Capítulo Trece
Entrenamiento
Sakura se encogió de hombros.
—Los licántropos no tenemos poderes, pero a veces algunos podemos ver a nuestros futuros compañeros en sueños.
Syaoran relajó su expresión y volvió a observar las estrellas. Desde lo alto de aquella montaña se veían perfectamente, incluso reconocía algunas constelaciones.
—¿Por qué te has puesto ese traje? —añadió ella en un susurro.
Él la miró a los ojos.
—Porque me ayuda a moverme mejor. Me gusta llevarlo cuando voy a usar mi magia o a tener un combate.
—¿Has luchado contra muchos magos? —preguntó Sakura, sorprendida.
—Alguna vez he tenido que hacerlo —contestó él, dejando salir un largo suspiro.
Los dos se quedaron en silencio un momento, hasta que Sakura se giró para encararlo.
—Si nos atacan, quiero que te escondas. Prométemelo, Syaoran.
Él frunció el ceño, cruzándose de brazos y sacudiendo la cabeza.
—No pienso esconderme como un cobarde.
Sakura gruñó entre dientes, tirando de su brazo hasta que Syaoran la miró otra vez.
—Ya sabes que, como tienes mi marca, si te hacen daño también me lo harán a mí.
—No dejaré que eso pase. Soy un mago, puedo protegeros con mi magia y quiero ayudar si puedo.
Ella soltó un resoplido.
—Tengo mis dudas de que tu magia pueda alcanzar a uno de los míos. Somos muy rápidos.
Syaoran le lanzó una mirada llena de furia.
—Cuando quieras hacemos la prueba —murmuró con voz grave, enfadado.
Ella sonrió.
—De acuerdo, mañana mismo.
Él asintió, dedicándole una sonrisa burlona. Esos lobos necesitaban que alguien les bajara los humos.
Al día siguiente, era domingo y toda la manada se encontraba en la pequeña ciudad, disfrutando de su día de descanso.
Tras desayunar, Sakura y Syaoran caminaron hasta el borde de la ciudad y se adentraron en el bosque. En el suelo ya había varios centímetros de nieve.
Él resopló y se envolvió más en su abrigo, escuchando la risa de ella a su lado.
—En Hong Kong no hace tanto frío como aquí —protestó con molestia.
—Te acostumbrarás —respondió ella, dándole un codazo.
Tras andar entre los árboles una media hora, Sakura se detuvo. Syaoran también dejó de caminar y la miró, algo confundido.
—Están ahí —susurró ella, señalando unos árboles.
De detrás de los mismos salieron Tomoyo y Eriol, con una sonrisa divertida en sus labios.
—Nunca podemos sorprenderte —se quejó Tomoyo, haciendo una mueca.
—Pero a Syaoran si hemos conseguido asustarlo más de una vez —añadió Eriol, levantando las cejas y con un brillo burlón en sus ojos.
El aludido se cruzó de brazos, frunciendo el ceño.
—Os aprovecháis de mí porque no tengo tan buen oído como vosotros.
Los tres licántropos se rieron y Syaoran se enfadó más todavía. Sakura se puso de puntillas, inclinándose sobre él.
—De acuerdo, gran mago... intenta alcanzarnos —susurró en su oído antes de correr a esconderse tras un gran árbol.
Sus dos amigos la imitaron y, unos segundos después, Syaoran se vio rodeado por tres lobos que gruñían en su dirección, mostrando una gran hilera de dientes afilados.
Él hizo aparecer su espada y decidió que lo mejor sería usar la magia del agua para no herir a ninguno de los lobos.
—¡Dios del agua, ven!
La hoja de su espada se rodeó de una espiral de agua justo cuando la loba negra se abalanzaba sobre él. Syaoran le apuntó con la espada y un gran chorro de agua salió, lanzándola contra un árbol.
—¡Lo siento! —dijo, intentando acercarse al animal.
Escuchó un ladrido y vio al lobo azulado corriendo hacia él por uno de los lados, aprovechando que estaba distraído. Giró con su espada en la mano, creando un remolino de agua a su alrededor, y apuntó al lobo.
El remolino salió disparado, girando sobre sí mismo, pero el lobo azulado lo esquivó con un salto hacia atrás. Aterrizó sobre sus cuatro patas y volvió a mirar a Syaoran, enseñando sus colmillos.
Él escuchó un ruido y por el rabillo del ojo vio a la loba negra avanzando hacia él otra vez.
Sin pensarlo, dirigió su espada hacia ella y le lanzó otro chorro de agua. La loba esquivó el ataque de un salto y se acercó a los otros dos lobos. Los tres se miraron un momento y empezaron a correr a toda velocidad hacia Syaoran a la vez.
Él cerró los ojos, concentrándose. De su espada empezó a surgir una gran masa de agua, acumulándose delante de él.
Al abrir los ojos, con un movimiento lanzó toda esa agua contra los tres lobos. Los animales se separaron, pero no pudieron esquivar el ataque y acabaron empapados.
La loba caoba gruñó y se abalanzó sobre Syaoran. Él le apuntó con su espada lanzando otro chorro de agua, pero ella lo esquivó y se lanzó contra su pecho, haciendo que cayera de espaldas.
De repente, Syaoran se encontró tumbado en el suelo con la gran loba encima de él. Ella hundió el hocico en su pelo y la escuchó respirar. Sintió su aliento en la nuca y eso le provocó un escalofrío.
La loba se apartó de él y se giró hacia los otros dos lobos. Cruzaron una mirada y los tres animales se perdieron entre los árboles.
Syaoran se incorporó y miró a su alrededor, pero no pudo verlos por ninguna parte. Suspiró mientras hacía desaparecer su espada. Había conseguido alcanzar a los tres con su magia, aunque al ser agua no les había hecho daño.
Escuchó pasos y vio a los tres licántropos acercándose a él, ya vestidos y en silencio. Se levantó y corrió hacia ellos.
—¡Lo siento, Tomoyo! ¿Te encuentras bien? —preguntó, mirando a la chica de cabello negro.
Ella sonrió y asintió con la cabeza.
—Tranquilo, nosotros nos recuperamos muy rápido de los golpes y las heridas.
Syaoran suspiró aliviado y escuchó la risa de los tres chicos.
—Creo que podemos decir que ha sido un empate —comentó Sakura, mirando a Eriol.
—Bueno... si en vez de agua hubiese usado fuego o truenos, la cosa habría sido muy diferente —reconoció Eriol, arqueando una ceja.
Ella resopló al ver a Syaoran con una sonrisa triunfal.
—No te alegres tanto, esto no ha sido nada... nosotros éramos tres. Si nos atacan, serán decenas de lobos los que vayan a por ti.
Él sintió otro escalofrío al imaginarse rodeado de lobos furiosos.
—Pero también estaremos nosotros a tu lado, no te preocupes —añadió Tomoyo, sujetando a Syaoran del hombro.
Él asintió, un poco más tranquilo.
—De todas formas... ahora solo deberías preocuparte por la promesa —murmuró Eriol cerca de su oído.
—¿La promesa? —repitió Syaoran, confundido.
Tomoyo y Eriol miraron fijamente a Sakura.
—¿Todavía no se lo has dicho?
Ella puso los ojos en blanco, suspirando.
—Pensaba hacerlo pronto, no sé si se lo va a tomar bien —respondió en voz baja.
—¿Cuándo? ¿El día de antes? —preguntó Eriol con burla.
Ella chasqueó la lengua con fastidio y dio unos pasos hacia Syaoran, cogiendo su mano.
—Vamos, te lo contaré —dijo mientras lo obligaba a caminar, alejándose de sus dos amigos.
Se detuvieron al llegar a una cascada y Sakura se sentó en una roca cerca de la orilla del río, observando a los pequeños peces que nadaban allí. Syaoran se sentó a su lado y la miró a los ojos.
—¿Qué es eso de la promesa?
Sakura suspiró, cerrando los ojos. Le daba miedo que Syaoran no se sintiera preparado para comprometerse... aunque ella lo estaba desde el día que se conocieron.
—Cuando encontramos a nuestro compañero, tras un tiempo juntos, hacemos una especie de ceremonia donde presentamos oficialmente nuestro mate a la manada y prometemos estar juntos para siempre.
Él arrugó el entrecejo.
—No lo veo tan horrible... ¿Por qué no me lo habías contado?
Ella fijó su mirada en la cascada.
—No lo entiendes... es como una especie de boda licántropa. Para nosotros es algo muy serio.
Syaoran palideció.
—Boda... ¿Tan pronto? ¿En serio?
Sakura asintió y se incorporó, poniéndose de pie.
—Si no quieres, no tienes que hacerlo. No es obligatorio —añadió, empezando a caminar en la otra dirección mientras aguantaba las lágrimas.
Los humanos no podían entenderlo, ellos no sentían el vínculo de la misma forma... y eso era doloroso.
