Capítulo Diez
La marca
Una hora después, los dos ya habían comido y estaban tumbados sobre las hojas otoñales en mitad del bosque que había a las afueras de su ciudad, observando las nubes en silencio.
Syaoran todavía no había asumido que ahora estaba en Japón, y que iba a vivir ahí.
—¿Te puedo hacer una pregunta? —murmuró, apretando la mandíbula.
—Siempre, Syaoran —respondió ella.
—Ese chico que te ha dado un beso... ¿Es con el que tenías algo hasta hace poco?
Sakura se incorporó y miró a Syaoran con ojos divertidos.
—¿Estás celoso?
Él hizo una mueca y desvió la mirada hacia un lado.
—Ya te he hablado de él alguna vez. Es el mate de Tomoyo —añadió ella, suspirando y volviendo a tumbarse.
Syaoran abrió mucho los ojos, sorprendido.
—¿Eriol es su compañero?
—Sí, y es de tu edad. Cuando lo conozcas más te va a caer bien, estoy segura.
—Entonces... ¿quién es el chico con el que estabas antes? —insistió Syaoran, frunciendo el ceño.
—Se llama Yukito. Unos días antes de que yo fuera a Hong Kong encontró a su compañero, otro chico llamado Touya.
Él se sorprendió más todavía.
—¿Se ha vuelto gay de repente?
Sakura soltó una carcajada y negó con la cabeza.
—La diosa Luna es la que decide quién es nuestro mate. Puede ser de cualquiera de los dos sexos y eso no importa. Sea hombre o mujer, nos enamoraremos perdidamente de esa persona.
—Entonces... ¿a ti podría haberte tocado una chica?
—Sí, podría haber pasado —contestó ella, encogiéndose de hombros.
Syaoran pestañeó varias veces, asimilando la información.
—Que raritos sois... —murmuró, volviendo a mirar las nubes.
Sakura se acercó más a él, hasta que Syaoran sintió su aliento en el cuello. Ella se apoyó en su hombro y hundió la nariz en su pelo, disfrutando de su aroma.
—No se lo digas a nadie, pero me alegro de que seas un hombre... y de que seas tú —reconoció en voz baja mientras recorría la curva de su cuello con la punta de la nariz.
Syaoran sonrió.
—Tampoco se lo digas a nadie, pero yo me alegro de que aquel día me persiguieras y me abrazaras en plan acosadora.
La risa de Sakura sobre su cuello le provocó un escalofrío. Syaoran sintió sus labios en la clavícula y después notó sus dientes dejándole un pequeño mordisco.
Él se tensó de inmediato y volvió a escucharla reir.
—Tranquilo, no voy a hacerte la marca ahora —dijo en voz baja.
Syaoran resopló y la hizo girar, hasta que quedó encima de ella. La miró fijamente, entrecerrando los ojos.
—Te lo pasas muy bien poniéndome nervioso y tomándome el pelo... pero ya me estoy cansando de ser tan bueno contigo. ¿Y si yo te hago la marca a ti? ¿Te reirías tanto? —preguntó, acercándose al cuello de Sakura y empezando a dejar un rastro de besos.
Ella se estremeció y Syaoran lo notó, sonriendo y mordiendo su piel con suavidad.
—Eres un humano, no puedes marcarme por mucho que lo intentes.
Él levantó la cabeza y miró a Sakura a los ojos, frunciendo el ceño.
—Eso no es justo. Yo también quiero que tengas mi marca y poder sentir lo que tú sientas.
—Me temo que solo los licántropos pueden hacerla.
—Entonces... ¿nunca estaremos unidos del todo como los demás? —preguntó con algo de molestia en su voz.
Ella se encogió de hombros.
—Hay otros humanos que son compañeros de licántropos como tú y no lo llevan mal, aunque la mayoría...
Sakura se calló de repente y Syaoran arqueó una ceja.
—Dímelo.
— ...la mayoría acaban pidiendo que los conviertan en licántropos —admitió ella en un susurro.
Él se apartó un poco de ella, muy sorprendido, sentándose sobre el suelo cubierto de hojas.
—¿Eso puede hacerse?
Sakura se incorporó un poco y lo abrazó, apoyando la cabeza en su pecho.
—Sí, pero no tienes que hacerlo. Me gustas siendo humano, no tienes que cambiar.
Syaoran correspondió a su abrazo, suspirando.
—Tú también me gustas siendo una loba, no querría que te volvieras humana.
Ella lo miró a los ojos y se acercó más para besarlo.
—¿Por qué quieren ser licántropos? ¿Solo para poder hacer la marca? —preguntó Syaoran cuando se separaron.
Algo no encajaba, y quería saberlo todo de una vez. Sakura suspiró.
—Verás... nosotros empezamos a envejecer más despacio a partir de los veinticinco años. Pero no quiero que te preocupes por eso, a mí me da igual —respondió, volviendo a abrazarlo.
Él se quedó completamente helado ante ese nuevo descubrimiento. Sakura lo sacudió suavemente, intentando que reaccionara.
—¡Te he dicho que no te preocupes! Tendrás una larga y feliz vida conmigo, lo demás no importa.
—¿Cómo no va a importarme? Seré viejo y tú seguirás siendo joven, no pareceremos una pareja —dijo él con voz enfadada.
Ella se incorporó para mirarlo a los ojos.
—¿Quieres ser un licántropo? —preguntó, levantando una ceja.
Syaoran negó con la cabeza.
—Pues entonces olvídalo y disfruta del momento. Lo demás ya lo solucionaremos juntos —murmuró ella, volviendo a inclinarse sobre él.
—Olvidarlo... como si fuera tan fácil —gruñó Syaoran, arrugando la nariz.
Sintió un dedo de Sakura acariciando su cuello.
—Te la voy a hacer aquí —susurró ella cerca de su oído.
Él no pudo evitar estremecerse y la risa de Sakura resonó por el bosque.
Esa noche, ya en la casa cueva, Syaoran estaba muy nervioso cuando se metió en la cama donde ella ya estaba tumbada.
Sakura lo miró y resopló al verlo así.
—Relájate, Syaoran. No tiene por qué ser hoy, no hay prisa... no voy a comerte —dijo, sonriendo con sus últimas palabras.
Él también sonrió y se acercó más a ella, buscando sus labios.
Sakura colocó las manos en su pecho y pudo sentir su corazón a toda velocidad, aunque no le hacía falta tocarlo para saber eso. Podía escuchar sus latidos perfectamente, incluso estando a varios metros de distancia.
—El mío está igual —susurró entre sus labios mientras agarraba una mano de Syaoran y la colocaba sobre su propio corazón, para que él pudiera sentirlo.
Él suspiró.
—Sabes, Sakura... nunca me había sentido realmente a gusto, pero desde que estoy contigo siento que he encontrado mi lugar. Es como si por fin estuviera en mi hogar.
Sakura sonrió, acercándose más y lamiendo el labio inferior de Syaoran. Enterró la mano izquierda en su cabello alborotado y cerró los ojos, besándolo con mucha pasión.
Él aprovechó para profundizar el beso y abrazarla más fuerte, apretándola contra su cuerpo.
Tener a Syaoran tan cerca era realmente insoportable. Sus instintos de loba no dejaban de luchar por salir y tomar el control de la situación. Finalmente, Sakura jadeó y se alejó un poco de él.
—Si seguimos así, no podré controlarme —murmuró, respirando con dificultad.
—Pues no te controles —respondió Syaoran en voz baja, sin apartar la mirada.
Ella levantó las dos cejas.
—¿Estás seguro? Ya sabes lo que va a pasar —le advirtió, mirándolo a los ojos.
—Estoy preparado, quiero estar contigo.
Sakura se estremeció al escuchar eso y se abalanzó sobre él para volver a besarlo, haciendo que los dos cayeran sobre el colchón.
Syaoran la agarró por las muñecas y se apartó de sus labios, descendiendo por su cuello y dejando algunos besos por el camino, rozándolo con la punta de su lengua.
Volvió a levantar la cabeza y la miró a los ojos un segundo, acercándose a su oído.
—Sé que es una locura sentir esto en menos de dos semanas, pero... te quiero, Sakura.
Ella se estremeció de nuevo.
—Yo también te quiero, para siempre.
Syaoran asintió.
—Para siempre —repitió antes de besarla de nuevo.
Necesitaban estar más cerca, sentirse más. Sus pijamas volaron por la habitación y después ocurrió lo mismo con la ropa interior.
Con cada caricia, a Sakura le costaba más reprimir sus impulsos. Poco después, cuando sus piernas estaban entrelazadas, Syaoran notó que ella estaba demasiado temblorosa.
—¿Qué te pasa? —preguntó, dejando de besarla un momento.
Ella negó con la cabeza, dejando salir un largo suspiro.
—Tengo que controlarme o podría herirte, ya sabes que soy mucho más fuerte que tú.
Syaoran le dedicó una sonrisa, acariciando su mejilla.
—No digas tonterías, no me vas a hacer daño —murmuró, bajando las manos hasta sus caderas y volviendo a besarla.
Él ya había memorizado el cuerpo de Sakura con sus manos y ella había hecho lo mismo con el suyo, disfrutando con cada roce.
Llegó un momento que Sakura no pudo soportarlo más y, con un movimiento rápido, los hizo girar y se colocó encima de él, tirando de sus brazos para levantarlo un poco.
Se sentaron y Sakura lo rodeó con sus piernas, uniendo sus cuerpos sin dejar de besarlo.
Cuando lo sintió dentro de ella, Sakura jadeó y rompió el beso. Syaoran vio que sus ojos verdes estaban brillando mucho, como cuando era una loba. Su parte animal estaba gritando que lo marcara, ese humano le pertenecía y era solamente suyo.
Syaoran besó sus hombros, intentando ayudarla a calmarse, pero ella lo sujetó más fuerte y sus uñas se clavaron un poco en su espalda. Syaoran de besarla para mirarla.
—No me odies —pidió ella en un susurró, inclinando la cabeza sobre su cuello.
Él cerró los ojos, sabiendo lo que iba a pasar. Notó los labios de Sakura y después sintió unos dientes muy afilados desgarrando su piel.
Ahogó un grito al sentir el dolor, apretando los puós. Unos segundos después, ella sacó los colmillos y lamió su herida, lo que le hizo sentir algo de alivio.
La cabeza le empezó a dar vueltas y sintió que se mareaba. Escuchaba la voz de Sakura, pero muy lejana, como si estuviera a mucha distancia.
—¿Estás bien? ¿Syaoran? Dime algo.
Él se desplomó sobre ella, respirando muy deprisa y sin poder abrir los ojos.
—Estoy muy mareado —reconoció en un susurro.
Sakura lo rodeó con sus brazos.
—Los humanos suelen marearse cuando los marcan. No te preocupes, intenta respirar hondo.
Syaoran se concentró en su respiración y poco a poco empezó a sentirse mejor. Sakura lo abrazaba y le acariciaba la espalda mientras besaba su hombro y soplaba sobre su nueva marca.
Unos minutos después, Syaoran pudo levantar la cabeza y mirarla a los ojos.
—Ya me siento algo mejor, aunque todavía me duele bastante.
—Mañana ya no te dolerá, te lo prometo —susurró ella, sujetando su rostro con las dos manos y besando sus labios.
—¿Cómo sabes tantas cosas sobre esto?
Una de las manos de Sakura recorrió su espalda, pero ella seguía mirándolo, pendiente de todos sus gestos.
—Desde que te conocí, me he estado informando sobre como te podía afectar la marca. Estos días atrás, he hablado varias veces por teléfono con los humanos de la manada —respondió, encogiéndose de hombros y sonriendo.
Syaoran sonrió también y resopló, sacudiendo la cabeza.
—¿Qué te pasa? —preguntó Sakura, acariciándole el pelo con ambas manos y observándolo con preocupación.
—No sé, es raro... me encuentro muy cansado de repente —respondió él, bastante aturdido.
Ella sonrió y se inclinó sobre él, haciendo que quedara completamente tumbado. Se tumbó a su lado y volvió a abrazarlo.
—También es normal que te sientas así, descansa un poco.
—Pero... no hemos terminado —contestó él con los ojos cerrados.
Ya no tenía fuerzas para mantenerlos abiertos. Escuchó la risa de Sakura muy cerca de su oreja.
—Mañana, cuando estés recuperado... no podrás escapar de mí.
Syaoran no oyó nada más. Se había quedado dormido.
