Capítulo Catorce
La promesa
Sakura sintió los brazos de Syaoran a su alrededor, impidiendo que se alejara más.
—Quiero estar contigo. Si tengo que decirlo delante de todos, lo haré.
Ella sonrió y se dejó caer hacia atrás, apoyándose en su pecho y disfrutando de su aroma. Syaoran no podía ser más perfecto.
—Por mucho tiempo que pase, tu olor me sigue afectando igual.
Con una mano, él la obligó a levantar la cabeza y mirarlo a los ojos. Sus alientos se mezclaron y Sakura suspiró.
—A mí me pasa lo mismo —respondió él, atrapando sus labios en un beso.
Unos segundos más tarde, se separaron y se observaron en silencio, intentando comprender todo lo que estaban sintiendo. De repente, Syaoran frunció el ceño.
—Hay algo que todavía no entiendo, Sakura. Supuestamente, al hacer la marca estás tan unido a tu compañero que, si él muere, tú también lo haces... entonces, ¿Por qué tu padre y tu tía siguen vivos si sus compañeros murieron?
Sakura suspiró y lo abrazó más fuerte, escondiendo la cara en su pecho.
—No todos tenemos la suerte de encontrar a nuestro mate, Syaoran. Mi padre y mi tía nunca lo encontraron, pero se juntaron con mi madre y mi tío para poder tener una familia.
Él abrió mucho los ojos, sorprendido.
—¿Entonces no eran compañeros?
Ella se alejó un poco para poder mirarlo, negando con la cabeza.
—Se atraían físicamente, pero nunca llegaron a enamorarse, no podían... aunque se tenían mucho cariño y decidieron tener un hijo para perpetuar su linaje de Alfas y Betas. Por eso nacimos Tomoyo y yo.
—Pues menuda putada —comentó Syaoran entre dientes.
Sakura sonrió con tristeza.
—Una putada de las grandes, pero tu compañero puede estar en cualquier parte del mundo. Por eso no todos lo encuentran, es bastante complicado.
Él asintió con gesto pensativo.
—Menos mal que viniste a Hong Kong —murmuró, mirándola a los ojos.
—Ya tenía pensado salir del país. En cuanto terminara de estudiar, iba a pasar algunos años recorriendo Asia en tu busca... y habría empezado por el sur, por donde estabas tú.
—Si no hubieras venido, tal vez me habrías encontrado más adelante... pero seguramente estaría casado con Meiling.
Sakura frunció el ceño.
—Aunque estuvieras con ella, seguirías sin quererla. Tu destino era amarme solo a mí, y al conocerme la habrías dejado para venirte conmigo —gruñó, chasqueando la lengua con molestia.
—Creo que tienes razón —admitió él, sonriendo.
Ella también sonrió y volvió a ponerse de puntillas para besar a Syaoran, pero de repente notó que sus labios se quedaban quietos, como si se hubieran congelado. Se apartó y lo miró a los ojos, extrañada por esa reacción. Syaoran estaba algo pálido y la miraba con los ojos muy abiertos.
—¿Cuánto vive un licántropo?
Sakura no entendió a qué venía esa pregunta.
—Pues el doble que un humano, más o menos... ¿por qué?
El rostro de Syaoran se ensombreció.
—Tu esperanza de vida se ha reducido desde que me hiciste la marca, porque cuando yo muera tú también lo harás.
Sakura suspiró y se intentó acercar a sus labios de nuevo, pero Syaoran se apartó.
—¿Por qué no me lo dijiste? No habría dejado que me marcaras —murmuró, enfadado.
Sakura se encogió de hombros.
—El día que tú ya no estés en este mundo, a mí no me va a interesar seguir en él. Prefiero que sea así, Syaoran. Cuando nos marchemos, lo haremos juntos.
El corazón de Syaoran se encogió y se acercó para rodearla con sus brazos, juntando sus frentes.
—Sabes que yo también te quiero, ¿verdad?
Ella volvió a sonreír.
—Sí, lo sé, aunque no creo que tanto como yo a ti.
Él la sujetó por los hombros, mirándola fijamente.
—Pues te equivocas, puede que yo te quiera más. Has despertado en mí cosas que no había sentido antes.
Sakura entrelazó las manos alrededor de su cuello pero, antes de que pudiera besarlo, Syaoran la levantó, colocando sus piernas alrededor de su cintura lanzándose a por sus labios con ansiedad.
Unos días después, Syaoran había terminado su trabajo en la universidad antes de tiempo y estaba apoyado al lado de la puerta de un edificio, esperando.
—Ya estoy aquí —anunció Eriol, saliendo vestido de traje y con un maletín en su mano.
—¿Has podido escaparte? —preguntó él, incorporándose.
—Sí, ya te dije que hoy no teníamos más juicios —respondió Eriol con mala cara, arrugando la nariz.
—¿Qué te pasa?
—No es nada. Venga, vamos a hacer eso tan secreto que no he podido ni comentárselo a Tomoyo.
Los dos empezaron a caminar entre las calles de Tokio, hasta que Syaoran dejó de andar.
—Te ha dado fuerte con la Alfa, ¿eh? —bromeó Eriol al ver que se había detenido delante del escaparate de una joyería.
Syaoran lo miró a los ojos, frunciendo el ceño.
—Si voy a tener con ella una boda licántropa, también quiero una boda humana —contestó, entrando en la tienda.
Eriol sonrió y lo siguió. Los dos empezaron a recorrer los pasillos llenos de todo tipo de joyas.
—No sé que tipo de anillo le gustaría, no entiendo nada de esto —murmuró Syaoran entre dientes, contemplando las vitrinas con una ceja levantada.
—Ya sabes que ella es muy simple, tiene que ser algo sencillo —dijo Eriol, recorriendo las decenas de anillos con su mirada.
Syaoran se fijó en uno de oro blanco, con cinco piedras pequeñas engarzadas.
—¿Qué tal ese? —preguntó, señalándolo.
Eriol se acercó a mirarlo y sonrió.
—Creo que le gustará.
Tras pagar, Syaoran escondió la pequeña cajita en uno de sus bolsillos. Eriol miró la pantalla de su teléfono.
—Ya van a salir de sus clases, debemos darnos prisa.
Él asintió y ambos salieron a la calle, dirigiéndose al aparcamiento donde habían dejado el coche.
Algo más tarde, los cuatro estaban volviendo a su pequeña ciudad en el mismo coche, como todos los días, pero esa vez Syaoran sintió que había bastante tensión en el ambiente.
Eriol había estado actuando de una forma rara cuando estuvieron los dos solos, y ahora en el coche también pasaba algo extraño. Apenas hablaron entre ellos, hasta que Eriol aparcó junto a la entrada.
—Nos vemos mañana —dijo Tomoyo, saliendo del coche y adentrándose en la ciudad.
Eriol suspiró y caminó detrás de ella sin decir nada.
—¿Qué es lo que ha pasado? —preguntó Syaoran, extrañado.
—Nada grave, Tomoyo a veces se agobia —respondió Sakura, encogiéndose de hombros.
Los dos estaban recorriendo las calles de su ciudad cueva a paso lento.
—Cuéntamelo —susurró él, mirándola a los ojos.
Ella permaneció en silencio un momento, mirando a su alrededor para asegurarse de que no había nadie cerca.
—Eriol no para de decirle a Tomoyo que quiere tener un cachorro, un hijo.
—¿No son muy jóvenes todavía para eso? —dijo Syaoran, sorprendido.
—Es lo que piensa Tomoyo, por eso se agobia cada vez que él saca el tema.
—¿Y tú que opinas? —preguntó él, arqueando una ceja.
Sakura resopló, poniendo los ojos en blanco.
—Lo mismo que Tomoyo. Aún es muy pronto para pensar en esas cosas.
Syaoran dejó salir un suspiro de alivio y ella empezó a reírse.
—¿Pensabas que yo también quiero? Que poco me conoces —murmuró con voz burlona.
—No, pero... no usamos nada cuando estamos juntos, y nunca me has querido explicar por qué no hace falta —susurró él, comprobando que seguían solos.
Sakura suspiró, volviendo a caminar.
—Nosotras solo podemos quedarnos embarazadas cuando estamos en celo.
Él se apresuró a seguirla, frunciendo el ceño.
—¿Celo? —repitió.
—Lo tenemos cada tres meses. Te aseguro que te darás cuenta —dijo ella, dedicándole una sonrisa traviesa.
—¿Por qué?
Sakura se acercó más, hasta que rozó su oreja con los labios.
—Porque no te dejaré salir de nuestro cuarto, aunque esos días sí tendremos que usar protección.
Syaoran tragó saliva y Sakura se rio entre dientes, sujetando su mano mientras se acercaban a su casa cueva. Cuando entraron, él recordó lo que llevaba en el bolsillo y empezó a ponerse nervioso.
—¿Qué ocurre? —preguntó Sakura, dando unos pasos hacia él.
Syaoran puso los ojos en blanco. Ella escuchaba perfectamente los latidos de su corazón y podía saber lo que sentía, así que era imposible ocultarle algo.
—Sakura, tengo que pedirte algo.
—Te escucho —susurró ella, rodeando su cuello con los brazos y poniéndose de puntillas para poder mirarlo a los ojos.
—Necesito que me prometas que no volverás a ocultarme nada. Quiero que me lo cuentes todo.
Sakura abrió mucho los ojos, sorprendida, y bajó la mirada un momento, mordiéndose el labio inferior.
—Lo siento, no quería ocultarte las cosas... es solo que no quería agobiarte con todo esto, la vida entre licántropos es demasiado complicada.
Él la seguía mirando fijamente, sin pestañear.
—Pero prometo que a partir de ahora te lo contaré todo. No más secretos —añadió ella, suspirando.
Syaoran sonrió y agarró los brazos de Sakura, apartándolos de su cuerpo. Sakura lo miró a los ojos, un poco dolida.
—¿Estás enfadado conmigo?
—No, pero tengo que pedirte otra cosa —dijo él, dejando salir un suspiro.
—Lo que quieras —respondió ella, intrigada.
Syaoran se inclinó, apoyando una rodilla en el suelo y sacando la cajita de su bolsillo. Sakura enrojeció al momento.
—Quiero que también nos casemos como hacen los humanos, Sakura. ¿Lo harás por mí?
Ella sonrió y se agachó también para poder abrazarlo.
—Pues claro, Syaoran. Me casaré contigo.
Él le dedicó una gran sonrisa y los dos se fundieron en un beso.
Dos semanas después, Syaoran caminaba nervioso al lado de Eriol hacia la sala de reuniones de la casa cueva del Alfa.
—Relájate, no es para tanto.
Él miró a su amigo, arrugando la nariz.
—¿Tú no estabas nervioso cuando hiciste esto con Tomoyo?
Eriol se encogió de hombros.
—Un poco, pero no mucho.
Siguieron caminando y escuchó a Eriol resoplar.
—Deberías haberle dicho a Tomoyo que te pusiera un poco de maquillaje.
Él le lanzó una mirada de odio y Eriol señaló con el dedo los moratones que tenía en el cuello. Syaoran se sonrojó y apartó la mirada, subiéndose el cuello de la camisa para intentar ocultarlos.
—Tranquilo, sé que Sakura estuvo en celo la semana pasada y me alegro de que hayas sobrevivido —murmuró Eriol, entre risas.
Él le dio un codazo, resoplando, y se detuvieron delante de la gran puerta de entrada. La abrieron y, al entrar en la sala, cientos de ojos se giraron hacia ellos. Syaoran dirigió la mirada al frente y vio que en la plataforma lo esperaba Sakura. Llevaba puesto un vestido rojo que le llegaba hasta las rodillas y no podía estar más hermosa.
Los nervios empeoraron darse cuenta de que ella llevaba puesto el anillo de compromiso que él le había regalado.
—Respira o no llegarás vivo hasta allí —bromeó Eriol.
Syaoran siguió avanzando, hasta subir las tres escaleras y colocarse al lado de Sakura. Ella lo miró muy sonriente y cogió su mano antes de girar su rostro para observar a su manada.
—Él es Syaoran y es mi compañero, desde el día que nos conocimos y para siempre. Prometo cuidarlo y protegerlo.
Él notó que se le aceleraba la respiración, estaba demasiado nervioso.
—Ella es Sakura y es mi compañera, desde el día que nos conocimos y para siempre. Prometo cuidarla y protegerla.
Todas las personas que estaban en la sala empezaron a aplaudir y Sakura se acercó a él, besándolo mientras sus amigos de la primera fila les lanzaban flores.
—Ya está, Syaoran. Ya eres mío oficialmente —susurró en su oído.
Syaoran sonrió, relajándose. Le iba a contestar cuando se oyó un golpe y las puertas de la sala se abrieron de golpe. Un hombre entró, jadeando y con su ropa destrozada.
—¡Nos atacan! —gritó desde el marco de la puerta, corriendo de nuevo hacia el exterior.
Syaoran alucinó al ver a todas las personas que estaban allí levantarse y transformarse en lobos de golpe, rompiendo sus trajes y vestidos en el proceso.
Un par de lobos estaban guiando a los otros tres humanos que formaban parte de la manada hasta la parte trasera de la habitación, donde había un pequeño refugio para que se escondieran.
Sakura sujetó uno de sus brazos y lo llevó hasta una esquina de la sala. Con un movimiento rápido, lanzó su anillo a Tomoyo, quien lo escondió dentro de un mueble.
—No te separes de mí —pidió, transformándose y despedazando su vestido rojo.
Syaoran juntó las manos y convocó a su espada. Vio a la loba negra y al lobo azulado colocarse a su lado y los escuchó gruñir entre ellos. Sakura ladró y los tres empezaron a caminar hacia la salida, seguidos por el resto de lobos. Él los siguió, sujetando su espada con fuerza.
En las afueras de la ciudad, todo era un caos.
Cientos de lobos peleaban entre ellos y Syaoran no sabía qué hacer. No siempre estaba seguro de cuáles pertenecían a su manada y no quería herir a uno de los suyos.
Vio a la loba de color rojizo, Sonomi, siendo atacada por un lobo de color gris.
—¡Dios del trueno, ven!
Apuntó con su espada al lobo gris y lo fulminó con un rayo. La loba rojiza lo miró y le dirigió un ladrido de agradecimiento. Aunque estaba cubierta de heridas, se lanzó a por otro lobo marrón que se aproximaba a ella entre los matorrales.
Syaoran siguió lanzando truenos y rayos a los lobos que sabía que no eran de su manada, aunque muchos lograban esquivar sus ataques. Sin darse cuenta, se fue alejando poco a poco de la zona donde Sakura estaba luchando junto a Eriol y Tomoyo.
Cuando miró a su alrededor, se vio rodeado por cinco lobos oscuros que le mostraban los colmillos, gruñendo con furia.
