Capítulo Doce
Amenazas
—Yo... pensaba que eran de aquí y que se habían asustado al ver que soy un mago —reconoció Syaoran en voz baja.
Sakura puso los ojos en blanco y sujetó una de sus manos, caminando a paso rápido hacia su casa.
—Seguro que han escuchado el rumor de que la hija del Alfa ya tiene compañero y han venido para comprobarlo. Al encontrarte solo, han visto una buena oportunidad para matarme.
—Pensaba que este bosque no era peligroso.
Ella lo miró a los ojos, chasqueando la lengua.
—De noche, sí. Tras el atardecer, tenemos menos centinelas vigilando y a veces otros lobos aprovechan para venir a espiarnos —explicó, entrando en la casa cueva y cerrando de un portazo en cuanto Syaoran entró.
Él la miró con mala cara.
—No deberías estar tan cabreada conmigo. Si sabéis que vienen, ¿Por qué no se lo impedís?
—Porque es una forma de averiguar lo que están tramando —respondió ella, sentándose en el sofá y enterrando el rostro en sus manos.
Él se sentó a su lado, cruzándose de brazos.
—Me lo tenías que haber explicado. Si hubiera sabido que no eran de esta manada, los habría atacado.
Sakura lo miró de reojo y suspiró.
—Tienes razón, debería haberte avisado. Siento haberte hecho daño, pero estaba furiosa de pensar en lo que podría haber pasado —admitió en un susurro, apretando los puños.
Syaoran sonrió y se acercó más a ella.
—Lo entiendo. Quedas perdonada, pero no vuelvas a agarrarme así —respondió, colocando una mano en su rodilla.
Sakura apoyó la cabeza en su hombro y escuchó un suspiro de Syaoran.
—¿Por qué suspiras?
Él tardó un poco en responder.
—No llevo nada bien lo de que seas más fuerte que yo.
Sakura levantó la cabeza y le dedicó una mirada llena de diversión.
—¿Eso hiere tu ego masculino?
—Un poco.
Ella sonrió y besó su mejilla, intentando no reírse.
—Todos nosotros tenemos más fuerza que los humanos, Syaoran... y yo al ser hija de un alfa tengo todavía más.
—Lo sé... me acostumbraré, pero me llevará un tiempo —refunfuñó él entre dientes.
Sakura se rio suavemente y volvió a apoyarse en su hombro, cerrando los ojos.
—¿Qué va a pasar ahora? —preguntó Syaoran al cabo de unos minutos.
—Nosotros nos encargaremos, no te preocupes. Tal vez estén pensando en atacarnos y debemos prepararnos.
Abrió los ojos y se sentó en el regazo de Syaoran, mirándolo a los ojos. Puso las manos en su cuello y lo giró, observando la marca que había hecho con sus propios dientes.
—Ya está totalmente cicatrizada —murmuró Sakura, sonriendo.
Él estaba perdido en sus increíbles ojos verdes.
—¿Puedes sentir lo que yo siento?
Sakura asintió.
—Desde el momento en que te mordí. Ahora que está curada, tú podrás sentir otras cosas.
—¿Qué? —preguntó Syaoran, confundido.
La sonrisa de Sakura se amplió y sus ojos tenían un brillo malvado.
—A esto se refería Eriol —susurró, acercándose más y bajando la cabeza hasta su cuello.
Besó la marca y Syaoran jadeó, tensándose.
Sakura soltó una risita y lamió la misma zona. Él apretó los dientes, reprimiendo un gemido. Todo su cuerpo temblaba cuando ella rozaba su marca. Sakura siguió besando y lamiendo esa zona de su cuello mientras sentía a Syaoran retorciéndose de placer.
Unos segundos después, él gruñó e hizo girar a Sakura, quedando encima de ella.
—Para —exigió con voz grave, jadeando.
Ella volvió a reírse al ver que las pupilas de Syaoran estaban muy dilatadas.
—Esa es la zona más sensible de tu cuerpo a partir de ahora, Syaoran... siempre que sea yo quien la toque, claro. Solo reacciona ante su creador.
Syaoran se quedó mirándola sin decir nada y al final se abalanzó sobre ella, reclamando sus labios mientras le arrancaba la ropa.
—Agradece que yo no puedo marcarte, porque no podrías dormir tranquila —susurró, apartándose un poco para quitarle la camiseta.
—Así no vas a asustarme —respondió Sakura, girando y haciendo que los dos cayeran al suelo.
Syaoran se quejó.
—Perdona, se me olvida que estas cosas a ti te duelen —murmuró ella, volviendo a besarlo.
—Maldita loba loca —gruñó él sobre sus labios, y los dos empezaron a reírse.
—No te metas conmigo o te arrepentirás.
—A mí tampoco me asustan tus amenazas.
Ella dio un salto que los levantó a ambos y aprisionó a Syaoran contra una estantería.
—Ahora me las pagarás —le advirtió, volviendo a besar su marca.
Syaoran gimió y la empujó, alejándola de él.
—Si sigues haciendo eso... yo... —murmuró, resoplando.
—¿Qué pasa? ¿Ya no puedes aguantar más? —preguntó Sakura con voz burlona, acariciándole la entrepierna y mordisqueando su hombro.
Él frunció el ceño.
—¿Te estás burlando de mí? —preguntó, enfadado.
Ella mordió el lóbulo de su oreja, negando con la cabeza.
—No sabes lo mucho que me pone saber lo que te hago sentir solo con rozar tu marca —susurró en su oído.
Syaoran sintió un escalofrío y la empujó, hasta que los dos volvieron a caer sobre el sofá.
—Pues a mí me gusta más si veo que estamos disfrutando los dos a la vez —dijo, bajando hasta su cuello y empezando a desabrochar su sujetador.
Sakura sonrió y también se dedicó a desnudarlo, hasta que a ninguno de los dos le quedó ropa puesta. Intentó levantarse para ponerse encima de él, pero Syaoran se lo impidió.
—Ya no me siento agotado. Ahora me toca a mí —susurró él, mirándola fijamente y atrapándola entre sus brazos.
Ella se estremeció con cada una de las caricias y los besos que Syaoran estaba repartiendo por todo su cuerpo. Cerró los ojos y, cuando los volvió a abrir, estaban brillando como si tuvieran luz propia.
Syaoran sabía lo que eso significaba. La sujetó más fuerte para que no pudiera moverse y Sakura gruñó.
—No, hoy no vas a mandar tú —dijo él, sonriendo al ver que ella quería tomar el control.
Volvió hasta sus labios para besarla con muchas ganas mientras una de sus manos empezaba a bajar por su cuerpo lentamente. Sakura gimió cuando los dedos de Syaoran rozaron su entrepierna.
Siguieron besándose hasta que ella no pudo soportarlo más. Sujetó a Syaoran por los hombros y lo empujó un poco, rompiendo el beso.
—O lo haces ya, o lo haré yo —gruñó sobre sus labios.
Syaoran sonrió al ver lo mucho que brillaban sus ojos verdes.
—Relájate, hoy eres mía —murmuró en su oído, apoyando una mano a cada lado de su cabeza antes de entrar en ella.
Un mes después, Syaoran ya había encontrado trabajo como profesor en la misma universidad donde estudiaban Sakura y Tomoyo. Ella ya había recuperado las casi dos semanas de clases perdidas por todo lo que ocurrió en Hong Kong.
Los dos compartían el coche con Eriol y Tomoyo entre semana para ir y volver de Tokio, y Syaoran se llevaba cada vez mejor con el chico de pelo azulado.
Fujitaka le había mostrado toda la ciudad de los licántropos y le había enseñado su impresionante casa cueva, dándole permiso para leer cualquiera de los libros antiguos que allí había siempre que quisiera.
Entre semana, Eriol y él trabajaban mientras que las dos chicas iban a sus clases. Al caer la tarde, todos volvían juntos al monte Tsukuba.
Uno de esos días, estaba terminando de atardecer cuando Syaoran y Sakura se encontraron con Sonomi a las afueras de su pequeña ciudad, observando el bosque con gesto serio.
—¿Ocurre algo? —preguntó Sakura al llegar a su lado.
—Hemos recibido un mensaje de la Alfa de Hong Kong. Yuuko dice que ha oído rumores sobre la manada del sur de Japón, se están agrupando como si estuvieran planeando un ataque —respondió Sonomi, mirándola a los ojos.
Ella frunció el ceño.
—¿Entonces vienen a por nosotros?
—No lo sabemos... pero es probable —añadió la mujer en voz baja, volviendo a pasear su mirada sobre el bosque.
—Que vengan, no les tengo miedo —gruñó Sakura, apretando los puños y mostrando sus colmillos.
Se escucharon varios aullidos dentro del bosque y ella sonrió, relajándose.
—En un rato vuelvo —añadió, dejando un beso en los labios de Syaoran.
Él la vio desaparecer entre los árboles, corriendo mientras se quitaba la ropa a toda velocidad.
—¿Quienes son los que aúllan?
Sonomi sonrió y lo miró de reojo.
—Mi hija y su compañero. A los tres les encanta correr por el bosque desde hace años, incluso antes de que se transformaran —contestó, observando cómo el sol terminaba de esconderse tras las montañas.
Syaoran se quedó en silencio un momento, pensando.
—Me gustaría entrenar con mi magia para poder ayudar si de verdad nos atacan, pero no quiero asustar a nadie.
Sonomi palmeó su espalda suavemente.
—Todos confiamos en ti, puedes usar tu magia cuando quieras —dijo antes de dar media vuelta y marcharse en dirección a la ciudad.
Syaoran miró hacia la luna, que ya había salido, y asintió con decisión. Volvió sobre sus pasos hasta la casa cueva donde vivía con Sakura y unos minutos después salió, vistiendo el traje ceremonial de la familia Li.
Se adentró en el bosque, hasta que encontró un claro. Juntó las manos y las separó lentamente, conjurando a su espada entre ellas. La sujetó con su mano derecha y apuntó al cielo.
—¡Dios del fuego, ven!
De su espada salió una llamarada de fuego a toda velocidad que se perdió entre las nubes.
Syaoran cerró los ojos y se concentró, haciendo que la hoja de la espada brillara con una luz anaranjada. Giró rápidamente sobre sí mismo, generando una gran espiral de fuego a su alrededor.
La espiral ardiente se quedó dando vueltas, esperando sus órdenes.
—¡Dios del agua, ven!
De su espada salió una gran ráfaga de agua que apagó todas las llamas en un segundo.
Syaoran oyó unas ramas crujiendo y dio media vuelta, con la espada en alto y en alerta. Vio tres pares de ojos brillantes que lo observaban desde la oscuridad. Al reconocer los ojos verdes de Sakura, bajó su espada hasta que la punta rozó el suelo.
La loba se acercó a él despacio y lo miró a los ojos.
—Solo quería practicar un poco ahora que tú también estabas en el bosque —dijo él en voz baja.
Ella le lamió el rostro y Syaoran sonrió.
—No me lamas tanto, me vas a dejar lleno de babas —protestó, acariciando sus orejas.
Sakura sonrió, mostrando todos sus dientes, y se agachó delante de él.
—¿Quieres que suba?
Ella ladró una vez y Syaoran entendió que eso significaba que sí, así que hizo desaparecer su espada y se subió sobre su lomo.
Sakura echó a correr y los otros dos lobos se colocaron a su lado, cada uno en un flanco. Los tres aullaron y él no pudo evitar empezar a reírse.
Aumentaron la velocidad y saltaron por encima de un río. Syaoran observaba los árboles pasando por su lado a toda velocidad sin dejar de sonreír.
—¿Alguna vez te he contado que antes de conocerte soñaba contigo?
Syaoran la miró, sorprendido.
—No, no me lo habías dicho.
Sakura sonrió y se sentó a su lado. Estaban encima de su casa cueva, en un saliente de la montaña, observando las estrellas. Desde allí había una vista increíble.
—No estaba segura de si eras tú, pero cuando te he visto en el bosque con ese traje, hace un rato... el chico de mis sueños siempre lo llevaba puesto.
Él frunció el ceño, entrecerrando los ojos.
—¿Cómo puedes haber visto mi traje en tus sueños? Es de mi familia y soy el único que lo utiliza desde hace años.
