Capítulo Dieciséis

El nuevo cuerpo


Syaoran abrió lentamente los ojos. Estaba en su habitación, tumbado en la cama que compartía con Sakura y rodeado por la tenue luz de unas velas que había sobre el mueble.

Pestañeó varias veces, intentando recordar como había llegado hasta allí. Todos los recuerdos de la promesa y del ataque llegaron a su mente y se incorporó de golpe, pero sintió que unos brazos lo sujetaban.

—Tranquilo, todo está bien.

Al girar su rostro, se encontró con los ojos verdes de Sakura.

Respiró aliviado, sintiendo algo muy extraño que no comprendió. Volvió a coger aire y un aroma a frambuesas, brisa marina y chocolate invadió sus fosas nasales, haciendo que se estremeciera de placer.

Sin pensarlo, se abalanzó sobre Sakura y empezó a besarla con ansiedad. Invadió su boca y la apretó entre sus brazos sintiendo que ese olor le nublaba la mente y no le dejaba pensar con claridad.

Sakura jadeó y envolvió su cuello con los brazos, profundizando más el beso y dejándose llevar por el deseo que sentía Syaoran. La estaba besando como si fuera su último día sobre la tierra.

Los dos cayeron al suelo y él la abrazó más fuerte sin dejar de mordisquear sus labios, hasta que escuchó un quejido de Sakura y eso le hizo reaccionar.

Se alejó unos centímetros de ella, asombrado, y la miró a los ojos con el ceño fruncido.

—¿Te he hecho daño? —preguntó, incrédulo.

—Ahora eres más fuerte que yo, tienes que aprender a controlar tu fuerza.

Él la miró fijamente, muy confundido, y se separó un poco más.

—¿Cómo puedo ser más fuerte que tú? Eso es imposible.

Sakura se apoyó en sus codos, incorporándose mientras sonreía. Levantó una mano, trazando la curva de su mandíbula con los dedos.

—¿No recuerdas lo que pasó ayer? —preguntó, levantando una ceja.

—¿Ayer? ¿Cuánto tiempo llevo dormido?

—Casi un día entero.

Syaoran abrió mucho los ojos, jadeando.

—¿Qué ha pasado con el ataque? Eran de la manada que mató a mi padre, Sakura... los que vinieron a por mí son los mismos que lo asesinaron.

Ella entrecerró los ojos con odio.

—Uno de ellos consiguió escapar. Espero que los otros cuatro estén ardiendo en el infierno.

—¿No ha habido heridos? ¿Y la madre de Tomoyo?

—Perdimos a varios de los nuestros, pero conseguimos vencer. No volverán a atreverse a atacarnos, te lo aseguro —contestó ella, la rabia haciendo temblar su voz.

Syaoran frunció el ceño otra vez. No le había respondido a todo.

—Sonomi está bien aunque, si no fuera por ti, tal vez habría un fallecido más entre los nuestros —añadió Sakura, colocando las manos sobre su pecho.

Él suspiró y miró hacia la ventana. El sol acababa de ponerse y ya era de noche. Ella deslizó los dedos por encima de su camiseta, dejando una pequeña caricia, y Syaoran volvió a mirarla.

Ahora podía ver con mucho más detalle la piel de Sakura, los diferentes tonos de verde de sus iris, cada uno de los reflejos de su cabello... la siguió observando con curiosidad un poco más, intentando no respirar hondo para no volver a perder la cabeza.

—¿Qué me ha pasado? Me siento diferente —murmuró, todavía confundido.

—Estuviste a punto de morir, Syaoran... si no lo hubiera hecho, ahora estaríamos los dos muertos.

—¿Hacer el qué? —preguntó él con voz temblorosa, temiendo la respuesta.

—Tuve que convertirte en licántropo, no podía dejar que murieras.

Syaoran dejó de respirar y se arrastró unos metros lejos de Sakura hasta que su espalda chocó contra la pared de piedra, muy nervioso. Ella lo miró con preocupación y volvió a acercarse a él lentamente.

—De verdad que lo siento. Intenté salvarte, pero habías perdido mucha sangre y tenías tantas heridas que tu cuerpo humano no iba a poder recuperarse... no pude evitarlo —susurró ella, pendiente de su reacción.

—Entonces... ¿Soy un hombre lobo?

—Me temo que sí. Te enseñaré a controlar tu fuerza y tus impulsos. Te prometo que conseguirás llevar la misma vida que cuando eras humano, Syaoran. Y yo siempre cumplo mis promesas.

Syaoran suspiró y se puso de pie, dirigiéndose al espejo para observar su reflejo.

Se sorprendió al ver que ahora su cuerpo era mucho más musculoso y que sus ojos ámbar estaban muy brillantes, como si tuvieran luz propia. Tenía pequeñas cicatrices en su rostro y por los brazos, junto con algunas más grandes en las piernas.

—Seguirán mejorando. Dentro de un par de días no te quedará ninguna cicatriz, excepto tu marca. Y esos son los ojos que tendrás cuando te transformes en lobo. En una semana, volverán a parecer humanos cuando estés en esta forma —explicó Sakura, rodeándolo con sus brazos desde atrás.

—Me he convertido en mi peor pesadilla —murmuró Syaoran sin dejar de mirarse en el espejo.

—¿Tanto nos odias? —preguntó ella, dolida.

—No, hace mucho que no pienso así. Pero los lobos han estado en mis pesadillas desde que murió mi padre.

—¿Y todavía lo están?

Él negó con la cabeza.

—Las pesadillas terminaron el día que te conocí.

Sakura sonrió y Syaoran cerró los ojos, inspirando profundamente.

—¿Por qué ahora hueles diferente? —preguntó al abrirlos, apretando la mandíbula.

—¿De verdad mi olor es distinto? —cuestionó ella, levantando una ceja y rodeando su cintura con los brazos mientras lo miraba a los ojos.

Syaoran volvió a inspirar y el aroma de Sakura le golpeó con fuerza. En realidad era el mismo olor, pero mucho más intenso. Ahora podía notar todos los matices de su aroma.

Apretó los puños, en un intento de no abalanzarse sobre ella otra vez.

—Hueles más... más...

—Lo sé —susurró ella, sonriendo.

—¿Así es como olía yo para ti desde el principio?

Sakura asintió.

—¿Y cómo te resististe a comerme a besos? —preguntó él, sorprendido.

—Utilizando todo mi autocontrol —contestó Sakura, riendo suavemente.

Syaoran no pudo controlarse más y volvió a abrazarla, besándola con mucha intensidad, incluso con violencia. Los dos chocaron contra la pared, haciendo caer algunas piedras, y jadearon mientras se devoraban mutuamente.

Él rasgó el pijama de Sakura y la levantó, dejándola sobre una mesa.

Ella suspiró y le clavó las uñas en la espalda, rompiendo su camiseta mientras lo rodeaba con sus piernas y atacaba su labio inferior con los dientes.

Syaoran sintió que se descontrolaba por completo. La empujó hasta quedar tumbado encima de ella, sin dejar de besarla. Empezó a descender por su cuello, besándola con fuerza, y de repente notó cómo sus colmillos se alargaban.

Trató de alejarse un poco, pero todo su ser le pedía a gritos que mordiera a Sakura.

—No intentes contenerte, Syaoran. Hazlo, márcame —susurró ella, suspirando.

Él no pudo aguantar más y le mordió, clavando profundamente los colmillos en su cuello. Sakura jadeó al sentirlo y cerró los ojos, disfrutando de esa sensación tan extraña. No era dolor, resultaba casi placentero.

Unos segundos después, Syaoran sacó sus colmillos y sintió un escalofrío recorriendo todo su cuerpo. De golpe podía notar todo lo que Sakura sentía por él, y eso le volvió completamente loco.

Gruñó y la levantó de la mesa, lanzándose con ella contra la cama con tanta fuerza que la partió por la mitad. Escuchó la risa de Sakura, pero no se detuvo. Terminó de destrozar la poca ropa que les quedaba puesta a los dos mientras devoraba sus labios sin tregua. Ella giró para quedar sobre él y Syaoran pudo ver que sus ojos verdes estaban brillando.

—Ahora no tengo que ser delicada contigo.

Sakura bajó la cabeza, mordiendo su pecho, y Syaoran jadeó. Siguió peleando con ella por tener el control de la situación, intentando sujetar sus brazos.

Sonrió al ver que de verdad era más fuerte y que ella no podía resistirse, por mucho que lo intentaba. Se colocó encima de ella y aplastó su cuerpo contra el suyo, haciendo que a los dos se les escapara un gemido de placer.

—Esto es demasiado —murmuró, lamiendo su cuello para saborear su piel.

Sintió una oleada de deseo recorriendo todo el cuerpo de ella y se apartó un poco, observándola. Justo acababa de lamer la nueva marca de Sakura. Sonrió y volvió a besarla ahí, escuchando sus gemidos y notando como todo su cuerpo se retorcía.

—Te toca sufrir a ti.

Descendió por su cuerpo, besando y mordiendo todo lo que encontraba a su paso, mientras Sakura trataba de no hacer demasiado ruido. Jadeaba y tiraba de algunos mechones de su cabello de color chocolate con una mano.

—Syaoran... tranquilízate un poco —susurró ella, extasiada.

—No —gruñó él, volviendo a subir hasta su cuello sin despegar los labios de su piel.

La alzó con sus brazos, llevándola hasta la pared mientras lamía su marca otra vez.

Sakura resopló y se dejó llevar completamente por su lado salvaje. Sujetó su cabeza con las dos manos para poder besarlo con demasiada ganas y giró, golpeándolo contra la pared.

Syaoran rodeó su cintura con los brazos y volvió a girar. Escucharon el ruido de varias cosas rompiéndose a su alrededor, pero no les importó.

Agarró las manos de Sakura, subiéndolas por encima de su cabeza. Rompió el beso para poder mirarla un momento. Ella estaba totalmente sonrojada, con la respiración muy alterada y sus ojos brillaban como nunca.

Syaoran levantó la vista hasta sus manos y, en cuanto vio el anillo en el dedo de Sakura, volvió a perder el control.

La aplastó más contra la pared y los dos jadearon por el golpe. Ella no tardó en levantar las piernas y ponerlas alrededor de su cintura, reclamando sus labios. Syaoran la embistió sin soltar sus manos, necesitaba tener a Sakura totalmente dominada.