacerlo hasta después de la boda.

Sakura gruñó una maldición entre dientes, haciendo que él se riera.

—No tiene gracia —murmuró ella, enfadada.

—Ahora solo tengo ojos para ti y eso es lo que importa —respondió Syaoran, repitiendo sus mismas palabras.

Ella arrugó la nariz, pero finalmente sonrió.

—Será mejor que me duche, debo ir al trabajo. Les prometí que terminaría todo el papeleo que hay pendiente antes de marcharme —comentó él, levantándose.

—¿En qué trabajas? Ayer tu madre dijo algo sobre la universidad.

—Soy ayudante de un profesor en la facultad de arqueología, y también trabajo como voluntario en un museo algunas tardes.

Sakura abrió mucho los ojos, sorprendida.

—Yo estudio en la universidad pública de Tokio, estoy terminando veterinaria.

—Muy adecuado —murmuró él, y ambos se rieron a carcajadas.

Tras acercarse hasta sus cosas, Syaoran se giró hacia ella con gesto serio.

—Oye... y no te va a pasar nada por perder días de clase? —preguntó, frunciendo el ceño.

Sakura le quitó importancia, agitando su mano.

—Tomoyo está en la misma clase que yo, ella me dejará los apuntes de estos días.

Syaoran torció los labios, abriendo su maleta.

—Estoy segura de que en Tokio podrás encontrar un trabajo mejor —añadió ella, observándolo mientras cogía algo de ropa y entraba en el baño.

—Eso espero —contestó él, dedicándole una sonrisa antes de cerrar la puerta.


Un par de días más tarde, Sakura se encontraba paseando por el centro de Hong Kong mientras Syaoran estaba en la universidad.

Sintió curiosidad por ver lo diferente sería esa universidad de la suya, y decidió acercarse al campus. Tras buscar la mejor forma de ir en su teléfono, se subió en el tren que cruzaba a la isla donde se encontraba la universidad. Se bajó en la primera para de la isla y entró en el campus, empezando a caminar por sus senderos de piedra.

Los edificios eran enormes. Todos estaban rodeados de jardines, donde había estudiantes disfrutando de los rayos de sol de esa mañana.

Le recordó mucho a su universidad de Tokio, aunque esta era un poco más pequeña.

Aun así, estuvo más de media hora recorriendo los jardines hasta que consiguió ver todos los edificios. En cada uno estaba escrito el nombre de las carreras que se estudiaban allí, tanto en cantonés como en inglés, por lo que el corazón le dio un vuelco al ver que en el último edificio ponía "Arqueología, Historia del arte, Historia".

Sonrió, pensando que sería buena idea entrar. Tal vez vería a Syaoran por los pasillos, y seguro que se ponía nervioso. Le encantaba ver lo mucho que le afectaba su presencia.

Al cruzar una de las puertas, pudo sentir su olor y eso le aceleró el pulso. Era tan maravilloso como el primer día.

Observó un pequeño mapa del edificio donde ponía que arqueología estaba en la segunda planta y empezó a subir las escaleras, dejándose llevar por su aroma y recorriendo varios pasillos de paredes blancas.

Sakura se mordió el labio inferior. El olor de Syaoran era cada vez más fuerte y le estaba costando much no echar a correr en su busca.

Al girar una esquina, escuchó su voz y la de una mujer. Estaban hablando en japonés.

Sakura frunció el ceño, escondiéndose tras una columna para poder escuchar sin que nadie la viera. Todavía estaba bastante lejos de ellos, pero podía oír la conversación perfectamente.

—¿De verdad te vas a marchar, profesor? me lo dijeron ayer y me cuesta creerlo.

—Sí, la semana que viene ya no estaré por aquí. Me voy a Japón.

Sakura sonrió, agradeciendo internamente que estuvieran hablando en su idioma.

—¿Vas a trabajar en alguna universidad allí? Tal vez podría volver yo también, me gustaría seguir teniéndote de profesor —respondió la chica con voz sugerente.

Sakura apretó los puños, tratando de contenerse.

—Supongo que sí, todavía no sé lo que voy a hacer.

—Hay algo que llevo tiempo queriendo decirte, Syaoran... ¿puedo llamarte así?

Aquello ya era demasiado. Sakura salió de detrás de la columna y empezó a caminar hacia ellos, muy furiosa.

—Prefiero que no, solo me llaman por mi nombre las personas muy cercanas a mí —respondió Syaoran con voz seria.

—De acuerdo, Li... pero quería que supieras que siempre te he encuontrado muy atractivo y me gustaría que siguiéramos en contacto. Aunque seas mi profesor, solo tienes unos años más que yo, y tal vez...

—No soy tu profesor, solo soy un ayudante.

—Bueno, pero es casi como si lo fueras. Seguro que en Japón te ofrecen un buen contrato y lo consigues, y yo... podría volver allí, podríamos salir juntos alguna vez... —añadió ella en voz baja.

Sakura se detuvo cuando pudo al fin pudo verlos. Esa chica tenía el pelo marrón, unos grandes ojos oscuros y estaba agarrando el brazo izquierdo de Syaoran, mientras que él parecía confundido y no intentaba apartarse.

Sintió ganas de abalanzarse sobre ella y partirle el cuello, pero se recordó a sí misma que estaba en contra de la violencia. Además, a su alrededor había muchos estudiantes. No podía descontrolarse y revelar su secreto ante todos.

Al girar la cabeza, vio que a su derecha había un chico moreno de pelo rizado que estaba sonriendo en su dirección.

Una buena oportunidad para devolvérsela a Syaoran.

Se acercó hasta él y se sentó a su lado, sacudiendo los pliegues de su vestido amarillo y correspondiendo a su sonrisa.

—No te había visto antes por aquí. ¿Eres una estudiante? —preguntó el chico en inglés, apartando el libro que estaba leyendo.

—Sí, he llegado hace poco y todavía no conozco mucho el campus —respondió ella, pestañeando varias veces.

Miró de reojo a Syaoran. Parecía que ya la había visto porque tenía cara de pocos amigos. Sakura saboreó su victoria y se acercó más al chico de rizos negros, hasta que sus brazos se rozaron.

—Yo podría enseñarte el campus y luego podemos ir a la residencia donde vivo. Esta tarde hay una gran fiesta y me gustaría que vinieras, allí conocerás a mucha gente —ofreció él, levantando las cejas y sonriendo.

—Me encantaría —respondió Sakura, viendo por el rabillo del ojo a Syaoran caminando hacia ellos.

El chico iba a responder, pero giró la cabeza cuando alguien se detuvo justo delante de ellos.

—¿Qué haces aquí, Sakura? —preguntó Syaoran, mirándola a los ojos.